Se fue uno de los grandes poetas uruguayos

Jorge Castro Vega, poeta, novelista, y el alma detrás de la sección Poiesis de esta revista, acaba de fallecer esta tarde de martes 23 de abril en Montevideo.

Su inicio como poeta fue espectacular. Corría el año 1982 y la dictadura uruguaya agonizaba. La Embajada de España organiza un concurso poético que nombrará “12 de Octubre”. Jorge, con 19 años, se presenta a competir a un premio para el cual no tiene ningún antecedente de publicación. Frente a centenares de concursantes -aquel premio fue visto como el evento más importante de la década quizá en materia de poesía, por la expectativa creada y la recepción de obras que concitó- Jorge Castro Vega obtiene el Primer Premio y queda inmediatamente instalado como un fenómeno sorprendente en el panorama poético local.

A aquel inicio digno de su temperamento, tan tranquilo y reservado en apariencia, como explosivo cuando hacía falta, le siguió una importante carrera tanto en lírica como en crítica -sobre todo teatral-. Sus comentarios de teatro dieron cátedra en la materia en los principales semanarios de Montevideo. Abogado destacado, optó por la magistratura y se desempeñó como juez tanto en Pan de Azúcar primero, como luego en una larga temporada en Melo, y al fin en Montevideo.

Durante la segunda década de este siglo decidió por fin, en 2017, publicar su primer -y única- novela, una brillante experimentación titulada El padrino de Batlle, que juega con distintas voces históricas en torno a la figura de Francisco Ghigliani, donde otros actores de su tiempo encuentran también su lugar y su tono, en lo que sigue siendo una perspectiva única sobre el pos-batllismo de los años 30.

Generalmente cuando muere alguien que fue obviamente grande en su alcance y realización, es difícil que las palabras estén a la altura de la situación, con lo que conviene ahorrarlas. Basten pues estas pocas indicaciones. Va el abrazo apretado a su familia, a Alejandra su mujer, a Joaquín su hijo, a Gustavo su hermano, a su madre y a todos los suyos.
Pienso que todos quienes tuvimos la dicha de tratarlo y disfrutar su amistad, su humor y su valiente delicadeza, podemos, dentro de la natural tristeza, sentirnos afortunados.

Descanse en paz, Jorge querido.

A. M.