ARTE

Por Sisto Pascale

En un mundo donde la tecnología nos aleja de lo más simple, las artes aún nos mantienen alineados con esa energía creadora que hace que luego de la primavera venga el verano. La obra de Javier Aragone toca justamente este tema, la evolución del proceso del artista, la obra y el artista.

El constante choque de contrastes de valores, colores y texturas reflejan un comienzo, el Big Bang según los evolucionistas. Estos choques producen un movimiento equilibrado que solo un artista con madurez en el oficio puede producir. Esta vibración es la propia vida, intentar sacar orden del Caos.

Las obras de Javier son para descubrir y empezar un camino hacia dentro de cada uno, una búsqueda de uno en uno mismo. Las explosiones e implosiones de los colores de sus obras generan ritmo armónico que se podría traducir en música.

Es interesante que este artista eligió la acuarela como su medio expresivo, un medio cada vez más valorizado en la actualidad, con una forma de trabajo que es propia de este medio acuático, y que Javier Aragone la desarrolla con singularidad.

Los invito a entrar conmigo en algunas de sus obras.

La obra “Origen” tiene como centro un azul pacifico rodeado de colores en conflicto entre si, la tranquilidad de los espacios lisos y aquellas texturas que los cortan. Los ritmos de la obra esta sincronizados con las texturas y el color para trasmitir orden y paz.

“Y la nave va” me inspira a ver la leyenda del Noé y el acá. En el cielo la espiral de la vida y en la barca la destrucción del hombre. La naturaleza destruye por causalidad y el hombre destruye por su voracidad depredadora. Podemos ver como el hombre se descompone (empleando en lo técnico un collage de esa misma pintura) para luego ser tan transparente como la vida. Esta obra tiene el hoy y el mañana, hoy estamos y mañana no.

“Cala roja”, una obra que apela a lo femenino, la seducción, el amor y más. Un agujero negro en lo cual fluye todo, un camino hacia el vientre de la tierra, o hacia uno mismo. La inclinación de la obra nos lleva a ver aquellos obstáculos y miedos que tenemos debido a nuestro lado derecho, femenino, intuitivo. La obra nos aleja de lo masculino para encontrar lo simple de todo.

“Iris” es un entrevero de formas que nos llevan a lo más oscuro. Es el choque de color en primer plano que nos mantiene fuera de lo oscuro, lo negativo y lo agresivo. Una obra con una carga muy pesada en lo pasional, desde una vida extrema a una muerte violenta.

“Pink peace” es un paisaje surreal, no de este mundo, sino del mundo que escondemos. Entre la inclinación de los árboles, el vuelo de los pájaros y los barcos (o como lo veo yo, dos bailarinas, rellenitas y en puntas de pie), se siente el viento caliente que da color al cuadro. Un mundo que no da lugar a la tristeza, y así este paisaje encuentra su belleza, alegría y paz.

Aquí les dejo algunas reflexiones sobre el artista y su obra, seguir buscando le quitaría el placer al lector buscar por si mimo y condicionarlo a ver el mundo de un artista con los lentes de otro.

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