La estrategia elegida, al determinar una cantidad excesiva de falsos positivos, destruyó la posibilidad de mantener el trazado epidemiológico de contactos


Por Aldo Mazzucchelli

El diario El País, en una nota del periodista Tomer Urwicz, acaba de publicar hoy 18 de junio de 2021 una serie de consideraciones, atribuídas a fuentes de la infectología local, vinculadas al test qPCR adaptado para el COVID-19, y a los múltiples problemas que presenta.

Discutiendo si el qPCR es el método adecuado para evaluar el momento de dar de alta a un paciente hospitalizado, las fuentes de El País reconocen ahora lo que eXtramuros afirmó el 5 de diciembre de 2020 en la nota titulada: «Ct, el agujero negro del periodismo de pandemia«. 

En aquella nota se advertía, basándose en estudios científicos ampliamente conocidos y publicados en revistas de prestigio, que el Ct  o «umbral de ciclos» donde se cortaba la detección viral era una variable clave y que, debido a que en Uruguay se había fijado en un número de ciclos indebidamente alto, los resultados «positivos» de los tests que se realizaban fuera del control clínico estaban arrojando números de positivos falsos probablemente muy, muy altos. 

Dicho más simple: se estaba amplificando indebidamente la dimensión de la enfermedad, y se estaba al mismo tiempo destruyendo las posibilidades de hacer un seguimiento epidemiológico adecuado.

Los argumentos de eXtramuros

eXtramuros investigó y confirmó en diciembre, por tres vías distintas, lo que estaba pasando, y lo publicó. 

Primero, estudió en general la relevancia del umbral de ciclos, y la informó al público en general antes que nadie. Segundo, participó de un pedido de informes al Ministerio de Salud Pública, amparado en la Ley 18.831, que fue oportunamente contestado por la dependencia, y que confirmó que el umbral de ciclos para Uruguay era de 40 ciclos con corte a 35. Eso fue también publicado por eXtramuros. Finalmente, contactamos a dos técnicos de laboratorios que realizaban en diciembre tests qPCR, quienes nos confirmaron que se informaban como positivos casos de 35 ciclos, y de más de 35 ciclos (37 y 38 inclusive). También obtuvimos ejemplo de un test positivo informado a Ct 37, a pedido explícito de un médico de una dependencia de ASSE, quien nos lo comunicó.

Lo que argumentamos en aquel momento fue que el test qPCR se estaba usando mal como «patrón oro» de la pandemia, y -basados exclusivamente en lo que podíamos averiguar leyendo cuidadosamente la literatura publicada, pese a no ser especialistas en el tema- que si se quería tener un seguimiento epidemiológico adecuado se debía garantizar esto con umbrales más bajos. Caso contrario se estaría creando una alarma pública no basada en datos sólidos, y se corría el riesgo de propagar la pandemia en lugar de contenerla.

En repetidas intervenciones radiales en el programa Bajo la Lupa sugerimos que a lo sumo podría usarse un Ct=24 o, como mucho, 28, acompañado del seguimiento clínico imprescindible. Esto lo afirmamos porque sabíamos, por nuestras lecturas de los estudios científicos disponibles -obviamente también conocidas por los especialistas uruguayos- que ese era el punto de inflexión donde, pasado el mismo, la carga viral detectada hacía que las muestras tuviesen una probabilidad cada vez mayor de no ser cultivables -es decir, no presentar virus activos o infectivos.

En la nota de El País de hoy se cita a fuentes de la infectología uruguaya que observan lo siguiente. Cito de la nota de Urwicz:

«Cuanto más se tiene que hacer esta amplificación, el virus es menos visible y por ende su carga viral más baja. O, por decirlo de otra manera: cuanto más bajo sea ese Ct, los niveles virales son más altos. […] Los canadienses, que fueron los primeros en sugerir un número de Ct a partir del cual se estima que la persona deja de transmitir el virus, habían situado el umbral en 24. Para ello habían experimentado en cultivos celulares, en un laboratorio, y habían comprobado que, por encima de esa cifra de ciclos el virus era incapaz de destruir o infectar las células humanas.»

Esto confirma lo que publicamos hace más de seis meses, que en su momento no fue admitido en público, pese a ser de sobra conocido en ámbitos especializados. Pero hay más.

La estrategia fijada por los expertos en diciembre y sus previsibles consecuencias

La estrategia que los expertos fijaron a fines de 2020 fue distinta. En lugar de recomendar el uso del qPCR con un umbral de ciclos bajo, y en conjunto a un seguimiento clínico -la necesidad de usar siempre el qPCR junto a la clínica ha sido algo siempre practicado hasta 2019 inclusive, y admitido por múltiples fuentes médicas y publicaciones-, se desplegó en todo el país una estrategia de «tests automac» en los cuales, sin el menor control ni seguimiento clínico -y con condiciones de seguridad en la toma de muestras más que dudosas-, cualquiera que pagase podía realizarse un test qPCR que, supuestamente, le informaba si «estaba enfermo» aunque no tuviese el menor síntoma. 

La estrategia que definieron las autoridades no sirvió para contribuir al control de la pandemia -los resultados hoy hablan por sí mismos en este asunto-, sino que parece haber tenido otros efectos: funcionó como un gigantesco amplificador del pánico colectivo, y como un gran negocio para los laboratorios autorizados por el MSP a realizar los tests. Además, la proliferación de personas «positivas» contribuyó a destruir la estructura laboral del país, y a instalar una detención generalizada de la vida y los contactos sociales.

La «pérdida del hilo epidemiológico» ¿no es consecuencia de la estrategia definida?

Nos preguntamos qué hubiese pasado si las autoridades hubiesen, allá en diciembre, recomendado explícitamente una baja del umbral de detección a números estrictos, que permitiesen hacer un seguimiento epidemiológico adecuado.

Si los detectados como positivos fuesen solo los estrictamente enfermos de COVID-19, se trataría de un número de casos mucho menor, y ese número menor sería un número seguible en la práctica por los equipos especializados para ello. Al obtener, en cambio, desde noviembre-diciembre cientos o miles de «positivos COVID-19» por día -muchos de los cuales en realidad no están enfermos-, eso terminó destruyendo la estrategia TETRIS en la que Uruguay, hasta noviembre de 2020, había sido exitoso.  Porque es posible seguir un número razonable y relevante de enfermos reales. Pero no tiene sentido seguir la pista de literalmente miles de personas que no están enfermas.

Al destruirse así la estrategia de contención, la enfermedad comenzó a dispararse ya en diciembre de 2020.

Además, los expertos insistieron también en no agregar al menos una herramienta de discriminación disponible -con limitaciones conocidas y reconocidas- que es el Ct al cual se obtiene el «positivo». Más grave aun, el GACH admitió explícitamente que más allá de 24 ciclos las muestras no son cultivables, y pese a ello insistió en mantener los mismos criterios de «no informar el Ct», alegando entre otras razones que eso confundiría al personal de la salud.

Eso también lo señalamos y publicamos apenas ocurrió, en esta nota, ver hacia el final .

Finalmente, volvemos a destacar que los «positivos» han sido y siguen siendo hasta hoy mal informados sistemáticamente -por responsabilidad compartida de autoridades y medios de comunicación masivos- como «infectados» o «personas cursando la enfermedad», cuando un número muy apreciable de ellos no estuvieron nunca enfermos. 

La política de los expertos

Ahora, la nota de El País incluye además la siguiente, importante frase: Pero en diciembre –por razones que los infectólogos uruguayos no tienen claras– el MSP fijó ese umbral en 35. Los meses pasaron, creció la cifra de contagios y el criterio oficial trajo ciertas dificultades.

Los infectólogos que no manifestaron estas preocupaciones -al menos en público y de modo eficaz- cuando era importante hacerlo, en noviembre y diciembre de 2020, ahora deslindan responsabilidad diciendo que nunca tuvieron claro por qué se mantuvieron los 35 ciclos contra viento y marea, y contra la información científica y el sentido común. Ahora, que el GACH parece estar en sus últimas horas, luego de haber delineado y mantenido esta estrategia durante meses, parece que finalmente se va a recomendar bajar el umbral de ciclos.

Anunciamos hoy: el primer resultado que tendría esa medida de bajar el Ct sería llevar los «contagios» a niveles mucho más bajos, es decir, más realistas. Y, probablemente, esto se presente ante la opinión pública atribuyendo el fenómeno no a su causa obvia -la baja del Ct-, sino a efectos positivos de las vacunas. Esto seguirá propiciando el ya habitual discurso circular sin falsación posible.

Lo que no dirán es que si se hubiesen hecho las cosas desde el principio usando un número de Ct profesionalmente defendible, probablemente la vacunación misma habría sido vista como más riesgosa que beneficiosa por un grupo mayor de la población. En efecto, disparar todas las noches cifras astronómicas de «casos» elevó la alerta y una verdadera psicosis en la población, causó una alarma pública artificialmente fogoneada, y sirvió como plataforma de lanzamiento de la campaña de vacunación.

Nada de esto significa que eXtramuros niegue la existencia de la enfermedad COVID-19 ni su extrema gravedad en algunos casos. Desde el principio hemos mantenido la misma posición:  la COVID-19 existe, es una enfermedad grave en algunos casos, y debe ser combatida adecuadamente. 

Hemos criticado, y seguiremos haciéndolo, otros aspectos que tienen que ver con la representación pública de la enfermedad en los grandes medios y redes sociales, el uso masivo de la censura y la destrucción de libertades individuales, la supresión de tratamientos beneficiosos existentes en beneficio de una promoción casi obsesiva de vacunas sin informar adecuada y responsablemente a nadie sobre los potenciales peligros a corto, mediano y largo plazo de vacunas experimentales -impidiendo de hecho una toma de decisión individual y responsable-, y la politización rampante y obvia de la pandemia en Uruguay, como en todo el mundo. 

Esta situación tiene implicaciones políticas. La fijación artificialmente elevada del Ct sirvió, al crear esa alarma, entre otras cosas para dar fundamento al discurso de la oposición, bien representado por figuras notorias del ámbito gremial médico, que se dedicaron a usar esa alarma pública artificialmente creada por la manipulación de los Ct para hacer política sectorial o partidaria.