Un problema difícil que la narrativa oficial se sigue negando a investigar

PORTADA

Por Agustina Rocca

En muchos países, al igual que en Uruguay, se ha observado que cuando empieza la vacunación contra SARS-CoV-2, esta es seguida de un aumento en los fallecidos “por” Covid-19. Esto me llevó a investigar lo que estaba sucediendo en varios de dichos países, incluido Uruguay, por lo que les propongo que me acompañen en el análisis.

Anexado debajo, se presenta una serie de gráficas de estos países. Por cada país se muestran dos gráficas, en la cual la primera imagen muestra los fallecimientos “por” Covid-19 y las vacunas dadas por día (con diferente escala), mientras que la segunda muestra el número de testeos (que incluye cualquier tipo testeos como por ejemplo el test rápido de Antígenos, además de, por supuesto, el RT-PCR) y la tasa de positividad por día (también con diferente escala). Este último parámetro es el cociente entre el número de casos positivos y el número de testeos o el número de personas testeadas por día (a veces a una persona le hacen dos pruebas, por ejemplo, una rápida de antígenos y un RT-PCR para confirmar) y depende de varios factores como la contagiosidad del virus, la movilidad de las personas, el umbral de ciclo, más conocido como Ct, utilizado en el RT-PCR.

Correlación no es causalidad…

En la mayoría de estos países podemos observar, durante todo el período de la pandemia, una fuerte correlación entre el número de tests o la tasa de positividad, y los fallecimientos “por” Covid-19 por día.
A su vez, también se observa cierta correlación entre vacunas dadas y fallecimientos “por” Covid-19 por día, hasta que en la mayoría de los países mostrados este último parámetro comienza a descender. Puesto que en una población los vacunados que van a sufrir efectos secundarios graves o fallecimiento por estos efectos solo pueden pasar por esa experiencia una vez, sería lógico que -si es que las muertes se correlacionasen con la vacuna- al comienzo éstas muertes aumenten, cuando algunos entre los vacunados van sufriendo esos efectos, y luego disminuyan, puesto que la mayoría de la población ya se vacunó y, los que iban a sufrir esos efectos, ya los sufrieron. 

Basados solo en este análisis estadístico, ¿es posible llegar a alguna conclusión? La respuesta debe ser cautelosa. 

Conceptualmente, la narrativa oficial promovida por los fabricantes de las vacunas, el poder político y mediático, y las grandes organizaciones político-sanitarias -en los tres casos, instituciones no exentas de sesgos e intereses directos en los fenómenos en cuestión- afirma rotundamente que no puede establecerse ninguna relación entre los fallecimientos «por Covid» y la vacunación. El Dr. Julio Medina, en Uruguay, afirmó en un tuit que desde que se empezó a vacunar en Uruguay hubo «cero» muerte causada por las vacunas.

Sin embargo, para que esa afirmación pueda tener asidero, lo que se debería hacer es investigar seria y sistemáticamente las posibles correlaciones entre efectos secundarios de las vacunas, y fallecimientos. Eso no se está haciendo de ningún modo, no ya sistemáticamente, sino tampoco de modo superficial. Al contrario, no solo ni principalmente en Uruguay sino en el mundo, las muy alarmantes cifras de los reportes de efectos adversos y muertes ingresados al VAERS y mecanismos de reporte similares -que metodológicamente se sabe que son solo una fracción del total- son ignorados, o constantemente relativizados.

Los efectos adversos más graves relacionados a la vacunación pueden quedar enmascarados si no se los investiga con seriedad y sistematicidad. En lugar de ello, los principales fabricantes de vacunas ARN han incluso eliminado sus grupos de control (individuos en placebo) -alegando la «razón humanitaria» de que no se le debe negar la vacuna a nadie- del estudio de seguimiento que supuestamente deberían estar haciendo.

Esos efectos, según estos reportes VAERS y similares, y según la opinión de expertos como Robert Malone (creador de la tecnología de vacunas ARN), Karina Acevedo, Geert Vanden Bossche, Sukharit Bhakdi, Michael Yeadon…, se concentran sobre todo en problemas cardiovasculares, de trombos, e inflamaciones internas. Y dado que no se investiga buscando la causa en la vacunación, esos efectos pueden ser atribuidos bien a Covid19 si el paciente da positivo al test PCR, bien a un simple fenómeno de «muerte súbita» por crisis cardíaca, ACV o similar. En la medida en que no se investigue la relación vacunación-fallecimiento, afirmar que esa correlación no existe y atribuir los fallecimientos a misteriosas «cepas» (de las que no se ha establecido científicamente qué efectos patogénicos realmente tienen debido a sus supuestas variaciones de código, ni qué correlación probada tienen con ninguna muerte) podría ser interpretado más bien como una decisión política para consolidar la narrativa oficial. No es un hecho científico, aunque se lo presente abrumadoramente como tal.

En este breve video de 2′, el Doctor Sucharit Bhakdi resume una preocupación médica fundamental relativa a la vacunación Covid 19:

La afirmación «correlación no implica causalidad» es válida en todos los sentidos, no solo en el de las vacunas. La correlación entre aumento de vacunación y aumento de muertes, que queda abundantemente exhibida en este estudio sintético, no implica necesariamente que sean las vacunas las causantes. Pero, y del mismo modo, la supuesta (y no comprobable ni mensurable efectivamente) detección de una «variante» P1 o Delta o como se quiera bautizar el supuesto fenómeno, pese a la constante atribución en la narrativa oficial propagada todos los días, tampoco demuestra que esa haya sido la causa del aumento de muertes. Pues para establecer esto no alcanza con hablar de «circulación de variantes» si cada muerte Covid-19 no se investiga para demostrar que el paciente (a) tenía realmente esa «variante», y (b) ella fue la causa real de muerte. Esto no se hace. En cambio, se atribuye a Covid-19 todo fallecimiento por cualquier causa donde se haya obtenido un test PCR positivo del paciente en cuestión, y se supone y afirma sin base científica alguna que fue «la variante» la causa de todas y cada una de esas muertes.

Esto último es aun más grave cuando sabemos que un porcentaje de los fallecidos «por Covid 19» no tiene siquiera correlación con el cuadro clínico del paciente, sino exclusivamente con la presencia de un PCR positivo.

¿Cuántos de los fallecidos «por Covid 19» entre el 27 de febrero (día de inicio de la vacunación) y el día de la fecha en Uruguay tenían al menos una dosis de la vacuna? Según datos parciales del MSP, una mayoría absoluta de ellos tenía al menos una dosis. ¿Cuántos de ellos fallecieron con cuadros cardiovasculares o inflamatorios? ¿Cuántos fallecieron con otras condiciones graves o crónicas (ej. cáncer etc.), o tenían una edad muy avanzada y un deterioro general pronunciado, pero fueron atribuidos a Covid meramente por tener un PCR positivo? ¿Cuántos fueron ingresados a CTI e intubados, y su condición general se agravó por consecuencias del tratamiento de intubamiento y larga permanencia en CTI? ¿Cómo se puede reducir este complejo abanico de fenómenos a «fue la variante P1 que ingresó a Uruguay la responsable de todas estas muertes»?

Gente de todas las edades, vacunada, también está muriendo pues «por Covid-19». En Uruguay, en particular, un 56% de los fallecidos «por Covid-19» en el mes de junio tenían al menos una dosis de alguna de las vacunas, según información oficial a la que se dio acceso exclusivo al diario El País, quien la publicó. Esto significa que en un mes donde más del 50% de la población estaba supuestamente ya parcial o totalmente inmunizada, tenemos cifras de muerte inexplicablemente altas. «Inexplicablemente», decimos, porque atribuir a «la variante P1» o «una mayor circulación» o «la ausencia de encierros» son a todas luces pseudo argumentos no falsables. 

Cómo es que este nivel de muertes entre los parcial o totalmente inmunizados se considera no solo aceptable o normal, sino incluso una prueba de los beneficios de esta vacuna, y no se lo puede mencionar ni investigar seriamente, es algo sorprendente, y francamente alarmante en la medida en que se está promoviendo o insinuando la vacunación generalizada, incluso de personas con riesgo cercano a cero de fallecer de «Covid 19», incluyendo jóvenes y niños.

Este es un análisis basado en los datos de relevancia que disponemos, por lo que la intención del mismo no es llegar a alguna conclusión, sino que es sembrar razonables dudas, con la esperanza de que esto ayude a que surja el reclamo de que se investiguen más estas de por si escandalosas correlaciones.

La suposición de que en tantos países distintos y en condiciones distintas en todo sentido, justo ingresó una «nueva variante» que aumentó la mortalidad cada vez que se comenzó a inocular, es por lo menos sospechosa. Lo que se puede afirmar es que el único factor razonablemente a la vista entre todos esos países, ha sido la vacuna.

De los gráficos parece desprenderse en la mayoría de los casos un fenómeno recurrente: a partir del momento de inicio de la vacunación (comienzo de la línea negra) se da un aumento, incluso un pico de fallecimientos -con cierto retraso, alrededor de un par de semanas-, que luego se ve sucedido por un descenso mientras la campaña de vacunación sigue su curso. Este no es el único pico de muerte -no se avanza aquí la hipótesis de que antes de la vacunación no hayan existido otros picos u «olas», resultado de las dinámicas instaladas durante el año 2020 de definición de «caso» y de «fallecido por Covid19». Ambos dependen directamente de la legitimación y administración del test PCR.

Teniendo en cuenta ese fenómeno recurrente de vacunación-muerte, no es posible seguir ignorando la hipótesis, no demostrada, de que esa «muerte inicial con vacunación», llamémosle, corresponda a un porcentaje posiblemente pequeño de los vacunados que reaccionan fatalmente a los efectos de la inyección. Éstos reaccionarían luego de que reciben la primera o segunda dosis, y si fallecen, sólo pueden aparecer una vez en el gráfico, lo que explica que luego su número disminuya a medida que la vacunación avanza y ya cubrió a buena parte de la población, especialmente la más vulnerable, que es la que en general se ha vacunado primero.

A continuación, las gráficas mencionadas. Comenzamos por Uruguay, y seguimos luego por otros países, en orden alfabético.

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