ENSAYO

Un conjunto de situaciones políticas, sociales y económicas internas de países latinoamericanos y del Caribe, e.i. las crisis de gobernabilidad en Venezuela y Nicaragua, estrecheces económicas agudas, e.i. la República Dominicana, así como de agravamiento de las capacidades estatales en la provisión de bienes públicos esenciales, e.i. Haití, y, en alguna medida, Cuba y Colombia, han provocado desde el año 2013 en adelante crecientes flujos migratorios de facto, especialmente hacia Chile y otros países del cono sur de América del Sur. Este movimiento migratorio de facto se enmarca en una problemática a nivel global, que impregna las relaciones internacionales contemporáneas, aunque en el plano intra-latinoamericano, ha adquirido características críticas, tensionando la situación regional, sea a nivel bilateral entre los países directamente involucrados, o plurilateral dada la existencia de algunos países de tránsito, como también a nivel multilateral, vg. OEA, Unasur. Las tensiones aludidas repercuten en debates político-partidarios acerca de las capacidades de absorción, de integración& adaptación, de pertinencia, de vigencia u obsolescencia de las herramientas institucionales, generando malestar ciudadano, manifestaciones xenofóbicas, generación de ghettos y sobreexigencias a los servicios públicos en materia de atención y apoyo. 

Por Iván Witker

Hay dos conceptos para abordar esta problemática: a) flujos migratorios de facto, el cual permite englobar, tanto a aquellos inmigrantes llegados regularmente como a los ingresados ilegalmente por pasos no habilitados, y b) coyunturas críticas. 

Para comprender integralmente la disparidad de herramientas conceptuales empleadas por los organismos nacionales, los supranacionales y la nomenclatura que emplean las municipalidades, ONGs e iglesias y organizaciones caritativas, recurro a las siguientes nociones: políticas públicas migratorias, mecanismos de traslado y mecanismos de integración/adaptación,  y unifico la comprensión de “lo público” y “lo estatal” como una sola noción, abarcando tanto la acepción en los ámbitos municipales como en los de las organizaciones caritativas para referirse a la visión de cualquier organismo público.

Especialmente ilustrativo es el caso de los haitianos para visualizar la correlación entre situación política, económica, social y de seguridad pública. El aumento de la llegada de estos inmigrantes en los años recientes -generando una contingencia migratoria similar a la de venezolanos- y su reacción ante las dificultades podrían ser indicativas de la posibilidad de creación de ghettos en Santiago y otras ciudades, especialmente del norte.

En otro aspecto donde se observa una clara correlación entre los tres aspectos solicitados es en la necesidad de que las elites y medios de comunicación amplíen el abanico eidético abriendo el debate sobre las nociones: integración, absorción, aceptación o asimilación.

La problematización de los conceptos centrales del proyecto –coyunturas críticas, políticas públicas migratorias y mecanismos de integración/adaptación-  condujo a la definición de variados tópicos relacionados con la experiencia migratoria estudiada, por ejemplo, la haitiana. Como resultado de aquello, surgieron varias especificidades que fue necesario conceptualizar bajo un denominador común, el de hospitalidad universal (basado en la noción kantiana): Chile nunca antes había sido país receptor no sólo en cantidades de personas llegadas, sino por las condiciones democráticas tan dinámicas que acompañan al fenómeno en la actualidad. 

Al asumir esta idea kantiana como rectora de la problematización, se pudo cuestionar el planteamiento del proyecto mismo basado en los mecanismos de integración/adaptación- y avanzar hacia un debate marcado por un abanico eidético más amplio, y de carácter cuestionador: integración, absorción, aceptación o asimilación.

Estos cuatro conceptos aparecen como centrales para entender los desafíos actuales que tienen ante sí las políticas públicas de los países latinoamericanos, europeos -y por supuesto Chile- ante las olas migratorias. 

Son desafíos centrales y actuales pues incardinarán necesariamente en las disposiciones legales que deben ser discutidas de ahora en adelante por los círculos decisores de nuestro país; todo en medio de un auge dinámico de la comprensión democrática.

Chile se abrió de facto a las corrientes migratorias intra-latinoamericanas, especialmente a las provenientes desde Haití sin haber establecido previamente un marco regulatorio ni actualizada su legislación ni desarrollado una actitud vigilante de parte de las autoridades, como tampoco estudios acerca de las capacidades y características de absorción migratoria, lo cual terminó desatando una verdadera avalancha de extranjeros entre 2013 y 2018, y generando una presión inédita en los servicios públicos disponibles en materia de Salud, Educación y Vivienda.  

La migración haitiana reúne características íntimamente asociadas a las vulnerabilidades primigenias de su origen, es decir en tanto Estado y sociedad, con sus derivadas (asociatividad fragmentada, desfase con las perspectivas nacionales, tensión al espíritu de hospitalidad), lo que junto a una percepción ciudadana de pasividad de las autoridades, contribuyó a generar en el país una sensación de línea de fractura.

La situación descrita provocó una contingencia migratoria, la que fue abordada por las autoridades gubernativas en el transcurso de 2018, aplicando visas de ingreso y facilitando el retorno a Haití para quienes no sintiesen satisfacción con su permanencia en el país, lo cual, sin embargo, no constituye una solución definitiva y en consecuencia no impide que la población migratoria haitiana corra el riesgo de transformarse en una especie de clase étnicamente marginada (underclass).

El éxodo haitiano encuentra una de sus explicaciones fundamentales en la activa participación de Chile en la operación de paz conocida como MINUSTAH, la cual, tras años de intervención si bien pudo resolver algunas de las situaciones humanitarias más acuciosas (genocidios, asesinatos masivos, destrucción de infraestructuras) no consiguió revertir la falta de institucionalidad gubernativa ni el caos, generando un contacto social profundamente amistoso entre soldados y población local, lo que amplió el espectro de posibilidades que tenía históricamente la población haitiana para emigrar.

La evidencia empírica de movimientos migratorios irregulares desde el Medio Oriente hacia Europa, desde el Africa subsahariana y el Magreb hacia los países europeos mediterráneos, examinados comparativamente, permite divisar interesantes diferencias y similitudes con las prácticas en el ingreso de migrantes irregulares a Chile. En todos se observa presencia de servicios de coyotaje dedicados a sus respectivos rubros delictivos.

Los movimientos migratorios irregulares exhiben una tipología de tres actividades carentes de ética, la trata de personas, el tráfico de personas y una tercera, susceptible de denominar zombificación de migrantes. Es una noción con facetas legales, pero fundamentalmente sociológica, sicológicas y políticas, que da cuenta del uso malicioso que hace una banda criminal del genuino deseo migrar a cualquier precio, para tomar el control social y sicológico a nivel grupal o individual de sus víctimas. La zombificación, hace más tenue las diferencias empíricas entre trata y tráfico de personas.

La zombificación de migrantes procura maximizar las posibilidades de explotación (laboral, sexual o de otra índole) de sus víctimas pero también generar inestabilidades políticas nacionales  y/o regionales. Ello le da relevancia a tenerlo en consideración desde la perspectiva de la seguridad.

En el caso de las migraciones hacia Chile se observan dificultades objetivas (de control policial, inhospitalidad y peligrosidad del terreno y del mar, así como de las distancias a cubrir, entre otros), las cuales facilitan la explotación de sus víctimas. Esta realidad ayuda a potenciar la zombificación de las mismas.

De las consecuencias descritas se puede inferir que una especificidad latinoamericana (y por ende chilena) es que, a diferencia de lo que ocurre con este fenómeno hacia países europeos, el control de la banda sobre la víctima se prolonga en el tiempo, lo cual plantea importantes retos a los servicios de seguridad del país. 

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