ALVARO SÁNCHEZ / Es un viernes primero de agosto de lluvia y viento. Llego un poco antes de la hora arreglada al Bar Iberia y me siento junto a una ventana. Mientras escenas típicas de un bar y sus parroquianos me distraen, llega Fernando: mezcla de duende mojado y hombre serio; me saluda y luego celebra su gorro pescador que (él me señala) es reversible: de un lado es de pana y del otro de un material impermeable. Hay un placer extra al charlar viendo el afuera de lluvia y viento y al escuchar su voz, templada y tranquila
MUSICA / ENTREVISTA
A. S.: Hay algo que no se puede explicar, pero sí sentir, que es cuando alguien reconoce como auténtica a otra persona. Charlando con un amigo me decía: » para mí, Fernando es auténtico, no me preguntes por qué…»
F. C.: Yo tampoco lo sé, pero te puedo asegurar que sí. Tengo la certeza, ahora, por qué y en qué va eso, ni idea.
Te sabés auténtico.
Y sí, porque no he hecho otra cosa en mi vida que seguir lo que se me ocurría. Puede sonar tonto decirlo así pero es eso: seguir tu instinto artístico; y aparte te diría que desde muy chiquilín, incluso antes de empezar a ser un conjunto de canciones que ya más o menos me definía para ese lado, antes, cuando tenía no sé, dieciséis años, quince, sin haber hecho nada muy interesante todavía, pero si orquestar y soñar con hacer mis canciones, yo te juro que ya me daba cuenta que tenía algo personal para hacer, aunque todavía no lo había hecho. Pero me daba cuenta, yo veía tanto sea el lenguaje musical, como el letrístico, y sentía que tenía algo para hacer, mío. Con los años lo confirmé. Sin duda el que se convierta en un canal de mi expresión, de mis cosas, toda mi interioridad, se convirtió en eso, por supuesto, hoy más que nunca. Ahora, cuando empecé en la música fue por otras motivaciones, incluso no del todo vinculadas con mi voluntad. Y me metí en el camino de la música desde los seis años, pero, llevado por mis padres. No es que yo pedí ni nada. A veces se da el caso de un niño que le insiste a los padres, le pega a todas las ollas en la casa, o dice «comprame un teclado», después de varios meses los padres comprenden que el niño tiene una vocación, una pasión, y le compran un instrumento, incluso le hacen tomar clase. En el caso mío fue así como, te diría de ellos, no mío. No pedí.
Era parte de la formación antes tocar un instrumento.
F: Era bastante natural. De chico te hacían estudiar guitarra, piano, o acordeón. En los años sesenta. La cuestión era que yo comencé a asistir a lo de la profesora de guitarra del barrio, el mismo año que empecé la primaria. Incluso en los mismos meses, en otoño… Así fue que, durante varios años, fui a las clases de guitarra como un mandato, como algo que yo tenía que hacer, del mismo modo que te mandaban estudiar inglés, o te podían mandar a un gimnasio, o hacer deportes. Una cosa de la infancia, épocas en donde los niños no discutíamos en absoluto una decisión de los adultos: no existía esa posibilidad, como hoy, que los niños mandan en la casa. En aquella época era callado la boca, no podías participar. Yo fui varios años, fui aprendiendo guitarra, solfeo y a cantar canciones, gracias a la profesora que tuve. Y también al corito de la escuela, al cual fui reclutado rápidamente, porque el tipo se dio cuenta que yo afinaba, tocaba la guitarra… Durante varios años, entre la profesora, y el coro de la escuela, fui aprendiendo canciones, para mí era natural cantar en los cumpleaños; la profesora ésta nos llevaba a sus alumnos, nos presentaba por distintas cuestiones barriales: kermeses, alguna institución, una fiesta de fin de curso de una escuela, televisión incluso: unos programas infantiles que daban. Iba, era un mandato. Recién como a los doce, ahí sí me picó el bichito de la vocación, de la pasión por la música. Ahí sí, legítimamente empecé a sentir una enorme pasión por la música. Me doy cuenta ahora porque en ese momento no me daba cuenta de que todos mis intereses, mis curiosidades, todos se fueron canalizando hacia lo que pasaban en la radio, lo que escuchaba en televisión, los discos, los músicos, leía todo… Poco tiempo después empecé a tener también inquietudes de yo inventar algo en la música, en la canción. O sea, no fue que yo resolví, que yo… no, yo ya me sentía en un canal, que me sirvió muchísimo para aprender. Y como seis años después, o más, me nació la vocación, con la ventaja de que ya más o menos tenía algo de técnica, sabía algo de teoría musical, solfeo, y ahí seguí por mi cuenta, a entusiasmar, a preocupar mucho más, mucho más, mucho más, hasta que alrededor de los 18, 19 años ya un poco empecé a hacer cosas públicas.
Me pasó esto: en un par de días me escuche de nuevo casi toda tu discografía, con una mirada más de lejos, más de la trayectoria que de un disco en sí.
Bien, mejor.
Y me parece que a partir más o menos de “Canciones Propias”, se nota algo más en la forma de cantar, algo hiperconcetrado. Vos hablas de ser un canal, bueno, como que cada letra, incluso los arreglos de guitarra los empiezo a sentir menos cargados, hay más aire en las canciones, y cada sílaba, cada palabra trabajada como si fuera una nota de una orquesta sinfónica. Eso, ¿vos lo ves?, ¿te parece acertado lo que digo?
Me parece acertado.
Incluso me imagino que las tomas en el estudio no las hacés muchas veces.
Depende. A veces eso va en suerte. A veces repito unas cuantas, y a veces edito: canto cuatro veces un tema, me las llevo las cuatro para casa y elijo la frase, la palabra, la sílaba a veces. Ahora se puede hacer eso. Pero sí, a veces quedan de primera, depende de cómo esté de inspiración, cómo esté la garganta, el coloque… Es difícil en el estudio encontrar eso: el coloque emocional de una canción. A veces tenés suerte. Pero es cierto lo que decís de por un lado con la guitarra tocar de manera más económica (no sé si llamarlo así), no sobrecargada. Cuando empecé en la música, mi primer conjunto, MonTRESvideo, y después durante varios años, yo tocando la guitarra era muy sobrecargado. Hacía mucha armonía, estaba muy basado en la armonía; y esa armonía era compleja porque tenía la influencia del Brasil. Entonces cada acorde tenía alteraciones: no eran acordes de tres notas, ocho notas cada acorde, mil… y todo el tiempo, y mucha digitación; arpegios todo el tiempo rapidísimos, muchos, mucha sobrecarga de información en la guitarra. Eso que hacía para mí era natural en ese entonces: tocaba con tensión, con energía y mucha información. Pasaron muchos años que yo tocaba así. Pero desde hace unos veinte años para acá, más o menos, me empecé a cansar de esa sobrecarga de información, empecé a reflexionar que para la oreja del que recibe es mucho.
Además uno puede completar: si no está la fundamental de un acorde el oído se la pone.
Exactamente. Lo completa el oyente. Le hacés una sugerencia, y las personas más o menos ya arman el puzle en su cabeza, ayudados con la melodía también, que es otra nota. Entonces empecé a reflexionar esas cosas y a sentir que yo le daba a mi mente mucha sobrecarga de información, que sería bueno alivianar un poco, era muy denso, muy denso, porque las letras también lo son. Entonces empecé a disfrutar de un modo de tocar así sugerente y limpiar, limpiar, pasar la escoba, y sacar notas de más. Eso lo fui incorporando a la guitarra pero también lentamente lo fui incorporando a los grupos que tenía, distintos acompañamientos, a los arreglos de los discos. Y hoy en día es como una cosa que ya tengo incorporada. Yo creo que ya no toco más de una manera súper cargada, ya no me sale, ya no me sale hacer acordes… Por ejemplo, de mis primeras canciones, una vez hice el ejercicio de contar en la canción “Agua”, cuánto acordes distintos había.
¿Cuántos?
Veintidós, todos diferentes. Y hoy en día hago canciones que son casi, casi a capella. Hay un proceso ahí bastante radical de modificación.
Eso fue lo que yo percibí escuchando toda tu discografía casi por completo nuevamente. Hace poco escuché tu colaboración con Una Bolsa de Nylon en la Rama de un Árbol, versionando a Gilda. En la frase “cómo arrancarte de mi piel” lo cantás con un fraseo tanguero.
(Se ríe)
Y te salió con una energía y una dirección, como un resumen de todo este proceso, y me pareció increíble. Y eso debe ser algo acumulativo, te habrá ido pasando sin vos darte cuenta ni planificándolo.
Totalmente. No es a propósito. Pero tengo muy incorporado el tango, y varios aspectos del tango, que es una cosa muy rica y tiene muchas aristas. No es solamente el fraseo vocal de un cantor. Hay muchas más cosas en el tango. Y yo, si me pongo a pensar un poco, posiblemente sea el género de música que más he escuchado en mi vida. Prácticamente lo primero que recuerdo, de tener tres, cuatro años y ya identificar a Gardel en la radio. Mi padre era tanguero, entonces de algún modo me hizo escuchar cosas, Troilo, Salgan, etc. Después yo me enamoré enfermamente de Piazzolla a los catorce, quince años. Pero luego de ese período de Piazzolla (que duró mucho tiempo), es una música que a mi francamente… no sé cómo explicarte, me enloqueció, empecé a reconocer toda la discografía de Piazzolla, todo lo que se podía conseguir en aquellos años, en los setenta, en los ochenta, iba recorriendo todas las disquerías… me hacía amigo de gente que era piazzolliana. Bueno, pero después de eso, me empezó a interesar el tango yendo a sus comienzos, cosa que yo había dejado un poco de lado, entonces hace ya unos veinte o treinta años empecé a escuchar el tango como un género entero, desde la década del diez, de las primeras grabaciones. Y bueno, me fui involucrando mucho en ese género, en todas las orquestas, los períodos distintos, las distintas etapas que tuvo el género, arregladores, compositores, letristas, todo. Entonces lo tengo muy incorporado, y es natural que yo hoy, sin querer, me surjan fraseos, en la forma de cantar, a veces en la guitarra también, que vienen del tango, vienen de Piazzolla o de Gardel. Así que tengo el tango muy incorporado. Y esa versión de Gilda que yo la canté simplemente como me salió, pero es lógico que tenga acento tanguero.
Yo en esa frase sentí…
Sí, sí, me sale en todo. Aunque cante una bossa nova (risas).
¿Vos te decís poeta o lo dicen los demás?
No, no. A pesar de que escribo poesía, que es una cosa distinta a las letras, y he publicado alguna cosa también, no tengo la dedicación. Un poeta es una especie de profesional de la poesía, digo profesional en el sentido de que te dedicas a tiempo completo. Tenés primero una gran formación, gran formación, y lees y lees y estudias prácticamente toda la poesía de la humanidad, minuciosamente. Y luego te ponés a escribir y escribir. O sea, una persona que se dedica en cuerpo y alma a esa disciplina. Yo soy un aficionado a la poesía: un tipo que entra y sale, que tengo lecturas sí, me interesa toda la literatura, no solo la poesía, pero tengo mucha lectura de poesía, he entre comillas estudiado, pero entro y salgo, de vez en cuando escribo… Yo escribo poesía cuando veo que lo que estoy escribiendo no aplica a canción, no va a funcionar como canción porque es un lenguaje un poco más experimental. En la poesía vos podés tocar temas y en la narrativa también, que en la canción no. Por ejemplo, vos podés leer en una novela, en el cine también podés ver, en poesía también, podés llegar a extremos de repente del sentimiento humano, podés llegar al morbo, podés llegar a cosas macabras. En una canción popular no hay lugar para eso. Entonces me pasa que a veces estoy escribiendo algo y digo “esto no es para canción”. Entonces lo desvío, lo dejo en otra carpeta y también me doy cuenta que el lenguaje tampoco tiene la regularidad que por ahí una canción exige, su particularidad métrica para facilitar la melodía. Veo que es un poco experimental, más suelto, más escritura libre, más verso libre. Lo trabajo ya con la cabeza y energía hacia eso, con otra libertad que en la canción no está; no libertad, otro horizonte. Y tengo sí, no mucho pero tengo, cosas escritas así. Algunas de ellas las publiqué en un librito que se llama “Intro”, me gusta a mí como quedó. Y tengo muchas más guardadas que no se si debería publicar o no, cosa que no tiene ninguna importancia; pero tengo material, tengo trabajo sí.
En la literatura rioplatense está el tema del tiempo, del olvido, de los compadritos… ¿En vos qué hay? Por ejemplo, a finales de los ochenta y a principios de los noventa, ¿puede que esté el tema de “la nada” en vos?
Sí. Una etapa un poco nihilista.
¿Ahora qué temas tenés en mente?
Ahora hay de todo. No los tengo clasificados porque es lo que me viene a la cabeza cuando empiezo a escribir, después veo de qué va. Ahora, aparecen muchas cosas porque aparecen en general los recuerdos, autobiográficos o semiautobiográficos, o mezclados con otras cosas. Son un insumo para cualquier actividad artística. Lo mismo le pasará al pintor, al cineasta, al autor teatral, todo el mundo usa sus recuerdos, sobre todo aquellos recuerdos que te provocaron algo, que te emocionaron, o te siguen emocionando, cada vez que los recordás.
Partís de una emoción entonces.
Sí, claro. Muchas veces, por la necesidad de sacarla para afuera, y hacerla pública, porque es una manera de alivianar.
Casi una terapia.
Casi una terapia, no una terapia pero casi una terapia. Cumple un poco ese rol. Ahí uno no piensa mucho si va a ser canción o qué va a ser, si después la vas a cantar en público. No importa eso, porque cumple un poco el rol ese que vos te propusiste, de poner arriba de la mesa algunas cosas que, por ahí, pueden que te mortifiquen, o no, pueden que te den felicidad o lo que sea, recuerdos. La memoria es una fuente de temas; y allí aparece de todo, porque aparecen también cosas que te contaron, cosas que viste, que observaste, que fuiste testigo, les pasaron a amigos tuyos, a conocidos, a familiares. Y vos tomás, tomás, tomás de todos lados, material que vos te das cuenta que te puede servir para producir una pequeña piecita artística que a otro le pueda gustar también. Entonces en mis canciones aparecen dichos, anécdotas, cosas que me contaron a mí, mis abuelos, mis padres, mis tíos, situaciones así de la vida, de amigos, de parejas, de familiares. Y bueno, también, el arte en general. Que vos ves un cuadro, ves una película, lees un libro, una novela, y siempre va a haber algo que digas “ah, mirá esto”. Te produce algo que no es que tomás esa idea, porque no la estás tomando: tomás lo que adentro tuyo te produjo esa idea. Así sea una novela, un poema, un cuadro, una obra de teatro; ni hablar los colegas, otros autores de canciones, que te producen eso, la emoción más grande que yo he sentido: por eso estoy tan cercano a la canción. Lo que produce, esa cosa indescriptible, que produce cuando escuchaba a The Beatles, o cuando escuchaba a no sé, Osiris Rodriguez Castillos, a Chico Barque y Tom Jobim, o a éste o aquél. Hay infinidad de cosas que a mí me sacudieron, a Bob Dylan, a Serrat, y vos ves esa canción y decís “que increíble que es esto, que maravilla”. Y eso te produce al que ya tiene también una predisposición creativa, a tratar de emularlo. No a copiar el tema o el modo o el estilo, no, no, no. Emular que el tipo haya llegado a eso. Capaz que la tuya está muy lejos de ese nivel, pero te lo motivó. Ahí hay un motor, ahí hay un estímulo para el que como yo, que hago canciones: las canciones maravillosas de los otros, de Yupanqui, de Violeta Parra. ¿Entendés? Todas esas cosas maravillosas que escuché desde la infancia: Zitarrosa, Aníbal Sampayo. Las canciones que me enseñaba mi maestra de guitarra, las que cantábamos en el coro de la escuela, Rubén Lena. Ahí hay un disparador, además de todo el arte en general, las canciones que vos admirás. A mí me funciona mucho eso. Escuchás un disco que te pega, que te gusta, y te motiva las ganas de hacer algo.
Te deja en el estado de ánimo propicio.
Claro, exactamente. Las charlas con los colegas, los amigos de la música. Ahora menos, porque uno en la vejez se va aislando un poco. En la juventud, en la etapa que estás vos por ejemplo, que todo es barra, todo es estar juntos, todo es ir al estadio juntos, al balneario, salir, verse, ir al cine y después comer una pizza y charlar.
Con todo lo que te pasa a tu edad, ¿no te sentís un privilegiado?
Pienso que sí. Pasa que tengo la suerte, el privilegio como decís vos de estar en actividad. De estar bien y de que sigue apareciendo gente, generaciones nuevas que les gusta lo que yo hago, me siento vigente; me siento centrado, y no solo acá, en otros lados también.
Más que nunca.
Sí, más que nunca, exactamente. Ahora, las preocupaciones de la salud y de la vejez las tengo también; y de que se va acabando la salud y el tiempo vital, se va acabando, obvio. Si yo miro ahora para adelante queda así (hace un gesto desganado que señala pequeñez), y para atrás (golpea la mesa y suspira).
Me refería a gente que, por ejemplo, teniendo cincuenta y pico pierde el trabajo y dice, “ahora quien me va a agarrar”, unos pocos años antes de jubilarse.
No, eso es fatal, por supuesto. Yo estaría así si no fuera músico; hubiera tenido andá saber qué empleíto, qué cosa, me hubieran echado y hubiera llegado a los cincuenta, cincuenta y pico y andá a saber que habría sido de mi vida… Tampoco es que yo nade en guita, ni nada que se parezca. Yo trabajo, normal. Soy austero. Me puedo mantener, vivo, me sustento tengo público.
El uno por ciento debe de hacer lo que le gusta.
O menos. Ese es un privilegio. Es una suerte que hay que aprovechar hasta el día de la muerte, porque, cuanto más montado en tu vocación hasta el final de todo, mejor. Eso no le pasa ni siquiera al que se jubila, que se jubila bien y todo lo que vos quieras, pero se jubiló y se acabó, se cortó. En cambio a nosotros no se nos corta, salvo por un tema de salud, o perdida de vigencia, les pasa a tantos músicos. Yo esa suerte que tengo la quiero aprovechar y no pienso mucho. Trato de darle para adelante. Yo estoy trabajando por ejemplo con Hugo Fattoruso, tiene ochenta y dos, ¿sabés cómo está? Caminás con él por la calle y te cansás, tenés que ir corriendo (risas los dos). Así, no para; la gestualidad de su cuerpo, cuando se para, cuando se levanta, cuando se mueve, parece un muchacho; yo no tengo esa energía la tiene él porque es la biología de él, el adn de él, la madre vivió como cien años. Pero bueno, yo lo veo y digo “loco, abrí los ganchos”, andá por esta senda, no por la del que se queda tomando mate en la plaza. Por ahí hay que ir. Mirá Rada, misma edad y lo ves en el escenario bailando, sigue componiendo sin parar. Hugo es así también: no paran de crear, de componer, de ensayar, siempre tienen cuatro proyectos al mismo tiempo; no es que está conmigo: está con veintisiete más, con un trío de no sé qué, con un cuarteto de no sé cuánto, con un dúo, con Argentina, acá, en Japón, va viaja, tocá acá, toca allá. Él, se ve que tiene una clara conciencia de que tiene que aprovechar, (en el mejor sentido de la palabra), sacar provecho de ese don que le tocó, no desperdiciarlo.
Está la frase “un don es una responsabilidad”.
Claro. Es una responsabilidad, porque no a todos se les da.
Volviendo a ver tu carrera desde lejos; sabiendo que desde el dos mil, dos mil y algo, empezó un proceso de…
De limpieza
De volverte canal totalmente, de hiperconcentración, de hipersensibilidad, sabiendo que eso, además, va contigo aunque vos nos seas consiente.
Salvo que haya algún otro cambio estético, que puede haber también, y arranque para otro lado y abandone esta especie de austeridad, de minimalismo que tengo ahora. Puede pasar, nunca se sabe. Despiertos pueden pasar cosas. Porque corres el riesgo también de saturar, de cansar, con algo. Si toda tu vida sos igual. Uno capaz que no se da cuenta y queda contento, pero el público, dice “esto es siempre lo mismo”, el que te vio dos o tres veces seguidas y ve lo mismo, lo mismo. Aunque al público también le gusta tomar la misma sopa. Un poco somos así los seres humanos, nos gusta siempre lo mismo. Por eso te piden siempre la misma canción.
¿Vos crees en esa crítica tan común y corriente que se les hace a muchas bandas o solistas, de que encontraron una fórmula que funciona y a partir de ahí es más o menos lo mismo? ¿Crees que pasa eso o simplemente es pedirle a alguien que sea otra persona? O ni una cosa ni la otra.
Es difícil el tema, el punto. Porque no veo nada de malo… cuando una persona encuentra un lenguaje, que no es fácil tampoco encontrarlo, vos hace un rato decías “tu voz”, si una vez encontraste tu voz, bueno, es una gran ganancia eso. A partir de ese momento la desarollás, la pulís, etc. Y continuás con ese lenguaje, con esa voz para siempre. No está mal eso. Los Rolling Stones, Piazzolla… Si bien Piazzolla era muy variado, un músico con una paleta así, de algún modo yo me acuerdo en sus últimos diez o quince años, los fanáticos de Piazzolla, ¿qué decían muchas veces?: Piazzolla se repite, era una frase común. Bueno hermano, está en su derecho. ¿Se repite por qué? Porque inventó un bruto lenguaje y ahora si se sienta un poco más cómodo en la poltrona y lo sigue haciendo, y chau. Igual que los Rolling Stones y tantos más. Esa es una, y no me animaría a ser crítico de eso. Hay otra gente que tiene no sé, va cambiando, agrega novedades, o modifica, tampoco está mal. No sé bien cuál es la precisa. Si uno encuentra su voz, después puede modificar cosas que son más bien escenográficas, maquillaje, vestuario, pero la voz está. Puedo cambiar de banda, puedo cambiar de arreglos. Creo que todo está bien, yo qué sé. Yo no juzgo al que se repite, el tipo está cómodo así, contento. Posiblemente su público también. No sé dónde está la justa. Pregunta sin respuesta (risas). Yo vengo formateado, como muchos de mi edad (más jóvenes también) del concepto de algunos discos de Los Beatles, sobre todo «Revolver». ¿Qué pasa en «Revolver»? Cada tema, de los catorce del disco, parecen que fueran bandas diferentes, cada tema: son arreglos, propuestas y enfoques completamente distintos. Ese disco lo conocí a la salida de la infancia, la pre adolescencia digamos y me quedó; me hizo creer que la mejor manera de hacer algo en el terreno artístico era eso: modificarse, que nada se parezca a lo que acabás de hacer antes. No solo que cada disco sea distinto al anterior sino cada canción. Me crié en eso, me formateé así. Pero luego de muchos años de ejercicio empecé a pensar ¿será que esa es la única fórmula? No tiene por qué serlo. Porque por otra parte Los Beatles, ese disco que te nombro y alguno más, abarcan dos o tres años. Toda la época de Los Beatles son ocho, diez años y se separaron. Si hubieran seguido juntos hasta el día de hoy (cincuenta años más), ¿hubiera pasado eso de «Revolver»? ¿Siempre? ¿Hubieran hecho todos Revólveres durante cincuenta años? ¡Imposible! Porque eso fue porque se dio acumulado en un momento histórico muy específico, de mucha alimentación, de mucha riqueza, y eran cuatro no eran uno. Eran cuatro capos ayudados por un quinto capo que era George Martin. Entonces, no podés compararte a un tipo que es uno solo, con un equipo de cinco, todos maestros. Entonces claro que el resultado es maravilloso, obvio, en la suma de cinco talentos.
Hasta un tema con un solo acorde hay en el Revolver.
En verdad son dos, pero bueno…. Cambia el bajo en un momento. ¿Tomorrow Never Knows?
Sí.
Ta, pero es el mismo acorde. En ese formato que yo me hice, de que cada teme tiene que ser diferente al anterior, que cada disco debe ser diferente al anterior, llega un momento que es imposible sostener, no podés. Soy yo solo y las pocas ideas que tengo adentro. Llega un momento que se agota: ¿cómo voy a hacer yo treinta discos que todos sean diferentes? Imposible.
Bueno, pero sin duda algo hay porque sos de los músicos que más colabora con bandas poco conocidas o que están empezando.
Todo el tiempo.
O con ya músicos reconocidos, por ejemplo tu colaboración con Andrés Calamaro en su canción “Horizontes”, por nombrar una. Acá colaboraste con casi todas las bandas.
Y argentinos muchísimos, de todas las provincias, de todos lados; muchachos jóvenes que recién empiezan, dúos, bandas, roqueros, tangueros, folkloristas, jazzistas. No porque yo lo busque. Yo tengo una predisposición, pero es porque a mí me invitan.
Eso es vigencia.
Tengo un caudal de invitaciones permanentes. (Risas) Llega un momento que te agota un poco porque tenés que aprenderte canciones de otro todo el tiempo, para grabar un disco tiene que quedar bien. Y a veces una melodía de otra persona, por más que yo sea un músico más o menos profesional, la lógica métrica, de acentos, te cuesta a veces para tu manera de cantar. Y a veces me lleva una semana, quince días en mi casa estudiando un tema para ir a grabar. Y le pensás una segunda voz, una guitarra. Yo he tenido años en los que tenía cuarenta invitaciones, para grabar. Imaginate el laburo, el esfuerzo que eso: aprenderte músicas de otros. Otros años treinta, treinta y cinco, veinte, cuarenta de nuevo… Hace como 15 o 20 años que estoy así. No puedo más, pero ta, tampoco puedo decir que no. Es un halago que un muchacho joven te invite, veteranos también. Algunos muy conocidos, muy famosos, pero el noventa por ciento es gente que empieza, que tiene su proyecto.
¿No será que vos estás agradeciendo también por gente que te apoyó cuando arrancaste?
Y bueno, es una cadena. Yo recibí mucho de Galemire, de Darnauchans, de Mateo, de Lazaroff… Todos los que tocaron con mis bandas eran gente que era crac. Etchenique, Recagno, Alberto Magnone, Ricardo Gómez, Federico Righi, Edu Lombardo, Chapital, Herman Klang, una lista de músicos, Pepe Canedo, Leo Anselmi, Carlos Plá, así fue toda mi vida. Pero sobre todo en un comienzo gente que fue más como un maestro, digamos, gente que me enseña: Galemire, Darnauchans, Lazaroff, fueron muy generosos. Porque no es que yo los fui a buscar a ellos. Son personas que vieron algo en mí (yo chiquilín que recién empezaba) y ellos se acercaron a mí a darme una mano, a darme un consejo, a impulsarme, a presentarme a otra persona para que yo me contactara con no sé quién, a decir “andá a hablar a tal teatro o a tal radio”. Me impulsaron, me dieron confianza. Darnauchans por ejemplo, cuando fue a hacer su disco “Zurcidor” en el año ochenta y uno, me convoca a mí para que le haga los arreglos, yo tenía veintidós años, todavía no había formado Baldío, tocaba en MonTRESvideo, nada menos que Darnauchans me llama para que yo haga cinco arreglos de su disco. Galemire también me llamaba, me explicaba cosas de los pedales, de los cables, de los amplificadores, de la guitarra, me daba consejos. Y le salía naturalmente. Entoncés yo recibí mucho. Lazaroff, también que lo conocí con diez y nueve años. Y ya venían carreteados ellos. Todos estos que te nombré son un poco mayores que yo; cuando yo los conocí ya estaban tocando y ya estaban grabando. Para mí muy importantes. Y otros más también. Entonces claro, yo recibí mucho. Por eso cuando a mí me llama alguien le doy una mano, a veces no tenés ganas (risas). Una cosa que charlaba con Hugo Fattoruso, que tiene mil invitaciones por año, un día conversando en confianza le digo “che, ¿cómo hacés?, y me dice “qué, ¿les vas a decir que no?». Su respuesta fue simplemente eso. No hay otra respuesta. No hay que teorizar mucho.
Vos has grabado en todos los formatos, con todas las tecnologías: ¿tenés en tu casa algún pequeño estudio, o una computadora para grabar?
Soy un negado para la tecnología. Necesito siempre la ayuda de alguien.
¿Y un grabador?
Antes tenía a casete… Después tuve un minidisc, un Sony, buenísimo; ya no hay más cedés, me quedan dos nada más vírgenes. Los guardo, ese grabador me encanta. Lo usé mucho.
Y ahora, si te inspiras, ¿una maqueta dónde la grabás?
Y ahora, los últimos años en el celular. El celular que tengo graba bastante bien. Es una idea, no precisás más, grabó ahí, alguna cosa la anoto y chau. Pero soy muy negado para la tecnología, siempre lo fui, no de ahora, de siempre. Tengo una dificultad. Con la tecnología, con las ciencias exactas también. Con los idiomas. Mi cerebro tiene sus limitaciones: unas cuantas.
Te veo alguien más interesado quizá por la historia o las letras.
Sí, me interesa mucho la historia, las letras, la música, menos que antes pero me sigue interesando. Crónicas, cosas que son para históricas. Son mis aficiones. Y la nada, el vacío.
De eso te quería hablar, porque en unas entrevistas que te hice hace doce años, nombraste esas palabras. ¿Desde qué punto de vista te llaman?
Vamos a sacarle un poco de lo prestigioso, de lo filosófico, y vamos a la vida práctica. Viste, que sobre todo en estos últimos tiempos que corren, en la actualidad, hay una especie de fobia, que tiene la gente, a no hacer nada, a estar en tu casa por ejemplo sentado…
Perder el tiempo.
Eso. Se ha desarrollado una fobia, o sea, al contrario, se estimula la creatividad, la actividad, el rellenar todos los tiempos libres con algo.
La hiperactividad.
La hiperactividad en los niños, pobres ya los educan así; lo cual va a crear una ansiedad grande. Y crea una especie de miedo, pánico, al vacío, o al aburrimiento. Al hecho de tener una tarde que no tenés nada que hacer. Se ha desarrollado una fobia a eso. Se produce un vacío existencial cuando eso sucede. Yo lo que planteo es: el aburrimiento y alguna vez que no tenés nada que hacer, forman parte de la vida de forma tan legítima como cualquier otra cosa. No caigo, he tenido problemas pon esto con parejas… no caigo en eso de tener que estar hiperactivo, moverse ir, venir, viajar, ir a la casa de aquel, ir a ver espectáculos, moverse, salir a caminar. ¿Qué tiene de malo pasarse dos, tres horas sin hacer nada aburrido mirando por la ventana? ¿Por qué hemos desarrollado una fobia a eso? Eso, en todo caso, depende de vos, puede no tener nada de aburrimiento si vos empleás ese tiempo, bueno, la mente nunca para, aunque vos quieras, algunos lo logran, algunos budistas logran parar el flujo mental, yo no puedo. Entonces, uno está activo de todos modos, aunque no quiera. ¿Por qué andar asesinando minutos libres?: ¡dejá el minuto libre! A veces yo digo como chiste no: “Fernando, el sábado…”, “no, no puedo discúlpame, el sábado tengo mucho que no hacer”. No voy a ir a tal evento, no tengo ganas.
Lo que decías de los niños y como los cargan es tremendo.
¿Cuándo reflexionan? ¿Cuándo están con sus pensamientos?
Además, la creatividad es hija del aburrimiento.
Obvio, ahí quería llegar. Para mí el espacio libre, el aburrimiento, tener varias horas o una tarde, quince días sin nada, posiblemente sea el comienzo, el inicio de algo. De una idea que se va a convertir luego en algo que es mi trabajo. Para mí es necesario. Entonces la gente no entiende muchas veces, gente cercana a vos, gente que está contigo a veces conviviendo, que vos necesites estar tres, cuatro horas y silencio, sin hablar… quieren interrumpir, quieren darte charla, se ponen nerviosos. Hermano, déjame tranquilo. ¿Por qué te tiene que molestar esto, que yo esté cuatro horas sin dirigirte la palabra? No es ofensivo: no te estoy ofendiendo. En la convivencia pasa eso mucho. No te entienden eso. Es mi trabajo también: es el origen de mi trabajo. Dame silencio y soledad un poco. Necesito, yo no tengo miedo como vos. Bueno, la época no ayuda, se desarrolla esa cosa que hay que ser productivo, esa es la palabra. ¿Y qué es eso? Hacerle los mandados al capitalismo. Hacer que vos rindas más en tu empresa, eso es en definitiva lo que se busca. Sacarte más jugo, por favor, ese verso…
Y vos conservas esa vigencia generacional además sin estar en las redes.
Un poco estoy porque tengo una persona que anuncia mis recitales. Opinando no. No opino.
No se ven fotos tuyas diciendo “mirá que rico churrasco me estoy comiendo”.
No, por favor. Con todo respeto, me parece una imbecilidad. Yo pienso lo siguiente: si no me preguntan, no opino. Si vos me preguntás algo, con mucho gusto te voy a dar mi opinión. Ahora, si vos no me preguntás nada… ¿Por qué la gente está en internet todo el tiempo lanzando sus pensamientos y el anecdotario fotográfico de todo lo que hace? ¿Qué te pasa? Cómo llegaste a la idea de que al resto de la humanidad le puede interesar qué comiste, o dónde estás de vacaciones… ¿A quién le importa el partido de futbol de tus hijos? ¿A quién le puede interesas eso? Y llenan el espacio con toda esa información vacía. Es polución. Si nos ponemos más finos y menos rígido como yo ahora estoy con eso, habrá una explicación. Debe haberla. La gente obviamente responde a una necesidad. No sé por qué se genera la necesidad esa de vos gritar en el foro todas tus minucias de tu intimidad. Hay un tema de pudor también. Hay impudicia.
La separación entre lo público y lo privado ya no existe.
Ahí va. Para mi sigue existiendo muy fuertemente mi vida privada de la pública. Yo no puedo mostrar todo lo que sucede puertas para adentro. No me sale. No me gusta.
El treinta de setiembre tocás con Hugo Fattoruso.
Sí, y sale un vinilo que quedó increíble. Lo grabamos el año pasado en el Solís. Está divino ese disco, y lo presentamos esa fecha en el Sodre, y después en Buenos Aires. Después tengo otro proyecto, armé un trío; tengo otro proyecto también con Diego Cotelo, a dúo, que me acompaña a cantar las canciones y Bolsa de Naylon en la Rama de un Árbol. Y también tengo un proyecto con Bolsa de Naylon en la Rama de un Árbol entera, que ya hemos hecho cuatro recitales increíbles, una parte de mi repertorio que yo rara vez toco, como Autoblues y toda esa época, también Viveza, montamos en vivo, como ellos tienen muchos instrumentos y cosas, pudimos montar temas como eran. Pero ahora estoy armando un trio con todo repertorio nuevo, nuevas canciones. Un proyecto que tiene un nombre tentativo, creo que va a quedar, “Cabrera +”. Y todo repertorio nuevo, mis últimas canciones, salvo alguna vieja que vamos a hacer, porque el público sino, si vas a un recital y ves todo nuevo, te vas por la mitad, es muy cansador. Momentáneamente nuevo un trio eléctrico, de bajo, guitarra y batería, pero los otros dos integrantes tocan varias cosas, cantan, electrónica, un poco de todo. Muy entusiasmente. Ahora cuando te digo electrónica (que la he usado muy poco) me refiero a algunos samples de cuerdas muy buenos, o algún ruidismo, muy poquito. En general yo sigo un criterio arreglístico de mis canciones; uso, me aprovecho de la parte digital porque cuento ahora con esa facilidad, por uno de los músicos puede lanzar cosas pregrabadas. Pero a Radiohead no llego, no sé si me gusta tímbricamente, un modo tan extremo de electrónica, aunque me gusta Radiohead y toda esa corriente. La islandesa, ¿cómo se llama?
Bjork.
Bjork, me gusta eso. Me gusta eso en cápsulas. Tengo varios lanzamientos también de cosas antiguas y remasterizadas y re arregladas. Va a salir todo el material de MonTRESvideo, mi primer conjunto. El long play tiene de doce temas más seis más como bonus tracks, temas que aparecieron en ensaladas: en total dieciocho temas de MonTRESvideo. Después va a salir un libro sobre “Baldío”. Va a salir “Buzos Azules”, un disco olvidado mío, que nunca fue reeditado en Cd ni nada.
Que es bien roquero.
Es bien roquero, me encanta.
“Todo lo que me enseñaste”, el primer tema, que tiene algo de los Rolling Stones, en esas guitarras haciendo cuartas.
Tres guitarras eléctricas, bajo y batería. Cotelo, Galemire y yo de guitarras. Etchenique y Recagno. Sonábamos, ese disco suena. En un tiempito va a salir. “Autoblues” y “Buzos Azules” son como hermanitos, tienen una familiaridad, es un período mío que yo me volqué enteramente a tratar de experimentar y aprender un poco el lenguaje del rock, no con la idea de hacer rock, sino de aprender el lenguaje (cosa que me quedó después para siempre). Y para aprender vos tenés que tocar en vivo y experimentar y tocar con músicos que estén en esa onda. Entoncés resolví destinar varios años de mi vida (sobre todo esos dos discos, que ya venía de antes un poquito, desde “Baldío”), a montar una cosa así más eléctrica, más roquera. Insisto, sin querer hacer rock. No soy roquero, no soy un músico de rock. Pero quería tomar, así como aprendés del barroco, aprendés del tango, aprendés de la bossa nova, aprender algo del rock; y me fue muy útil. Esos dos discos para mí fueron muy útiles. Después de eso fíjate, seguí por otro camino: “Mateo y Cabrera”, “El Tiempo Está Después”… arranqué para otro lado, otras orquestaciones.
Comparado con “Fines”, que es del noventa y tres no tienen nada que ver.
No, nada que ver. “Fines” es más hermanito de “El Tiempo está después”: más acústico, más arreglístico.
También va a salir más adelante un disco (que yo no participo para nada) de una cantidad de músicos y cantantes, cantando canciones mías. Eso va a salir el año que viene. Es una especie de homenaje que se le ocurrió a otra gente, a un sello, yo simplemente dije que sí. No me gusta mucho la idea de que hagan un tributo, no sé cómo llamarlo, pero tampoco me puedo negar. Y por alguna cosa que escuché… está buenísimo (risas), debo confesar de que va a ser increíble. Después tengo algunos viajecitos; ahora voy a Porto Alegre, después a México… cosas puntuales, no es que yo tenga un desarrollo en esos lugares, pero a veces sí un festival que te invitan. Donde sí tengo un laburo más estable es en Argentina. Ahí se fue desarrollando sí. Por toda la Argentina. Toco más allá que acá, desde hace varios años, pero lejos eh, a veces abajo en la Patagonia, Mendoza, Bariloche, Santa Fe, Rosario, Córdoba, Misiones… no solamente las capitales: los pueblos, me voy y hay un teatrito por ahí y hay ciento cincuenta personas que se saben todas mis canciones… increíble, yo no lo puedo creer. Muy lindo Argentina, mucho afecto, sobre todo con los uruguayos, con otros son más asquerosos. Es la historia, el útero. Eso no se rompe.


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