ANÓNIMOS LIBRES

Texto Anónimo

Te digo, estoy esperando ese cómic. Alguien tendrá que ser el primero, y yo no sé dibujar. Pero si hay un momento ideal para hacer el mejor cómic cyberpunk tardío de la historia, es éste. Y lo seguirá siendo por un buen tiempo. 

No sé si será verdad, como me decían recién acá, detrás de la oreja, al borde de la conciencia, que lo importante es el guión. Que los trazos sólo ilustran lo que el texto te hace pensar. Intuyo que hay una inmensa obscenidad en esa frase, pero no sé por qué. 

Como dije, yo no dibujo. Debería tener una edición en papel. No es por el fetiche del formato físico. No debería hacerse de esa romántica resistencia el reducto último de la dignidad humana, al menos de aquella humanidad que aún lee. Haciendo esos esfuerzos corre riesgo uno de herniarse de tanta dignidad. Lo he visto. Pero una buena carátula en papel rugoso, en una esquina cualquiera, te llama. Como si supiera que es contigo. 

Quién sabe si habrán tonos y trazos lo suficientemente sombríos como para reflejar estos tiempos. No sé cómo trabaja esa magia. No sé cuán torva se puede dibujar una mirada. Qué tanto se puede sugerir una mueca debajo de una mascarilla. O cuánta vergüenza puede trasmitir un párpado cerrado cuando no debía estarlo. 

EL TIEMPO 

El tiempo, claro. El permanente presente en el que vivimos, desde que se esfumó el futuro (fuera lo que fuera que cada uno veía con ese rótulo). Se esfumaron esos futuros, y el pasado convendría ir olvidándolo también, dicen. Que te quedes flojito, dicen. Pero el pasado no se olvida por decreto, sino por necesidad. Es lo que tiene. A veces, como ahora, se muestra idealizado, de golpe. Un pasado plano, aplastado en un matete bidimensional, como una pantalla. Sin densidad temporal, es como si no hubieran relaciones de causa y efecto entre los hechos, así como hechos sin relación respetable alguna entre sí. Peor aún, se establecen caprichosas relaciones, artesanales, con criterios mucho más estéticos que otra cosa. 

Relaciones de autor, lo que faltaba. Visto así, se parece más a mirar un cuadro, en vez de lo que el pasado realmente es: una ventana. 

ESCENARIO 

Habrá, supongo, distintas escenas. Por una cuestión de orden, el marco será urbano – suburbano. Tal vez para lo único que las ciudades sean imprescindibles, es para los cómics. 

Desde la versión gráfica del cuento Rodríguez no veo una historieta ambientada en el medio rural que me llene el ojo. En ese marco urbano, entonces, seguro habrán aglomeraciones de gente. De modo que habrán comedores populares. Colas organizadas de gente espontánea. No estaban en ningún lado, parece. Ningún otro lado que acá, en algún lugar atrás de la oreja, al borde. Hasta ahora. 

Ahora son filmados, fotografiados, producidos. Los pobres, en letras, como acá, no son más que información, y tampoco tendrán tanta hambre, pobres. Pero ahí, en la tele, sí son, efímeramente, reales. No por ello menos tolerables, comprensibles, aceptables. Pero reales. Como los demás. 

LOS MUERTOS 

Los muertos, los muertos. Los muertos más contantes y sonantes de los que se tenga memoria.Todo un logro habida cuenta de la vulgaridad de su condición. Ha de hacerse notar que, como pasa con los pobres en los comedores, los muertos escritos no son tan, tan muertos. Es como si todavía estuvieran ahí, acusando. No se degradan, no se pudren. Están prontos para usar. Recuerdo que del primero supimos pelos y señales, quisiéramos o no saber. Del tercero o cuarto, más o menos. Del décimo séptimo ya nada. 

Pero nadie como éstos muertos. Muertos apilados en las calles del mundo. Muertos arrojados sobre tus hombros. Muertos abandonados por alguien, pero filmados y repetidos y referidos maniáticamente. En cada pantalla disponible. Muertos en rojo, como un déficit. Difuntos necrófagos, se van comiendo a todos los demás muertos. 

Son sólo una pequeña fracción de los muertos de cada día en éste mundo. Pero éstos, brillan. Deslumbran, hechizan. Aturden. Morirse es morirse, que le vamos a hacer. Pero ahora morirse es un horror inaceptable, indigerible. Y uno imputable. Seguro se va a lucir ese dibujante. 

LOS BUENOS Y LOS MALOS 

Los cómics sin superhéroes nunca estarán del todo bien vistos entre los puristas, supongo. En la simpleza de los clásicos está su fuerza. Pero tal vez éste cómic no los necesite. 

Tiene suficientes protagonistas. Cada uno está en el centro de su propia historieta, y embarcamos en éste viaje dónde nos tocó estar, siendo lo que ya éramos, los buenos de nuestra propia película. Al menos los protagonistas. Sin embargo de alguna manera resulta ser que nos volvimos todos personajes secundarios. Excepto los esenciales. Los aplaudibles. Los de la entrevista central de cada día. Grises superhéroes con su borrachera de hybris que los miserables bufones de la corte mediática festeja. 

No alcanzaría toda la némesis del Olimpo para devolverlos a donde pertenecen. De todos modos, si es necesario que haya algún superhéroe, está bien. Igual antes ya había y tampoco eran como yo. 

Me acotan acá atrás de la oreja que más difícil es el asunto de los villanos. No es para todos vestir de blanco a los malos. Bueno, hay comodines. El poder siempre será un villano perfecto, puesto que nadie ejerce el poder inocentemente. Nadie. No sólo los gobernantes. Lo que pasa es que a ellos se les nota. 

Pero los malos más peligrosos siempre son los más discretos. Acá malos hay como arroz, no sólo los mismos pocos malos de siempre. Lo que ya de por sí es una impertinencia de la nueva realidad. 

El villano es el que asusta, estamos de acuerdo, pero ¿y cuando los villanos son los asustados? ¿los que sienten terror de no estar a la altura de algo que no tiene una altura clara? ¿los que no quieren no haber hecho lo suficiente, los que temen demasiado los inevitables titulares con muertos en rojo de cada tardecita? 

Para peor los nuevos malos son más malos para unos que para otros, lo cual pareciera entreverar la baraja. Pero como es de esperarse de un buen acto de prestidigitación, sólo lo parece. 

Por eso te digo, debería tener una edición en papel. Con una buena carátula. El último cuadro se completa conmigo mirando esa carátula en un kiosco, en una esquina mugrienta, como en un sueño aún.

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