“Si el artista es capaz de hacerse independiente, ya va en el camino para desarrollar un discurso desconectado de la tradición y de las imposiciones del sistema”

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Hay personas con las que, cuando conversas, ese diálogo te lleva a lugares tan sutiles y extraordinarios que el tiempo queda como en suspensión. Carlos Suárez, compositor, etnomusicólogo, es una de esas personas interesantes con las que quedas para hacer una entrevista que deriva en un paseo sonoro por el bosque, aprendiendo a escuchar, para luego dar pie a una conversación sustanciosa que no quieres que se acabe nunca. La hora de comer nos marca que hay que volver a casa y hacer una parada técnica, para luego continuar charlando y admirando sus diarios de trabajo de la selva amazónica, libros de artista en toda regla. Puede suceder que le consultes curiosa por esas torres de objetos extraños con botones de colores, sintetizadores modulares que él mismo fabrica y te responda lo que son, regalándote un concierto con ellos, performance íntima de sonidos de la selva. Llegas de madrugada a tu casa, tras un viaje pensativo en coche, sin haber cenado y sin explicarte cómo es posible que hubieran pasado tantas horas y ni hubieras mirado el teléfono. Artista místico, filósofo del sonido, ha creado 65 obras acústicas y electroacústicas, así como ha transcrito 36.000 compases de sus viajes, trabajando con músicas tradicionales, desarrollando la idea de paisaje sonoro, dando charlas sobre fonografía, impartiendo talleres de escucha atenta, o de electrónica aplicada al sonido, siempre desde una mirada singular y profunda que combina lo artístico con la antropología y el pensamiento. Este cazador de sonidos en peligro de extinción, hermoso concepto del que también me habló, me recibió en un pequeño pueblo gallego casi abandonado, cuya población más cercana es Celanova, donde vive desde hace un tiempo tras arreglar con sus propias manos una vieja casa familiar habitada por las almas de sus ancestros, me dijo. Allí vive con lo mínimo, tranquilo pero muy activo, como un anacoreta inmerso en la belleza de lo biológico.

Por Xisela Franco

¿Te defines como etnomusicólogo, compositor y fonografista, nos podrías aclarar como entiendes cada una de estas facetas?

Todo mi trabajo gira en torno a la composición, la etnomusicología, la fonografía, la electrónica incluso la poesía, persiguen como objetivo reforzar mi trabajo como compositor.
La etnomusicología se ocupa de la música de tradición oral, es una disciplina que intenta entender las maravillas sonoras creadas por los pueblos sin escritura, esas formas estéticas tan originales y elevadas, aportan al compositor formas interesantes para abordar su trabajo, de hecho, pocos saben que muchos desarrollos de las vanguardias en la música contemporánea occidental, son tomados de los pueblos sin escritura. Ejemplo de esto son las máscaras africanas presentes en el cuadro de Picasso Las señoritas de Aviñón. Es llamativo el enorme progreso en este sentido de esos pueblos de tradición oral, solo que sus discursos se fueron por otros derroteros diferentes a los de Occidente.
La fonografía por su parte, es una práctica análoga a la fotografía, pero en la fonografía lo que se registran son grabaciones, ambas disciplinas poseen el mismo estatus e importancia, solo que en esta sociedad donde lo visual es hegemónico, no se valora igual el trabajo del fonografista que el del fotógrafo.
 
También utilizas el concepto de “sonidos en peligro de extinción”, ¿a qué te refieres, que sonidos hemos perdido?

Bueno, conocemos la tragedia de las lenguas que desaparecen cada año en el mundo, con eso se pierde una inmensa riqueza sonora. Hace poco leí el testimonio de un antropólogo que al visitar cierta área geográfica descubrió había desaparecido su lengua, la de un pueblo que allí habitaba, y solo se mantenían sonando algunas palabras que eran repetidas por un loro, palabra ya sin sentido. También están desapareciendo muchos oficios tradicionales y con ello, los sonidos característicos de sus herramientas y máquinas, entonces, el trabajo de fonografía intenta poner en valor esos sonidos, preservarlos. También están en peligro de extinción o desapareciendo, las voces de muchas especies de animales, amenazadas por la codicia depredadora del homo “sapiens”.  Bueno, la codicia y la ignorancia humana hacen desaparecen aproximadamente 18.000 especies cada año, eso dicen los científicos optimistas, los otros hablan de 80.000 especies por año; cuando la tasa natural antes del hombre era mucho menor, dicen una especie extinta por siglo. Desde luego, lo que comentarán de nosotros en el futuro que nos aguarda es que éramos unos monos bastante estúpidos.

¿Qué importancia posee el sonido en la sociedad actual?

Esta es una pregunta que daría para una respuesta muy larga, pero así, a bote pronto y desde el punto de vista etnográfico, yo diría que el registro de los sonidos actuales ayudaría a las sociedades futuras a entender nuestra historia, es lo que pasa cuando vemos fotografías antiguas, podemos conocer esas sociedades, pero no podemos saber cómo sonaban, entonces, la sociedad actual podría ser reconocida también a través de lo sonoro, si fuéramos conscientes de su importancia. Por otra parte, el desarrollo de la escucha como conciencia, sería un paso importante porque nos daría información sobre lo que somos, sobre lo que podríamos llegar a ser. Así que la escucha, es ejercicio activo de presencia y compromiso con el mundo, y el conocimiento que aporta el sonido nos permitirá fijar nuestra posición, y desde esa posición clara proponer cambios, es decir, desarrollar formas de escucha profunda es una vía para que nuestra sociedad avance. 

¿Cuál es el papel del artista como generador nuevos significados?

Este es un punto que se desarrolla en el texto publicado en vuestra revista eXtramuros, no es algo nuevo, pues a lo largo de los siglos, los artistas fueron capaces de imaginar nuevas cosmovisiones, alcanzar altos niveles de conciencia a través de lo estético. Y de alguna forma, esa conciencia expandida o exacerbada, nos llevó al descubrimiento, a expandir nuestra imaginación. Pensemos en las pinturas rupestres, que eran expresión, pero también eran formas de registrar información, y esta, es la idea básica de la que parte el desarrollo de la escritura. Durante mis investigaciones etnomusicológicas en el Amazonas, visité algunos lugares sagrados llenos de petroglifos y pinturas, y lo que me contaban los pueblos que habitaban esos lugares era que los signos relataban momentos importantes de su mitología. En el mediterráneo, el contenido del ideograma fue substituido por la escritura fonética que reproducía los sonidos del lenguaje hablado, es decir, de alguna forma, en este caso y tiempo, lo sonoro terminó derrotando a lo visual. En la edad media, los vitrales cumplían una función similar a los petroglifos, la sociedad analfabeta que contemplaba el vitral aprendía los detalles de la historia cristiana. Con todo esto, lo que quiero enfatizar es la importancia de la creación estética, que el artista fuerza su imaginación en lo extático y allí descubre cosas, pensemos en el artista prehistórico que se expresó en esas pinturas, además, permitió descubrir que con una representación visual se podía guardar información, se podía registrar parte de la historia y los conocimientos de la comunidad.

¿Vives inmerso en un espacio biológico rico y diverso, cual es la razón de esa inmersión?

La razón principal de estar en estos bosques es buscar una conexión con algo que la humanidad ha dejado de lado, el conocimiento de lo natural, de sus ciclos, de cómo esa diversidad de organismos se interrelacionan y tejen una red que funciona. Después, también se busca un poco estados acrecentados de conciencia, e intentar que eso se transforme en música. Por otra parte, aquí puedo entender los sonidos de la naturaleza, y también la existencia misma de esos seres vivos, en último término tratar de entender la vida. La existencia de un animal salvaje es muy interesante, entonces intentar comprender sus estrategias de supervivencia es un valioso conocimiento para llevar al campo de lo estético, que también puede ser visto como una forma de lucha contra la muerte.  Es un lugar propicio para entender el misterio de la vida, asumo una especie de brujería científica que pretende sentir y descifrar los fenómenos naturales, y finalmente, transformar todo ese conocimiento en música. 

Viajaste mucho. Conviviste con la tribus del amazonas. Escribiste un libro de etnomusicologia sobre la cultura afrovenezolana que fue Premio Nacional de Cultura en Venezuela. Ahora estas escribiendo algo totalmente diferente, el ensayo que aquí publicamos es un adelanto. ¿qué más nos puedes contar?

Sí, durante años he estado escribiendo ensayos sobre música, más específicamente sobre composición. En este caso es un libro de ensayos que tocan distintos aspectos, por ejemplo la experiencia personal como origen de lo estético, o aspectos más técnicos de la música, e incluso algún texto que habla de electrónica sonora, de cómo a través de circuitos se puede generar sonido. Otros textos son investigaciones etnomusicológicas que analizan los avances estéticos de las sociedades de tradición oral, y como esto sirve de modelo a la composición. También hablan de construcción de instrumentos musicales, que en último término no es otra cosa que la búsqueda de nuevas sonoridades.

¿Todos los capítulos del libro están envueltos en ese tono de misticismo que posee el que aquí publicamos como adelanto?

No todos tienen ese tono tan místico, algunos son más técnicos, incluso algunos podríamos decir que son científicos. Lo que pasa es que en mi caso la ciencia es un catalizador de lo extático, de la revelación mística. Los mayores sobresaltos de lo sagrado que he sufrido siempre se producen cuando leo o trabajo en textos científicos donde no se habla de dios o lo sagrado. Es con esos textos que alcanzo los mayores arrebatos místicos, cosa extraña, en lugar de hacerme ateo, percibo con mayor claridad la presencia del misterio, aunque, visto de otro modo, es algo bastante lógico, pues cuando nos enfrentamos a ciertos números que esconde el cosmos, nos damos cuenta de que semejante complejidad no puede ser producto del azar, tiene que haber algo más. Si te imaginas por ejemplo que hay más estrellas en el universo que granos de arena en todas las playas del mundo, y pese a eso continúas sumido en un estado de apatía materialista, pues no sé, eso me sugiere que no entendiste. Necesariamente, si esa inmensidad se intenta asumir con rigor, vas a caer en un estado de asombro profundo, que te acerca a la comprensión del hecho científico.  Así que el tono místico siempre está presente en mayor o menor grado en los textos. Otra cosa que también busco en mis textos es lo poético, la metáfora que es una forma efectiva de acercamiento a la música, pues como se sabe la música es inefable, y por lo tanto, hace falta un lenguaje que sea capaz de ir de ir más allá, un lenguaje apropiado que nos acerque a su misterio. Entonces, a veces escribo poesía como un entrenamiento para poder encontrar las metáforas necesarias para hablar de la música. 

En referencia a eso que comentas de la obra como experiencia personal, ¿en qué medida la vida del artista define la propia obra?

Pues evidentemente, la existencia aporta un conocimiento de la naturaleza humana, y eso nutre la obra, la hace madurar, la enriquece. En la música popular, es bastante común escuchar a los músicos hablar del dolor como tránsito de maduración necesaria, en la música afrocaribeña suele decir: “para ser buen rumbero, tú tienes que haber llorado”, un cantante flamenco “el Agujetas” decía: “si tú no has sufrío, estás perdío, no hay nada que hacer, por mucho que practiques no tienes la menor posibilidad de ser un buen cantaor”. Todo esto expresa que ese sufrimiento nos hace madurar, acrecienta la expresividad, le aporta profundidad a lo que suena.  Así, las vivencias te van aportando el bagaje necesario para que tu obra sea mucho más que el refrito técnico de una tradición.  Claro, todo se origina en la ética que asume el creador, pues esa ética te va llevando a un tipo de vida, que produce a su vez una estética. No es que al artista le guste pasar hambre, pero es que si tú no te vendes o trabajas para los intereses del sistema, evidentemente te quedaras fuera del mercado, y vas a terminar viviendo de una cierta manera. Así pues, en el arte no es o posible la estafa o el engaño, la obra siempre es un reflejo de la actitud ética y crítica que se asume. 

Tienes esa mirada propia, alejada de las modas y del poder, coherente contigo mismo. ¿En que medida crees que el artista debe crear al margen, ser un marginal?, ¿es una postura ética?

Es que si el artista es capaz de hacerse independiente, ya va en el camino para mí adecuado para desarrollar un discurso desconectado de la tradición y de las imposiciones del sistema.  De esta forma, el acto creador se vuelve subversivo, evidentemente, si el acto creador es complaciente con el poder y la tradición, entonces nos tendríamos que preguntar ¿qué es lo que aporta esa obra a la sociedad?. Por ejemplo, los museos están saturados de arte conceptual, ¿qué sentido tiene ese discurso después de más de un siglo del urinario de Duchamp?, y es trágico notar como el discurso de muchos se afilia a estas modas, que en verdad son rancias, son formas de producción sin el menor esfuerzo de autocrítica.  Y mejor no hablemos de la basura musical que fabrica la industria de masas.   
 Por otra parte, creo que una de las razones principales de crear es imaginar, intentar establecer metáforas de lo posible, formas de explicar a la sociedad que otro mundo es posible. A fin de cuentas, una estética es una especie de visión utópica de un mundo posible, y esto no tiene nada de místico, es algo muy real, que se ha comprobado ya a través de los siglos. El arte le dice a los humanos que pueden aspirar a más. Desde luego, encontrar una estética que refleje eso no es fácil, es el trabajo de toda una vida, en ese sentido los niños prodigio no existen.  Por ejemplo decir:

‘Compuse mi primera obra electroacústica porque me gradué en la mejor universidad del mundo’. Eso no es tan fácil, lógicamente.  La creación lleva tiempo, es ir encontrando los elementos de un discurso. Esa universidad tan buena sería en cualquier caso el punto de partida, y también luego hay que desaprender. Todo lleva un esfuerzo. Incluso puede que te pases la vida entera creando con rigor, y aun así fracases, quizás, porque la muerte llega antes, y no te dio tiempo de un desarrollo estético que esté a la altura de lo que otros artistas llegaron a crear.

Foto de Augusto Rodríguez