CONTRARRELATO

“Seguras y efectivas”

Por Salvador Gómez

El Ministerio de Salud Pública ha dado a conocer información estadística sobre los así llamados “muertos Covid” para el año 2023. En un período (2023) en el cual no se practicó el test PCR indiscriminadamente a toda la población como sí se hizo en los años 2020 y 2021, la atribución “Covid” a determinado fallecimiento es difícil de comparar con los dos años recién mencionados.

Durante esos dos años, tanto en Uruguay como en el resto del mundo, bastaba tener un PCR positivo -e incluso no tenerlo, pero que existiese una sospecha razonable de parte de los sanitarios de que había habido alguna posibilidad de contagio- para que cualquier fallecido con un cuadro respiratorio fuese atribuido a “Covid”.

En el caso del año 2023 la atribución “Covid” a un fallecimiento se ha visto pues significativamente reducida, por razones metodológicas y epidemiológicas.

En todo caso, cuando en el año 2021 se promovió la vacunación Covid-19, se lo hizo insistiendo -al principio- en que las vacunas eran “100% seguras y eficaces“. Esto significaba: no tenían efectos secundarios relevantes (seguridad), y evitaban que la persona contrajese Covid-19 (eficacia).

Siguiendo esa información, un porcentaje muy alto de la población del país se vacunó con las dos primeras dosis recomendadas entonces.

Luego de ese período inicial, una ola de contagios y muertes que sobrevino en el comienzo del verano de 2022 llevó a que el discurso fuese ajustado. Los medios de comunicación citando a las autoridades de salud, informaron a la población que la seguridad seguía siendo absoluta, y que si bien la eficacia no era tan alta como al comienzo se había pensado, de todos modos sí que aseguraba que la persona vacunada no tuviese un Covid-19 grave, y por supuesto, que no falleciese.

Este fue el tipo de discurso que se mantuvo oficialmente durante meses de 2022 y 2023.

Actualmente no se escucha hablar a las autoridades sobre los efectos reales de la vacunación en la salud de la población uruguaya. Esta revista ha denunciado repetidas veces el exceso de muerte que ha caído sobre la población del país desde que, en marzo de 2021, se inició la vacunación masiva. Este exceso de muerte no ha sido explicado.

Sin embargo, han aparecido ahora algunos datos estadísticos interesantes.

De 107 “muertos Covid” de 2023, 70 estaban vacunados (69 de ellos con dos o más dosis) de la vacuna Covid-19.

Estos datos se pueden intentar leer de muchas formas. Por ejemplo, poniendo toda clase de peros a los fallecimientos -que eran de elevada edad; que tenían comorbilidades…- Lo que no se hizo cuando, en 2020 y 2021, pacientes de 101 años con comorbilidades gravísimas y crónicas eran reportados en los informativos de las 20 hs. como “muertos por Covid-19” a secas.

Dejando de lado la deshonestidad con la que se informa desde el primer día sobre este asunto en los medios tradicionales, hay una sola cosa que no se puede hacer con esta información. Y esa cosa es: seguir llamando de “eficaces” a las vacunas contra Covid-19.

Si la vacuna fuera eficaz en cualquier medida razonable, no es posible que 70 de 107 muertos se hayan muerto vacunados. En castellano, según la RAE, “eficacia” significa “capacidad de lograr el efecto que se desea o se espera“.

Las vacunas Covid-19 esperaban evitar “la enfermedad grave y la muerte por Covid-19“, como se informó hasta el cansancio por todos los medios durante más de dos años.

Si fuésemos a tomar por buena la existencia de la enfermedad “Covid-19” y los datos del MSP, quedaría así demostrado, con cifras oficiales, que las vacunas Pfizer, Moderna, Sinovac, y las demás que se aplicaron masivamente sobre la población del Uruguay y el mundo, no sirven para el fin para el que han sido promocionadas.

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