ENSAYO

Se trataba de cambiarlo todo en función de nada, como si desde la nada se plegara un velo sobre los ojos del mundo; desde un fascinar, desde un mirar con lupa las hormigas para hacerlas gigantes. El velo radicaba en aquellas cosas humanas que se juegan en la salud, que se juegan en todo; nuestro saber genera una medicina y nuestra medicina genera un saber, y el saber, un ser. Los virus dan vuelta al mundo desde hace milenios, y los virus han venido a nosotros infinitas veces para generar anticuerpos. Vivimos un saludable ejercicio con los virus. Los virus y los hombres mutan en una danza eterna.

Por Marcelo Marchese
Abril 13, 2020

Estudiado el trayecto y comportamiento de un virus peligroso para aquellos previamente débiles, se esperó el momento propicio para aplicar la lupa sobre la hormiga. Fue en el año nuevo chino, el año de La Rata de Metal, pues se buscó acompasar el nuevo hecho a una antigua liturgia de renovación, desde el solsticio de invierno hasta el equinoccio que inaugura la primavera.

A un viejo virus, se le inventó un nacimiento en un mercado de Oriente, pues el Oriente es el inconsciente geográfico de la humanidad, y como el virus afectaría nuestro inconsciente, nació del miedo y la culpa. Un murciélago, una serpiente, un pangolín, fueron convertidos en vectores, y un mercado, una antigua tradición, en culpable. Lo salvaje y la cultura, forjaron el miedo y la culpa.

El miedo hace murallas, ejércitos y hospitales; el miedo, ese que viene de lejos. La culpa paraliza, una parálisis del hacer y del hablar, que es otra forma del hacer, y el virus afectaba la respiración, una función del habla y por eso, su símbolo fue el tapabocas. Se ató un tapabocas a la boca del planeta.

Entonces, cambiarlo todo en función de nada, pues si logro todo en función de nada, tu poder es nada. Si sé que sabes que te engaño y no haces nada, mi poder es todo y tú eres nada.

¿Cómo hicieron de la nada, todo? Por medio de organismos que impulsan la acumulación de riquezas mundiales, y por medio de los medios de fascinación que detentan quienes acumulan las riquezas mundiales. El vuelo de Mammón el avaricioso hacía la noche.

La dinámica histórica hizo que el mensaje tuviera oídos afines.
Previo al mensaje, hubo un mensaje. La “pandemia” llegó cuando el pensamiento crítico había sido diezmado, cuando el pensamiento científico había sido aherrojado, cuando una censura llamada “pensamiento políticamente correcto” había actuado como tapabocas del arte, de todo. La línea discursiva del nuevo mensaje se subió a los hombros del previo mensaje, y quien osara enfrentarlo, sería crucificado.

La noticia estaría en todos los lados al mismo tiempo, pues la respiración del mundo sería suspendida. Nunca nadie había logrado todo en función de nada. Pero la noticia vomitada por los medios y los gobiernos y los sirvientes, era nada en comparación a la noticia que lanzaba a todos los vientos, pero en total silencio, el Ejército del tapabocas. El tapabocas impedía hablar, para que hablara el estridente mensaje del silencio: todo en función de nada.

No existe engaño sin concurso del engañado; el engañado necesita creer el engaño ¿Por qué? Por la misma fuerza del artificio. La crisis arrojó una luz potente sobre todo; pero una luz potente, encandila. La luz mostró como jamás antes la verdad, pero admitir la verdad significa asumir que uno no sólo fue engañado, si no que fue partícipe del engaño, y asumir que uno no es uno, si no otro, requiere de coraje, y ese personaje llamado “Coraje” había sido relegado por la “Eficiencia”.

Siempre, el drama es, matar para vivir. La acción vive si mata a la parálisis. El hijo que no mata, no vive; vive una vida que no es vida. En Fuenteovejuna, un pueblo se rebela y mata al Señor arbitrario. Simbólicamente, lo castra. El hijo mata al padre, al Señor. Siempre se trata de ver quién castra a quién, pues uno u otro debe ser castrado; es un mandato que viene de lejos.

Formado el Ejército Mundial cuyo uniforme e insignia era el tapabocas, dio inicio la conquista. A río revuelto, ganancia de pescadores. En la crisis, la oportunidad; la crisis es una serpiente que sólo pica al pie descalzo. Todo aquello que nace, quiere perpetuarse. Es ley de vida y es ley del Capital. Todo aquello que nace, quiere perpetuarse, e incrementarse. Jamás el Capital conquistó tantas riquezas como en el año del Coronavirus.

El mecanismo fue la parálisis, pues la parálisis, es la ruina, una parálisis para beneficio del que crece en la parálisis. Pero aquel que roba y atesora, debe cuidar lo que roba y atesora; entonces, lo robado, requiere ser protegido. Nuevas aguas corren tras las aguas; la cueva del tesoro precisa de un guardián.

Entonces, el guardián; entonces, un viejo orden inútil ante el nuevo tiempo. La vida viene del caos; la vida viene de una noche sin estrellas. Para parir un nuevo orden, se precisa del caos, y el caos fue declarado; la gente fue su ejército.

Desocupados, hambrientos, desesperados, cuando uno no tiene nada que perder, cuando uno escucha a la muerte vestida con los harapos del hambre llamando a la puerta, todo su mundo de valores se disuelve. Ante la muerte inminente, todo queda en nada. 

Robos, asesinatos, motines, guerras, linchamientos, el hombre convertido en lobo del hombre dio nacimiento a un nuevo orden. Los Estados afilaron la daga de su invasión a la vida privada, al tiempo que relajaban su pudoroso control a la invasión del Capital. En un sentido, eran todo; en otro sentido, eran nada.

Tras la lluvia, hongos. Tras el caos, control y millones de cámaras. El monstruo de mil cabezas tiene millones de ojos y de datos. El dinero es tiempo ¿Dónde está tu tiempo si el tiempo lo tiene el plástico? Quien controla el plástico, controla el tiempo. Tu tiempo no es tu tiempo, tu tiempo es nada.

No hay mejor forma de destruir una idea, que prostituirla. Se combate a lo que es, revelándolo en lo que no es. Si el Control fue llevado a nuestra salud, nuestra salud fue el mecanismo de control. «Lo hacemos por tu bien. Por el bien de todos. Nosotros, sabemos. Nosotros somos el guardián de tu salud». Siempre las causas innobles se ampararon en propósitos nobles, pues lo que no es, se impone como lo que es por obra de la prostitución.

Si de todo, hago nada, y de nada, hago todo, necesito que aquel que no tenga nada, no vea que pierde todo. Entonces, se trata de no ver, y no ver significa no ver lo que es, y lo que es, es la verdad. La verdad es lo que es si se dice lo que es, pues no hay verdad sin la palabra de la verdad.

Si el hombre es hombre en función de su cultura, todo lo que ha construido el hombre desde el principio es propiedad de todo hombre. Son los lazos que teje el hombre, los lazos de su humanidad. Somos un ser gregario, y nuestra especie es la más bella y compleja creación de un ser llamado Tierra.

Entonces se trataba de romper los lazos culturales, haciendo del todo, nada. Miles crearon una catedral que fue obra de ocho siglos. El problema es cuando esa catedral que reúne la infinita obra cultural, arde en llamas para iluminar el principio del primer acto de la tragedia.

¿Cuál es la verdad? La verdad es que cada uno de nosotros, solos, no valemos nada. Lo supo el primate ante el león, y lo supo el primate ante el bisonte. Lo supo el primate que heredó una tradición, su lengua, el fuego que forja la cultura, pues cada uno de nosotros, solo, no vale nada.

Solo, no vales nada, y solo, no ves nada; entonces, no ver, y el que no ve el todo, no ve nada. Ya te fue dicho: “El árbol impide ver el bosque”. Antes, veíamos el todo, pues éramos el todo. El comienzo de la nueva forma de ver, el primer velo, fue la crisis alimentaria de la prehistoria, con la esclavitud, el Estado, el ejército, la escritura y sobre todo, con las religiones teocráticas. Se trataba de atomizar al hombre, de escindirlo de su humanidad, de castrar su humanidad.

Entonces, atomizar, pues el árbol impide ver el bosque, y atomizar es disciplinar. Y se disciplina con miedo y con culpa. Entonces, la caza del deseo. Y entonces, fue puesto un tapabocas en la boca del arte, en la boca de la risa que conmueve, y en la boca del amor, pues el amor es el más antiguo de los mandatos de la especie. Nuestro primer instinto no es vivir; la madre da la vida por su criatura. Nuestro primer instinto y nuestro sino es trascender.

El pensamiento se hace con palabras, pues el inconsciente se hace con palabras. Se escinde tu pensamiento con el bisturí que amputa una palabra y cose en tu mente la nueva palabra, más fría, mas aséptica, mas científica. Esa palabra anuncia la preeminencia del número, todo un signo de los tiempos. Viejo recurso de quienes saben del poder de las palabras.

Lo que haces, hace a tu forma de pensar. El carpintero encuentra analogías a la vida con la madera; el relojero encuentra analogías a la vida con el reloj; cada cosa que haces moldea tu mente. Entonces, se formateó la mente por la fascinación de la pantalla, pues si estableces archivos, carpetas y link, tu mente piensa por archivos, carpetas y link. En la vida virtual, el todo se revela en nada.

Aquel año del Coronavirus abrió las puertas de este tiempo. Sucede en cada atardecer y en cada amanecer. En el cambio de ciclo, los espíritus cruzan el cielo hacia nuevas moradas. 

Algo golpea a la puerta. Dejo aquí mi crónica de aquellos días. La historia la escriben los vencedores, pero siempre la verdad se labra un camino entre los hombres. No podemos ir atrás en el tiempo, pues el tiempo no existe. Se trata de entender en verdad quién creó la idea del espacio y el tiempo en la hora que no es hora, si el espacio y el tiempo se confunden. De la nada, se hace todo. Se trata de saber que no existe nada. La nada es una creación del todo para desmostarse por absurdo. Microcosmos. Macrocosmos. El microcosmos contiene al macrocosmos. Si tú, que eres el todo, te conviertes en nada, entonces la nada se convierte en todo. 

Las respuestas ya vienen en camino; quien hace la pregunta, ya sabe la respuesta.

Los antiguos dijeron “La verdad, es bella; la mentira, es fea”. Sólo eso precisas saber, y más nada precisas

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