CALENTOLOGÍA

Por Gonzalo Palermo

En las últimas décadas se ha difundido la idea de que el sol es el principal responsable del cáncer de piel, una narrativa impulsada desde la Organización Mundial de la Salud. Hasta los años 50 el diagnóstico de melanoma, la especie más letal de cáncer de piel, era algo muy poco común: 1,9 casos por cada 100 mil hombres y 2,6 casos por cada 100 mil mujeres. Entre 1950 y 2007, sin embargo, la incidencia de esta enfermedad aumentaría más de 17 veces en los hombres (33,5 casos por 100 mil) y casi 10 en las mujeres (25,3 casos por 100 mil). A lo largo de seis décadas la tasa de mortalidad por melanoma se triplicó en los hombres (pasando de 1,6 a 4,9 por cada 100 mil) y se duplicó en las mujeres (de 1,3 a 2,6 por cada 100 mil) (1). Actualmente se registran 325 mil casos de melanoma cada año, con un crecimiento del 320% desde 1975 (2).

Es absurdo apuntar al sol como el culpable del aumento de melanoma –a menos que uno crea que el sol empezó a existir en 1950. Existe evidencia para decir que el sol, lejos de ser el problema, podría ser la solución.

En 1998, en un trabajo titulado “El melanoma no es causado por la luz solar” (3), Allen J. Christophers analiza los múltiples factores –sexo, edad, latitud, entre otros– que inciden en la aparición de esta forma de cáncer de piel y echa por tierra la teoría de los enemigos del sol. Christophers comenta que si bien formas de muy baja agresividad como el carcinoma espinocelular o el carcinoma basocelular guardan cierta relación con la exposición a los rayos ultravioletas del sol, esto no es así en el caso del melanoma.

En 2005, un estudio encabezado por Marianne Berwick de la Universidad de Nuevo México titulado “Exposición al sol y mortalidad por melanoma” (4) concluyó que “la exposición al sol se asocia con una mayor supervivencia del melanoma”.

Las décadas de terrorismo anti-solar por parte de las autoridades sanitarias globales no solo han llevado a un crecimiento de las cuentas bancarias de La Roche-Posay, Nivea y demás compañías cosméticas con sus cremas solares sino que también han generado una epidemia de falta de vitamina D. Al día de hoy casi la mitad de la población mundial presenta insuficiencia de vitamina D mientras que un billón de personas padece deficiencia de la misma (5). Esta deficiencia está asociada a enfermedades cardiovasculares, enfermedades autoinmunes, diabetes, depresión y cáncer. “Las autoridades de salud pública de Estados Unidos recomiendan que hombres, mujeres y niños reduzcan su exposición a la luz solar debido a la preocupación de que esta exposición promueva el cáncer de piel. Por otro lado, los datos muestran que un número cada vez mayor de estadounidenses sufre deficiencias de vitamina D y problemas de salud graves causados ​​por una exposición insuficiente al sol. El conjunto de conocimientos científicos sobre los beneficios de la exposición moderada al sol está creciendo rápidamente y está provocando una percepción diferente del sol/UV en relación con la salud humana”. El fragmento anterior corresponde a un completo estudio titulado “Los riesgos y beneficios de la exposición al sol” (6) que cuestiona el abordaje de los sistemas de salud respecto de la exposición al sol y analiza cómo la deficiencia de vitamina D impacta en la salud global del ser humano.

Vitamina D

La luz del sol es la principal fuente de vitamina D. En el cuerpo humano esta se metaboliza a través de la enzima 7-deshidrocolesterol de la piel, que absorbe la radiación UVB del sol y la convierte en previtamina D3, que a su vez se isomeriza en forma de vitamina D3 (7).

La vitamina D3 es de gran importancia a la hora de prevenir y combatir el cáncer, según numerosos estudios.

El año pasado, en un artículo titulado “El impacto de la vitamina D en el cáncer” (8), científicos ingleses y estadounidenses concluyeron que niveles altos de vitamina D3 en el organismo están asociados con una mejora de la función inmunológica, además de reducir la aparición de tumores y frenar la metástasis. En este trabajo se cita un reciente experimento llevado a cabo conjuntamente por la University of Eastern Finland y el Kuopio University Hospital donde 498 personas fueron divididas en grupos donde algunos eran suplementados con vitamina D y otros no, concluyendo que “el uso regular de vitamina D se asocia con menos casos de melanoma en comparación con la falta de uso” (9). El detalle de este estudio quedó registrado en un paper de titulo largo pero contundente: “El uso regular de suplementos de vitamina D se asocia con menos casos de melanoma en comparación con la falta de uso: un estudio transversal en 498 sujetos adultos con riesgo de cáncer de piel”.

En 2022, en España, también se llegó a conclusiones similares a través de un estudio realizado por el Hospital Clínico de Barcelona, el Institut d’Investigacions Biomediques August Pi I Sunyer, el Hospital Universitario Son Espases de Palma de Mallorca y el Centro de Investigación Biomédica en Red. En el artículo (10) concluyen: “Descubrimos que los niveles más bajos de vitamina D se asocian de forma independiente con una peor supervivencia general en pacientes con melanoma, de acuerdo con estudios previos en otras poblaciones. La deficiencia de vitamina D podría desempeñar un papel en la supervivencia de los pacientes con melanoma”.

En tanto, desde Alemania, también en 2022, científicos de la Universität des Saarlandes aseguran: “En el melanoma y otras neoplasias malignas, los niveles bajos de vitamina D se asocian con un mayor riesgo y un mal pronóstico (…) Nuestros datos indican que la deficiencia de vitamina D se asocia con un resultado clínico deficiente en pacientes tratados por melanoma metastásico” (11).

Estos trabajos vienen a confirmar lo que en 2020 habían postulado científicos del Harvard Medical School al realizar un estudio entre más de 25.000 hombres y mujeres donde aquellos que fueron asignados al azar para tomar 2 mil unidades internacionales (UI) de vitamina D cada día durante un promedio de 5,3 años demostraron tener casi un 20% menos de probabilidades de desarrollar un cáncer avanzado que aquellos que recibieron un placebo (12). “Estos hallazgos sugieren que la vitamina D3 puede reducir el riesgo de desarrollar cáncer avanzado entre adultos sin un diagnóstico de cáncer al inicio del estudio”, concluye el estudio.

La deficiencia generalizada de vitamina D es hija del modo de vida moderno lleno de luces artificiales, alérgico a la luz del sol y condenado al encierro.

En 1910, solo el 25% de los empleados estadounidenses trabajaba en interiores (oficinas, fábricas, etc.), mientras que en el 2000 lo hacía el 75% (13). En 1930, la población rural de los Estados Unidos representaba el 25% del total; actualmente representa el 1% (14). Este éxodo del campo a la ciudad, de la intemperie al indoor, viene acompañado por un incremento en la incidencia del melanoma, echando por tierra la narrativa anti-sol.

Melatonina

En 1948, solo el 1% de los hogares estadounidenses contaba con televisión; hacia 1955 el 75% contaba con al menos una (15). A partir de entonces la vida moderna se ha visto atravesada por fuentes lumínicas artificiales cada vez más diversas que alteran el ritmo circadiano, encargado de modular los procesos físicos, mentales, hormonales y metabólicos que ocurren a lo largo del día y de la noche (16). Hay procesos que deben ocurrir en horas del día (luz) y procesos que deben ocurrir en horas de la noche (oscuridad). Pero si las luces artificiales –desde la pantalla del celular hasta la luz de la heladera– irrumpen en horas de la noche, este ciclo se altera. Entre los múltiples procesos que responden al ritmo circadiano se encuentra la producción de melatonina, una hormona encargada de provocar la sensación de sueño. El reloj biológico del ritmo circadiano se encuentra en el hipotálamo, cuyas órdenes viajan a través de cuerpo en respuesta a la luz –que en teoría debería ser la luz ultravioleta del sol durante las horas en que permanece arriba. En respuesta a la luz, la glándula pineal suspende la producción de melatonina, dando la orden de que empieza un nuevo día, un nuevo ciclo, para que el organismo se active. Al caer el sol, en cambio, el hipotálamo debería percibir la falta de luz y ordenar la producción de melatonina… debería, pero no lo hace si percibe luces artificiales azules provenientes de la lámpara, de la pantalla del celular, la computadora y del televisor.

La evidencia que demuestra los efectos oncostáticos –inhibidores del crecimiento de las células cancerígenas– de la melatonina en diversos tipos de cáncer, incluido el melanoma, es abrumadora.

Un estudio llevado a cabo por el Departamento de Farmacología y Toxigología de la Wright State University Boonshoft School of Medicine, titulado “La melatonina como fármaco reutilizado para el tratamiento del melanoma”, explica: “La actividad anticancerígena de la melatonina se atribuye a su capacidad para atacar una variedad de vías de señalización oncogénica, incluidas las vías MAPK que participan en la regulación del comportamiento de las células cancerosas, incluida la supervivencia y proliferación celular. Además, los estudios preclínicos han demostrado que la melatonina en combinación con agentes quimioterapéuticos ejerce efectos sinérgicos contra el melanoma” (17).

Estudios similares realizados por las universidades de Cantabria (18), San Pablo (19), Albany (20) y Estocolmo (21), entre otras, arriban a la misma conclusión.

La melatonina no solo ayuda a frenar el desarrollo del cáncer sino también a prevenir su aparición. El Departamento de Farmacología y Neurociencia de la Universidad de Granada realizó una prueba en ratones que lo comprueba. En primer lugar, inyectaron a los ratones con células matastásicas de melanoma. Luego los dividieron en dos grupos: uno de control y otro donde los animales fueron tratados durante 15 días con una solución de 10 miligramos de diarios de melatonina por kilo de peso en el agua. “En términos generales, los animales de control tuvieron un aumento exponencial significativo en el tamaño del tumor hasta el día 33, y todos los animales de control estaban muertos el día 38; por el contrario, los ratones pretratados con melatonina demostraron un retraso en la aparición del tumor, así como una disminución del volumen del tumor y un aumento de las tasas de supervivencia” (22).

Otro estudio, realizado por la Universidad de Ciencias Médicas de Birjand, en Irán, analizó los niveles de melatonina en la orina de 70 pacientes con cáncer de piel y los comparó con los niveles 70 individuos sanos, encontrando que la concentración de melatonina (6-sulfatoxymelatonin) era considerablemente más baja en la orina de los pacientes oncológicos (23).

Por último, es interesante mencionar también que la melatonina protege la piel de la radiación UV al mejorar la expresión de enzimas como la superóxido dismutasa y el glutatión (24), lo cual cerraría aún más el círculo vicioso en el que se encuentra el ser humano promedio del siglio XXI.

Si la melatonina contribuye a la función antioxidante y anticancerígena del organismo, y la luz artificial en horas de la noche inhibe su producción, es lógico pensar que el estilo de vida actual, noctámbulo y atravesado por artificialidad luminosa, juega un papel importante en el aumento de casos de melanoma. El paper “¿Algunos melanomas son causados ​​por la luz artificial?”, publicado en 2010, firmado por Marina Kvaskoff y Philip Weinstein (25), analiza en profundidad esta tesis.

No te olvides: el sol existió siempre mientras que el melanoma es una enfermedad moderna.


NOTAS:
1 – https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3906570/
2 – https://www.mdpi.com/2076-3271/9/4/63
3 – https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/9920435/
4 – https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/15687362/
5 – https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3356951/
6 – https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5129901/#fn0001
7 – https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3897598/
8 – https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0960076023000638
9 – https://journals.lww.com/melanomaresearch/abstract/2023/04000/regular_use_of_vitamin_d_supplement_is_associated.4.aspx
10 – https://journals.lww.com/melanomaresearch/abstract/2022/10000/vitamin_d_deficiency_in_melanoma_patients_is.12.aspx
11 – https://www.frontiersin.org/journals/oncology/articles/10.3389/fonc.2022.839816/full
12 – https://jamanetwork.com/journals/jamanetworkopen/fullarticle/2773074?resultClick=3
13 – https://www.bls.gov/opub/mlr/2006/03/art3full.pdf
14 – https://growinganation.org/
15 – https://archive.org/details/bowlingalone00robe/page/n1/mode/2up
16 – https://espanol.nichd.nih.gov/salud/temas/sleep/informacion/circadianos
17 – https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC9844458/
18 – https://repositorio.unican.es/xmlui/handle/10902/2051
19 – https://www.melatonin-research.net/index.php/MR/article/view/81
20 – https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0014482783711377
21 – https://bmccancer.biomedcentral.com/articles/10.1186/s12885-022-09464-w#citeas
22 – https://www.melatonin-research.net/index.php/MR/article/view/96
23 – https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3895897/
24 – https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/26496791/
25 – https://ec.europa.eu/health/scientific_committees/scheer/docs/sunbeds_co13d_en.pdf