* El Sol como ignorado modulador del clima

¿CAMBIO CLIMÁTICO?

Por Manfredo Irigoyen

Durante un breve tiempo, la difusión masiva de noticias sobre el apocalipsis del covid-19 y su efecto devastador en el mundo, la promesa de la vacuna salvadora y la lucha para salvar a la humanidad desplazó del centro de la atención otros anuncios con los que cotidianamente nos invadían. Las que se relacionaban con el cambio climático. Todos los desastres naturales magnificados por la influencia en el clima provocada por la actividad humana. Cuestión que ahora, aplacada la corriente apocalíptica del covid-19 e incluso los de la guerra Rusia-Ucrania, está resurgiendo con ímpetu.

Para intentar comprender mejor este tema conviene repasar la historia.

Calentamiento Global: el origen

La Organización Meteorológica Mundial (OMM), agencia internacional creada por la Organización de Naciones Unidas (ONU), y el Programa de las Naciones Unidas para el Ambiente (UNEP, por sus siglas en inglés), por iniciativa, instancias y presión de la entonces primera ministra del Reino Unido Margaret Thatcher, promovieron la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). Esta convención fue presentada en mayo de 1992 y, muy rápidamente, abierta a la firma el 4 de junio de 1992 en Río de Janeiro, en lo que se conoce como la declaración de la Cumbre de la Tierra. Entró en vigor en 1994 con la integración de 197 países. En 1997, con el Protocolo de Kioto, se introduce una adición a la CMNUCC con medidas más enérgicas y jurídicamente vinculantes a los países parte de la Convención.

¿Más enérgicas y jurídicamente vinculantes? Esto es muy interesante. ¿Respecto a qué? Pues consolidar una premisa: la actividad humana provoca un aumento de gases de efecto invernadero que aumentará la temperatura del planeta con consecuencias catastróficas. Esto es lo que anteriormente se definió conceptualmente como Calentamiento Global, que luego se magnificó en la propaganda como Calentamiento Global de Origen Antropogénico, luego ampliado a Calentamiento Global Antropogénico Catastrófico. Una vez que este concepto se enraizó en la conciencia individual y social, se redujo de nuevo a Calentamiento Global, ya una vez inserto en la propaganda del discurso único y políticamente correcto quedó implícito que el calentamiento del planeta se debe, única y exclusivamente, a la actividad humana.

En esta historia destaca el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés) de 1988 creada bajo el paraguas de la OMM y la UNEP. ¿Cuál es el objeto de todas estas agencias supranacionales? La respuesta es simple, se reduce a “evaluar la información científica, técnica, y socioeconómica relevante para la comprensión del riesgo del cambio climático inducido por el hombre”.

En resumen, se trata de justificar una premisa, no de discutirla desde un enfoque epistemológico sino de considerarla como cierta, como un dogma que, como tal, no es materia de debate.

Calentamiento global: el desarrollo

En las agencias citadas anteriormente se canalizó mucho dinero para promover la investigación que concluyera sobre lo que premisa inicial definió: la actividad humana es un crimen contra la propia humanidad por la generación de gases de efecto invernadero lo que tiene y tendrá como consecuencia un calentamiento global de consecuencias catastróficas. En esas agencias internacionales nunca se ha planteado la duda sobre si eso es cierto. Se asume como verdad, como un dogma, como una religión. Como tal, todo evento climático se presenta como consecuencia del cambio climático, y todo lo que viene como implícito, originado y a consecuencia de la propaganda magnificada por los medios de difusión que no se cuestionan, simplemente como un eco lo amplifican, sin ningún esfuerzo de análisis y reflexión agregado.

Siguiendo la corriente, y especialmente el dinero disponible para investigaciones, se desarrollaron múltiples modelos computacionales que, partiendo de la premisa, concluían que con el aumento de la concentración de gases de efecto invernadero (GEI) aumentaba la temperatura del planeta. Esos modelos computacionales funcionan de forma iterativa, corriendo varias veces los procesos simulados y luego hacen un promedio de los resultados. Cada uno de ellos, y luego lo que se presenta es un promedio de los resultados de las corridas de todos los modelos que se han desarrollado. Un plato de espaguetis.

En esta tabla se aprecian los resultados de los promedios de cada modelo computacional y el promedio de los promedios en la línea negra. Ninguno de ellos coincide con la evidencia de los datos registrados -no los estimados-, desde 1979. 

Destaco que en el reporte del IPCC de 2007 (AR4) en el grupo de ciencias físicas básicas se concluyó que la atmósfera es un sistema caótico y por tanto imposible de modelar. Valga la contradicción doble, se continúa intentando interpretarla por modelos matemáticos y nunca más se mencionó algo parecido a esa conclusión en los reportes siguientes.

Calentamiento global: la evidencia

Como se observa, fácilmente, en la gráfica anterior se aprecia una coincidencia de los resultados de la corrida de los modelos computacionales pero son claramente divergentes de la realidad registrada por datos. El promedio de los promedios de todos los modelos diverge cada vez más de los registros reales obtenidos sea por registros satelitales o por mediciones directas. Desde 1979, si, reitero, desde 1979. Hace más de 40 años que la evidencia indica una realidad diferente a la pronosticada por los modelos. Sin embargo, se insiste una y otra vez que la realidad es la que muestran los modelos, no la evidencia.  Basados en esa absurda distorsión es que se tomaron decisiones políticas estratégicas volcadas hacia la promoción del desarrollo y expansión de las energías renovables, para reducir la emisión de los GEI producto del uso de los combustibles fósiles.

Seguramente muchos no recuerdan el famoso movimiento 300.org, el que a toda costa intentaba promover que de ninguna manera se superara las 300 partes por millón (ppm) de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera pues eso nos condenaba al infierno climático y la extinción de la vida. Esa postura política se basó en un artículo de James Hansen en el que promovía que 350 ppm de CO2 en la atmósfera era un límite seguro, publicado en 2007.Como el 300 no funcionó después lo elevaron a 350 ppm de CO2. Lo cierto es que en 2010 la concentración de CO2 pasó los 380 ppm y ahora está en 418 ppm de acuerdo con los registros de la estación ubicada en Mauna Loa, un antiguo volcán en Hawaii, que fue elegido como sitio de medición de la concentración en la atmósfera de ese gas.

De acuerdo con este registro, hace años pasamos ese límite amenazante y sin embargo seguimos aquí como si la naturaleza no se hubiera enterado de tan catastrófico diagnóstico.

Por cierto, al inicio de la declaración de la supuesta pandemia y las medidas adoptadas que llevaron a un parate de la actividad económica miucnial con los bloqueos, reduciendo mucho el uso de vehículos terrestres y aéreos, lo que bajó la demanda de petróleo de una forma tan brusca que su precio pasó a ser negativo, pagaban para que te lo llevaras. 

En esta situación extrema de la sociedad, con los bloqueos que fueron impuestos se elevaron alabanzas a la madre tierra pues al bajar la quema de combustibles fósiles iba a reducir la concentración de CO2 atmosférico. Pues no, basta con observar el registro del Mauna Loa para afirmar que no tuvo efecto alguno, aun siendo el mayor ensayo global de reducir la actividad humana, lo veamos desde un enfoque social, económico y ambiental o lo que sea. Cero efecto en la naturaleza. De paso, para quienes les interese, es notable como en el registro de concentración del CO2 atmosférico en el Mauna Loa se observa de forma tan marcada el ciclo de las estaciones con la secuencia de dormancia y actividad de los vegetales en el otoño e invierno del hemisferio norte.

Calentamiento global: lo que los modelos computacionales ignoran

Los modelos climáticos que predicen la evolución del clima en función de la concentración de GEI en la atmósfera, producto de la actividad humana, ignoran de forma explícita algunos moduladores del clima como la concentración del vapor de agua, de hecho el mayor gas triatómico – una molécula conformada por tres átomos – que enmascara cualquier otro gas con potencial de efecto invernadero, la dinámica de las nubes o la superficie cubierta por nieve y hielo – que aumentan o disminuyen la capacidad de reflectancia de la luz solar del planeta -, la variación de la temperatura de las masas de agua oceánicas, la variación de la órbita del planeta y de la inclinación del eje de rotación respecto al sol, y, muy en particular, los ciclos solares.

Se basan, exclusivamente, en procesos matemáticos que conducen a demostrar la premisa original, no a discutirla, que el aumento de la concentración de ciertos gases en la atmósfera aumenta la temperatura global. De paso, para que todos lo entendamos una concentración de parte por millón es como si habláramos de un gramo en una tonelada. Es lo que se puede denominar como una traza, o mejor dicho concentración de gases traza en la atmósfera.

En otras palabras, los modelos computacionales descartan de plano los mayores moduladores del clima.

Calentamiento global: los ciclos solares

En la naturaleza todo se rige por ciclos. El día y la noche, las mareas, las estaciones; la variación de las temperaturas superficiales de las masas de agua oceánicas superficiales. Estos ciclos se dan en horas, meses o años. A su vez, los ciclos de cada componente natural interfieren e influyen en los demás, en mayor o menor magnitud.

Es una obviedad señalar que la fuente de energía por excelencia en nuestro planeta es el Sol. Descartando otros ciclos de menor frecuencia, resulta harto conocido los ciclos solares de aproximadamente 11 años. El registro de estos ciclos en nuestro período histórico data de hace 400 años. Son ciclos en los cuales la actividad solar aumenta y disminuye, a su vez con distinta intensidad de emisión de energía. La comprensión y cada vez mayor conocimiento sobre estos ciclos han permitido predecir el comportamiento del siguiente ciclo. Por ejemplo, ahora estamos al final del ciclo 24 cuyo desarrollo fue casi perfectamente pronosticado cuando estábamos en el ciclo  solar 22 y 23. 

La actividad solar viene disminuyendo desde el ciclo solar 21, cuando ocurrió el último máximo y hubo un aumento de la temperatura falsamente atribuida a la actividad solar en la década de los 80 del siglo pasado. Con base en estos conocimientos, se predice que el próximo ciclo solar 25 será el que tendrá menor actividad en los últimos 200 años. Se pronostica que sus efectos sobre el clima, conduciendo a un enfriamiento será similar al Mínimo Maunder, el que provocó la Pequeña Glaciación del Medioevo, en el cual los ríos del hemisferio norte no se descongelaron en verano.

Lo cierto es que, en oposición a los modelos climáticos que predicen un aumento de la temperatura global que han demostrado que se alejan cada vez más del registro real, el pronóstico más probable basado en el conocimiento de la evolución de los ciclos solares  es que entre 2025 a 2050 nos estaremos enfriando, no calentando.

Por cierto, personalmente pronostico que esta disminución de la temperatura global será atribuida al éxito de implementar las absurdas medidas impuestas por la agenda internacional, no por causas naturales – como ocurrió con la capa de ozono y los clorofluorocarbonos.

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