ENSAYO

No debo ser yo quien hable de esta revista, simplemente diré que confío en quienes la crearon y la dirigen. Me gusta leerla y me gusta escribir ensayos para ella.  Agradezco poder ser parte. Para festejar este primer año estoy enviándoles a ustedes, lectores asiduos, un capítulo de mi libro “La estructura de la transformación”. Este libro ganó un premio a la obra más destacada del año 2010 sobre Gestalt-terapia y ha sido traducido al portugués y al italiano y está en curso la traducción al inglés. Bueno, aquí va un trozo del contenido general que me pareció de utilidad. El cuerpo es hoy una trascendente vía para comprender lo real de lo ficticio. 

Por Fernando De Lucca

El cuerpo es la forma más evidente de nuestra conexión con el diseño.

A lo largo del camino que venimos recorriendo en profundidad y circularidad, es claro que el cuerpo es una manifestación de la unidad que somos. Cuando decimos que somos un cuerpo hacemos referencia al todo que somos. Intuitivamente consideramos que la unidad es expresión del diseño de todo lo existente. Sin embargo, muchas veces, cuando nos referimos a lo corporal lo hacemos desde el tener un cuerpo. Las expresiones y síntomas que mi cuerpo me muestra a través de la conciencia llevan a la idea ilusoria —fantasía— de que el cuerpo es algo que poseemos.

De todas formas, el cuerpo es nuestra experiencia directa constante y cotidiana.

El cuerpo nos informa, nos contacta, nos refiere y nos contextualiza. Por ello, lo consideramos no solo como una parte de un todo mayor, sino como la más evidente, explícita y visible expresión de ese todo, dada su materialidad exhibida en todas y cada una de las manifestaciones. Mientras la mente puede lanzarse a lo infinito y extenderse sin fronteras, el cuerpo nos lleva a experimentar esos límites y fronteras constantemente en contacto con nuestra realidad y la del ambiente.

El cuerpo muestra, declara, afirma los límites del ser.

A pesar del trabajo que en la Gestalt-terapia hacemos específicamente con las fantasías —que como ya sabemos son expresión de nuestra neurosis u otras patologías—, la globalización de lo cultural, a partir de la década de los noventa, estimula la introyección de fórmulas que nos llevan a creer y buscar, todo el tiempo, aquello que no nos limita.

Los medios de comunicación masivos muchas veces tienden a transmitir mensajes del tipo «no envejezca nunca», «sea siempre un adolescente feliz», «el tiempo no pasa», etc. Estos medios reflejan lo que colectivamente deseamos desde el ego y raramente desde nuestra esencia. Se juega a festejar lo que carece de límites, así como también a pasar el tiempo de manera irreflexiva y ligera, produciendo desconexión. A eso se le llama diversión o pasatiempo. Se apela al opacamiento de la conciencia y se atenta contra la aceptación de la impermanencia. Hablamos del cuerpo ser el que ofrece el testimonio más elemental del pasaje temporal por la vida. Como si fuera poco, lo ilimitado se combina con dos aspectos que hacen peligrar todo intento de encontrar salud: la indisciplina confundida con liberación y la ideología de la estética como manera de evitar el contacto con los límites.

Esto no solo se encuentra en los medios de comunicación; en la vida diaria, la figura suele ser la intención de cautivar la atención a través de la estética. Algunas veces lo estético conduce a la disciplina —gimnasia, dieta, etc. —, solo que el propósito es casi exclusivamente la necesidad de ser interesante para otro. Lógicamente, el resultado es confusión, sufrimiento innecesario y alejamiento del contacto consigo mismo.

El budismo habla de tres venenos del alma: la aversión, la avidez y la ignorancia. La dimensión corporal está presente en cada uno de estos venenos. La aversión se manifiesta en lo corporal como miedo de enfrentar lo que se hace necesario para vivir, es en cierta forma una parálisis que nos fija a una forma conocida de la cual no podemos o no queremos salir. En general, el miedo —fantaseado o real— es a ser agredido de múltiples formas hasta llegar al pánico de escena ante la existencia; un modo de considerar nuestra inserción en el mundo desde una visión catastrófica, fruto de la desconexión. Nuestro cuerpo se estremece ante la aversión. La avidez se manifiesta a través del apego; a cualquier aspecto de la vida material, psicológica o espiritual. Se manifiesta en lo corporal a través de excesos; por ejemplo, los trastornos de alimentación o los placeres corporales, evitadores del contacto, son producto de la dificultad en la satisfacción que impide cerrar los ciclos energéticos en la vida. Aversión y avidez conducen irremediablemente a la ignorancia de quiénes somos en realidad. La ignorancia, en relación con nuestro autoconocimiento, retroalimenta la avidez y la aversión —apego y miedo— al considerar que la tranquilidad y la seguridad son frutos de los excesos de la posesión material. Nunca llega el sentimiento de plenitud y se responde con miedo a todo lo que no se conoce, ya que nada se relaciona con lo que está en nuestro interior sino con lo que está fuera. No hay auto soporte, solo soporte externo. Nos hacemos adictos a lo que viene de fuera de nosotros y vivimos desde la incertidumbre y la ansiedad. Convertimos el mundo que nos rodea en un lugar a ser depredado, usado brutalmente para salir de estos miedos que casi no soportamos. Lo expresado conduce inevitablemente a un ciclo vicioso. Nuestra corporeidad está presente en todo esto y es la dimensión que puede conducirnos a reconectarnos y conocernos interiormente.

Hemos hablado de disciplina e impermanencia en capítulos anteriores, tratándose del cuerpo y los límites, se hace nuevamente vigente. Nuestra corporeidad nos hace experimentar de forma evidente las fronteras psico-corporales en cuanto a contacto, expresión y movimiento. Lo corporal se revela como testimonio de la dimensión biológica. Por lo tanto, es determinado por las cualidades físicas y químicas que rigen el universo. Desde el aire que respiramos, el alimento que ingerimos y la actividad física que desarrollamos, lo corporal está presente de forma constante y absoluta.

Sabemos, además, que la mayoría de nuestro esfuerzo, en relación con el trabajo, tiene como prioridad nuestro auto sustento y el de otros que forman nuestra familia o comunidad. Somos un cuerpo que demanda cuidados, alimentación y contacto. Desde que nacemos lo primero que necesitamos para vivir es alimentación, cuidados corporales como el calor y contacto amoroso.

El cuerpo es nuestro referente biológico en relación con el universo.

La física, la química y la matemática, en relación profunda con la observación de la naturaleza, son la resultante de ser cuerpo —dadas las múltiples e intrínsecas necesidades de este—, y por ello de ser, vivir y contener estos aspectos en nuestra relación con el mundo. El desarrollo tecnológico, en el sentido de un conocimiento elaborado y creativo de la realidad y fruto de la investigación y descubrimiento de verdades universales, es parte de la lectura por, para y a través de la naturaleza corpórea de lo humano. Sin embargo, la patología de esta incesante dedicación al conocimiento es la carrera por todo aquello que nos va a hacer la vida más fácil. Hemos ya experimentado cómo este desarrollo puede tender a anular —por la fantasía de la satisfacción absoluta—, la importancia de sentir y vivir el cuerpo.

Si todo se encamina a no tener necesidades fundamentales, no solo vamos a ir contra la propia sabiduría organísmica, también caeremos en el error de creer que podemos simularla. Difícilmente haya mal mayor que vivir desde el equívoco de creer que las manifestaciones de la sabiduría organísmica son fruto de nuestra creación o deducción. El error está en la pretensión de ser dioses en lugar de intentar conectarnos con nuestra unidad intrínseca. El alejamiento de lo organísmico trae como consecuencias el alejamiento patológico de la realidad así como una depredación de recursos naturales-materiales. El cuerpo que somos naturalmente junto al que nos afanamos en considerar como un objeto al servicio exclusivo del placer y la comodidad son aspectos a considerar y donde la Gestalt-terapia puede ofrecer mucha claridad. La Gestalt-terapia intenta restablecer la conexión con la autorregulación organísmica y la unidad de todas nuestras manifestaciones, la confianza en lo que es y el auto soporte en la relación organismo-ambiente. El cuerpo que somos nos muestra y nos permite experimentar los límites en esa relación con el afuera.

El cuerpo es materia viva y es de esa forma que experimentamos la vida.

Reconocemos la vida dentro y fuera de nosotros. El cuerpo es una dimensión que nos permite actualizar nuestra conciencia del mundo material. La vida es vivida como contacto en todas sus cualidades y funciones. Las cualidades del contacto y las fronteras del contacto están íntimamente ligadas. Así como podemos estar más cerca o más lejos de algo o alguien, disponibles o reticentes, alegres o tristes, fluyendo o fijados, confiados o temerosos, las fronteras de ese contacto nos hacen considerar lo fundamental de vivir en un organismo, rodeados por un mundo a conocer y discriminar, asimilar y transformar.

Nuestro cuerpo nos da noticias de nuestras fronteras, límites y consecuencias en las decisiones que tomamos en relación constante a un afuera —que es afuera de mi cuerpo—, donde ocurre mi existencia. Es en la frontera donde Perls consideraba que ocurría la experiencia, toda experiencia de contacto. La frontera del yo, como la llaman los Polster:

No está rígidamente prefijada ni siquiera en los sujetos más inflexibles, pero, en la medida individual de su expansividad o contractilidad, es muy variable. (Polster y Polster, 1980, p. 113)

El intercambio con el mundo, crea y muestra nuestra peculiar forma de construir la frontera, y viceversa. Intervienen muchos factores en la construcción de la frontera de contacto, entre los cuales destacamos la cualidad más o menos rígida, fija, permeable, etc. que está siempre en relación con nuestras necesidades en el presente y lo que el mundo nos lleva a experimentar para satisfacerlas. Es en la frontera donde ocurre todo cambio y toda resistencia al cambio. Sin embargo, poco se ha hablado de que la frontera tiene una relación trascendente con el cuerpo. Nuestra corporeidad crea la frontera, por supuesto que en interacción con lo psicológico y lo emocional. Así, lo corporal y lo psíquico presentan la caracterología de la frontera de contacto. La manera y la intención en que me relaciono son las formas en que se presenta y se comporta la frontera en su funcionalidad respecto al contacto. De esta manera consideramos que somos parte de un todo intra-interpersonal que tiene sentido y unidad con todo lo existente.

Entre muchas otras funciones que emanan del cuerpo en relación, el sentarse en ronda —formación de un círculo donde el centro es un vacío para que todo lo que surja pueda tener espacio— que proponemos para los grupos, sean estos de terapia o formación, es la manera en que estamos de frente y sin jerarquías ni resistencias preestablecidas para tomar contacto.

Cuando Perls habla de expresividad, gesticulación, movimientos, explicitación de los contenidos verbales a través de lo corporal, es la integración de su magnífica capacidad clínica con su talento teatral lo que está en juego y define la Gestalt-terapia. La frontera es por lo tanto alterada por la psicoterapia, estimulando funciones tales como aquellas que emanan de los cinco sentidos.

La búsqueda de autenticidad, que es un propósito básico de la Gestalt-terapia, hace que sea trascendente lograr que el ver se transforme en mirar, el oír en escuchar, el tocar en contactar, el gustar en discriminar y el oler en direccionar.

Especialmente estos últimos dos sentidos, el gusto y el olfato, son depositarios de una memoria indeleble y atemporal. Todas estas funciones nos remiten al desenvolvimiento y cuidado en relación con la vida desde y para el cuerpo.

El cuerpo es fruto de cuidados y sede de lo expresivo.

Cuando no podemos siquiera verbalizar lo que nos ocurre, sea por insólito, profundo o irremediable, lo corporal simplemente produce un gesto que hace saber cómo lo vivimos interiormente.

El cuerpo siempre encuentra una salida o modo de resolver.

La Gestalt-terapia es especialmente fecunda respecto a estimular lo expresivo y a trabajar desde lo corporal como manera de sentirse vivo, creativo y consciente. Levantar los hombros cuando algo no es comprendido parece ser universal. Cuando se hace un pequeño gesto de bajar la cabeza, se puede decir que se intenta mostrar respeto ante otro. Cuando se mira fijamente y se combina con una levísima sonrisa que finaliza con la caída de la mirada sincronizando movimientos globales que invitan, convidan, provocan al estrechamiento de las fronteras de contacto, se estaría seduciendo, y etcétera. Todo esto, que parece cuidadosamente programado, podríamos decir que lo es y a su vez no lo es. Es cierto que el hábito genera una naturalidad tal que incluso llega a confundirse con autenticidad, solo que esto es expresión de la maleabilidad y la profusión que posee nuestro cuerpo.

Modelado por hábitos y repeticiones, en lo corporal reside la historia de nuestra vida y, como decíamos antes, el carácter. En el cuerpo está a nuestra disposición la memoria de toda mi existencia, un movimiento, una postura, una sensación, un olor me pueden remitir a un recuerdo tan antiguo como el momento del parto o la vida intrauterina. Una vez más, la autorregulación organísmica y el constante flujo de figura y fondo juegan un papel fundamental para que despierte esta memoria corporal en el momento preciso.

Un hombre ya entrado en la segunda mitad de su vida, alcanzó por su trabajo y trayectoria profesional un destacado lugar en una importante empresa que tiene incluso relación con el gobierno. Ha formado también, junto con su esposa, una armónica familia, tiene amigos verdaderos, y colegas que lo aprecian y respetan. Sin embargo, cuando tiene que enfrentar una situación donde hay jerarquías profesionales o políticas siente que no tiene nada para ofrecer ni decir; pierde toda su potencialidad y se vive a sí mismo como impotente. Trabajando en terapia interpersonal, descubre que en esos momentos su cuerpo vibra como si tuviera frío; espontáneamente recuerda que desde sus seis años de edad hasta casi los catorce, esa vibración lo acompañaba siempre que llegaba su padre a la casa. Recuerda también que había desarrollado una suerte de adivinación: comenzaba a temblar unos segundos antes de escuchar que su padre pusiera la llave en la puerta de entrada. Su padre, por su parte, consideraba que todo lo que su hijo hacía era para provocarlo.

Mi paciente siente en su cuerpo lo mismo de aquellos momentos en toda situación actual donde se enfrenta a figuras de autoridad. Dadas sus condiciones laborales, estas circunstancias son constantes. Es su dimensión corporal lo que lo conecta con el pasado. Trabajó durante más de dos años el vínculo con su padre y con la autoridad, transformando su miedo como ilusión de catástrofe en una alerta natural ante el mundo. Pudo descansar y considerar toda situación desde el presente e incluso decrecer su sensación de que tenía que luchar y superar a todo adversario. Se dio cuenta de que había transformado el miedo a ser agredido en una agresión hacia el mundo bajo la forma de sumisión. El cambio llegó ante la comprensión de que su temor era resentimiento; en general, una agresión no expresada.

Otro ejemplo, en el que me propongo dar una descripción más concreta del trabajo corporal en sí, es el de una mujer que de niña fue objeto de abuso sexual por parte de un familiar. Conecta con el pasado. Al pedirle que represente su escena, atemorizada ante este familiar, le tiemblan las piernas, mueve y le sudan las manos, la ansiedad aumenta, la respiración se agita, etc. Ahí empieza el trabajo corporal.

Le pido que respire profundamente y observo que esto la mejora. Luego trabajo con el apoyo, ya que sus piernas siguen temblando. Le pido que sienta sus pies en contacto con el piso, aclarándole que a través del piso está contactando con la tierra, madre universal y con toda su historia, con sus raíces, con todo lo vivido hasta hoy, lo que le da la fuerza para estar aquí y ahora. En este momento la paciente cierra espontáneamente los ojos y aprovecho este gesto de introspección para estimular la profundización en su propia fuerza en contacto con el piso. Consigue un buen apoyo y la respiración va siendo cada vez más calma. Pasa un tiempo. Cuando logra una postura firme, puede enfrentarse a su agresor y decirle lo que siente. Termina el ejercicio con una gran sonrisa de satisfacción diciendo: ahora ya puedo.

En grupo, el beneficio se multiplica ya que se puede armar una escena colocando enfrente al familiar mientras surge una nueva dinámica dialógica y corporal. Hay muchos posibles ejemplos y relatos de trabajos donde la dimensión corporal es protagónica. Los problemas entre padres e hijos, así como en la pareja o familia, son trabajados en este abordaje siempre incluyendo el cuerpo. Una expresión o movimiento suelen generar más awareness que muchas palabras. Nuestro cuerpo nos hace saber qué grado de inclusión tenemos en el problema.

El mecanismo de retroflexión es, como ya vimos, una de las formas posibles de evitar el contacto y, básicamente, el responsable de toda enfermedad psicosomática. Comprendemos que todo lo que no es resuelto, y por tanto forma una Gestalt inconclusa, presenta, dado la unidad que somos, una manifestación corporal

La autorregulación organísmica promueve la fluidez energética o la congela fijándola a acontecimientos que residen en la conciencia corporal. Wilhelm Reich, miembro de la Sociedad Psicoanalítica Internacional desde 1920 y fallecido en 1957, consideraba: «como motor de las neurosis la ausencia de orgasmo» (Rodríguez, 1982, p. 15). Reich, creador de la vegetoterapia, lleva este enfoque a un programa para «los niños del futuro, donde se plantea la práctica de masajes desde la más tierna edad». (Rodríguez, 1982, p. 17).

… hace más de cuarenta años le fue difícil a Reich romper con la ortodoxia freudiana y mostrar cómo los conflictos psíquicos se inscriben en los músculos y como los sistemas vegetativos, el simpático y el parasimpático determinan comportamientos psicofisiológicos complejos. […] Como una tentativa de abrir la coraza muscular y caracterial, Reich va a desarrollar algunas ideas y ejercicios que pueden articularse en torno a la llamada orgonterapia […] Reich expone: «La orgonterapia se distingue de todos los otros procesos de acción sobre el organismo por el hecho de que el paciente es invitado a exponerse biológicamente, en cuanto que la comunicación verbal está limitada a un mínimo restringido». (Reich citado en Rodríguez, 1982, p. 22)

El Dr. Alexander Lowen (1977), que sigue con los trabajos de vegetoterapia sin la radicalidad de Reich, propone la técnica de Grounding procurando mantener, gracias al golpeteo de los pies en el suelo, un contacto energético con la tierra. (Rodríguez, 1982, pp. 22 y 23).

Perls y Reich se vinculan; el primero utiliza en el Instituto Esalen algunas de las técnicas reichianas para luego crear su camino psico-teatral en expresión y sobre todo en actitud. En lo corporal, y a través de ello, podemos observar lo que nos ocurre. Es especialmente importante tener una prueba evidente, visible, palpable y de experiencia directa como lo que aparece en el fenómeno corporal.

Nuestra corporeidad no nos deja dudas cuando algo es absolutamente necesario.

Si evitamos la atención a algunas manifestaciones de lo corporal, esto hace más explícita la sintomatología sobre la energía acumulada en la necesidad de aquello a ser satisfecho y cerrado.

La satisfacción, siempre que acompañe y sea factor de crecimiento, conduce a la alegría.

La alegría está, como todo otro sentimiento y actitud ante la vida, presente en lo corporal. Ahora sí podemos considerar el placer y, dentro de este, al orgasmo. El orgasmo es una detención espacio-temporal donde la unidad de todo nuestro ser-ahí se expresa en placer corporal. Si vemos al ser como una unidad bio-psico-socio-espiritual, el orgasmo es una expresión de ese todo. Lo que provoca tal intensidad corporal es la prevalencia que el placer tiene respecto a su necesidad y su trascendencia en la salud organísmica.

Las interrupciones en esta dirección energética y multidimensional van a crear desde malestar a enfermedad, desde neurosis a locura, desde el malvivir a la muerte.

La Gestalt-terapia trabaja desde y con lo corporal. Lo hace exagerando, polarizando, minimizando, congelando, etc. aquello que espontáneamente le ocurre al paciente o alumno de nuestra formación. Está claro que si vivimos desde un paradigma fenomenológico, lo elaborado fuera de tal instante es de cuestionable valor. Lo corporal deja ver cómo irrumpen movimientos y expresiones, maneras tan distintivas de cada ser humano que podrían asimilarse a las huellas digitales, casualmente irrepetibles.

Nuestro cuerpo es fuente inagotable de diseño y diseños.

Si teníamos dudas de ser una manifestación única e irrepetible de la naturaleza, lo corporal nos muestra que es así.

Nuestra dimensión corpórea nos hace tan diversos como parte de una comunidad.

A través de nuestro cuerpo podemos obtener nuestro conocimiento interior. Reunamos entonces disciplina, impermanencia y mérito, así como la unidad de los instintos, en cada acto. Todo acto es cuerpo, y viceversa.

Lo corporal, como ejemplo de lo material, es una demostración de impermanencia. Si el aspecto más certero de nuestra existencia es que vamos a morir, es en lo corporal, en esta dimensión de lo humano, que esto se hace evidente. La impermanencia, consciente y directora de nuestra existencia, lleva a una disciplina como manera de implementar un transcurso saludable. La disciplina, para que tenga sentido y se desee, ha de contemplar la unidad que somos con todo lo existente, estimulando la creación inteligente, los sentimientos y las acciones que lleven a vivir con salud y alegría.

La disciplina es la actitud para alcanzar la conexión con la sabiduría organísmica.

Mérito, desde una perspectiva budista, es vivir para compartir con todos los seres posibles las conquistas personales; por ejemplo, los momentos en que tenemos conexión con la sabiduría organísmica y por ello sentimos abundancia. El mérito es una forma de crear salud en la propia vida, e intentar transmitirla entre aquellos que nos rodean. A su vez, la concordancia y equilibrio en el cuerpo de los tres instintos parciales: de conservación, sexual y social, suscita la libertad de lo instintivo; se manifiesta en la dimensión corporal con fluidez y armonía.

El instinto libre es armonía en los instintos.

El cuerpo que somos va sanando a través del crecimiento interior, así como nuestra relación con todas nuestras partes, que forman el todo. Fuente de inspiración, placer, expresión, angustia, locura, arte, relación, etc., nuestra dimensión corpórea puede ser vista como un raro regalo del cual podemos intentar ser plenamente conscientes.

Hablemos ahora de la meditación. Aquietar voluntariamente el cuerpo e ir intentando aquietar la mente es, como vimos, el camino de la meditación. El implacable bombardeo de pensamientos disminuye paulatinamente en esta creciente quietud. Así como la respiración vincula el afuera con el adentro, la meditación fusiona el afuera y el adentro. Respiramos en nuestro cuerpo; esa es la energía fundamental para los Gestalt-terapeutas. Esta energía no proviene ni se origina exclusivamente de la tensión entre opuestos intra psíquicos o instintos de orden sexual, más bien brota de nuestra relación con un manantial de energía inter vinculada entre todos los sistemas vivos interconectados del planeta y de su relación energética con el universo.

Podemos considerar que este planteo acerca de la energía que nos sostiene en la vida sea tanto desde nosotros hacia el universo como desde el universo hacia nosotros. Al hablar de energía nos referimos a la que siempre se genera por este intercambio dentro-fuera. A su vez, mirando más acá, podemos decir que el intercambio se realiza de las maneras más variadas, más o menos saludables, aunque sin detenerse nunca, mientras seamos cuerpo. Comer es otra de las peculiaridades del intercambio energético. Otra es el amor y todas sus manifestaciones, donde no hay ninguna que excluya lo corporal.

Hay formas psicológicas de obtener energía que no son saludables. Un ejemplo: cuando dos o más personas discuten o se agreden, se liberan cantidades significativas de energía que pueden usurparse a uno y acumularse en otro de manera deliberada. Esta suerte de vampirismo es un modo de intercambiar energía en el cual hay un benefactor y un beneficiado. La energía se obtiene parasitariamente y en general es consumida rápidamente por la propia autorregulación organísmica, que le anuncia al beneficiado que la depredación no es el camino de la abundancia. ¿Cuál es la demostración de que esto es así? Nuestro cuerpo anuncia y evidencia su descarga a través de sentimientos-figura tales como tristeza, angustia, desidia, apatía, desaliento, parálisis, mientras el beneficiado se encuentra vigoroso, dinámico, activo. A pesar de este estado momentáneamente potente del beneficiado, nunca responde a la actitud integrativa que caracteriza a la salud desde este abordaje.

Toda vez que no nos conectamos con la fuente energética que nos rodea desde la respiración, la alimentación adecuada y el amor, estaremos devastando algo o a alguien desde la patología de la inmediatez o el auto socorro adictivo-compulsivo.

La forma en que corporalmente encontramos nuestra energía hará la diferencia entre una vida —y, si me permiten, un mundo— de abundancia y una vida de escasez.

La escasez traduce la necesidad insatisfecha y todo lo que eso trae en relación con la oscuridad óntica. La abundancia conduce a la generosidad. La abundancia es fluir organísmico, mientras que la escasez es limitadora de esta y por ello actualizadora del ego y todas sus condiciones.

Me gustaría ofrecerles una pequeña parte de un artículo que presenté para la revista Sampa (2005), editada por el Instituto Gestalt de San Pablo:

[…] La dimensión corporal ofrece una manera de auto percepción y, por sobre todas las cosas, un respeto profundo por la unidad interna que se es, y por la realidad interna de otro ser que se manifiesta diferente y que siempre nos enseña cuando lo descubrimos tal como es.

El cuerpo muestra que es experimentándolo (como fenómeno presente) que se llega a la teorización que se puede hacer de él (que siempre es secundaria), así como de todas las demás dimensiones del individuo […].

Concluyo trayendo al presente de mi vida lo que hace veinte años escribí como poema, en un momento de contacto con esa unidad:

El cuerpo como manifestación de la unidad

Es en el cuerpo que todo se manifiesta.

Es por ello que el cuerpo es una manifestación del todo.

Es entonces la manifestación del todo lo primero, y es así que aparece la posibilidad, si es necesario, de poner atención en sus partes.

El cuerpo hace visible modos, formas, gestos que expresan lo vivido y nos permiten considerar lo que llamamos subjetiva y metafóricamente interior.

Es nuestro ancho marco para satisfacer nuestros deseos.

O nuestra estrecha celda llena de temor.

Es nuestra forma de vivir esta dimensión de la existencia, nuestro espejo junto a otros espejos que nos reflejan.

Es una vivencia que contiene y es contenida por todas las partes que forman mi totalidad.

El cuerpo crea una intrínseca conexión entre afuera y adentro.

Se ensucia, se limpia; me ensucia y me limpia, una y otra vez.

Es el más elevado maestro de temporalidad y permanencia.

Es el símbolo de la avidez del ego humano, placeres y pecados, santidad y luz.

El cuerpo muestra la locura, la dulzura y el dolor.

Es contacto.

El cuerpo llora, ríe, se copia a sí mismo en el mayor de los actos de amor.

Visión de salud como experiencia de su unidad, y organización de la unidad que necesitamos para descubrir la forma de la salud.

Es la insania de la fragmentación, si así nos tratamos.

El cuerpo es ira, alegría, placer y calor.

El cuerpo determina si el placer es eterno o fruto de un instante. Soy mi cuerpo.

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