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La conciencia como dispositivo fronterizo dentro/fuera: una pre condición en la relación entre pensamiento e inteligencia artificial

Por Aldo Mazzucchelli

0 – La conciencia de sí propia del ser humano no la puede tener ningún autómata -aunque sería relativamente fácil que la fingiese, imitándola luego de que tal capacidad le sea otorgada. Esa conciencia de sí viene de la capacidad de articular, a través del lenguaje lo desconocido a lo conocido, generando incansablemente metáforas para ir desvelando el mundo. Pese a lo que teme una población enferma de tecnofobia, no hay ningún “mecanismo de la conciencia oculto en el cuerpo que la ciencia está por descubrir”: para que la ciencia -otro de los aspectos de nuestra conciencia- intente descubrir mente o inteligencia en la materia, neuronas, cerebro, o en un dispositivo digital, primero tiene que saberlo todo ya sobre aquello que busca, la conciencia. Y de la conciencia el ‘científico’ todo lo sabe, porque la tiene y es su experiencia primordial. La primacía de la conciencia sobre cualquier representación del mundo -y la ciencia es una entre otras- es inconquistable. Para poder generar metáforas humanas, la noción de dentro/fuera provista por el cuerpo es pre-condición. No habrá inteligencia artificial que reemplace a lo humano hasta que esa ‘inteligencia artificial’ no tenga noción de dentro/fuera constitutiva, capacidad de aprender y crear por metáfora, lenguaje propio individual/social en donde desplegar tal capacidad metafórica, ni hasta que el autómata se sepa mortal y la angustia del fin lo lance a una aventura que parezca no tener sentido, y que genere la valentía de encontrar uno.

1 – La comunicación, en el sentido de “algo que sale de uno mismo y llega a otro”, no puede darse (Luhmann). Nuestras esencias internas, nuestras “mezclas individuales” únicas de recuerdos, sensaciones, determinaciones espaciotemporales, nunca salen de “nosotros” salvo en el caso de que operemos a distancia para crear representaciones de ellas. Los interiores no se comunican. 

2 – De todos modos, se produce un tipo de comunicación distanciada, pero sólo en lo intermedio. De ahí que el sujeto no pueda saber quién es a menos que lo “vea” en el entre de la comunicación. 

3 – Ahora, ese “entre” ha cambiado radicalmente. Estanques de agua, un amante, multitudes, palabras en libros leídos en silencio, arte intrigante, comida lenta, otros cuerpos y gestos, todos los elementos en los que solíamos reconocernos reflejados ya no están ahí solos, sino que sus presencias interactivas se transforman fundamentalmente en el ámbito digital.

4 – Lo digital afecta a cómo nos representamos a nosotros mismos en al menos dos dimensiones relevantes. En primer lugar, introduce una dimensión fundamental de interfaz en nuestras autorrepresentaciones. Y en segundo lugar, al operar en los límites de nuestro principal dispositivo individualizador, el cuerpo, en el proceso continuo de tecnogénesis humana.

5 – La conciencia es un dispositivo fronterizo cuya capacidad es la de crear una división, una separación fundamental interior/exterior. Quizá ni siquiera tenga un contenido propio, siendo meramente una negatividad operativa. Se alimenta de metáforas; esto es, de qualia empaquetados en nombres, de conceptos, reacciones directas, todo tipo de productos de la percepción y de la vida. En cuanto cambian las circunstancias de la vida, cambia con ellas. 

6 – Las cosas viajan, virtual y a veces físicamente a través de esa frontera. Tenemos la noción de “dentro de mi cuerpo” y la noción correlativa de “fuera de mi cuerpo”. Todo lo que amenaza al cuerpo, todo lo que puede llegar a él, es una entidad potencialmente peligrosa. La penetración se trata con extremo cuidado: ocurre en el límite, deambula por la zona crepuscular del yo. 

7 – ¿Estamos realmente atravesando tal frontera? ¿Estamos realmente intentando vivir una experiencia extracorpórea, no a través de la meditación, sino de la tecnología? ¿Estamos más cerca de esta posibilidad gracias a los cambios tecnológicos y al desarrollo de una esfera digital? 

8 – La frontera entre ficción y realidad no se puede traspasar simplemente abrumándola con estímulos, pisoteándola con percepciones, porque no es una frontera física, sino conceptual, un contrato esencial y configurador, inmanente a nuestra disposición existencial. 

9 – Esta es una forma de expresar por qué, sean cuales sean las prótesis que la tecnología consiga inventar para nosotros y que nosotros adoptemos -o incluso, incorporemos de nacimiento en el caso de un ser humano genéticamente modificado- ninguna de ellas puede empezar siquiera a existir sin la distinción dentro-fuera que es inherente a la realidad material del sistema que llamamos cuerpo y su relación con innumerables sistemas cuyo conjunto llamamos entorno. 

10 – El adentro/afuera es pues inmanente, y constitutivo al ser humano. Salvo que eliminemos el cuerpo y aun tengamos ser humano. ¿Es esto posible? ¿Un ser humano no biológico, digamos, lo que implicaría “vida no biológica”? No dudo que en nuestra ficción podemos concebirlo, pero ¿es incluso concebirlo algo posible sin un cuerpo biológico y un ser completo que piense y conciba ficciones? ¿De qué clase sería el lenguaje, las metáforas de un ser que no pudiese distinguir entre su ser y lo que no es?

11 – La división real/irreal es inmune a la tecnología, y su manifestación sistémica acaso más conspicua es la conciencia del dentro/fuera de la que no es posible salir. 

12 – Es muy distinto dejarse llevar por una ficción o estar profundamente concentrado o metido en una actividad, una meditación, o un juego, por ejemplo en un mundo virtual, a no ser capaz de distinguir la diferencia entre mi entorno físico y mi entorno virtual o fantástico o narrativo o “interior” o como se lo quiera llamar. 

13 – ¿Podemos ‘olvidar’, o desplazar de nuestro foco de atención, que tenemos un cuerpo y un entorno real determinado, durante un lapso de tiempo? La respuesta desde la experiencia de la conciencia e introspección es “claro que sí”. Una gran parte de nuestra vida y acción vigil es inconsciente. 

Pero desde la integralidad actuante del ser, es no: nadie que esté jugando a un videojuego, aun empleando un casco de realidad virtual y estando completamente “inmerso” en la actividad digital, puede descuidar del todo su entorno.  Algo en su ser toma cuidado y precauciones sobre eso, y si se distrae -cosa perfectamente posible y aun probable- las consecuencias no tardarán en traer al foco de su conciencia la inevitabilidad e inescapabilidad de la diferencia fuera-dentro.

14 – La expresión “suspensión de la incredulidad” no incluye, por tanto, nunca un abandono total de nuestra existencia física y nuestro entorno concreto, por más que lo pueda poner en un distante segundo plano por cierto tiempo limitado. No puedo creer que “me voy en una ficción” a menos que lo haga voluntaria y conscientemente, aun en un segundo plano no controlado totalmente por la conciencia que percibo actuando en mi. 

15 – Puedo ser engañado, por supuesto. Pero ése es otro problema. Puedo incluso ser engañado respecto de mi cuerpo por sustancias ingresadas en él, o por estados alterados de conciencia que emerjan de otros modos. Pero el abandono final de la distinción dentro-fuera equivale probablemente a la muerte o su más allá, a veces pisado sin querer por conciencias que luego vuelven al mundo en las así llamadas ‘experiencias cercanas a la muerte’. 

16 – La ficción es una decisión voluntaria que implica, por definición, la no ficción (“realidad”). La ficción depende de la antes mencionada conciencia de una frontera y una diferencia. El que experimenta una ficción siempre sabe que es una ficción (a menos que temporariamente se engañe creyendo que la experiencia es real: la diferencia misma entre una y otra posibilidad carece de cualquier relación con el pensamiento, yaciendo en la impasable frontera que el cuerpo físico impone a las ficciones que desafían sus leyes, como cuando siento que soy un pájaro y salto a volar del octavo piso). 

17 – Muchos tipos de drogas pueden transformar la percepción y pueden inducir a confusión, y pueden hacer que experimentemos la realidad de un modo distinto al del tipo que tengo al lado. Esto sigue sin ser “ficción”.

18 – La realidad virtual puede entenderse como ficción en algunos aspectos; puede entenderse simplemente como una experiencia perceptiva como cualquier otra; y también puede vincularse a una sensación de confusión momentánea. Lo que es relevante y la diferencia es que, sea cual sea la tecnología de realidad virtual que creemos, la distinción corpórea dentro/fuera y la construcción de un yo en torno a ella es una precondición de la existencia, con la cual la tecnología debe contar, por más que uno de los rumbos más insistentes de la tecnología sea intentar modificar o sobrepasar esta estructura. 

19 – Si esta distinción es correcta, ¿cuáles son las consecuencias para la relaciones entre pensamiento humano e inteligencia artificial?