El Ayatollah Jamenei y la cúpula militar iraní ha sido asesinada en las primeras horas del ataque

SALVADOR GÓMEZ / Si usted piensa que la nueva agresión de Israel y Estados Unidos contra Irán que comenzó el sábado 28 de febrero es un conflicto más, mire de nuevo. La opción nuclear es, en la lógica de los hechos, la única salida que le puede quedar a los dos estados agresores si llegasen a constatar que, una vez más, el poder iraní resiste el bombardeo sin desintegrarse

El copete de este análisis es terriblemente pesimista. Existen otras opciones, todavía. Pero es preciso empezar por ese final peor, para ubicar la lógica que una vez más el estado profundo occidental -Londres, Washington, Tel Aviv- ha instalado.
En esencia, por lo demás, el análisis de la situación respecto de Irán ya fue hecho en profundidad en esta revista hace varios meses, en los dos informes llamados «El peligroso camino a Persia» I y II, y en la larga y detallada entrevista al experto del MIT Theodore Postol, quien explicó por qué la supuesta «destrucción completa del programa nuclear iraní» de junio, anunciada así por la administración Trump, había sido un completo bluff. El lector que quiera el análisis estratégico -que no repetiremos, porque por el momento no ha cambiado-, puede remitirse a ellos.

La única razón para esperar que estas agresiones contra Irán, ahora o después, no terminen en un holocausto nuclear, es que existe el juego de los grandes jugadores (China, Rusia, Estados Unidos, India), que sin duda alguna están todos al tanto de estos desarrollos, que conocían lo que iba -de nuevo- a desatarse, y que de ninguna manera querrían llegar a una guerra nuclear siquiera de «baja intensidad», si es que el absurdo concepto puede siquiera articularse. Por tanto, sería de esperar que luego de un tiempo limitado de bombardeos y respuestas, como ha ocurrido otras veces, de alguna forma se logre un «cese al fuego».

Pero es bien sabido que la lógica de la guerra es peculiar, y consiste en una serie de hechos desatados que llevan a otros, sin elección. Israel, actualmente en manos de un grupo de fanáticos desquiciados y genocidas que están dispuestos a destruirlo todo aunque ellos mismos queden destruidos, es quien tiene las peligrosas cartas decisivas. Si Israel decidiera iniciar un ataque nuclear contra Irán, luego de ver que una nueva ronda de bombardeos solo ha ocasionado pérdidas materiales y de algunas vidas de líderes políticos y religiosos en Irán, sin que esto signifique mucho para el deseado «regime change» que   vienen proclamando como obsesión hace años, entonces Irán podría pasar a ser, no una nación donde «el pueblo se ha alzado contra un régimen medieval tiránico», como dice la propaganda que emite todos los días Londres, Washington y Tel-Aviv, sino un mero cementerio inhabitable.

Eso no sería un triunfo de Israel, sino el inicio de una nueva etapa superior de caos. Todas las reglas, ya bien rotas, se habrían pulverizado, y eso no habría disminuido un ápice la decadencia de Occidente, en curso acelerado.

Mientras tanto, la presión occidental sobre Irán que lleva ya cuarenta y siete años, entre sanciones y ataques directos, tiene un efecto acumulado, aunque hasta ahora no haya conseguido nada significativo, y la disyuntiva de Irán estas horas es realmente difícil. Si respondiese con fuerza inusitada a Israel -que es dudoso que tenga, además-, se expone a la bomba nuclear inmediata sobre su territorio. Si no responde de ese modo, simplemente seguirá, de todos modos, siendo golpeado durante el tiempo que este ataque por aire pueda durar. Además, y con independencia de cuán importante pueda ser el territorio iraní estratégicamente para Rusia o para China, es prácticamente un hecho que ninguno de los dos moverán por ahora un dedo -o un dedo importante, digamos-, porque allí el umbral nuclear estaría aun más cerca. Como decíamos en nuestras notas de junio, la capacidad de escalada, en este caso, pertenece a Estados Unidos e Israel -así como en Ucrania, pertenece a Rusia. Y esto es algo extremadamente importante.

Pese a todo, la respuesta iraní ha sido robusta, rápida, y parece razonablemente efectiva dentro de sus limitados medios. Pero romperá cualquier posible unidad islámica, al menos a nivel de cúpulas, en la región, lo que es sin duda uno de los objetivos del globalismo.

Así, en estas primeras horas, Irán está golpeando sobre Israel. Hay algunos golpes significativos hasta aquí, en Tel Aviv, y sobre todo uno devastador con un misil hipersónico sobre Beit Shemesh, confirmado por la prensa israelí que habla de un evento «de pérdidas humanas masivas». Hemos decidido no publicar directamente videos de guerra en esta revista, pero los lectores interesados pueden encontrar filmaciones directas e inequívocas de todo lo que reportamos consultando los dos primeros canales de Telegram (no censurados por Occidente) que citamos al final de este reporte.

Ante este nuevo ataque, la respuesta fundamental de Irán sería su resiliencia, y su capacidad con ello de transformar el conflicto en uno de desgaste a mediano plazo.

En cuanto a las justificaciones israelíes y norteamericanas, una vez más se basan en una mentira repetida n veces. Lo curioso es que es siempre la misma mentira, lo que confirma el nivel psicótico del imaginario oficial de Occidente, donde la ficción narrativa y de justificación es obviamente una farsa transparente como un papel de celofán. El hecho de que no provoque ninguna respuesta política orgánica de repudio, es simplemente otra prueba de la decadencia completa de los resortes institucionales y civilizatorios de Occidente. Como en Irak, otra vez se nos cuenta que la razón es la amenaza de «armas nucleares» o «armas de destrucción masiva», que ni Irak poseía, ni Irán posee.
Esto no es una invención periodística: es algo que el estado norteamericano ha admitido por escrito. En este informe de marzo de 2025, los Estados Unidos informaron oficialmente que Irán no tenía armas nucleares. Acto seguido, el día 21 de junio del mismo año, sobre las cenizas del ataque lanzado esa madrugada, Trump declaró que “Iran’s key nuclear enrichment facilities have been completely and totally obliterated”.
Y luego, se enzarzó en una sorda polémica pública con su propio Secretario de Defensa, Peter Hegseth, y su Jefe de Estado Mayor, Dan Caine, quienes en conferencia de prensa al día siguiente bajaron un par de cambios a las afirmaciones terminantes del presidente -el cual, como repetidamente lo hemos afirmado, juega a dos puntas en relación con Israel (algo más sobre esto mas abajo). 
Una pregunta elemental, pues, para quien pudiera intentar creer lo que dicen Washington, Londres y Tel-Aviv: si fuera verdad que Estados Unidos, como dijo pues la administración Trump en junio último, había «obliterado» absolutamente todo el programa nuclear de Irán… ¿Cómo es posible que esta nueva agresión se haga pretextando «la amenaza que representa el programa nuclear de Irán»?

Son afirmaciones y lógicas para mentes deficitarias. Las únicas que la prensa occidental es capaz de emitir para poner un barniz transparente de legalidad y lógica a lo que es nada más que interés estratégico crudo, crimen contra la humanidad, guerrerismo medieval y globalismo arbitrario.

Cómo se decide el juego

Ahora bien, no es posible generar un «regime change» bombardeando un país. Para lograr el cambio en el poder, es preciso que haya un grupo enraizado en el territorio, fuertemente organizado, capaz de liderar ese cambio y tomar el poder, y es preciso que haya una porción significativa de la población que esté dispuesta a ser gobernada por esa fracción pro israelí y pro norteamericana. ¿Es esa la situación en Irán? No lo sabemos. Pero los próximos días lo dirán. Porque, también contrariamente a todo el entusiasmo que en parte de la población de Occidente provoca el supuesto éxito y sensación de poder vicario de los bombardeos occidentales sobre civiles y sobre ciudades, existe el problema de que, cada día en que el «regime change» no se produce, es un día que acerca más a occidente a una nueva derrota.

En otras palabras: no existe la posibilidad realista de una ocupación del terreno por parte de tropas occidentales e israelíes. Es una mera cuestión de escala: Irán tiene 90 millones de personas y es más del doble de grande que Texas, montañoso, difícil, y altamente defendible. Israel es un estado pigmeo de 7 millones de habitantes, con unas fuerzas armadas de escala ridícula para esta tarea. Y el ejército entero de los Estados Unidos está diseñado para ataques a distancia, intervenciones rápidas, y control del espacio marítimo y -hasta que los drones se apropiaron del aire- aéreo. En estas horas hemos visto imágenes de como drones iraníes de 30.000 dólares destruían  completamente un radar catarí/norteamericano de 300 millones de dólares. Esta es la perspectiva para la región y el poder convencional norteamericano e israelí, si la guerra se vuelve de desgaste a largo plazo

La marina iraní cierra el estrecho de Ormuz

«De aquí en más, toda la navegación por el estrecho de Ormuz está prohibida. Ningún buque, con independencia de su tipo, tiene permitido atravesar el Estrecho de Ormuz hasta nueva orden.» Este escueto comunicado, emitido por la marina iraní, tiene largas y estratégicas consecuencias. Ya se ha constatado su puesta en práctica: un petrolero ha sido atacado en el estrecho, como confirma la Organización Marítima del Reino Unido (UKMTO) en el comunicado adjunto. Las imágenes del buque atacado circulan abundantemente a esta hora por las redes. Navegar por esas aguas no es una opción segura. Aunque desde luego se intentará bajar el perfil a la efectividad de los medios iraníes de combate, de momento los drones iraníes no tienen una defensa practicable por parte de buques petroleros.

A partir de este nuevo estallido del conflicto, pues, estamos viendo hora a hora como drones iraníes han atacado objetivos de infraestructura -vitales para la economía global- en la región. A estas horas de la mañana del 1 de marzo, están cerrados los aeropuertos de Dubai, Abu Dhabi, Doha, Kuwait, y Bahrein. El de Dubai (como mínimo) ha sido alcanzado por drones iraníes. Más de una docena de bases norteamericanas en la región han recibido algún tipo de ataque. En resumen, ya puede constatarse que la entera infraestructura petrolera de la zona es vulnerable a los drones iraníes, y no existe defensa antiaérea eficaz contra ellos -lo cual fue una de las enseñanzas más evidentes que ha dejado ya la guerra en Ucrania.

Por tanto, el «regime change«, que es el objetivo de la guerra contra Irán, es también la única posibilidad de victoria para los agresores. Y es, en esencia, lo que es preciso observar. Si ocurre, se abrirá un nuevo escenario. El nuevo poder deberá convencer -o aunque sea controlar- a millones y millones de iraníes que son fieles y están convencidos de vivir de acuerdo a las reglas y costumbres de su propia «teocracia medieval» -como la pinta occidente con su ceguera universalista característica.

La variable temporal

Contrariamente a lo que cree el imaginario educado por el estado profundo, no es cierto que EEUU e Israel tienen un cargador infinito. Su capacidad de descargar este ataque sobre Irán, su arsenal de misiles y otros medios de destrucción, es hoy relativamente limitado. La supremacía americana e israelí convencional (aviones) en el aire es incontestada. Pero no alcanza, en principio, si no entran en juego varios factores más. En cambio, una guerra de desgaste al estilo de la de Ucrania, es desfavorable a Occidente -al igual que lo ha sido en Ucrania. No hay duda de que la operación y administración de los ataques occidentales se habrá planificado cautelosamente teniendo todo esto en cuenta. Pero las horas del «levantamiento liberador» que nos pintan se irán agotando una tras otra, en caso que tal levantamiento no ocurra. Por tanto, la única opción que le queda a Irán es aguantar el bombardeo, reponer su liderazgo a medida que los agresores lo van asesinando, y responder con ataques a infraestructura o bases logísticas occidentales o de sus aliados en el área. Esto es exactamente lo que hemos descrito para estas primeras horas. Luego de que fuesen asesinados el Almirante Ali Shamjani, secretario del Consejo Supremo de Defensa, y el Mayor General Mohammad Pakpour, Comandante en Jefe del Cuerpo de Guardia Revolucionaria Islámica, y el Jefe de las Fuerzas Armadas de Irán, General Mayor Abdolrahim Mousavi, esos cargos fueron reemplazados. Asegurar la continuidad de poder es un punto vital para el régimen iraní en estas horas.

Este esquema de ataque masivo por aire, resistencia en tierra -sumada a la emoción y cohesión nacionalista que casi siempre causa una agresión en la nación agredida- respuesta iraní que apunta a Israel, a las bases americanas en la región, y a la infraestructura económica de los aliados norteamericanos en el área, más el cierre del estrecho de Ormuz, resume lo que se está viendo en estas primeras horas de conflicto. Pero falta mucho por ver aun, y no sería responsable intentar anticiparlo.

El Ayatollah Jamenei asesinado

Como parte del descabezamiento a que apunta el ataque inicial occidental, el máximo líder religioso de Irán, el Ayatollah Ali Jamenei, fue asesinado durante horas de la madrugada iraní, algo obviamente celebrado como un triunfo mayor por parte de las facciones antireligiosas en Irán, y por todo el guerrerismo globalista de Occidente. Sin embargo, al salir el sol, centenares de miles de iraníes -despreciando el bombardeo- se presentaron en las calles vivando el nombre de su líder, y desmintiendo cualquier ilusión occidental sobre el «repudio» supuesto de la población a una supuesta «dictadura». Occidente insiste en leer al resto del mundo en los términos de su propia ignorancia. Para colmo, en término de horas, ya ha sido elegido un sucesor «temporario» del líder religioso asesinado. Su nombre es Alireza Arafi. El comunicado oficial del gobierno iraní anunció en la madrugada que el «Ayatollah Alireza Arafi, hasta ahora el líder de los Seminarios de irán, y e Imam de Qom, ha sido electo por el Consejo de Discernimiento de la Conveniencia Estatal para ejecutar temporariamente las tareas del Líder Supremo, junto al Presidente y la Justicia.»

¿MAGA se desintegra y debe concluirse que Trump es simplemente un payaso manipulado por los globalistas neocon?

La inescrutable relación de Trump con el estado profundo norteamericano es tema a actualizar un poco. Opiniones rápidas se han vertido sobre esto desde hace años. 

Algunos opinan que el estado profundo norteamericano es un monolito controlado por los guerreristas neocon, es decir, por la parte ejecutiva que va en serio del globalismo con sede en Londres, Davos, etc etc. Y que Trump es simplemente un payaso puesto allí para engañar a la gente mientras esos planes globalistas siguen su curso.

Otros han creído, especialmente en su fase de construcción de MAGA (Make America Great Again, el movimiento político masivo y de base norteamericano que llevó a Trump al poder por segunda vez), que Trump iba a plantar cara a esa dirección estable del imperio americano. Trump mismo habló muchas veces de «secar el pantano», liquidar el estado profundo, ir contra el globalismo… Algunas de las áreas de poder de Trump -por ejemplo, su Secretaría de Salud, en manos de Robert Kennedy Jr., o su Departamento de Energía- han tomado medidas que contradicen aguda y efectivamente la agenda globalista en materia de pandemias, vacunación, o cambio climático. Pero luego está el lobby israelí, y su imbricación centralísima en el complejo militar industrial, nudo efectivo del estado profundo. En este terreno, Trump ha actuado -al menos aparente y exteriormente- como un presidente controlado por Israel.

El modo en que fue consumado -bajo esta presidencia de Trump- el asesinato de Charlie Kirk, a plena luz y de modo brutal ante millones de testigos casi presenciales, luego de que Kirk pasó de defensor de Israel a  ser uno de sus críticos más efectivos, marcó -igual, en otra escala, que el asesinato de JF Kennedy- un mensaje imposible de ignorar: quién manda aquí, hasta el extremo del asesinato impune, es ese estado profundo que responde o es indistinguible de los deseos del poder actual que controla Israel. Y el gobierno no podrá hacer nada. ¿Sabe usted hoy algo nuevo sobre el asesino de Charlie Kirk que lo que se dijo en las primeras dos o tres horas, sobre el famoso «loco solitario» amateur que siempre acierta?

¿Qué puede hacer Trump al respecto? O cumplir como se le manda con los deseos de sus amos guerreristas, o…
En la cuestión Irán es donde se muestra la posible ambigüedad de Trump, que ve como, en las 24 horas que siguieron al ataque contra Teherán, se multiplica el repudio de su base MAGA. En esa perspectiva, Trump ha sido un fenómeno de mensajes y acciones incoherentes. En ocasión de la operación israelí de junio de 2025 (recordar que Israel la lanzó, en principio, sin autorización norteamericana al menos a nivel oficial y público), la respuesta de Trump el 20 y 21 de junio fue, por decir algo, ambigua. Primero demoró durante días, observando como Irán machacaba a misilazos hora a hora a Israel, y luego hizo todo el teatro de una intervención «decisiva» y éxito total y «obliteración del programa nuclear iraní», como repasábamos antes. Sin embargo, el único efecto conocido de esa intervención fue apurar el final de un conflicto que ya estaba dañando seriamente a Israel a esa altura, al tiempo que el régimen iraní, pese al golpe que recibió, seguía en pie.

En cuanto a la insistencia de Trump en que había «liquidado el régimen nuclear» tiene dos lecturas. Una es la vulgar: es una bravuconeada para conquistar a la base más brutal y nacionalista en MAGA. Pero hay otra, mucho más inteligente: es el intento de Trump de convencer políticamente al mundo de que Irán ya no era una amenaza nuclear, y por ende, limitar la capacidad de Israel de atacarlo de nuevo.

Si era lo segundo, y como era previsible, Trump ha fracasado parcialmente.

Ahora, Trump inicia por sí mismo -o, al menos, casi inmediatamente luego de que Israel se lanzase de nuevo, pues hay una diferencia temporal que podría examinarse- una intervención, cuya posibilidad de éxito de mediano plazo sigue siendo tan dudosa como la anterior que fracasó. Entonces, ¿hay una lucha sorda de poder dentro del estado profundo, entre «pro israelíes» y «anti israelíes», con Trump jugando en público, falsamente, como un pro israelí decidido? Estratégicamente, hoy estamos, básicamente, en el mismo lugar en que estábamos en junio de 2025, solo que ahora Estados Unidos ha desplegado una fuerza de ataque mayor. Esto solo aumenta la peligrosidad del asunto, y prima facie confirma que Trump -haya sido cual haya sido su intención- está preso de su jefe Netanyahu, e Israel. ¿O puede haber algún cálculo más de fondo, acerca de cuáles pueden ser los desenlaces sobre Israel, en el mediano y largo plazo, de intensificar el conflicto en Medio Oriente?

Por otro lado, la respuesta iraní rompe los acercamientos que había habido en los años 2022 en adelante, con Arabia Saudita (que ya amenazó con involucrarse militarmente en la guerra, contra Irán), y compromete al Brics. División del mundo islámico, y triunfo estratégico del globalismo, una vez más.

El rumbo final de todo esto es muy difícil de determinar. El precio político que Trump pagará por traicionar puntualmente a una parte sustancial de su base política será enorme. Está haciendo exactamente lo contrario de lo que declaró siempre -que fue retornar al aislacionismo, buscar la paz, y combatir la agenda neocon que viene dirigiendo la política exterior americana durante todo el siglo veintiuno.

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En fin, las horas que siguen dirán qué rumbo toma el conflicto en el corto plazo. En el mediano y largo plazo, es otra instancia de un globalismo occidental agonizante que sigue mostrando su ausencia completa de razón o humanidad. Nada bueno para nadie, y mucho menos para la «democracia», puede salir de esta completa ausencia de honestidad, manipulación de la información, opción constante por la violencia, y desprecio absoluto por las razones, convencimientos y prácticas de civilizaciones distintas. 


Tres canales de Telegram fuera del control de la propaganda occidental:

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