* Charlie Kirk, la lógica asesina del globalismo woke, y su némesis, la «batalla cultural»

SALVADOR GÓMEZ/ Inmediatamente de producido el asesinato de Charlie Kirk, la actitud básica de la así llamada «izquierda» norteamericana ha sido la de crear una justificación. Para bajarle el precio a este crimen político, le llaman a las ideas de Kirk «discurso de odio» y «fascismo». Tales ideas son conocidas: se trata de defender valores tradicionales (existe un Dios y un orden natural), conectados con la Biblia y los valores religiosos, en contra del dogma woke, actualmente dominante, que apoya el transhumanismo. Es decir, Kirk decía no a la sexualización temprana de los niños como política de Estado, no a la promoción e imposición legal masiva del aborto, no a la dualidad de criterios respecto de los inmigrantes, no al racismo violento al revés estilo BLM, no a la automutilación adolescente o infantil disfrazada de «afirmación de género», no a las vacunas experimentales ARNm, no a la cancelación sistemática de todo el que diga estas cosas por parte de los medios masivos, Wikipedia, etc. Además de ello, se menciona una porción de excesos antiracistas que caerían en el racismo ellos mismos de parte de Kirk -probablemente sacados de contexto-. Kirk era de los que creía que Occidente es simplemente una víctima de fuerzas externas «de la izquierda», como es común en el campo de la «batalla cultural» peleada contra la izquierda histórica, acaso sin entender que es su propia decadencia la que trae a cualquier civilización lo que le ocurra. Y que no es la izquierda: es el globalismo transhumanista (algo que la ‘izquierda’ tampoco entiende, puesto que se ha convertido en su herramienta, para lo que guste mandar)

ESPECIAL

El esquema de este evento muestra la esencia de en qué consiste esa «izquierda» que no es tal, sino globalismo anglo decadente y fanático, censurador y cancelador. Y en qué consiste la «batalla cultural» cuando se la da desde posiciones que terminan haciendo de espejo al supuesto enemigo «de izquierda», reafirmando una «derecha» que será luego usada como justificación de la violencia.

De parte del globalismo disfrazado de «izquierda», es un esquema muy sencillo: dado que disienten con lo que Kirk sostenía, está bien asesinarlo. El pecado mortal de Kirk, independientemente de sus excesos, fue ser un organizador y un discutidor abierto y eficaz, en cuanto espacio logró abrir, de los dogmas del globalismo cultural.
Acto seguido, la así llamada «izquierda» emplea ese emparejamiento que hace (que su forma de pensar y su entorno normaliza y les impide cuestionar) para justificar que a Kirk lo hayan asesinado. Algunos lo dicen, otros se ríen y lo insinúan, y otros no lo dicen pero es lo que obviamente subyace a su razonamiento: «Dado que Charlie Kirk desplegaba un discurso de odio, es lógico que alguien lo haya asesinado».

El New York Times, representante cumbre y profesional de tal globalismo woke, consciente de la enormidad del asunto, fue incapaz no obstante de titular correctamente. En lugar de informar del asesinato, informó que Kirk, un tipo según ellos «de derecha» y «aliado cercano de Trump«, «fallece a los 31 años«. Uno tiene que ir hasta la última línea de la bajada de título para entender que fue asesinado. Es decir: ocultan todo lo que pueden el asesinato, y destacan sus supuestos «atenuantes».

Sobre el crimen, pues, la canallada masiva. Y la imposibilidad de reconocer que defender ideas distintas a las propias no convierte al otro en ningún «fascista», en ningún «ultraderechista» (frase que no hace falta haber perdido cuatro años en Harvard para entender que significa «nazi» y, por tanto, de acuerdo con la ideología ambiente, libremente asesinable). En cambio, matar al otro sí convierte a quien lo hace y a quienes lo apoyan o disculpan, en intolerante y violento asesino. 

¿Kirk había confirmado el sesgo pro- Israel que venía llevando hasta hace poco, o estaba haciendo el camino inverso y descubriendo que la peor política de Trump, entre muchas, ha sido su apoyo al genocidio israelí en curso en Gaza? Claramente, lo segundo. ¿Quién lo asesinó, pues?

Es ocioso complicarse la vida con esto. Sea lo que sea que se averigüe, hay que desconfiar. Si alguna agencia de tres letras te dice que ha descubierto al asesino, es un deber automático pensar que lo mataron ellos mismos. Ahora culpan a un tal Tyler Robinson, sin aparentes motivos, nativo del propio estado de Utah, y por supuesto todo es confuso y apropiado para darle el giro que convenga a quien convenga en el poder. El paso de las horas traerá más o menos claridad respecto a si él fue el autor material del crimen, y si actuó solo o como parte de una organización o grupo.

Agrego, el día 17 de setiembre, el siguiente párrafo: He seguido con cierto detalle los argumentos del FBI, dirigido por Kash Patel, obviamente del corazón de la administración Trump. El FBI hizo dos cosas: mostró un video de un sujeto corriendo por el techo del edificio desde el que supuestamente se disparó a Kirk, con un bulto (una mochila o bolso oscuro), descolgándose por un bastante alto pretil y saltando unos 3 metros al piso, y luego escurriéndose por el borde de un estacionamiento del campus hacia una avenida transitada. Luego, también mostró un par de fotos de un tipo bajando unas escaleras, captado por una cámara de seguridad. Luego de exhibir esas dos imágenes, sin contacto entre sí, afirmó que un tipo y el otro (el que corría por la azotea, y el de las fotos) son el mismo tipo. No hay nada que demuestre que esto es así. El tipo del techo (probablemente el verdadero asesino) tenía cierta ropa, y el tipo de las fotos una ropa vagamente similar, oscura, completamente común. No hay otra coincidencia perceptible, debido a la baja calidad de la filmación del tipo del techo.
Luego, el FBI dijo que el asesino era un tal Tyler Robinson (el tipo de las fotos), y que había dejado un rifle en un monte, tapado con una toalla, y que ellos habían hecho el adn a algo encontrado en esa toalla y que correspondía con Tyler Robinson. Y que Tyler Robinson tiene un novio gay (lo cual es super conveniente, para azuzar el odio y la guerra entre distintos grupos identitarios en la sociedad). Y dijeron primero que Tyler Robinson había confesado ser el asesino, pero luego dicen que Tyler Robinson niega ser el asesino y «no está cooperando».
Bien. Si a alguien le parece que, con estos ridículos y totalmente dudosos y manipulables trascendidos, hay pruebas concluyentes de que Tyler Robinson, cuya única relación conocida con las armas es haber ido a cazar con el padre un par de veces, es el sniper profesional que sacó del mundo a Charlie Kirk con un solo disparo en la carótida desde ciento cincuenta metros de distancia, es porque no está siendo suficientemente responsable con su candidez.

Los Estados Unidos tienen una profunda historia de asesinato político y posterior ocultamiento. Dejando de lado otros magnicidios y asesinatos de políticos y figuras influyentes en la opinión pública, todo el mundo sabe que quién exactamente dio las órdenes de ejecutar a JFK es cosa que lleva 61 años oculta. Lo mismo pasa con RFK, con Martín Luther King, con los que armaron el 9/11, con los que manejaron la manipulación Covid, y con los que intentaron asesinar a Trump antes de que ganase, entre otros.

Producido el crimen, abundan las voces de radicalización del lado de MAGA. Estados Unidos sigue rumbo hacia una guerra civil, anunciada hace tiempo.

Una observación final: es notable volver a verificar cómo la ejemplar democracia norteamericana sigue consiguiendo dirimir sus diferencias ideológicas sin recurrir a otra cosa que el libre juego de opiniones y el voto…

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