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Muchos politólogos manifiestan su dificultad para entender el fenómeno de Cabildo Abierto, desde su pensamiento y su ubicación en el espectro ideológico hasta su ascenso meteórico en las elecciones de 2019. Este artículo se propone analizar uno de los primeros antecedentes de su doctrina, condensado en una conferencia del General Guido Manini Ríos cuando ni siquiera había sido designado comandante del Ejército.

Por Marcos Methol Sastre

5 de junio de 2014. Habían pasado apenas cuatro días de las elecciones internas y era una semana de definición de las fórmulas para competir en octubre por la Presidencia de la República. Lejos de ese ruido, en un salón de actos del Centro Militar de la avenida Libertador, tenía lugar una conferencia por los 250 años del natalicio de José Gervasio Artigas (19 de junio de 1764) a cargo del Gral. Guido Manini Ríos, por entonces director de Sanidad de las Fuerzas Armadas. Un discurso que significó, en mi opinión, un punto de partida doctrinario de lo que años después se convertiría en una de las más novedosas y potentes expresiones políticas de los últimos tiempos en el país.

Estuve presente en esa oportunidad, en un auditorio que contaba, sin mal no recuerdo, cerca de un centenar de asistentes, entre civiles y militares, personas de distintos ámbitos, de la academia y la política. En ese momento yo tenía 27 años de edad y formaba parte del Frente Amplio, sin ocupar ningún cargo, pero sí colaborando en aspectos vinculados a temas programáticos sobre política exterior y luego también a la formación de cuadros. Por otro lado, era secretario de la Asociación Methol Ferré, que fundamos en el año 2011 con discípulos y allegados a mi padre, un filósofo que se preocupó por entender la historia y la geopolítica de América Latina. La asociación era un fermental ámbito donde confluían blancos, colorados y frenteamplistas.

Aclaro esto último porque, aun cuando buscaré abordar una comprensión abarcadora de los orígenes del fenómeno del Movimiento Social Artiguista y de Cabildo Abierto, es inevitable (y también creo que aporta lo suyo) hacerlo desde la óptica personal, de la manera en que experimenté directamente los hechos. Que no es, naturalmente, la única forma válida de interpretarlos.

Volviendo al discurso. En el primer minuto, Manini Ríos lanzó una idea muy provocadora que enseguida captó mi atención. «En este mundo que hoy vivimos, en que los protagonistas son los estados continentales y en que los que no lo son se agrupan en bloques continentales, y en que pareciera que Latinoamérica, al fin, está dispuesta a superar su balcanización para también ser protagonista de su propia historia, Artigas adquiere renovada vigencia como referencia obligada de una autonomía sí, por la que él luchó, pero también de una impostergable integración americana para la búsqueda en común de la felicidad de nuestros pueblos».

El planteo sobre los estados continentales era una clara alusión a Methol Ferré, que publicó un libro con el título «Los estados continentales y el Mercosur», que habíamos reeditado con la asociación a finales de 2013. En ese trabajo, originalmente pensado por el autor como un insumo para la cancillería uruguaya en los comienzos del siglo XXI, se planteaba una formulación sobre el nacionalismo latinoamericano, fundamentalmente partiendo de la tesis del chileno Felipe Herrera, en diálogo y contrapunto con los principales autores de geopolítica clásica como Ratzel y Mackinder, así como de la geopolítica contemporánea como Brzezinski, Kissinger y Huntington.

Comenzar una exposición sobre Artigas con estas consideraciones daba la pauta de que no se trataba de un discurso de réquiem o una mera evocación formal sino que subyacía una carga programática, la intención de perfilar un horizonte ordenador para pensarnos en el nuevo escenario internacional.

La conferencia de Manini Ríos hay que situarla en el contexto del Bicentenario artiguista, que fundamentalmente desde 2011 hasta 2015 generó, tanto en Uruguay como en Argentina, un considerable movimiento de reivindicación de Artigas, su gesta e ideario. El horizonte de «unión de los pueblos libres» volvía a ser valorado, después del patético periodo de cinco años (entre 2005 y 2010) de enfrentamiento entre los gobiernos uruguayo y argentino por la pastera Botnia y el corte del puente internacional. Aquel episodio desnudó lo peor del centralismo bonaerense y del centralismo montevideano, el primero otra vez con sus pretendidas imposiciones hegemónicas y el segundo contemplando la posibilidad de recurrir a la intervención de poderes extranjeros. Y también lo peor del centralismo brasileño, incapaz de liderar el proceso de integración regional. 

No obstante, el Bicentenario abrió un periodo de cierto optimismo, sobre todo a nivel subregional, con la participación de los gobiernos provinciales argentinos, intendencias departamentales uruguayas y hasta alcaldes brasileños en distintas iniciativas culturales y económicas. «Artigas va mucho más allá de nuestras fronteras y eso para nosotros, que pretendemos ser artiguistas, nos exige verlo en su real dimensión», dijo Manini Ríos en la introducción. Y agregó luego: «Artigas nació oriental, rioplatense, peruano y español de Indias. Y vivirá en consecuencia». Esta descripción encierra un alto sentido conceptual, en cuanto a los espacios concéntricos de pertenencia y a la comprensión de la herencia hispana e indiana.

Con la precisión propia de un licenciado en historia, Manini Ríos marcó los hitos principales que sirven para comprender a Artigas y su tiempo: guerra guaranítica, expulsión de los jesuitas y creación del virreinato del Río de la Plata. Hay un rescate del legado guaranítico y cristiano que es imprescindible entender porque es la base de la confrontación con el modelo de la excepción europea y de la sociedad secularizada que se ha ido construyendo sobre Uruguay. Un modelo que utilizó para eso la exaltación charruísta y que dejó a Artigas en el bronce como factor de unidad y concordia pero que, en el fondo, le desprecia y teme.

No faltará quien acuse a este planteo de proyecto restaurador. Muy lejos de eso, se puede entender perfectamente como una forma de nutrir a la realidad institucional y a la idiosincrasia de la que formamos parte los uruguayos. Si no se entiende ese trasfondo es muy fácil caer en la simplificación de que todo pasa por las tensiones entre la izquierda y la derecha o por disputas entre logias. Es más complejo.

«La cultura y los valores de Artigas se basan en el profundo conocimiento que tuvo del territorio y del alma de su gente, cultura que lamentablemente le faltó a otros conductores revolucionarios de la época». Hay en esta caracterización del caudillo, resaltada por Manini Ríos, también una crítica a ese reduccionismo de la Ilustración por el cual la inteligencia y el discernimiento serían exclusivamente de los más leídos. De nuevo, sin caer en esquemas ni sugerir remotamente un pensamiento anti-académico, lo que existe es una ponderación del saber popular, que muchas veces tiene dificultades para expresarse en palabras pero que suele manifestarse de diversas formas, sobre todo a través de ritos y costumbres.

Surge también otro rasgo sobre Artigas que destaca en la conferencia. «Al examinarse su actuación no puede constatarse un solo hecho que transmita sentimiento de crueldad o venganza. Artigas y el artiguismo encarnaron lo que para Ramiro de Maeztu fue una de las características más salientes del ser hispánico: la costumbre de, una vez pasada la cólera inicial, indultar y perdonar». Este concepto no solo puede entenderse como un mensaje de pacificación respecto del llamado pasado reciente, sino que implica además una concepción sobre la Justicia que toma distancia de otros paradigmas como puede ser el anglosajón. Cabe señalar que por junio de 2014 estaba muy activa la campaña por la reforma del nuevo Código del Proceso Penal, que mina las bases del sistema románico-hispano. El discurso se detuvo también en una semblanza familiar y personal de Artigas, destacando en todo momento la moderación como virtud, una cualidad muy apreciada por los antiguos griegos con el ideal de sofrosine.

El ideario de Artigas es resumido por Manini Ríos en tres elementos esenciales: 1) la soberanía particular de los pueblos, 2) la opción preferencial por los pobres y 3) la inclusión social. Y reconoce un «eje dinamizador» que identifica en la «activa participación popular, no al modo liberal sino a través de los Cabildos y congresos que auspició y respaldó vigorosamente». Vuelve la idea de las insuficiencias, en este caso del modelo liberal político, que no deja de ser el marco de acción pero que adolece de algunas perspectivas necesarias para una mayor democratización y mejor representación. «El artiguismo se refiere a ‘los pueblos’, no al ‘pueblo’ en forma abstracta, concepto rousseauniano que difunde la Revolución Francesa. Los pueblos son realidades visibles, tangibles, son el pueblo de Maldonado, de Colonia, de Montevideo, de Córdoba, etc…».

Más adelante, hay dos definiciones que vale la pena desarrollar. Señala que el artiguismo «representa a lo nacional y popular» y agrega como característica la «insubordinación ideológica contra el orden ideológico imperante». 

Sobre lo primero indica que «levantó soluciones proteccionistas para amparar las manufacturas y artesanías acosadas por los artículos extranjeros importados» y que las «provincias no solo podrían desarrollar sus industrias nativas bajo la protección arancelaria sino que recibirían el consiguiente apoyo financiero al nacionalizarse y repartirse equitativamente las rentas aduaneras». En este punto agregará luego que esta visión en mucho se parece a la de Alexander Hamilton en su ‘Informe sobre manufacturas’ que presentó al Congreso estadounidense en 1791. Es el federalismo o confederalismo que sintoniza con ese paradigma de los estados-continente industriales que dominan hoy el mundo: Estados Unidos, la Unión Europea y China.

Lo segundo sobre la insubordinación ideológica es sustancial. El orden imperante en tiempos de Artigas era el libre comercio con todo el relato asociado, la civilización contra la barbarie, el progreso contra el atraso. Comienza a difundirse una leyenda negra sobre todo lo que habían construido en siglos los reinos de Indias. El legítimo interés por ampliar las oportunidades de comercio se confundía con una claudicación moral y política de las élites locales. Tener una actitud insumisa debería ser prácticamente una condición de la dirigencia política, que no significa ser intransigente ni mucho menos porfiado. 

Manini Ríos identifica esa insubordinación ideológica en las Instrucciones del año XIII: independencia, adopción de la forma republicana de gobierno, conformación de un gobierno fuera de Buenos Aires y aplicación de una política industrial proteccionista. «La derrota final de Artigas, con la consiguiente segregación de la Provincia Oriental y por consiguiente la necesaria dependencia de las Provincias interiores del único puerto de Buenos Aires, significará el triunfo de los mercaderes anglo-porteños».

La opción preferencial por los pobres de Artigas y la valoración de la organización comunitaria aprendida de las Misiones también son pilares de esta concepción. Decimos nosotros que esta filosofía está en la base de un pensamiento comunitario y solidario, que no reniega del individuo ni del Estado, con distancia de doctrinas funcionalistas y materialistas. Radicalmente opuesto a cualquier forma de totalitarismo, pone el centro en la dignidad humana y en la libertad.

El discurso se cerró con una extensa cita de José Enrique Rodó que transcribimos. «Allí, en el ambiente agreste, donde el sentir común de los hombres de ciudad solo veía barbarie, disolución social, energía rebelde a cualquier propósito constructivo, vio el gran caudillo, y solo él, la virtualidad de una democracia en formación, cuyos instintos y propensiones nativas podían encauzarse, como fuerzas orgánicas dentro de la obra de fundación social y política que había de cumplirse para el porvenir de estos pueblos. Por eso es grande Artigas y por eso fue execrado como movedor y agente de barbarie, con odios cuyo eco no se ha extinguido del todo en la posteridad. Trabajó en el barro de América, como allá en el Norte Bolívar, y las salpicaduras de ese limo sagrado sellan su frente con un atributo más glorioso que el clásico laurel de las victorias».

Estoy seguro que esa conferencia fue removedora para muchos de los que estuvimos presentes. Es cierto que permitió aprender cosas nuevas, pero sobre todo lo que tocó fue una fibra que estaba ya presente. Porque apuntó al cerno de la cuestión. Desde luego entre estas personas no todos pensaríamos igual, incluso podíamos tener ópticas muy diferentes en temas de actualidad, pero había una base común de entendimiento. Juzgarán algunos que es de ultra izquierda, otros de ultra derecha. Estoy de acuerdo en que es ‘ultra’, porque va ‘más allá’, pero difícilmente pueda categorizarse en alguna de estas categorías. Por ese ser ‘ultra’ podrá decirse que es de izquierda o de derecha, pero de centro nunca.

De lo otro que estoy convencido es que se trata de una propuesta reformista, no revolucionaria. La revolución pasa en todo caso por un estado del espíritu, pero los cambios sociales en la modernidad se instrumentan a través de sucesivas reformas y de la paciente construcción de consensos. Que es muy distinto a la imposición de modas y discursos hegemónicos de la posmodernidad líquida.

Lo que estoy describiendo es lo que considero la esencia del Movimiento Social Artiguista que surgió a fines del 2018 y se inscribió como el partido político Cabildo Abierto en 2019.

El General Manini Ríos como comandante en jefe del Ejército entre 2015 y 2019 puso en práctica, siempre ceñido a sus competencias, muchos de los principios artiguistas que destacó aquella jornada, en su trato con los subalternos, en la preocupación por los menos favorecidos y en la dimensión social que puede cumplir la institución por ejemplo con aquella iniciativa dirigida a darle oportunidades a jóvenes que no encuentran una salida. Infelizmente, el gobierno del Frente Amplio con su mayoría parlamentaria optó por imponer una agenda globalista y un camino de confrontación con las Fuerzas Armadas y las tensiones se hicieron cada vez más evidentes.

Por otro lado, los partidos tradicionales no tenían la fuerza electoral suficiente para plantearse como alternativa de gobierno ni la fuerza moral para contestar el discurso hegemónico apenas tibiamente. En ese contexto se empieza a organizar el Movimiento Social Artiguista con gente de distintos orígenes, muchos civiles y retirados militares. También se acercaron desencantados que recobraban la esperanza de superar el anquilosamiento partidario así como integrantes del movimiento Un Solo Uruguay que estaba poniendo en el tapete el olvido del país productivo y de la ruralidad. 

Se abría lo que el politólogo Óscar Bottinelli llamó la «tercera etapa fundacional de los partidos políticos». En esta línea, las dos etapas fundacionales fueron la de 1825 con Lavalleja y Oribe por un lado y Rivera por otro; la segunda en el siglo XX con la fundación de la Unión Cívica del Uruguay en 1905 y en 1910 con el Partido Socialista. Y reconoce con el surgimiento de Cabildo Abierto y del PERI una nueva etapa fundacional de partidos, teniendo en cuenta que antes hubo otros formados por escisiones y fusiones como el Frente Amplio.

Si bien Manini Ríos no participó de la fundación del Movimiento Social Artiguista, es evidente que fue uno de sus inspiradores desde lo doctrinario. Justamente en este punto es que concentramos el primer análisis a modo de introducción, aprovechando un remoto antecedente que suele ser desconocido para la mayoría de los analistas.

Agradeciendo la oportunidad de publicar estas reflexiones en la revista eXtramuros, un espacio de intercambio respetuoso desde la pluralidad de pensamientos, me comprometo si es de vuestro interés en realizar nuevos aportes vinculados a la comprensión del fenómeno de Cabildo Abierto.


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