JOSÉ PABLO GONZÁLEZ / El otro día, venía en auto, de la playa, había ido a pescar corvinas negras. Hoy, hasta la pesca con caña y reel es un acto subversivo y de riesgo. Por un lado, tenés que cuidar dónde dejar el auto, los amigos de lo ajeno te lo rompen y roban; por otro tenés que esquivar a funcionarios de Prefectura, que cumplen órdenes de leyes absurdas aprobadas por nuestros políticos. 


ENSAYO

En esta época, la corvina negra se arrima a las costas a desovar en ríos y arroyos, así que, en vez de crear alguna ley y ejecutarla más o menos bien, como para que no se deprede y mate todo, aprobaron otra ley mal redactada y peor ejecutada. No se controla la pesca con redes (por falta de recursos o por el motivo que sea), que en varios lugares van de lado a lado de arroyos; esas sí depredan todo, y ni hablar de los grandes pesqueros en mar abierto con sonares y redes gigantescas. Pero, se joroba al pescador con caña, al blanco fácil, al que va con su familia, amigos o solo a pasar un rato tranquilo con una pequeña posibilidad de pescar algo como la gente.

Es lo mismo que sucede más o menos con todas las leyes del Uruguay, y peor aún si fueron aprobadas en los últimos tiempos. Cada vez más vigilancia y control, complicaciones y prohibiciones, para el ciudadano común, claro; los grandes o los amigos pasan de largo, o en contratos secretos. Como sucede con el dinero, tenés que hacer malabares para sacar más de 10.000 pesos en un día, ahora el banco hasta se te queda con un 0,8% si querés retirar más de 3.000 dólares en efectivo, ¡un disparate! Tampoco es sólo el efectivo, andá a comprar un auto de 15.000 dólares o o transferirle a un familiar 10.000 y te notifican o bloquean la cuenta, hasta que declares de dónde provienen los fondos. Ahora, un mafioso extranjero, con dinero mal habido, se compra medio cerro en el Uruguay, construye obras multimillonarias, tiene una colección de autos deportivos de alta gama, colabora con las campañas de varios partidos políticos, y aquí no salta ninguna alarma, siga, siga, hasta que la justicia de su país envía una orden de detención. Nada nuevo en definitiva, sólo que ha empeorado bastante en vez de mejorar o siquiera mantenerse. Se cumple aquello de que la ley es como la tela de araña, atrapa al insecto chico pero el grande pasa de largo.

Un detalle más sobre la proliferación de vigilancia y control mediante leyes absurdas y espantosamente implementadas. Insisto con esto porque no atañe sólo a la pesca recreativa, es una tendencia que se está dando, desde hace tiempo, en muchos aspectos de la vida. Desde siempre convivieron pescadores, bañistas y surfistas en las playas del Uruguay durante todo el año, sin prohibiciones para unos u otros. Naturalmente, se acomodaban y si en alguna pequeña zona coincidían, en el 99,9 % de los casos lo resolvían de forma satisfactoria para todas las partes (dejé ese pequeño resto suponiendo que un ínfimo número de casos podrían resultar en algún problema que tampoco pasaba a mayores). Claro que siempre habrá algún maleducado, sin las mínimas nociones de convivencia, que va a meterse sin cuidado alguno donde está otro. Me sucedió una vez, estando en una playa sin una sola persona alrededor, por lo menos con cinco cuadras libres hacia izquierda y derecha, que bajó alguien con hijos y comenzaron a bañarse exactamente debajo de mi caña. También habrá, aunque nunca lo vi, algún pescador que llegue y tire un plomadazo sobre un lugar donde hay gente bañándose. Son excepciones que se resuelven solas y si no se resuelven se harán cargo los implicados, como en todo, sin necesidad de prohibir una actividad u otra.

Bueno, la cuestión es que, ya desde noviembre, en algunas zonas, hasta marzo, Prefectura recorre las playas en cuatriciclos, camionetas o a pie, y obliga a los pescadores a retirarse dentro del horario de 10:00 a 18:00 aproximadamente. Definen zonas de pesca minúsculas o inaccesibles sin tener que caminar cuadras y cuadras sobre la arena. Expulsan a pescadores en zonas no habilitadas para ello, pero no a bañistas en zonas de pesca. Otro sinsentido que también me pasó es estar pescando un día de verano, pero de viento sureste, frío, con el mar crecido, sin nadie alrededor, mucho menos bañándose, y que pasaran unos pobres muchachos de Prefectura, esquivando la espuma que vuela del mar, y me dijeran que me tenía que retirar, porque estaba prohibida la pesca en ese horario en esa zona. En fin, un aparato estatal que se mete cada vez más a vigilar y controlar todos los aspectos de la vida, y lo hace de la peor forma posible.

Así que volvía en auto hacia mi casa e iba escuchando la radio, tratando de encontrar algo de música que me gustara. Hace poco había anochecido. No encontraba nada y de pronto oí la cortina musical característica de un informativo: a ver qué dicen -pensé-, hace añares que no escucho uno. Empezaron diciendo que un político había criticado algo de la gestión de otro y este último le había contestado que no estaba para hacer alarde de sus logros sino para trabajar. Un  conventillo vacío de la más baja estofa. No necesitaba más que esos segundos, para saber que el periodismo y la política uruguaya siguen en caída libre por el mismo precipicio de las últimas décadas.

Seguí cambiando de radio hasta que en una escuché algo sobre la efectividad de la primera dosis del 78,23 % y luego sobre la segunda del 99,84 %, o algo así; decían también que el virus era de transmisión aérea; todo dicho con un tono ceremonioso, como dando cátedra. Mi ingenuo y tonto optimismo inicial me hizo pensar que se estaban burlando de los científicos y médicos oficiales en la pandemia, de las burradas y falsedades que habían repetido. Miré qué radio estaba escuchando y era una FM de las grandes. No podía ser. No era nomás, la radio era de las importantes, pero no se trataba de broma alguna. Era el programa de uno de esos conductores o locutores uruguayos que se han hecho medio conocidos, bajo un disfraz de rockeros rebeldes e independientes, cuando lo más rebelde que hicieron en sus vidas fue dejarse el pelo largo, para un papel en donde les habían pedido que se lo dejaran crecer. Estaba entrevistando a un médico como parte de un asunto sobre el cual ahí me enteré: una campaña de vacunación por la alerta del sarampión.

Es asombroso lo profunda que es la ignorancia de los médicos oficiales con respecto a las vacunas, su historia, sus virtudes y defectos, los tejes y manejes en ese negocio multimillonario, incluso con respecto a lo que es la ciencia. Alguien que haya leído algo sobre esos temas podría escuchar a uno de estos doctores e imaginarse que es un stand up que ironiza sobre dicha ignorancia. Pero no, aquella vez no era chiste, ahí estaba, en FM en horario central, ese médico diciendo que las vacunas eran seguras y eficaces, y que ese era un tema cerrado para la ciencia… ¡Un tema cerrado para la ciencia! Sí, eso decía. No hay temas cerrados para la ciencia, que, además, tampoco es “la ciencia”. Hay distintos conjuntos de conocimiento y teorías, con sus respectivos campos de estudio, debilidades y fortalezas. En ninguno de ellos, hay “temas cerrados”. Ni siquiera la ley de gravedad es un tema cerrado, ni otros tantos teoremas o ecuaciones, porque si el día de mañana se descubre algo nuevo, la ecuación ya no funcionará bien y habrá que modificarla o descartarla. Para peor, precisamente la medicina es uno de los campos más abiertos y cambiantes. Ayer las yemas de los huevos eran malas porque subían el colesterol, hoy son buenas. Medicina, biología, son de las áreas de estudio con más vacíos, con más zonas grises, en las cuales no hay la más mínima pista ni de por dónde empezar para entender por qué se desarrolla una enfermedad o cómo surge la vida, por ejemplo.  Así que, cuando en este escenario, en este campo de estudio extremadamente cambiante, incompleto, repleto de preguntas sin respuesta, que ya tienen siglos, aparecen estos expertos oficiales que nos dicen que algo como las vacunas, o un tratamiento, o el fármaco que sea (en la historia de la humanidad son cosas que creamos ayer y llevamos probando hace un par de horas), es un “tema cerrado”, es para reírse, o a lo sumo para tener un poco de pena por el experto y por los que crean a pie juntillas en sus palabras.

Ningún medicamento ni tratamiento constituye un “tema cerrado”. Por ejemplo, los antibióticos son extremadamente útiles y salvan vidas en algunos casos. Durante un tiempo, hace bien poco, se recetaban a troche y moche, de una forma muy similar a lo que hacía ese doctor con las vacunas. Hoy, sabemos que eso es un gran error, que así se crean bacterias resistentes a los antibióticos,  además sabemos que esa toma indiscriminada puede generar problemas graves en el aparato digestivo, y que eso genera más problemas por todos lados. ¿No pasará algo similar con las vacunas? En algún caso, cuando un niño recibía unas pocas vacunas de enfermedades para las que existía un riesgo alto de contraerlas, y un riesgo medio de tener una complicación grave, seguramente, hayan ayudado a disminuir los casos de enfermedad, las complicaciones y las muertes. Aunque tampoco es como pregona el dogma de la industria médica que se enseña en las universidades, en pocas palabras, tampoco es cierto que sin las vacunas morían como moscas niños de enfermedades prevenibles: la mortalidad y las complicaciones graves de las enfermedades que previenen las vacunas ya estaban tendiendo a cero cada 100.000 habitantes [1] gracias a otras formas de prevención y tratamiento cuando aún no existían las vacunas, como mejoras en la alimentación, en las condiciones de vida e higiene, en la atención, diagnósticos y tratamientos médicos adecuados. El asunto cambia cuando en vez de ser unas pocas vacunas para un par de enfermedades con riesgos altos, pasan a ser decenas de vacunas para enfermedades de riesgos insignificantes en la amplia mayoría de los casos. Este es el problema que tiene el aplicar cualquier tratamiento médico a mansalva en vez de evaluar caso a caso, sean antibióticos, opioides o vacunas. La situación se agrava, cuando sabemos que las contraindicaciones y efectos adversos del tratamiento están en el mejor de los casos mal y poco estudiados y en el peor manipulados a la baja.

La industria médica nunca fue trigo limpio y en los últimos tiempos sólo ha empeorado. Son conocidos todo tipo de casos de grandes y reconocidos laboratorios que han manipulado investigaciones, exagerado las virtudes de lo que quieren vender y ocultado o minimizado sus efectos adversos, presionado y extorsionado para que se apruebe o publique algo dudoso, pero que les conviene. Todo respaldado por estudios científicos fraudulentos revisados y aprobados por pares. Han llegado a perder juicios millonarios, sin embargo las ganancias del fraude son varias magnitudes mayores que las multas a pagar. Y los médicos también siguen recetando sus fármacos, así que no tienen consecuencias por exagerar virtudes y ocultar riesgos de los productos que venden.

Lejos de ser un tema cerrado, las vacunas, sus virtudes y riesgos, la biodistribución de sus componentes, son algunos de los temas más abiertos y controvertidos de las últimas décadas. Por ejemplo, recién en el año 2000 hubo una conferencia en los EEUU con varias de las principales autoridades gubernamentales y académicas en el tema. Entre varios puntos, en ella se discutió si alguien sabía o había estudiado a qué parte del cuerpo iban o cómo se degradaban los compuestos de mercurio contenidos en cada dosis de una vacuna y cuánto demoraba en excretarse [2]. Pues nadie lo sabía. Algo que siempre se había vendido como seguro y eficaz, en realidad no contaba ni con las pruebas más básicas de seguridad. Se hicieron estudios, algunos indicaban que ciertos compuestos de mercurio pasaban las membranas encefálicas, algo peligroso aún en dosis extremadamente bajas; otros no consiguieron identificar cuándo ni cómo se eliminaban, lo que podría indicar que se acumulaban en alguna parte del cuerpo. A partir de esas conclusiones, prohibieron los compuestos en base a mercurio en las vacunas pediátricas en los EEUU y en casi toda Europa; acá en el Uruguay le siguen dando de esas a los niños. Y si no tienen compuestos de mercurio, tienen de aluminio, cuya biodistribución, riesgos, etcétera tampoco están estudiados a fondo. La cuestión aquí no es uno u otro componente, sino mostrar lo embrionaria que está la investigación sobre la seguridad de las vacunas, a la par de un fuerte dogma, presiones y sesgos en toda la industria y en la academia, lo que ha impedido o retrasado muchísimo una profunda y abierta investigación científica.

Otro tema son los efectos adversos graves estudiados en serio, comparando poblaciones vacunadas y sin vacunar a largo plazo. Hay investigaciones que apuntan a que algunas vacunas serían eficaces en prevenir las enfermedades para las que fueron creadas, pero dejarían a los vacunados más susceptibles a otras enfermedades, muchas de ellas graves [3]. Una de las últimas y más robustas es de 2017 [4], realizada en los EEUU como parte de una campaña para disipar las dudas sobre las vacunas y mostrar que era falso que los niños no vacunados eran más sanos que los vacunados. El problema fue que los resultados indicaron lo contrario: los niños vacunados tenían tasas mucho más altas de sufrir enfermedades autoinmunes, atópicas, asma, trastornos del neurodesarrollo, retraso en el desarrollo y trastornos del habla. ¿Este es el “tema cerrado” del que hablan los médicos oficiales en radio, redes y televisión? Es evidente que esos médicos ignoran por completo el estado de todo lo relacionado a las vacunas, desde la parte científica hasta la comercial y política, que tampoco es algo menor. Lo que repiten no va más allá de lo que podría venir en un folletín publicitario del vendedor de una vacuna o en cualquier otra información médica que les entregaron en algún congreso con todo pago: es algo seguro y eficaz, salva vidas, tema cerrado.

El resto de la prédica del doctor en la FM fue más o menos lo mismo que cuando querían asustar con la pandemia Covid: verdades a medias, números sueltos, ridículos para cualquiera que los pensara medio segundo. Recuerdo que a fines de febrero o principios de marzo de 2020, yo estaba de vacaciones. En mi casa, la abuela tenía la costumbre de mirar el informativo. Entonces, nosotros llegábamos de la playa, al atardecer o al anochecer, e indefectiblemente pasábamos por el living con el informativo prendido. Ahí escuché un día, entre carteles de alarma, urgente, todo rojo, que en la China habían muerto seis personas de un peligroso y mortal virus nuevo… al otro día ya eran diez…¡la cifra de víctimas del mortal virus había ascendido a diez en un sólo día! Sí, sí, estoy hablando de seis y diez, no me están faltando varios ceros a la derecha. Me arrancaba los pelos, cuando escuchaba hablar con alarma a alguien sobre esas cifras. Mínimo seis millones de muertos tendría que haber habido en la China, si el virus hubiese sido realmente peligroso. Ahora, repiten la receta, pero con siete muertos en la Argentina, supuestamente no vacunados, y supuestamente de otra enfermedad que prevendría una vacuna. Vaya uno a saber de qué murieron los pobres, y cuántos problemas y enfermedades más tenían, pero no, estos expertos lanzan así el número suelto, como si significara algo.

El miedo siempre fue una eficaz herramienta de control, también los falsos antagonismos. Como el de tildar a los que no acaten sin chistar los mandatos oficiales (sean sobre un tratamiento médico, una ley o un acontecimiento histórico) de “anti” esto o lo otro, cuando no directamente de locos o animales a los que habría que «encerrar en una camarita» (Patricia Madrid). Estrategias así fueron y son utilizadas o bien por movimientos en crecimiento, que buscan el poder a toda costa sin importar la verdad ni el bien o el mal, o bien por instituciones que pasaron su momento de apogeo, que están en pronunciada decadencia. Una institución académica sana, que busca la verdad, con investigadores que gozan de cierta independencia, ante la duda, ante el cuestionamiento, busca, estudia, argumenta, refuta o confirma. Un gobierno fuerte, legítimo, no necesita vigilar y controlar hasta si hay saleros o no sobre las mesas de los restaurantes. No necesita vigilar y regular qué come cada ciudadano, a qué análisis y tratamientos médicos obligarlo, o hasta qué punto de la playa prohibirle la pesca con caña. La academia no cuestiona ni investiga, mientras ataca a los que sí lo hacen. El gobierno no cumple satisfactoriamente sus más básicos cometidos, pero agrega sin pausa leyes y prohibiciones, a menudo respondiendo a dictados y agendas de organismos internacionales, o a grupos de poder, en vez de a sus ciudadanos. Todas estas señales, tanto de instituciones académicas como estatales, parecen indicar que profundas y ramificadas fracturas, que vienen creciendo desde hace tiempo, hoy están quedando a la vista de muchos. 

¿A qué se deberá esta torpe defensa de un determinado tratamiento médico y ese furibundo ataque a cualquiera que dude de él? Algunos dicen que es por el dinero que perdería esa industria; no creo que venga por ese lado. Lo veo más como parte del ocaso de la religión sin Dios que predomina en Occidente, esa que surgió y creció mientras se debilitaba la religión propiamente dicha, en la cual hoy sacerdotes y diáconos de túnica blanca y estetoscopio, o tubo de ensayo, reaccionan ferozmente al notar que los feligreses que hasta ayer les decían a todo amén, hoy no renuevan sus votos con una dosis más.


[1] Incluyo dos gráficas (una de la tuberculosis y otra del sarampión, ambas basadas en datos oficiales verificables) y una investigación publicada en una revista científica. Nótese que el año de la publicación es 1965. Pese a que hay datos confiables de mortalidad en varios países y plenitud de información sólida para evaluar rigurosamente qué peso tuvieron ciertas vacunas en la disminución de los daños causados por las correspondientes enfermedades, es muy difícil encontrar en el ámbito académico, en las grandes revistas científicas, publicaciones al respecto.

Tuberculosis in the USA 1861-2014.

https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Tuberculosis_in_the_USA_1861-2014.png

Measles in England & Wales1940-2017.

https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Measles_in_England_%26_Wales1940-2017.png

Doege, T.C., “Tuberculosis Mortality in the United States, 1900 to 1960,” JAMA: The Journal of the American Medical Association, 192 (12), p. 1045 (1965). https://sci-hub.se/10.1001/jama.1965.03080250023005

[2] Transcripción de la conferencia organizada por el CDC de los EEUU titulada “Scientific Review of Vaccine Safety Datalink Information”

https://web.archive.org/web/20110921062947/http://www.safeminds.org/government-affairs/foia/Simpsonwood_Transcript.pdf

[3] El “antivacunas” que quiere ser Presidente de Estados Unidos (por el Partido Demócrata)

[4] Vacunas infantiles de rutina: el Senado de los Estados Unidos ilumina los detalles de una industria turbia

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