DICTADURA NARRATIVA

Una decisión unilateral de Facebook, motivada por la publicación en nuestra revista de notas de prestigiosos científicos que en muchos casos discuten la ortodoxia sobre el Covid-19, ha motivado que no podamos promover nuestra publicación en ese espacio, ni que algunos de nuestros contenidos sean compartidos por los lectores en redes. Ello ha determinado una abrupta reducción de las visitas a nuestra revista en el mes de octubre. Las remisiones a nuestra página desde redes sociales, durante el mes de octubre, se redujeron en casi dos tercios.

Por eXtramuros

 En abril de este año sacamos el primer número de eXtramuros. La respuesta de los lectores nos sorprendió para bien desde el mismo número 0, dedicado a brindar un abanico de información sobre el virus de la corona.

A partir del número 1 incluimos una sección, llamada Contrarrelato, donde seguimos traduciendo y publicando notas sobre el problema, intentando aportar una visión crítica, con fundamento en el prestigio científico de los autores y en lo fundado de las notas, respecto de lo que empezamos a ver como la «ortodoxia Covid», un conjunto de afirmaciones sin demostración ni posible discusión, vinculadas a la respuesta a la pandemia, y adoptadas de modo generalizado por la prensa grande en el país y en el mundo.  

Repentinamente, hace cuatro números ya, comenzamos a ver efectos extraños de disminución abrupta e inexplicable en la lectura de nuestra revista, la que había venido creciendo sostenidamente número a número, igual que las suscripciones. El asunto comenzó el 2 de setiembre, cuando tradujimos y publicamos una nota que denunciaba que el Gobierno británico se proponía «inmunizar» a las compañías farmacéuticas contra juicios en caso que vacunas Covid-19 tengan efectos indeseados en la salud de los pacientes vacunados.

El problema se agudizó -especialmente en materia de compartir el contenido- cuando, el día 15 de setiembre publicamos una declaración respaldada por 500 médicos y profesionales de salud de todo el mundo denunciando lo que ellos consideran “La mayor estafa de salud del siglo XXI”

Pero el verdadero problema vino cuando, el día 11 de octubre, compartimos y difundimos la llamada «Declaración de Great Barrington», redactada por tres especialistas de primerísimo nivel mundial de las universidades de Harvard, Stanford y Oxford, y que reúne ya a esta fecha las firmas de apoyo de unos 33.000 médicos, 11.800 investigadores en áreas de la salud, y más de 600.000 ciudadanos de todo el mundo. Esta declaración ha sido viciosamente censurada por los grandes medios, por las plataformas tecnológicas, y por todos los esbirros de esta dictadura narrativa y política global, tanto en Uruguay como en el mundo.

El día 23 de octubre, finalmente, nos han inhabilitado también la cuenta de  eXtramuros en esa plataforma. 

Ya antes, como adelantábamos, los intentos de compartir nuestra revista en la red social se veían obstruídos por un cartel de la compañía que amablemente «invitaba» a los que querían compartir algunas notas a obtener «más información sobre esta publicación», es decir, a impedir a lectores adultos informarse y pensar por sí mismos, y darles en cambio la papilla predigerida del discurso del pánico y la encerrona, elaborado por algún alcahuete con o sin túnica.

Véase:

Hay un argumento que insiste en que, dado que Facebook es, técnicamente, una empresa privada, puede hacer lo que se le antoje con sus «usuarios» -aparte de usarlos de conejillos de indias para sus experimentos comportamentales, y robarles información íntima cada minuto del día a fin de venderla a terceros.

Ese argumento, sin embargo, es funcional a la discriminación arbitraria, de hecho, y sin fundamentación o criterios explícitos previos, de opiniones determinadas, por parte de un medio de comunicación de carácter cuasi-monopólico como Facebook. La fresca noción de que «uno puede irse a otro lado» es de difícil fundamentación, porque no existe una red social comparable en la que la promoción tenga efectos similares. Esto, como dijimos, trae directos y significativos perjuicios a nuestra publicación, cuyo único delito ha sido intentar poner en discusión la que hace meses denunciamos como «ortodoxia covid«.

Desde este año ha quedado bien claro que Facebook no tiene en gran estima ninguna consideración de justicia o de igualdad. La libertad de expresión, y la opinión ajena -si es extraña a la línea política oficial a la que tanto Facebook como Google, Twitter, YouTube y otros han adherido-, les importa un bledo. Las dictaduras de antaño eran con tanques y cárceles, las actuales, por ahora, son con bozales tecnológicos y tapaboca, es decir, trapos sucios simbólicos.

Lo que venimos diciendo y denunciando desde abril ha quedado claro una vez más. Sólo la verdad oficial puede pronunciarse. Seguiremos así hasta que nos saquen de nuestro hosting -ya lo han hecho con otras publicaciones- en cuyo caso buscaremos otro para seguir saliendo a informar sobre lo que los grandes medios no informan. Los grandes medios están todos bien embozalados y callados la boca haciendo plata con el miedo ajeno, mientras, como lo dijo el Premio Nobel Michael Levitt hace unos días respecto de toda esta censura y autoritarismo generalizado, «una nueva edad oscura se instala».

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