RAFAEL BAYCE / Un ensayo de Aldo Mazzucchelli en el último eXtramuros me recordó uno en general coincidente con éste, que escribí hace 20 años, pero que sirve para ampliar algunos aspectos del tema de las fechas patrias y de la coherencia de la historia patria que nos han enseñado, que, exagerando muy poco, podría calificar de ‘cambalache histórico’, ‘indigesta ensalada de fechas patrias’ o ‘manoseo indigno de ideas y hechos relativos a Artigas’.
HISTORIA
Las actuales fechas patrias
19 de abril. El desembarco de los 33 orientales en la playa de la Agraciada, más allá de que no fueran 33 y que hayan desembarcado en otra parte: la playa de un saladero, propiedad del patriota Trápani. No cabe duda de que si fuera una sola no debería ser ésa, no sólo por esos errores sino porque sus finalidades fueron, en gran parte, económicas y no independentistas: equilibrar, vía ‘incautación’ por Lavalleja y los suyos, los ganados pampeanos con los litoraleños que habían sido ‘incautados’ por Rivera y los suyos a través de todo el territorio brasileño, oriental y litoraleño argentino.
18 de mayo. La fecha de la Batalla de Las Piedras, en que tropas artiguistas derrotaron en tierra a marinos españoles alcoholizados, fiesta dudosamente ‘patria’ desde que, en ese entonces, Artigas y los suyos no pretendían ningún país independiente, sino que defendían la lealtad al rey español Fernando VII, desplazado por la invasión napoleónica; las tropas vencidas respondían al invasor francés, que las había enviado a Montevideo desde Buenos Aires.
19 de junio. Natalicio – los demás humanos nacen – de Artigas, cuya figura, ideario y seguidores fueron puntualmente perseguidos y negados en los años subsiguientes, cruentamente adversos, paradójicamente, al consagrado prócer nacional. Celebrar el día de nacimiento de quien fue puntualmente negado en todos sus ideales, que no quería la independencia, y que se vio obligado al exilio por una mezcla de deserciones y traiciones, es una posibilidad que desafía cualquier consistencia cognitiva; pero así pasó. Pero entonces habría que explicar muy bien que no se debería, simultáneamente, celebrar el 18 de mayo, el 25 de agosto y el 18 de julio, fechas que nada tienen que ver con el status que Artigas quería para la Banda Oriental en 1811, 1825 y 1830; y el 19 de junio. ¿Se pueden celebrar a Artigas y, a la vez, una Constitución que no quiso firmar, a cuya Jura fue invitado y no quiso venir? Será coherente con el 25 de agosto, porque se declaraba la independencia del Brasil y la anexión a las Provincias Unidas del Río de la Plata, como quería Artigas, que dudosamente, sin embargo, hubiera aceptado que tuvieran sede en Buenos Aires, como era en 1825; ni Artigas ni las provincias argentinas del litoral próximo a nosotros lo quería.
18 de julio. El día de la Jura de la primera Constitución del país como nación soberana, libre e independiente. Día que entroniza a todo el patriciado que combatió a Artigas, eliminó todos sus principios de las Instrucciones de 1813, de su Reglamento de Tierras de 1815, y todas sus resoluciones de su Gobierno Provisorio. O Artigas, o los antiartiguistas: no se pueden celebrar los dos.
Salvo que se instaure antes los ojos poco informados de la población un elemento más del cambalache histórico que nos domina, coronado por dos hechos que debieran estar incluidos en el Almanaque Guiness del disparate: a, haber bautizado a un novel estadio de fútbol como ‘Charrúa’ al interior del Parque Rivera, o b, la presencia del Museo del Indio en la Casa del mismísimo traidor y jefe del exterminio de los indígenas charrúas, don Fructuoso Rivera. Ya estamos esperando el estadio de Peñarol ‘Atilio García’ y el de Nacional ‘Fernando Morena’ para el siglo XXII para superar esos disparates en la continuación de nuestra invención de la tradición. ¿No?
25 de agosto. Día de la Declaración de Independencia de la Banda Oriental del entonces dominador extranjero, cuya dominación había sido firmada: el Brasil. Pero no se constituía un país individualizado, libre, independiente y soberano, sino solo una Provincia más de las Provincias Unidas del Río de la Plata, y no más una ‘Provincia Cisplatina’ del Brasil. Coincidencia casi suficiente con el pensamiento artiguista, pero nada que ver con la independencia posterior, la de 1828, del patriciado, de interés inglés, argentino y brasileño, antiartiguista, consolidada por la Constitución de 1830, colcha de retazos de constituciones europeas y norteamericanas.
Como supondrá, lector, no me conforma ninguna, aunque la del 25 de agosto o la del 19 de junio, bien explicadas, podrían ser más admisibles.
Otras fechas posibles
Pero historiadores y políticos han debatido con entusiasmo cuáles son las fechas que deberían ser consideradas patrias, o sea ‘símbolos de condensación’ –Murray Edelman – de una identidad libre, nueva e independiente, distinguida de otras ya existentes y consolidadas.
Tanto el número, fuerza y modos de celebrarla han sido objeto de discusión.
¿Qué otras fechas han sido sugeridas, o podrían ser consideradas, junto a las ya inventadas como tradición nacional, que recién sobrevolamos?
4 de octubre de 1828.Esta sería mi preferida, aunque es poco épica.
Es histórica y jurídicamente el día en que se aprueba en Montevideo el texto de la Convención Preliminar de Paz que, redactada y firmada en Río de Janeiro el 27 de agosto y en portugués, por Inglaterra, Brasil y Argentina, declaraba la independencia de la “provincia de Montevideo, hoy llamada Cisplatina”, tanto del Imperio del Brasil como de las Provincias Unidas del Río de la Plata, con la bendición interesada de la representación inglesa a través del ya mencionado Lord Ponsonby.
Ese 27 de agosto tiene un cuádruple defecto para ser fecha patria en Montevideo, en la Cisplatina: a, fue un pacto celebrado en el extranjero; b, no hubo representantes uruguayos presentes, que debatieran ni aprobaran esa independencia tan deseada por los 3 países firmantes; c, fue redactada en portugués; d, todo eso hace que la fecha sea lo menos épico, bélico y heroico que se pueda imaginar, y que se ajustara muy mal a las necesidades patrióticas futuras. Lo mismo la confirmación en Santa Fe del 30 de agosto y la posterior del gobernador Dorrego. Pero el 4 de octubre, Montevideo reconoce por primera vez su independencia de cualquier otra nación. Histórica y jurídicamente, ‘es’ la fecha de nuestra independencia dentro de los criterios universalmente aceptados de constitución de un país libre, independiente y soberano, que debía devolver los territorios pertenecientes a sus vecinos ,y darse una Constitución como se debía y aún debe – recordar la Constituyente exigida por Estados Unidos en Irak –.
Pero el inconveniente de esta fecha, repito, es que es muy poco épica como para fundar una épica de epopeya, mito, leyenda que sea emocionalmente fundante de un orgullo identitario. Los argentinos, los brasileños y los ingleses, y muchos orientales de la época, que ni siquiera estuvieron presente el día de la Convención, decretaron nuestra independencia. El Uruguay no solo no participa institucional ni personalmente en la solemnidad independentista sino es el último país en aprobar el documento elaborado por representantes de los otros 3 países. ¿Podía negarse a hacerlo frente a la voluntad de 3 grandes potencias de la época? Difícil que un hecho de ésos sustente la lealtad y sentimiento irracional de pertenencia identitaria que toda fecha patria contribuye emblemáticamente a simbolizar y re-producir ritualmente a futuro a través de un culto secular.
Eric Hobsbawn escribió un libro entero sobre todo eso, La invención de la tradición. Intuyendo esa necesidad, el presidente Santos le pidió a Blanes el luego famoso cuadro ‘Artigas en la puerta de la Ciudadela’ con la expresa intención de contribuir a nuestro orgullo identitario encarnado en un icónico prócer. Ese cruce de brazos de Artigas será subconscientemente heredado por los uruguayos como ícono de ‘jefatura de tropa’; tan es así que el capitán celeste de fútbol desde 1923 a 1935, el multilaureado José ‘Mariscal’ Nasazzi, que yo sepa es el primer capitán en el mundo que cruza los brazos en 1924 como Artigas en ese cuadro de Blanes; gesto que otros capitanes en otras fotos de otros países nunca adoptaron. La Historia Patria, tan común en la educación primaria uruguaya, parece que deja sus huellas, un subconsciente icónico en este caso.
Pero veamos algunas otras fechas patrias posibles, amén de la que debería serlo, la mencionada de 1828.
Instrucciones de 1813 y/o Reglamento de Tierras de 1815. Ambas serían fechas de excesivo contenido ideológico, poco compartidas en la época, y que exigirían – si fueran elevadas al status de ‘fechas patrias’– la eliminación radical de las otras que no implican independencia, o que implican una visión diferente de la independentista, como lo fueron las artiguistas. Difícil para Sagitario.
Sugerimos, entonces, otras fechas significativas a considerar como condimentos a un elenco de ‘fechas patrias’, a seguir.
21 de setiembre de 1808/15 de junio de 1810. El Cabildo Abierto de Montevideo declara la guerra a la España napoleónica, desconoce la legitimidad del Virrey de Buenos Aires como su representante, depone al Gobernador de Montevideo designado por él, y repone al Gobernador destituido por ese mismo virrey bonaerense ‘afrancesado’, Javier de Elío (el repuesto, no el destituido ni el virrey contrariado).
El Cabildo Abierto del 15 de junio de 1810, coherentemente con lo del Cabildo de 1808, confirma el rechazo de la ahora Junta Revolucionaria porteña, ahora independentista y no más ‘fernandista’, y jura fidelidad al Supremo Consejo de Regencia de Cádiz, resistente a la administración napoleónica en España, donde la Gobernación de Montevideo tuvo un asiento. Ambos episodios profundizan la separación con Buenos Aires y la lealtad a España, que le había concedido a Montevideo autonomía en el Consejo de Indias, más allá de su subordinación formal institucional al Virreinato del Río de la Plata. El Cabildo de Montevideo hace lo que juntas locales por toda España hacían como resistencia de la soberanía nacional a la invasión usurpadora francesa, napoleónica. Como ve, lector, son hechos muy épicos y muy autonómicos, pero de ‘independentistas’, nada de nada; hiperespañoles y antiporteños, eso sí, hasta esas fechas; porque inmediatamente cambia todo.
28 de febrero de 1811. El ‘Grito de Asencio’, pronunciado por los paisanos artiguistas Viera y Benavídez, levanta a toda la campaña oriental contra el Gobernador Elío, el mismo férreamente defendido en 1808/1810, porque éste le había declarado la guerra a la Junta Revolucionaria de Mayo porteña. Elío seguía leal a la España prenapoleónica, pero Artigas se había vuelto pro-Revolución de Mayo. Había abandonado su ‘fernandismo VII’, y la campaña lo había seguido. Aquí se corta el cordón umbilical con España, como antes se había cortado con Buenos Aires, aunque este vínculo se retoma, se rompe de nuevo, se revincula a las Provincias Unidas, se reconoce a Portugal y luego al Brasil.
Mencionemos otra fecha, no menor, por su simbolismo internacional: el establecimiento de la bandera patria, el18 de diciembre de 1828, por el gobierno provisorio de Joaquín Suárez, que, cinco días antes, había declarado la caducidad en el país de todas las autoridades extranjeras, derivada lógicamente de la aprobación del texto de la Convención Preliminar de Paz 2 meses antes.
Sigamos. La victoria olímpica en fútbol en 1924, en Francia, que hizo conocer al país en todo el mundo, pese a su existencia formal desde alguna de esas fechas mencionadas en el siglo XIX.
En fin, lector, es bueno para debatir en el trabajo, en el boliche, en familia, en las clases de historia, en la academia. Se discute hace como un siglo y medio, y todavía queda paño. Sigamos inventando nuestra tradición; cada vez hay mejores elementos de juicio y mayor conciencia de las limitaciones de las ‘invenciones’ anteriores.


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