¿Qué tan confiables son los resultados arrojados por los tests PCR, incluyendo los que se aplican en el Uruguay? En esos resultados se basa toda la estructura conceptual en la que nos vemos inducidos a vivir. La prensa local parece no sospechar siquiera la existencia del problema.

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Ct [«cycle threshold»], o Umbral de Ciclos, es un término vinculado a la técnica de la RT-PCR (reacción en cadena de la polimerasa con transcriptasa inversa en tiempo real) -método que combina la amplificación y la detección en un mismo paso, al correlacionar el producto de la PCR de cada uno de los ciclos con una señal de intensidad de fluorescencia. El proceso incluye, según una definición general, «una serie de 20 a 35 cambios repetidos de temperatura llamados ciclos; cada ciclo suele consistir en 2-3 pasos a diferentes temperaturas». El valor de Ct es el número de ciclos necesarios para detectar el virus. El test PCR es el mecanismo de diagnóstico de «casos» adoptado en todo el mundo por los sistemas de salud como el «patrón oro» para esta pandemia en particular. 

Toda la conceptualización de la pandemia -la idea de que se produce o no un «pico de casos» o «segunda ola», que hay un «agravamiento» o no que justifique nuevas medidas de aislamiento y restricciones a la libertad ciudadana-, depende, así, de la confiabilidad de los tests PCR aplicados y sus resultados. Depende de que sepamos, con precisión, cuántos de los que se determina como «casos positivos» lo son realmente. Si, como este informe lo detalla, no tenemos información precisa acerca de la calidad de las pruebas -muy especialmente, acerca de los valores de Ct con los que se obtuvo cada resultado positivo- corremos serio riesgo de que todo lo que se dice sobre la pandemia esté basado en cimientos falsos.

Por Aldo Mazzucchelli

El problema es que los tests PCR en tiempo real son un instrumento sumamente sensible, cuya confiabilidad diagnóstica -cuando se la admite; como se verá, hay muchos profesionales que la descartan de plano- está estrechamente ligada, entre otros factores, al umbral de ciclos (Ct) al que se determine la presencia de virus en la muestra. Grosso modo, cuanto mayor el número de ciclos a que se detenga el test, mayor amplificación de las trazas virales existentes, y menor la probabilidad de que los positivos obtenidos correspondan a una carga viral real e infecciosa -virus capaces de reproducirse- en el cuerpo. 

En efecto, existe evidencia sólida de que por encima de un número bajo de ciclos (menor a 20-25) las muestras que se revelen positivas no podrán, en un porcentaje muy alto, cultivarse para demostrar que sí existía virus activo en el cuerpo. Adelantando las conclusiones que muestra este informe, a un Ct de 25 -o «25 ciclos de amplificación» como se dice también a veces-, sólo un 70% de las muestras corresponde a virus activo. Y por encima de 35 ciclos, un muy alto porcentaje de los resultados «positivos» no corresponden a ninguna presencia de virus infeccioso en el cuerpo: son falsos.

¿A qué número de ciclos se están obteniendo en Uruguay los resultados positivos publicados? El día de mayor cantidad de «casos positivos» (28 de noviembre), sólo se obtuvo un 5.4% de tests positivos del total que se realizó. ¿Qué significa que haya «5.4% de positivos» cuando hasta un 30% de los positivos podrían ser falsos si el número Ct con que fueron obtenidos es mayor a 25? 

Datos alarmantes disponibles hoy en todo el mundo muestran que en algunos lugares toda la estructura conceptual de la pandemia depende de tests corridos a 35 o más ciclos, llegando incluso a 45 y más. A ese nivel, los resultados que se obtienen presentan una confiabilidad extremadamente baja. Pero a la gente se le dice que está «infectada» -aunque, luego de pasar la innecesaria cuarentena, no tenga ningún síntoma ni ninguna enfermedad, ni sea infeccioso ni contagioso en absoluto. Nuevos cierres, proyectos de ley que violan la constitución, estados de excepción, se están basando en una opacidad informativa pertinaz respecto a este asunto de la confiabilidad de los tests empleados, donde las infames «verificadoras de datos» empleadas por AP, Reuters, Facebook y similares se limitan a citar la «voz autorizada» de funcionarios burocráticos y políticos de túnica, en lugar de abrir el debate e informar realmente. 

Esta clase de argumentos de autoridad se interponen constantemente, del tipo «usted no puede hablar de esto, deje que sólo los expertos hablen». No se permite hacer preguntas, y una mentalidad que solo reconoce la voz de la supuesta autoridad -de la que lamentablemente participan muchos médicos y personal sanitario- aumenta y fortalece la inhibición y la negativa a que este asunto se debata abiertamente, lo que debería hacerse dando su lugar a científicos de prestigio mundial –prestigio y obra muchas magnitudes superior a la de los expertos locales que a menudo se invoca como autoridades supremas. Además, y como se descuenta con la mayor buena voluntad, los expertos uruguayos que en sus comienzos dirigieron la orientación técnica de la respuesta se movieron desde el principio, como por ejemplo lo muestra esta nota, asesorados y en consulta con colegas de otros lugares del mundo, todos siguiendo las escasas informaciones y tendencias que en aquel momento circulaban. Pero aquello comprometió decisivamente todo el rumbo futuro, generando compromisos que se volvieron políticos y, por ello, cada vez más difíciles de modificar.

Ese número, el umbral de ciclo al que se obtienen los positivos, y la cantidad de ciclos empleados en general en Uruguay -si es que existe un estándar recomendado y controlado-, es aun desconocido. 

La prensa grande del Uruguay parece ignorar completamente, no solo detalles de importancia clave como este, sino incluso los elementos más simples de esta problemática. Confunden la existencia de un test PCR positivo con «tener Covid-19», y sistemáticamente desinforman a este respecto. No hacen saber que un porcentaje importante de los «casos positivos» no tienen ninguna enfermedad en absoluto. El informe entregado a aquellos que se hacen el test aclara que tener un test negativo no garantiza que no estén enfermos, pero olvida afirmar lo contrario, que también es cierto: tener un test PCR positivo de SARS-CoV-2 no significa estar enfermo de Covid-19. Al menos no si no se conoce el número de ciclos al que fue obtenido ese resultado.

Reporte de un test positivo en Uruguay. El informe no menciona el valor Ct con el que fue obtenido el resultado.

De la dilucidación de esta cuestión depende -no solo en Uruguay, sino en el mundo entero- la confiabilidad de toda la armazón conceptual de la pandemia. Los «casos» dependen de ello, el número que se cuenta como fallecidos «por Covid-19» depende también de ello, y con esos dos números, la justificación de todo lo demás. La transparencia en este punto es fundamental. Esta nota se ocupa de explicar cuál es la naturaleza conceptual del problema al que estamos enfrentados -no solamente los ciudadanos de a pie, sino especialmente los políticos y tomadores de decisiones que están siendo asesorados por la OMS y el «establishment» global de la salud.

1) Los términos del problema

Todo el discurso sobre la pandemia y su gravedad, tanto en Uruguay como en el resto del mundo, se basa hoy en el concepto de «caso positivo» -igual que en marzo y abril se basó en el concepto de «aplanamiento de la curva», hoy abandonado y olvidado. Distingamos pues los siguientes términos, dado que todo el razonamiento posterior depende de que estos estén claros: 

a) Covid-19: la enfermedad provocada por el virus SARS-CoV-2, la cual a su vez depende de la existencia real en el cuerpo de una carga viral del virus SARS-CoV-2. (No consideraremos aquí ninguno de los cuestionamientos sobre el aislamiento o existencia del virus mismo, que también existen). Para realizar este informe consultamos, además de las otras fuentes citadas, a un médico intensivista uruguayo que se desempeña en el CTI de uno de los hospitales más importantes del país. Este médico, con el cual acordamos anonimato para protección de la fuente, tiene veinticinco años ininterrumpidos de experiencia como intensivista, y ha tratado todos los casos de Covid-19 que pasaron por el hospital donde trabaja. Los síntomas generalmente admitidos hoy para la enfermedad, de acuerdo a su asesoramiento, son: «fiebre, tos, dolores musculares (mialgias), rinitis, odinofagia, trastornos del gusto y/o olfato, cefaleas, disnea o falta de aire.» Nótese que varios de estos síntomas ocurren también en una serie de otras enfermedades pulmonares o virales comunes todos los años. 

Esto significa que el hecho de que un paciente tenga uno o varios de estos síntomas no significa automáticamente que tenga Covid-19. A nivel hospitalario, por supuesto se emplean técnicas complementarias para verificar la infección. El diagnóstico más seguro puede hacerse empleando, explica nuestro asesor, la combinación de «síntomas, exámenes de laboratorio, y tomografía«. Sólo un test PCR de ninguna manera alcanza para hacer un diagnóstico de la enfermedad. Los test PCR arrojan además, de acuerdo al mismo profesional, «una cantidad importante de falsos positivos«.

b) «Caso positivo coronavirus«: una persona a la que se le aplicó un test PCR que dio positivo para determinado fragmento de ARN específico del virus SARS-CoV-2. El hecho clave, como lo explicaremos en esta nota, es que la probabilidad de que un test PCR positivo corresponda a la existencia real de virus activo en el paciente es algo extremadamente problemático. Por lo tanto, un «caso positivo» diagnosticado exclusivamente en base a PCR puede tener, o no, la enfermedad Covid-19.

c) Persona «cursando la enfermedad». Este concepto no pareciera estar suficientemente claro tampoco ante la opinión pública. En el lenguaje del SINAE de Uruguay, cualquier «caso positivo», tenga o no síntomas de Covid-19 está «cursando la enfermedad» mientras no se le de de alta de alguna forma. Sin embargo, el mismo Ministerio de Salud Pública, en su «Comunicado a los laboratorios y prestadores del SNIS. Indicaciones de testeo, aislamiento y cuarentena», emitido el 26 de octubre último, y que es de alguna forma el «manual oficial» de la pandemia a nivel profesional local, indica en su página 3 que el «criterio para la recuperación epidemiológica» es: 

– «Persona con síntomas que no requirió internación: 14 días completos desde el inicio de los síntomas«.

– «Persona con síntomas que requirió internación por COVID-19: al alta«.

– «Persona sin síntomas: 10 días completos desde la fecha de realización del hisopado (si no desarrolla síntomas en todo el período)«.

De modo que hay ciudadanos que, oficialmente, «están cursando la enfermedad«, aunque nunca tuvieron ningún síntoma. Solo tuvieron un test positivo. Y simplemente son eliminados de la lista oficial de «cursando la enfermedad» luego de «10 días completos desde la fecha de realización del hisopado«.

d) Fallecido «por Covid-19». Según nos informa el facultativo consultado, «se pone en el certificado de defunción «Covid-19» si el test es positivo. Se determina fallecido por Covid al que cursa una afección respiratoria pulmonar con test positivo.» El subrayado es nuestro. La aclaración que hace nuestro experimentado médico es importante -aunque quizá no represente necesariamente a toda la práctica médica del país-: basta con que una persona curse una enfermedad respiratoria y tenga test (PCR o LAMP) para SARS-CoV-2 positivo, para que figure como muerto «por» Covid-19. En otras palabras, no es imprescindible que el paciente haya sido diagnosticado por métodos más exigentes, o que el test haya necesariamente sido confirmado por otras vías de diagnóstico. Tampoco hace falta que la causa real o predominante de muerte haya sido la dolencia viral, que puede simplemente acompañar condiciones mucho más graves, o deterioro generalizado por edad muy avanzada. (Aquí un detallado informe sobre el complejísimo concepto de «causa de muerte» y cómo esto también está ligado a la conceptualidad de la pandemia).

Un hecho muy significativo respecto de lo anterior, que confirma tanto la honestidad del Ministerio de Salud Pública uruguayo, como las observaciones que se han venido haciendo desde el comienzo de este fenómeno en marzo, es que no todos los que hasta ahora se habían declarado «fallecidos por Covid-19» eran realmente fallecidos por Covid-19. Ahora, a partir de un estudio de las historias clínicas hecho por el Ministerio, el SINAE deberá ajustar a la baja el número de muertos Covid en un mínimo de un 13%. Del anterior 100%, solo un 86.67% efectivamente ha fallecido de Covid-19. Un 3.3% se sospecha que haya muerto de Covid-19, y el restante 10% murió por otras causas, aunque tuviese un test positivo y hubiese sido registrado hasta ahora a la cuenta de Covid-19. Esta revisión tiene en cuenta las cifras sólo hasta el 17 de noviembre, y concluye solo para 60 de los 71 fallecidos registrados hasta entonces (los restantes 11 están aun en revisión), bajando para ese período los fallecidos a 52. Esperemos pues que la lista sea ajustada hasta el presente para conocer cuántos de los fallecidos declarados en el país fueron realmente muertos por Covid-19.

2) El problema comunicacional 

De lo anterior surge una zona de confusión conceptual, paradójicamente, muy clara. Mucho lo que se dice hasta ahora oficialmente de la pandemia, y mucho de lo que la gran prensa repite incesantemente, depende de un factor fundamental: el test PCR empleado. Y el problema es que los tests PCR ofrecen múltiples dudas, puesto que es un hecho comprobado -pese a las negativas oficiales y de los grandes medios a reconocerlo- que, dependiendo de cuándo, a quién, y cómo se los aplique, ofrecen una cantidad muy significativa de falsos positivos. Esta afirmación será debidamente fundamentada más abajo.

¿Por qué es importante esto? Porque, primero, si todo el discurso y las medidas gubernamentales están siendo tomadas debido al aumento de casos positivos ante el test PCR, y el test PCR arroja falsos resultados positivos en un porcentaje apreciable, esto podría significar que estamos activando una falsa alarma en base a «casos» que en realidad no son enfermos Covid-19, ni son contagiosos. 

En segundo lugar, porque si estamos confirmando ese discurso y esas medidas en la cantidad de fallecidos, pero luego vemos -como acabamos de ver, oficialmente, en el Uruguay- que la determinación de fallecimientos «por Covid-19» puede incluir casos en los que la persona sólo integre la lista por tener un test PCR positivo, una vez más el test PCR, con su problemática, se confirma como la clave del discurso.

El problema comunicacional es que la prensa -especialmente la prensa antes llamada «grande», comunicadores de TV, radio y prensa escrita- no parecen tener los reflejos periodísticos como para investigar seriamente estas dificultades conceptuales en la definición de la pandemia. Se limitan a hablar acríticamente de «casos», exaltar el pánico, justificar un potencial autoritarismo que ya aparece en varios representantes, senadores y otros políticos y «referentes» de la sociedad, y prácticamente jamás distinguen entre «caso positivo» y «enfermo Covid-19». De hecho, confunden sin cesar estos dos conceptos, desinformando así a la población.

El día 18 de noviembre un periodista, en El Observador, comienza su nota diciendo «el aumento de los casos de covid-19 de los últimos días genera alarma», frase de repertorio que podría haber sido extraída de cualquier medio cualquier día. La televisión hace lo mismo. Esa frase es un error: no sabemos si hay aumento de casos de COVID-19, la enfermedad, puesto que como ha sido mostrado al comienzo, ni el SINAE ni nadie informa esto. Lo que hay es un aumento de casos de positivos PCR para el virus SARS-CoV-2, y eso es lo que se debería informar siempre,haciendo la aclaración de que, como veremos, solo un porcentaje de esos casos positivos están enfermos. 

3) ¿Qué tan enfermos están, pues, los «casos positivos» PCR? 

Comencemos esta sección por las abundantes opiniones científicas que observan que el test PCR no debería usarse como herramienta de diagnóstico de una infección viral, puesto que no es adecuada a ese fin. Desde el Dr. Wolfgang Wodarg allá en marzo, hasta el PhD en farmacología aplicada a enfermedades infecciosas y ex-vicepresidente y Jefe de Investigaciones de Pfizer (hasta 2011), Michael Yeadon, en noviembre, pasando por una serie de especialistas de altísimas calificaciones, algunos citados en este estudio por ejemplo, todos han llamado la atención acerca de este uso masivo y generalizado del test PCR. En una carta enviada a Clinical Infectious Disease en el mes de agosto último, el insospechable Colegio De Patólogos de Estados Unidos urgió cautela al interpretar los valores Ct arrojados por el test PCR en tiempo real. 

Según estos investigadores de primera línea, el método, que cumple excelentes funciones en el campo forense para la detección de ADN, no debería usarse del modo en que se está usando, ni con el nivel de masividad y potencial desprolijidad en su aplicación a que lleva esa masividad. 

Dos informes científicos de extraordinaria confiabilidad servirán para explicarnos aquí en qué consisten las limitaciones del test PCR para diagnosticar Covid-19. 

Primero, como lo sintetiza un informe publicado en la revista Science el 29 de setiembre último, el problema de qué tan infeccioso (y por ende qué tan contagioso) es realmente un «caso positivo» se ha revelado una cuestión clave. 

Si, explica ese informe, al correr el test PCR,»no se ve una señal positiva después de 37 a 40 ciclos, la prueba es negativa. Pero las muestras que resultan positivas pueden comenzar con cantidades muy diferentes de virus, para los cuales el valor de Ct proporciona una medida inversa. Una prueba que registra un resultado positivo después de 12 rondas, para un valor CT de 12, comienza con más de 10 millones de veces más material genético viral que una muestra con un valor Ct de 35«. Por tanto, como veremos, mientras que resultados obtenidos con valores bajos de Ct son muy confiables, resultados obtenidos con valores más altos tienen cada vez mayor probabilidad de no ser correctos.

El mismo informe indica, además, que hay un problema de inconsistencia serio, y «la misma muestra puede arrojar valores Ct distintos en distintas máquinas, y distintos hisopos de la misma persona pueden arrojar también resultados distintos«. Por tanto, «el valor Ct no es una escala absoluta«, explica Marta Gaglia, viróloga de la Universidad Tufts consultada para el informe. «Eso genera preocupación en muchos clínicos«, observa además Michael Mina, médico y epidemiólogo de la Escuela de Salud Pública de Harvard. Estos clínicos observan que «si [el test PCR] no es confiable, no podemos confiar en él«.

Pese a ello, los investigadores antes citados coinciden en que conocer el número Ct es algo sumamente informativo. «Aun con todas sus imperfecciones, conocer la carga viral puede ser algo muy poderoso» explica Mina. Pero ¿cómo determinar cuál es la probabilidad de que alguien realmente esté infectado con virus activos, infecciosos? De hecho, existen investigaciones que lo informan.

Una de ellas produjo un estudio clave, publicado en Clinical Infectious Diseases. Un equipo de investigadores del Institut Hospitalo-Universitaire (IHU)-Méditerranée Infection, en Marsella -el centro de referencia de enfermedades infecciosas del sudeste francés-, liderado por Bernard La Scola, «examinó 3.790 muestras positivas con valores Ct conocidos, para ver si éstas detectaban virus viable, lo que significa que los pacientes probablemente eran infecciosos» -es decir, podían contagiar a otros. El estudio tenía como objetivo principal un problema mayor vinculado a la política de salud, esto es, «correlacionar la carga de ARN viral obtenida tras la reacción en cadena de la polimerasa de transcripción inversa (RT-PCR), expresada como el umbral del ciclo (Ct), con el grado de contagio y, por consiguiente, la duración del aislamiento de los contactos, y el alta de salas especializadas en enfermedad infecciosa«. Como los autores lo indican, existían hasta entonces unas pocas publicaciones, basadas en algo más de 100 casos, que habían propuesto que el test PCR se corriese para ello con un Ct de más de 30, y la «cuarentena» se mantuviese al menos durante 10 días. Sin embargo, el estudio de De Scola se basa en 3.790 casos (un número muy superior a todos los anteriores). He aquí lo sustancial que averiguaron los investigadores franceses: 

«Hasta finales de mayo, 3.790 de estas muestras, que dieron positivo en muestras nasofaríngeas, se inocularon y se manejaron para su cultivo como se ha descrito anteriormente [8]. De estas 3.790 muestras inoculadas, 1.941 aislamientos de SARS-CoV-2 pudieron obtenerse después de la primera inoculación, o hasta con 2 subculturas ciegas […]. Se observa que a Ct = 25, hasta el 70% de los pacientes vuelven a ser positivos en el cultivo, y que a Ct = 30 este valor baja al 20%. A Ct = 35, el valor que se usa para reportar un resultado positivo para la PCR, <3% de los cultivos son positivos.» 

El informe de Science destaca estos resultados: «La Scola y sus colegas hallaron que un 70% de las muestras con valores de umbral de ciclo de 25 o menos podían ser cultivadas, comparadas con menos de 3% de los casos con valores de umbral de ciclo por encima de 35«. 

El gráfico siguiente, extraído del reporte de La Scola, ilustra el modo cómo el número Ct se correlaciona con el nivel real de infecciosidad de las muestras «positivas«. En el eje horizontal se lee el número Ct, o umbral de ciclo. Tomemos las barras marrones oscuras: indican el número de muestras positivas al test PCR la primera semana. Luego observemos las barras grises claras: esas son las muestras que resultaron negativas una vez cultivadas para detectar la presencia real de virus. Como el lector puede observar, mientras que el test arroja una curva primero creciente y luego decreciente de resultados positivos con máximos entre los valores Ct de 20 y 24, las muestras que una vez cultivadas demuestran no tener virus reales crecen constantemente a medida que el número Ct aumenta. Los números que acompañan la línea negra llena, indican el porcentaje de muestras que pudieron ser cultivadas, demostrando corresponder a muestras realmente infecciosas. Como se ve, este número es de entre 70% y 68% a 25 Ct, y desciende dramáticamente a menos de 3% a 35 Ct.

Porcentaje de cultivos virales positivos, de muestras nasofaríngeas positivas a la reacción en cadena de la polimerasa, de pacientes con Síndrome Respiratorio Agudo Severo de Coronavirus 2 (SARS-CoV-2), según valor Ct (línea simple). La curva punteada indica la curva de regresión polinómica. 
Abreviaturas: Ct, umbral del ciclo; Pol., polinomio.

El estudio de La Scola funciona como una excelente forma de evaluar la precisión y confiabilidad de los tests PCR, y los resultados que arroja son alarmantes. Que una muestra «pueda ser cultivada» significa que la persona de la que sale esa muestra tenía, efectivamente, una carga viral apreciable y activa. En cambio, en un 30% de los «casos positivos» aun a un umbral de ciclo tan bajo como 25, esas personas que «dieron positivo» no estaban en realidad infectadas

Confiamos en que el lector pueda reconocer lo que estos estudios demuestran. Para decirlo rápidamente, significa que si en Uruguay, por ejemplo, se están corriendo las muestras PCR hasta niveles de 35, o más, entonces se está aumentando escandalosamente la probabilidad de que prácticamente todos (97%) los «casos positivos» basados exclusivamente en un test PCR sean falsos.

En todas partes del mundo, incluido el Uruguay, se estimula el testeo prácticamente indiscriminado, incluso a través de puestos drive-through. Esto perjudica aun más la confiabilidad del test PCR, debido a que se somete a presión a todo el sistema de testeo, incluyendo no solamente a las máquinas que realizan las pruebas, sino sobre todo al personal. Como Michael Yeoman lo explica, esta masividad está obligando a incorporar personal de laboratorio que no tiene ni la formación ni la experiencia para manipular y procesar correctamente las muestras, lo cual sólo disminuye aun más la confiabilidad de los resultados.

Para empeorar las cosas, este estudio ha recopilado los estudios disponibles que evalúan, contra cultivos virales efectivos de cada muestra, qué tan capaz de detectar verdaderas infecciones es el test PCR. Las conclusiones confirman lo anterior, y agregan un interesante dato: la probabilidad de que el test PCR funcione efectivamente no sólo depende de que el número (C)t de ciclos sea bajo, sino también depende de que el test se efectúe a personas ya sintomáticas, y dentro de los siete días de serlo. Véase el gráfico y su breve explicación.

En la gráfica, presentada en Bullard, se muestra cómo la probabilidad de que se cultive un virus infeccioso del SARS-CoV-2 (demostrando así que el resultado positivo del test era correcto) es mayor (barras rojas) cuando el umbral del ciclo (Ct) es más bajo (la línea azul) y cuando la distancia de tiempo entre el análisis y los síntomas es más corto: más allá de 8 días de aparecidos los síntomas, no se detectó ningún virus vivo.

Lo anterior es una demostración más de que no debería aplicarse una política indiscriminada de testeo a personas asintomáticas, puesto que esto, además de no tener probabilidad alguna de dar buenos resultados diagnósticos, sí que genera una sensación generalizada de miedo y «estado de pandemia» en base a resultados cuya probabilidad de ser falsos es inaceptablemente alta.

Este uso exclusivo de tests PCR para el grueso de los diagnósticos representa «un alejamiento de las prácticas históricas» explica otro artículo científico que ha profundizado en el problema de la confiabilidad de los tests citados. «En anteriores epidemias, la definición de caso requería que los individuos fuesen sintomáticos, y las autoridades sanitarias expresaban preocupación de que los falsos positivos provenientes de tests basados en PCR pudiesen ser perjudiciales tanto para los sujetos testeados, como para la capacidad de las agencias de vigilar los brotes. Las agencias nacionales e internacionales tomaban medidas para limitar la ocurrencia de falsos positivos, recomendando que el uso de test PCR se limitase a individuos con una alta probabilidad de estar infectados (aquellos con síntomas y/o exposición epidemiológica significativa), y a menudo requiriendo confirmación de los resultados positivos por un segundo test independiente. Estas cautelas y requerimientos desaparecieron hoy de la guía que dan las mismas agencias respecto de los tests para SARS-CoV-2.«

En esta ocasión la política que se está siguiendo a nivel global parece destinada, en lugar de a intensificar los controles de verificación de que los diagnósticos son correctos, a ir en sentido contrario y relajarlos. Como si el inexplicable fin de estas políticas fuese estimular el miedo y la permanencia indefinida de una pandemia que en realidad sería una «casemia», una epidemia de «casos» que no significan nada real en materia de enfermedad ni de salud pública. 

Volviendo al estudio de Science, los expertos consultados observaban además que el uso de un nivel de ciclos de amplificación alto o excesivo puede explicar las anomalías con las que hoy todos estamos familiarizados, de personas que misteriosamente dan positivo -y siguen dándolo- pese a no tener ningún síntoma, ninguna enfermedad: «a menudo la gente arroja un test positivo durante semanas, o incluso meses, luego de que se recuperan, pero eso se da con altos valores de Ct, lo que sugiere que el test PCR ha identificado material genético de restos no infecciosos de virus«. El énfasis es nuestro: el test PCR, cuando es corrido a muchos ciclos de amplificación, puede detectar fragmentos inactivos de virus que ya han sido combatidos y vencidos por el organismo, llevando también de este modo a falsos resultados positivos. Este video promocional de uno de los aparatos empleados en Uruguay para realizar el test (StepOne Real Time PCR-Systems) lo deja a uno pensando acerca del tipo de mentalidad de dirigentes de las instituciones de salud y empleados de laboratorio a cargo de este asunto, a los que va dirigida la promoción. No se lo pierda.

4) La información que el Ministerio de Salud Pública tiene obligación de definir y hacer pública y controlable

Incluso por razones epidemiológicas de «rastreo de casos», sería importante conocer la carga viral de cada test, para dedicar esfuerzo a aquellos casos con mayor carga viral. Para concluir, yendo por tercera vez al estudio de Science, este explica que «los valores de Ct también podrían ayudar a los médicos a identificar a los pacientes con mayor riesgo de enfermedad grave y muerte. Un informe de junio de los investigadores de Weill Cornell Medicine encontró que entre 678 pacientes hospitalizados, el 35% de los que tenían un valor de Ct de 25 o menos fallecieron, en comparación con el 17,6% con un valor de Ct de 25 a 30, y solo el 6,2% con un valor de Ct superior a 30. En agosto, investigadores en Brasil encontraron que entre 875 pacientes, aquellos con un valor de Ct de 25 o menos tenían más probabilidades de tener una enfermedad grave o morir.«

Pese a lo fundamental que resultan los elementos anteriores, especialmente el valor de Ct alrededor del cual ha girado este informe, el Ministerio de Salud Pública de Uruguay no proporciona la información sobre los números Ct de los casos que informa como positivos. Este artículo de Michael Tom y Michael Mina, por ejemplo, aboga por que los estados comiencen a reportar el valor Ct junto al resultado del test. Un conjunto de ciudadanos uruguayos preocupados por este tema hemos hecho recientemente, amparándonos en la Ley 18.381 de Acceso a la Información Pública, un pedido de informes al Ministerio de Salud Pública preguntando hasta qué valores de Ct se admiten para los test PCR positivos en Uruguay por parte de quienes lo proveen. Estamos esperando la respuesta correspondiente. 

Si esa respuesta arrojase cualquier valor superior a los razonablemente admisibles de acuerdo a lo explicado en este informe, todo el aparato conceptual de la «pandemia» en Uruguay debería venirse al suelo. Estaríamos en una orgía de falsos positivos, encerrando y poniendo en cuarentena a muchos ciudadanos que en realidad no tienen por qué estarlo, puesto que ni estarían enfermos, ni mucho menos serían contagiosos.

En nota aparte damos cuenta de las declaraciones de la demanda a los responsables de estas políticas impuestas globalmente, que se inicia en estos días en Alemania por parte de un grupo de profesionales médicos y abogados. Quizá la vía judicial sea una de las que se pueden explorar, a su debido tiempo, también en Uruguay.

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