MAURO BAPTISTA VEDIA / Parte 3. La cura por la música. Edificio de dos pisos en el barrio de Palermo, esquina de Jackson y San Salvador.
DIÁLOGOS
Una tarde de otoño. Mauro toca el timbre. Eduardo sale al balcón, mira hacia abajo y exclama:
—¡Uhhh, qué sorpresa! ¿Maestro, qué lo trae por acá?
—¿Y qué le parece?
—¿Es usted, de verdad? ¿O es otro viaje de ayahuasca?
—Es un viaje de la imaginación, pero con café expreso nomás.
—Por favor, no me venga otra vez a hablar de fútbol. Mire que todavía estoy digiriendo la eliminación de Nacional de la Libertadores.
—Y.… ligaron mal con el grupo.
—Claro. Y no tienen a Leo Fernández.
—Bueno, vamos a cortar acá. Mire que no bajo con el mate.
—Baje y no joda más.
—Un segundito. Justo estaba pronto.
Eduardo abre la puerta que da a la calle. Los dos amigos se abrazan. Comienzan a caminar por San Salvador en dirección a la rambla.
—Y dígame, ¿usted sigue con aquello de la ayahuasca?
—Sigo, sigo, claro. Firme y fuerte. La ayahuasca cura.
—¿En serio? ¿En qué sentido decís que la ayahuasca cura? Porque yo soy escéptico con todo eso.
—La ayahuasca cura mostrando. Revelando. Lo que precisás ver. Las verdades. Te hace pasar por el infierno, si es necesario, para encontrar la salida. Es como un espejo que te habla.
—¿Y qué cura? ¿Cosas físicas? ¿O del bocho?
—Ambas cosas. Pero principalmente cura el alma. Y al sanar el alma, cuerpo y mente le siguen.
—Yo no sé si me animaría, ¿qué quiere que le diga?
—Usted sabe que el otro día en el aeropuerto me crucé con un conocido. Fuimos colegas de laburo en São Paulo, hace años. Era muy adicto al alcohol desde los 16, de caerse por la calle. Tuvo varios comas alcohólicos. Hasta que un día la mujer lo amenazó con internarlo en una clínica de desintoxicación. Allá hay muy buenas. Se cagó hasta los pelos con la perspectiva de separarse de su mujer y de sus hijos. Y desesperado, fue un día a una ceremonia… de la religión. Lo dio vuelta como una media. Con una sola sesión dejó el chupi por unos días. Tuvo una recaída y volvió a tomar ayahuasca. Siempre que salía de las ceremonias se sentía muy bien. Hasta que una noche vio a su padre, muerto hace décadas. También alcohólico. Habló con él, lloró, pidió perdón. Se perdonaron. Nunca más tocó una gota.
—¿Y eso fue real? ¿No es una alucinación?
—¿Y qué es real? Si vos llorás, te sanás, si tu vida real cambia… ¿qué importa si fue una visión o una alucinación? La medicina te conecta con lo que llevás adentro. Y ahí empieza la cura. Es un enteógeno, no un alucinógeno, insisto.
—A ver, repítame eso.
—“Enteógeno” viene del griego: en-theos, “lo que genera lo divino dentro”. Se usa para referirse a plantas sagradas que inducen estados de conciencia expandidos, con un propósito espiritual o terapéutico.
—¿Y eso no es lo mismo que alucinógeno?
—No exactamente. “Alucinógeno” es un término clínico, que viene del paradigma psiquiátrico. Se refiere a que altera la percepción y genera visiones —sí—, pero sin entrar en lo que realmente produce en el alma.
—Entendí, maestro. El enfoque es diferente. Uno lo ve como una distorsión y el otro como una revelación.
—Exacto. Alguien que toma ayahuasca para evadirse de la realidad, para divertirse, como si fuese una droga recreativa, puede tener un mal viaje. Porque la planta te confronta. Te mete de cabeza en lo que sos. Siempre te da un sentido de lo sagrado, te pone en contacto con Dios.
—¿Y si uno no cree en nada además de lo material? ¿Si uno no cree en lo sagrado, en Dios? Yo en eso soy muy uruguayo. Pienso que si tomo, al no creer, lo voy a ver todo como alucinación. ¿Igual funciona como enteógeno?
—Sí. Porque el “dios” que despierta no es un hombre barbudo en el cielo. Es el Dios en el cosmos y el Dios dentro de vos. Tu verdad más profunda. Podés sentirlo como el cosmos, como Pachamama, como Cristo… eso depende. Si lo llamás “alucinógeno”, lo reducís a la química, a lo raro. Es más cómodo pensar que “alucinás” y listo. Como si fuera una fantasía. Pero cuando tenés una experiencia que te cambia la vida, que te hace perdonar, dejar una adicción o reconciliarte con vos mismo… ¿es alucinación o revelación? Porque la vida de la gente cambia con la ayahuasca. Y en general, para bien.
—Si usted lo dice…
—El lenguaje importa. Y cómo lo definís, determina cómo lo vivís.
—¿Y vos cómo lo viviste? ¿Una alucinación o una experiencia espiritual?
—Una comunión. Conmigo, con los otros, con algo que no puedo explicar, pero que ahora siento todo el tiempo.
—Y yo acá, tomando mate, tratando de entender…
—El mate también es enteógeno si lo tomás con conciencia.
—Hahahaha. No rompas las bolas. Che, cambiando de asunto. ¿Y la música? ¿Y las canciones? Porque usted siempre habla que todos los rituales tienen música todo el tiempo. ¿Cómo son?
—Hablábamos de cura, ¿no? Deje que le ponga una canción típica de cura con ayahuasca. En general, una canción así va en el medio del ritual, no en el comienzo.
—Interesante. La letra, ese tambor…
—Ese tambor y ese ritmo repetitivo, chamánico, lleva a un estado de profunda interiorización. Hay gente que no banca bien el tambor. Va al inconsciente.
—Me imagino. Claramente algo africano.
—No, le diría que es más indígena. Esta es una canción muy inspirada en rituales conducidos por chamanes indígenas.
—Pero esta canción está en español, señor.
—Sí, ¿y cuál es el problema? En los rituales donde no hay música en vivo, siempre se pone alguna canción en español. No se olvide que Perú es otra referencia importante; Ecuador también. Ya que se sorprendió, va otra alucinante, esta vez sin esos tambores, que trata centralmente del tema de la cura. Y también en español. Una vez oí esa canción toda la semana antes de un ritual. ¿Qué pasó? Con la primera dosis sentí que se me abría el pecho y salía un dolor inmenso, fuertísimo. Tuve que pedir ayuda a una cuidadora, que me hizo reiki, algo así.
—Escuche esto, maestro.
—Muy pero muy interesante. Algo repetitiva, ¿no?
—La duración de los temas es pensada para lo espiritual. En la ceremonia se necesita, por eso a veces pueden parecer largos.
—Entendí. La verdad, no me imaginaba una canción así. No sé qué pensar.
—A mí me hace acordar a aquella versión de «Crying» en Mulholland Drive, la que ven las dos mujeres en el teatro chino de Hollywood. «Llorando», ¿se acuerda?
—¿En serio? No me acuerdo bien.
—Tiene algo.
—Sí, es a capella, pero qué sé yo. Es un viaje suyo. Mejor pregúntele a Tavella, que es músico, y está en la revista, jajajajaja.
—Bueno, para que no se queje más, ahora le pongo una típica canción damista, un «hinario clásico».
—Ya era hora, Mauro… Porque yo no me imagino un trance místico con Jaime Roos de fondo.
—No, no es tango ni candombe. Es música de hinario.
—¿Hinario? ¿Qué es eso?
—El hinario es un conjunto de himnos espirituales del Santo Daime. Son canciones que se cantan durante los rituales, compuestas por los propios miembros de la doctrina, muchos recibidos en estado de conexión con la ayahuasca.
—¿Y son todos brasileños?
—La mayoría, sí. La tradición viene de Mestre Irineu, allá en Acre. El primer hinario lo compuso él, y desde entonces cada figura importante dentro del Daime —como Padrinho Sebastião, Madrinha Rita— tiene su propio hinario.
—O sea que, si uno toma ayahuasca y le baja la inspiración, puede componer su propio álbum.
—Sí, pero no es por inspiración artística. Es un dictado del alma. Hay hinarios que se usan para trabajos de cura, otros para trabajos de concentración, otros para fechas específicas como el Día de San Juan, Navidad o Fin de Año.
—¿Y qué dicen esas canciones?
—Mucho sobre amor, perdón, verdad, luz, humildad. También hay himnos que hablan directamente con la Virgen, con Jesús, con la naturaleza. Algunos hinarios son dulces, otros son filosos.
—¿Y la música es linda, o medio monótona?
—Es hermosa, pero sencilla. Melodías que se repiten, letras claras. Justamente para que la mente se aquiete y el corazón entre en sintonía. Y cuando estás bajo el efecto de la medicina, esas palabras pegan distinto. Una frase como «Eu peço a Deus, eu peço à Mãe Santíssima…» te atraviesa.
—Capaz yo escucho eso y me largo a llorar, aun siendo ateo.
—Exactamente. Porque no es solo la letra. Es la vibración. Es como si las canciones abrieran puertas invisibles dentro tuyo.
—¿Y cuántas canciones tiene un hinario?
—Depende. El de Mestre Irineu tiene 129 himnos. El de Padrinho Sebastião, más de 150. Pero hay hinarios más cortos también. Lo importante no es la cantidad, sino cómo resuenan.
—¿Y se canta todo eso de una?
—En los trabajos del Daime tradicional, a veces sí, toda la noche. En otros como al que yo voy más, se escuchan grabaciones. Otras veces se elige una parte, según la guía espiritual del trabajo. El ritual puede durar entre seis y diez horas. Seguir la música te mantiene presente, en la corriente. Es como un rezo colectivo con melodía.
—Debe ser fuerte ver a toda esa gente cantando junta…
—Sentís que no estás solo, que somos uno.
—Yo venía tranquilo con mi mate y Nacional, ahora me dan ganas de aprender portugués y cantar con los ojos cerrados.
—Si te llega el llamado, vos sabrás. No con la cabeza. Con el corazón. Escuche este clásico, mire esa letra, qué maravilla.
—Interesante. La voz, algo chillona, me hace acordar a la de las murgas, que cuando la gente no tiene familiaridad, le puede molestar.
—Sí, no había pensado. Las canciones tienen vibraciones específicas. El conductor del ritual, si es bueno y experimentado, sabe que dependiendo del tipo de música que pone, va a ir a ciertos lugares espirituales y emocionales. Hay otras que son típicamente rezos musicalizados. Mire esta:
—Y otras que siguen siendo evidentemente cristianas, pero que pueden sentirse con
algo de influencia de la India, al decir: «Entrego, confío, acepto y agradezco.»
—Interesante, che. ¿Dígame, esto la gente lo escucha cómo?
—Sentado en una silla, con ojos cerrados, o sentado en un colchón en el piso, o más común, acostado en un colchón en el piso, con almohada, frazada y una botellita de agua… y el baldecito con el papel higiénico, un clásico… Le pongo otra, más New Age, que se llama «Eu e Deus».
—Che, ¿hay que bancarse seis, ocho horas acostado o sentado en el mismo lugar?
—No necesariamente. A dónde voy más aquí en Curitiba, después de la segunda dosis, a las dos horas de ritual, uno puede ir al jardín, o cambiar de salón o simplemente sentarse frente al fuego sagrado. Si bien mucha gente no sale de su lugar, otros como yo se sientan frente al fuego y en el último tercio, bailan alrededor del fuego.
—Eso del baile debe estar bueno.
—Alucinante. Después que uno cura cosas profundas, viene una necesidad de celebrar.
—Póngame una canción con la cual se baila. Y terminamos, que tengo que volver a casa a hacer la cena.
—Cierro con un clásico, que levanta toda la «egrégora», un equivalente a «Rock and Roll» de Zeppelin.
—Egreg… Egre… ¿Qué dijo, maestro?
—Egrégora o egregor es una forma de pensamiento colectivo, una especie de «espíritu de grupo» o campo energético generado por la unión de voluntades. Puede formarse en contextos religiosos, espirituales, políticos, familiares o incluso deportivos. Eso se forma en una misa católica, en un trabajo de umbanda, en una ceremonia con ayahuasca o inclusive en la hinchada de un cuadro de fútbol, una hinchada que vibra en el mismo diapasón.
—Mire usted, ni idea tenía.
Sigue el clásico que le contaba, una canción “daimista” contemporánea. Es muy reciente. En general, la gente se levanta y se arma un círculo de 10, 20 personas bailando al mismo ritmo, dos pasos para un lado, dos para el otro.
Meu São Miguel
Aqui dentro da verdade
Tudo pode balançar
Mas Vós ensina para todos
A não sair do seu lugar
Seguindo em frente
Com as luz do Onipotente
Firma bem a tua espada
Corta o mal, não olha para trás
São Miguel chegou
Vamos todos se perfilar
Com suas hostes celestes
Traz força para nós guerrear
Meu Mestre Império
Dono de todo o poder
Perante a Vós me apresento
Só Vós pode nos valer
Vós nos ensine como sermos
Bom soldados
Que cumprem as Santas Ordens
Do império divinal
São Miguel chegou
Traz força para nós cantar
Cantar louvor ao Pai Eterno
Viva o Poder aonde está
Esta instrução
É um escudo protetor
Contra armadilhas que a mente
Projeta em nosso caminhar
Meu São Miguel
No julgamento de São Pedro
Vós chama de um a um
Dá a cada um a sua missão
São Miguel traz a balança
Todos querem se julgar
Só Vós tem o discernimento
Para os decretos realizar
São Miguel Arcanjo
Adonai, Mikaelilu
Termina aqui esclarecendo
Cada qual em seu lugar
Na união vamos somar


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