MAURO BAPTISTA VEDIA / Parte 2. ¿Cómo es un ritual de Ayahuasca? Esta vez la charla entre los dos apasionados amigos discurre sobre lo que uno de ellos comparte: sus conocimientos y experiencias sobre ese ritual medicinal, la Ayahuasca.
DIÁLOGOS
Para Paula, mi hermana
Edificio de dos pisos en el barrio de Palermo. Mauro toca el timbre. Eduardo sale al balcón.
—¿Y sale un mate? —¡Maestro! ¿Cómo anda? ¿De nuevo por acá? No creo que sea para ver a Peñarol, ¿no? —Ni me hable, pero mire que Diego Aguirre solo está calentando los motores. Ya, ya el cuadro arranca. Basta con arreglar la defensa. —Che, mate hoy no. Espere que bajo y le abro la puerta.
Eduardo baja y abre la puerta.
—Maestro, suba, hoy vamos con la cerveza.
Mauro y Eduardo suben las escaleras.
—Che, ¿y la ayahuasca no serviría para arreglar la defensa de Peñarol? —Primero tendría que ser el técnico de Peñarol. Si lo fuera, claro que sí. Uno puede ir a un ritual con una pregunta, con algún problema para resolver.
Los dos amigos llegan al segundo piso. Eduardo abre la puerta y va derecho a la heladera. Mauro se sienta en la mesa que da para la ventana. En diagonal, observa la Facultad de Comunicación de la Universidad. Eduardo abre la cerveza y sirve dos vasos.
—¿En serio? Pensé que era algo más onírico, más alucinógeno.
—La ayahuasca es una “medicina”: le muestra a uno lo que le tiene que mostrar, abre las puertas de la percepción. Mire que puede ser peligroso; imagínese que un técnico vaya a un ritual y la medicina le muestre que el fútbol es una boludez, que es mejor largar todo e irse a meditar al medio del bosque.
—¿Puede ser tan radical?
Por supuesto. Puede provocar grandes cambios. Muestra verdades que están ocultas, agradables o no. Che, ¿en dónde paramos la conversación cuando fuimos a tomar mate en la rambla?
—Usted decía que un ritual de ayahuasca tenía 3 actos, que era algo aristotélico.
__Sí, el ritual que más frecuento es así: acto I, acto II, acto III. Hay otros que tienen dos actos, siempre con un prólogo y un epílogo. Lo que determina los actos, en mi experiencia, es la cantidad de dosis de ayahuasca y el tipo de música que se utiliza durante el ritual, las frecuencias espirituales que esa música, aliada a la ayahuasca, provoca en las personas que están en el ritual.
—Me llamó la atención eso del prólogo y del epílogo.
__Eso lo tienen todos los rituales. En el prólogo, puede haber una charla breve sobre la ayahuasca, sus efectos y la forma del ritual, las reglas, la duración, el equipo del lugar, etc. En ese prólogo ya se incluye la apertura del ritual, tanto espiritual como religiosa. Si es un ritual inspirado en la religión del Santo Daime, o sea universalista, con sincretismo religioso, se puede abrir el ritual con tres padres nuestros y tres aves maría, así como alguna invocación a espíritus protectores del lugar, como el arcángel Miguel. Si el ritual es más chamánico, es decir, prevalecen las tradiciones indígenas, se puede abrir de diversas formas. Por ejemplo, se abre con tabaco, donde cada integrante fuma tabaco (natural, enrollado en papel) y saluda a la madre tierra y al gran espíritu. El conductor de la ceremonia, fuma tabaco en una pipa, pasa por cada integrante, realiza una limpieza y puede esparcir o no perfumes de rosas. También se puede abrir la ceremonia con rapé, generalmente proveniente de la Amazonia, rapé indígena. El tabaco es una muy buena forma de comenzar. Ahora, en rituales más puristas, se usa solamente ayahuasca y no se permite usar ninguna otra sustancia. En los chamánicos, se puede usar también rapé, tabaco como ya mencioné, colirio, veneno de sapo y otras substancias, inclusive marihuana, llamada Santa María en el contexto religioso.
—¿Marihuana? ¿La chala? Me está jodiendo
_ Si marihuana, “maconha” en portugués, llamada Santa Maria como planta de poder. Sí, hay un conflicto grande, que en Brasil llegó a las autoridades, entre los que defienden el uso de marihuana (Santa María) y aquellos que la critican, incluso por ser una droga ilegal, que por lo tanto llega al ritual vía el tráfico de drogas. A diferencia de todas las otras que están legalizadas.
_Cerveza abierta, vasos llenos, acá empezamos hace tiempo nuestro primer acto.
—Dale, lo acompaño por solidaridad. La cerveza, además de ser alcohol, tiene gluten; es el alcohol que más baja la testosterona. El peor.
—Uh, qué rompe huevos, justo usted que está en esa onda psicodélica, con consumo de drogas.
—Es que la ayahuasca no es una droga.
—Bueno, es discutible. Pero dígame, usted toma esa bebida, ve cosas, vomita, se caga todo, ¿qué más le puede pasar a uno?
–Los rituales son largos, seis horas mínimo, hay que ir al baño. Caminar no es fácil. Uno camina bien mareado, se puede caer incluso y darse un porrazo. Eso cuando uno se puede levantar, a veces uno queda como aplastado en el piso, una, dos, tres horas, “emborrachado”, se dice en Brasil. Como pegado contra el piso.
— ¿Qué otra cosa puede pasar? Le pregunto porque tengo unos amigos que quieren experimentar eso, yo ni loco, me quedo con el mate, la cervecita y un pucho, de vez en cuando.
—Es bastante común sentir frío, mucho frío.
—¿Ah, ¿sí?
—Por eso hay que llevar una frazada. En los centros donde se realizan rituales siempre tienen frazadas de reserva. Me han puesto una, dos, tres frazadas.
—¿Por qué se siente frío?
_Es que baja mucho la frecuencia de la respiración… por eso, en general, te piden concentrarte en respirar.
—¿Qué más?
¿Fuera las limpiezas de vómitos y diarrea? Podés bostezar, bostezar mucho. Llorar es otro clásico; te cae una ficha, o sea, tienes un insight sobre algo que te pasó y llorás como un bebé, como en un melodrama mexicano.
—¿Ah, sí? ¿Y no molestás a tus compañeros del ritual? ¿Todo el mundo se da cuenta?
—Todo el mundo, es imposible ocultarlo. Tá todo bien.
—Qué vergüenza que yo tendría, mi Dios, por eso no voy a esas cosas, ¿qué quiere que le diga? Llorar en público, por cosas íntimas, no lo toleraría.
—¿Usted, que es futbolero, no lloró en un partido de fútbol?
—Por supuesto. En la tribuna, en casa viendo la televisión, pero lloraba por Nacional, por la selección.
—Bueno, acá es lo mismo, solo que en una ceremonia, acompañado de 20, 30, 50, 100 personas.
—Qué horror.
—Es que si usted está en un ritual tiene muchas cosas en común con esas personas, aunque sea circunstancialmente. Algo pasó, en los astros, para que se juntara toda esa gente con un objetivo común. Eso aplica a cualquier ceremonia. Entonces, no hay que tener vergüenza; está todo el mundo en el mismo barco.
—¿Hay más cosas físicas que pueden pasar?
—Sí, temblores corporales, movimientos de brazos y piernas involuntarios.
—Y usted me dice que no es una droga.
—Es que hay que abrir la cabeza. Es una planta de poder, es un concepto que viene del chamanismo, de los pueblos antiguos. Si no hay adicción, si no hay sobredosis, si no genera dependencia, no es una droga. ¿Alguna vez vio narcotraficantes de ayahuasca? No existen.
—¿No es algo que se venda como droga?
—No es algo que dé una ganancia que le interese al tráfico. Al contrario, la ayahuasca es muy conocida como un instrumento que corta la dependencia del alcohol, de la cocaína, del crack. También funciona mucho para la depresión, los miedos y la ansiedad.
—¿En serio? ¿No me está tomando el pelo?
—Pero no, tengo un gran amigo, artista, que se curó de un gran vicio en cocaína, frecuentando un ritual del Santo Daime durante años.
—Cuente más.
—La ayahuasca le hacía ver que dentro de sí había fuerzas malignas que necesitaban de la cocaína, que se alimentaban de la cocaína y de todo lo que traía. Fuerzas espirituales, me refiero. Esa conciencia le hizo ir dejando el vicio, porque sentía que dentro de sí, en su cuerpo, mente y alma, había dos fuerzas en pugna: una de vida, positiva, y otra de muerte, demoníaca. Hay templos de ayahuasca dedicados casi por completo a eso, a la recuperación de adictos y de personas con depresión.
—¿De depresivos?
—Claro, porque los depresivos muy depresivos terminan siendo, muy naturalmente, dependientes de drogas, sean legales o ilegales: antidepresivos, calmantes, cocaína, crack, alcohol, lo que sea.
—¿Cómo funciona el tratamiento para la desintoxicación de drogas?
—Por lo que me contaron, uno toma un vaso grande de ayahuasca y chau. Está amparado por cuidadores y por la gente de la casa, porque naturalmente esa persona va a hacer muchas limpiezas energéticas, o sea, va a vomitar y defecar bastante. Pero, atención, ese dependiente químico tiene que estar, por lo menos tres días antes, limpio, sin ninguna sustancia tóxica en su cuerpo. Ni drogas ilícitas, ni alcohol, ni drogas legalizadas tampoco; o sea, cero calmantes, hipnóticos para dormir, estabilizadores de ánimo, antidepresivos, sin ninguna de esas porquerías.
—Entendí, no es tan simple.
—Claro, el tema es cómo esa persona va a soportar esos tres días antes. Por eso se dice que la ayahuasca puede ser para todos, siempre y cuando haya un acompañamiento médico para estos casos complicados. El tipo no puede tomar fluoxetina y al otro día tomar ayahuasca. Calmantes como Plidex, Lexotan, Valium son menos complicados, pero tampoco se puede. Una conocida, muy depresiva, de toda la vida, fue a uno de esos centros que le comenté, y no fue fácil; cuando se despertó, había vomitado y defecado mucho. Pero se sentía muy bien, renovada, y eso fue el comienzo de una nueva etapa en su vida. Otra, la madre de un gran amigo, logró salir de una dependencia química en calmantes y antidepresivos de varias décadas, y después de los 50 años, dejó la ciudad y se fue a vivir al interior en una comunidad que gira en torno al ritual de la ayahuasca.
—Si el ritual puede ser tan difícil y tan sufrido, como usted cuenta, ¿por qué ir?
—Mire que hay gente que lo pasa bárbaro desde la primera vez. No fue mi caso; yo soy Escorpio. Pero, aun con momentos difíciles, hay, incluso en una primera experiencia más sufrida, gran parte del ritual llena de éxtasis, de euforia, de felicidad y conexión con lo sagrado. Y mucha información, mucha cosa positiva que después uno va a usar en su vida cotidiana.
—¿En serio?
—Sí, claro. La espiritualidad tiene que ser algo concreto, de aplicación práctica, en esta vida material que tenemos; si no, es una fuga. Mucha atención a la gente que se cuelga con prácticas espirituales, sea yoga, ayahuasca, iglesia católica, etc., y su vida es un desastre. Ojo, eso puede pasar.
—¿Cuente algo más sobre los momentos de éxtasis del ritual que usted mencionó? ¿Cómo son?
—Simplificando, después de que llegó toda la información, y después de que uno se deja llevar por la medicina, se experimenta una sensación de conexión con la naturaleza, con la madre tierra, con lo sagrado, con Dios o los dioses, o con algo superior (eso es de cada uno). Y eso provoca muchísima felicidad, éxtasis, alegría. El DMT (dimetiltriptamina) es el responsable del despertar espiritual producido por la ayahuasca; es, además, un poderoso antidepresivo.
—Explique eso de dejarse llevar por la ayahuasca.
—¿Se acuerda que hablamos de una estructura en tres actos?
—Sí, claro, aquello de Aristóteles; parece que usted habla de una obra de teatro.
—Bueno, el teatro empezó como ritual religioso. Describo aquí el ritual que frecuento más, que es con música grabada, ¿entiende? Otros son con música en vivo. Después de que se toma la primera dosis, cada participante se siente o se acuesta en un colchoncito, con su almohada, botellita de agua y una frazada. Ahí lo ideal es cerrar los ojos y esperar que la bebida haga su efecto.
—¿Cuánto demora en hacer efecto?
—Depende de la persona. Pero, en general, son unos 20 a 30 minutos. En ese primer acto, que es la primera parte o la parte más profunda del ritual, es en ese momento cuando viene mucha información. Si uno cierra los ojos, puede ver mándalas, formas geométricas de colores vibrantes y sentir la música de forma distorsionadas.
—¿Mándalas?
—Sí, patrones geométricos. La palabra viene del sánscrito. Una mándala es un patrón geométrico que representa el cosmos, la mente humana, la armonía y la integración. La palabra mándala proviene del sánscrito y representa, entre otras cosas, la relación del hombre con el cosmos.
—¿Y eso de ver mándalas le pasa a mucha gente?
—A la mayoría de las personas. Está relacionado con la cura de traumas y de dolores pasados, en esta o en otras vidas. O sea, que supuestamente, después de “consagrar” varias veces ayahuasca, las mándalas empiezan a desaparecer. Este primer acto, de la primera dosis, en general es el más profundo, el más importante. La conducción del ritual es fundamental: es la música la que determina las frecuencias del ritual. La recomendación es prestarle atención a la música. Eso y respirar bien y con calma. Este primer acto es intenso y de mucha introspección.
—Siga con Aristóteles che, no afloje. Yo sigo acá con la cerveza.
__Dos horas después, viene la segunda dosis. Lo recomendado es tomarla, pero muchos practicantes no lo logran. Es donde, por mi experiencia, empieza el segundo acto. Una vez tomada la segunda dosis, hay varias posibilidades: una profundización del aprendizaje espiritual del primer acto, aquí de una forma más suave y meditativa; una mezcla de insights con felicidad y euforia; o una peoría del mal viaje que provocó la primera dosis, o una superación, muchas veces después de una limpieza. Aquí, en general, las músicas alternan momentos introspectivos con otros más alegres.
__Un cigarro?
_ No gracias.
_Otra cerveza? ¿No? Siga con los actos, maestro.
__Más tarde, viene el tercer acto, donde las canciones son más alegres, tienen ritmo y donde algunos integrantes bailan alrededor de un fuego sagrado que está en el segundo salón. Bailando o no, el clima es mucho más de felicidad, unión y celebración por todo lo que se experimentó durante el ritual. Y se baila, claro, intentando seguir el mismo ritmo de los otros participantes: dos pasos para un lado, dos para el otro. Eso es característico de la tradición del Santo Daime, la religión que fundó el “Mestre” Irineu en las primeras décadas del siglo pasado en el estado de Acre, Amazonia.
—Me gustó eso de los tres actos, muy interesante.
—Otros rituales que conozco tienen una estructura en dos actos: la primera dosis y la segunda. Algunos tienen un primer acto que se prolonga interminablemente, una estructura más suelta. A mi eso no me gusta, soy director, usted sabe.
—Usted, por lo que veo, le recomendaría tomar ayahuasca a mucha gente.
—No sé, yo estuve décadas sin tomar. Si bien la primera vez fue en 2008 y no estuvo tan bien (el lugar, la gente y quién conduce el ritual son fundamentales), así que no va a ser ahora que voy a jorobar a todo el mundo. Es muy personal; hay que “sentir el llamado”.
—¿Sentir el llamado? Explique eso.
__Sentir el llamado es una expresión que se usa cuando uno siente una conexión para participar de un ritual de ayahuasca.
— A ver, explique eso.
_ Hay varias formas de sentir ese llamado, pero me parece mejor que lo dejemos para la próxima charla, ¿qué le parece?
—Me parece perfecto.
–Vamos a comer algo?
__ Que le parece una figazza con muzzarella? Mire que sentí el llamado.


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