MAURO BAPTISTA VEDIA / Parte 4. Tras casi un año lejos de los rituales, el regreso a la ayahuasca abre una conversación sobre respiración, control y entrega, las fronteras entre revelación y ego y la expansión mundial de una práctica amazónica que hoy interpela a la ciencia, la psicoterapia y la espiritualidad occidental.

DIÁLOGOS

—Sí, sí. Apenas unos días acá, visitando a la familia. ¿Y qué se cuenta?

—Y bueno, volví a la ayahuasca.

—No me diga. ¿Qué pasó? ¿Es por Peñarol? ¿Ha sufrido mucho últimamente?

—No, claro que no. Podría ser por Nacional también. Si son los dos un desastre.

—Ah, ja, ja, ja. Es verdad.

—Y bueno, ¿qué tiene para decirme? Rápido, que ando armando un mate para ir a laburar.

—Bueno, estuve mucho tiempo sin ir porque tenía que, digamos, llevar a la práctica todas las lecciones, todas las cosas que la medicina —como se dice en el lenguaje ayahuasquero— me había dicho que tenía que hacer.

—No me diga. ¿Sí?

—Sí. Abrió caminos, dio lecciones. Hay un trabajo posterior al ritual que consiste en separar lo que viene del universo, de Dios o del espíritu —como quieran llamarlo— de lo que viene del ego.

—¿Ah, sí? ¿Y cómo es eso?

—Bueno, después de que termina el ritual, uno llega a su casa, anota en un diario, piensa durante la semana. La ayahuasca quiebra la racionalidad, rompe muros y aparecen torrentes de sentimientos, *insights*, visiones y otras cosas. Pero después hay que filtrar toda esa información, que en general viene en forma metafórica.

—¡Ah, qué interesante!

—Usted sabe, yo recibí cosas importantísimas de la ayahuasca. Me decía, por ejemplo, que hiciera un cambio de ciudad, que me fuera al exterior, que es lo que estoy haciendo ahora. Y eso apareció casi en forma de *sketches*, de fragmentos de películas, con frases y voces que hablaban en el español castizo de Madrid, y aparecían toros, fútbol, flamenco, a partir de una canción que pusieron en español. Eran como pedazos de películas, como comedias. Es un lenguaje mío.

—No me diga.

—Bueno, se lo comenté a una amiga y me dijo: “Dios le habla a cada ser humano en el lenguaje y de la manera que ese ser humano puede entenderlo”.

—Mire usted.

—Ya lo hemos hablado. Si uno le da ayahuasca, no sé, a los esquimales, posiblemente tengan una visión relacionada con alguna divinidad de su propia cultura.

—¿Y cómo andan esas “limpiezas” típicas de un ritual que usted me contó?

—Bueno, en mi caso sigo igual, sin vomitar ni defecar. Este sábado tuve un ritual maravilloso. Fue el primer ritual realmente tranquilo y en el que sentí un control total.

—Ah, sí. Explíqueme eso después.

—Las llamadas limpiezas ayahuasqueras pueden ser defecar, vomitar, bostezar o llorar. Dos veces me pasó lo de defecar; vomitar, jamás vomité; llorar, varias veces; y bostezar, mucho.

—No me diga.

—En este caso tomé toneladas de agua y oriné mucho. Es como si limpiara la vejiga, cosas así. Cada uno es como es.

—Los rituales son muy diferentes, ¿no?

—Cada ritual es diferente del otro. Y este ritual, como ya le dije, tiene un componente cristiano y esotérico muy fuerte, pero lo que se practica es un abordaje universalista, donde conviven distintas divinidades y tradiciones. Todo el ritual tiene una diversidad musical gigantesca: músicas hindúes, chamánicas, new age, cristianas, gospel, instrumentales; desde Krishna Das hasta Robbie Robertson, de todo. Obvio que alucino sólo con pensar en poner Kashmir, de Led Zeppelin, o Stairway to Heaven, pero no soy yo el conductor.

—Usted me dijo algo de tener un control total. ¿Cómo fue eso?

—Bueno, sí. En todo este tiempo que estuve sin ir a rituales, casi un año, empecé a estudiar y a aprender a respirar con técnicas de yoga y de otro tipo. Está el breathwork, por ejemplo, y la respiración holotrópica desarrollada por Stanislav Grof. También hice algo de yoga y meditación.

Yo nunca respiré bien. Siempre respiré de manera muy superficial, y eso genera ansiedad. El truco es estar consciente de la respiración todo el tiempo porque, cuando la ayahuasca empieza a hacer efecto, la respiración puede volverse mucho más lenta y uno a veces pierde conciencia de ella. Ahí puede venir lo que se llama la “peia”, un mal viaje. Y aunque finalmente todo pueda resultar positivo, uno lo pasa mal.

La ayahuasca quema karma, trauma, miedos, dolor; disuelve. En mi caso, ya era hora de sufrir menos, mirar las cosas con más alegría y tener cierto dominio sobre el proceso.

Es interesante porque también es un ejercicio de presencia. La respiración nos da presencia, nos coloca en el aquí y ahora, pero al mismo tiempo uno tiene que acompañar todo lo que ocurre, dejarse ir, entregarse a la “medicina”.

En el momento en que me dije: “Bueno, ahora me tengo que soltar, entregar totalmente”, aquello se volvió una maravilla. Sentía la medicina recorriendo todo mi cuerpo y aparecieron visiones fractales, geométricas, espacios y profundidades en 3D, 4D, 5D, con una belleza estética de colores y sonidos inolvidable.

Ese día era para sentir y no para pensar tanto.

Después sí, como se dice en portugués, “cayeron muchas fichas”. Aparecieron muchos “hacé esto, hacé esto”, “no, esto es así, esto es así”. Hubo sentimientos muy fuertes. Siempre ocurre. Después uno tiene que filtrar la información que recibió porque, por más experiencia que tenga en rituales de ayahuasca, el ego siempre puede engañarnos.

Yo privilegié el control y el hecho de sentirme parte de un ritual colectivo. Después estuve prácticamente alternando entre meditar y bailar alrededor de un gran fuego, al que llaman “fuego sagrado”.

Fue un trabajo muy de celebración. No sentí que fuera un trabajo pesado. Hay rituales mucho más fuertes, más profundos. Este fue un trabajo con una energía más suave.

—¿Algo más, maestro? ¿Y cómo anda Brasil?

—Mire, vamos a dejarlo para después, porque para hablar de cómo va Brasil política, social y económicamente habría que tomar mucha ayahuasca.

—Bueno, bueno. ¿Algo más?

—Sí. Quiero enfatizar que la ayahuasca ha adquirido hoy una dimensión global y se encuentra en plena expansión. De ser una práctica históricamente vinculada a pueblos y territorios amazónicos pasó, en las últimas décadas, a constituirse también como una práctica espiritual cotidiana en Brasil y a ocupar actualmente un lugar cada vez más visible en los debates científicos, culturales, espirituales y políticos de Occidente.

En España está prohibida, pero genera muchísimo interés. Hay un investigador como Josep Maria Fericgla, catalán, que estudia la ayahuasca desde hace más de treinta años, organiza charlas y tiene un lugar en Ecuador donde participa en experiencias con los shuar. Desde los años ochenta estudia los estados expandidos de conciencia y los enteógenos, y desarrolló protocolos relacionados con el uso de la ayahuasca en psicoterapia.

Hay otros investigadores españoles destacados en relación con la ayahuasca, algunos vinculados al legado de Claudio Naranjo, el psiquiatra chileno que fue una figura central de la psicología transpersonal, la Gestalt y el eneagrama. Naranjo, a comienzos de los años sesenta, viajó al Putumayo colombiano para investigar el yagé, es decir, la ayahuasca.

Y agrego algo más. Hay una escuela de actuación muy reconocida en Madrid, fundada por un argentino, Juan Carlos Corazza, donde muchos profesores tienen formación SAT (Seekers After Truth).

Es difícil pensar hoy en alguien del mundo occidental que sea un buscador espiritual y que no sepa qué es la ayahuasca, no haya oído hablar de ella o no la haya experimentado.

Y acaba de realizarse el Foro Mundial de la Ayahuasca, celebrado en Girona, Cataluña, España, del 11 al 13 de septiembre de 2026. El encuentro reunió a líderes espirituales y representantes de pueblos indígenas, investigadores, científicos, artistas, profesionales, facilitadores y participantes de diferentes partes del mundo.

—¿Y hubo rituales de ayahuasca?

—No, señor. ¿No le dije que está prohibida en España? Posiblemente casi todos esos investigadores, facilitadores y líderes indígenas la hayan experimentado en Ecuador, Perú, Brasil, Colombia y otros países latinoamericanos, como Uruguay y Argentina, donde también hay rituales.

Brasil tiene toda una tradición ayahuasquera de décadas porque, en un contexto religioso, su utilización está permitida. Hay decenas, centenares de lugares donde uno puede participar en rituales con ayahuasca, dentro de determinadas normas y controles que no vienen al caso ahora.

Todo esto ocurre, además, en el contexto de un nuevo auge del estudio y utilización de sustancias psicoactivas para abordar adicciones y depresión, mejorar la calidad de vida y explorar posibilidades de desarrollo humano.

La ayahuasca no es solamente curación. También es expansión de la conciencia y conocimiento de uno mismo. Es un camino largo.

Por eso existe un interés mundial creciente por la ayahuasca, por los hongos —la psilocibina— y por el LSD.

—Capisco. Pero yo, por ahora, me quedo con el faso, mi grapa miel y un pucho de vez en cuando, ¿entiende?

—Le voy a terminar con un dicho sabio: “La ayahuasca es para todos, pero no todos son para la ayahuasca”.