Y la pregunta es: ¿cómo llegamos los seres humanos hasta aquí?

ENSAYO

La idea en esta cuarta entrega es seguir soñando como lo vengo haciendo en los ensayos anteriores

Por Fernando De Lucca

Intentaré comenzar con una respuesta algo radical. Los seres humanos podríamos ser menos dependientes del afuera y buscar por lo tanto respuestas más dentro de sí; lo que llamamos “ser nosotros mismos”. Espero que no se confunda lo que planteo con la idea de un individualismo aún mayor del que ya existe y que nos ha llevado a perdernos de un contacto con el mundo, especialmente con nuestros pares. Podríamos conectar todo aquello que pasa por nuestra mente y nuestro camino personal en la vida sin creer que debamos considerarlo solamente a la luz de nuestro intelecto y aún más, de nuestra lógica. La lógica es una referencia fundamental y el intelecto una herramienta indispensable siempre que sean una parte del todo que realmente somos. Necesitamos lograr que espontáneamente admitamos que razón y lógica sean una de las partes del todo. ¿Qué es el todo? El todo es un “fondo” que poseemos y donde coexisten en múltiples “mezclas” nuestros sentimientos, nuestra inteligencia y nuestros actos junto a nuestros recuerdos, fantasías, traumas, alegrías, sentidos, intuición, destrezas, placeres, dolores y como si fuera poco, la historia en nosotros de todo lo ancestral propio y general. El “todo” es inabarcable. Esto explica lo que ocurre cuando prevalece una cualidad por encima de las otras y se produce un desbalance en nuestro ser. Si esto es incentivado por una actitud general en nuestra parentalización –familia- y por un proceso educativo externo, la legitimización del racionalismo se hace estable por el  hecho de generar pertenencia y fidelidad a lo familiar, social y cultural. Podríamos decir que: la comunidad legitima nuestras necesidades. Solo que la legitimidad produce salud o todo lo contrario. Lo saludable tiene “características” –y es importante que sepamos que lo enfermo es la manera en que lo saludable se derrumba, se daña o más habitualmente se confunde. La salud proviene de una manera integrativa de ser-en-el-mundo,…VIVIR DESDE Y PARA EL TODO. La sombra aparece cuando esto se convierte en una ideología –ideas a priori y previas a la prueba de realidad-, prima hermana de la confrontación y fragmentación fuera y dentro de nuestro ser. Aparece cuando entramos en una uniformización que destruye la creatividad, el compromiso y la disciplina necesaria para sostener cualquier cosa en nuestra vida, etc. etc. No es tan fácil legitimar “lo saludable”.  

¿Cómo podríamos hacer entonces?

Educación.

¿Qué forma tendría esta educación?

Hasta ahora en realidad la educación ha sido en general una forma de control a través de no salir de normas colectivas y relativamente distantes de lo que realmente necesitamos y deseamos.

Podríamos intentar generar una educación que amplíe la espontaneidad instintiva.

¿De qué se trata y como sería esto puesto en práctica? 

La respuesta podría ser la siguiente: a través de la inspiración de una actitud integradora. No se me ocurre algo mejor que la intuición. 

Para usar la intuición necesitamos ser indiferentes a los opuestos. Los opuestos nos tientan constantemente a elegir una posición ante las cosas y desplazar otras que no puedo aceptar por ser sencillamente lejanas a mi hábito de ver el mundo. La indiferencia del latín indifferentia, es el estado de ánimo en que una persona no siente inclinación ni rechazo hacia otro sujeto, un objeto o un asunto determinado. Puede tratarse de un sentimiento o una postura hacia alguien o algo que se caracteriza por resultar positivo o negativo.

Hay algo dentro de nosotros que sabe lo que está bien. El Amor es constitucional. Así es que lo único que sí parece importante en la parentalización y educación del niño o niña es que se estimule y canalice ese sentimiento así como también el autoconocimiento que radica en saber más acerca de nuestra personalidad y motivaciones más íntimas. La transmisión de conocimientos es algo relativamente simple y para ello es imprescindible una metodología pedagógica que sea atractiva. Indudablemente tiene que involucrar

el cuerpo ya que la informática incentiva la inmovilidad corporal y el sedentarismo a límites inconcebibles. Podríamos considerar que estimular lo instintivo en la educación no es solamente generar espontaneidad sino también actuar contra el aburrimiento, el olvido y la indolencia mientras utilizamos nuestro cuerpo para movemos y sentir la vida en sentido literal. 

La comunidad en que vivimos es de trascendental importancia. Lo que surge de ese colectivo genera actitudes que a su vez van a favor o en contra de nuestra salud biopsicosocial. ¿Cómo sabemos en qué sentido vamos? Lo sabemos en la medida en que nuestros “indicadores energéticos” nos informan. La alarma comienza con la falta de interés, sigue con vicios a situaciones evasivas y llega a su máxima expresión con el cuestionamiento del deseo de seguir viviendo Lo contrario a esto es la natural tendencia a sentirse vivo y al deseo de conocer el mundo y auto conocerse. El desafío es pasar de la euforia enferma a la alegría calma y por sobre todas las cosas la solidaridad conmigo y con los otros. Podríamos colocar un ejemplo. Sabemos que el control del fuego por  parte de nuestros más antiguos ancestros provocó confrontaciones. El tiempo hizo que no pudiera impedirse que esto fuera usado por todos y cada uno de los seres de este mundo y nada le ocurrió a nadie por el simple hecho de que TODOS lo usaran y tuvieran libre acceso a ello. El fuego se convirtió en algo que la comunidad humana sencillamente considera como parte natural de su cotidiano. Si sabemos algo de historia y la usamos positivamente, llegaríamos a la idea de que todo descubrimiento interesante traído por alguien es por condición natural de todos, pues si no es así, tarde o temprano lo será irremediablemente. El beneficio colectivo tiene que ser la razón primera de toda comunidad. Sin embargo para que esto ocurra debemos estar en un constante dialogo. Y el dialogo es el camino del respeto y viceversa. 

La comunidad está constituida por individuos y estos libremente elegirán vivir cada una de las conquistas que provienen de la comunidad. Sin embargo, para que esté asegurada la libre elección individual de cada uno de estos aspectos, ha de haber un liderazgo basado en el amor, la comprensión, la benevolencia, la empatía y el deseo de que todos alcancen la alegría y la comprensión de sí mismos. Como si fuera esto poco, se tendrá que promover la responsabilidad de sí mismo y la del prójimo con tolerancia y sabiduría. Saber que todos somos diferentes y que esa diferencia es la riqueza ha de ser lo importante. ¿Podremos lograrlo?

La actitud de un individuo se multiplica por toda la comunidad.

Todos los “ismos” refutan esta forma de experimentar la vida pues contienen dos cosas. La primera es que pueden convertirse en más importantes que lo peculiar y diferente y por ello uniformizan la vida. La idea supera al ser. Lo segundo –que se desprende de lo primero- es que conduce a la fragmentación donde se necesita acatar y excluir.

¿Podremos vivir sin “ismos”?

Podremos; siempre que el amor al prójimo sea la forma en que uno se ama a sí mismo. 

Un sueño: un hombre de más de 60 años sostenía con sus manos a una bebé niña y la colocaba con todo el cuidado y el tiempo del universo dentro de una mantita en forma de nido con una delicadeza que solo podía provenir de un Amor sublime, excelso, verdaderamente humano. 

Este hombre quedó profundamente tocado al recordar su sueño al despertar. Lo contó en su comunidad. Lo hizo en todos los fogones que pudo. Contó cómo se sintió al despertar de algo tan transformador. 

Y no hubo vez que no se emocionara al hacerlo…algunos empezaron a cambiar la forma de tratar a sus hijos…

Como dije: la comunidad legitima nuestras necesidades.

Esta vez fue el Amor.

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