Hoy quiero evocar algunos momentos recientes en los que la realidad que choca contra nuestra vida y la interpretación que la vuelve comprensible y la convierte en recuerdo, en memoria más o menos fiel, se encuentran y cambian nuestras vidas, para bien o para mal. Las tres escenas que voy a describir sufren una transformación que con excesivo optimismo William James juzga positiva, y que tiene lugar a causa  de la modificación que nuestros signos inevitablemente traen al mundo: 

          En nuestra vida cognitiva tanto como en nuestra vida activa somos creativos. Nosotros agregamos tanto a la parte sujeto como a la parte predicado de la realidad. El mundo es realmente maleable, a la espera de recibir sus toques finales de nuestras manos. Como el reino de los cielos, sufre la violencia de buen grado. El ser humano engendra verdades en aquel. (W. James, 1907 – énfasis en el original)

ENSAYO

Por Fernando Andacht

Soy mucho menos optimista que James, y en lo que sigue me detengo a pensar en tres ocasiones en las que lo que engendra parte de la humanidad son mentiras o supresiones de la realidad, que es otra forma de mentir. Para ese fin, escribo sobre una marcha multitudinaria hecha en nombre de la libertad ciudadana, para resistir el embate del interminable relato de crisis sanitaria. Reflexiono también sobre un momento de una ceremonia nocturna, el cierre musical de la Rural del Prado, que fue televisado para mayor gloria de la fe covidiana. Y por fin observaré detenidamente un spot publicitario de yerba que proclama a viva voz y a toda diversidad la “Libertad matera”, como un anestésico bebible para que no nos duela la flagrante supresión de libertades llamada “crisis sanitaria”. 

No hay duda de que nuestra creatividad suma a aquello sobre lo que pensamos – el sujeto – y también al modo en que pensamos sobre eso – el predicado de lo real. Sin esa capacidad, no habría ocurrido la abigarrada y numerosa marcha del sábado 18 de setiembre de 2021, en Montevideo. Pero a esa libertad de expresión respondió la libertad de supresión de los medios masivos de (in)comunicación. La segunda acción unánime y sigilosa engendra mentiras en el mundo de la vida, porque se encarga de ocultar por completo el sujeto – la resistencia al autoritarismo sanitario – y de ausentar el predicado de la mirada social – la manera en que esos miles de ciudadanos tomaron las calles para expresarse.  

Quiero mostrar que lejos de ser subliminal, como asegura el lugar común, el modo en que la publicidad engendra engaño es casi obsceno, pues expone de modo vocinglero a nuestros sentidos su peculiar visión política del buen vivir. En tiempos de una creciente amenaza liberticida, un anuncio de Yerba Canarias nos invita a celebrar eufórica y libremente los diversos modos de tomar mate, siempre que lo hagamos dentro de la hermética burbuja individual, solitaria pero totalmente satisfechos. Mirar por la tele una nutrida platea nocturna rigurosa y completamente vacunada, mientras disfruta al aire libre de la orquesta municipal y de sus anchos tapabocas es una breve y potente lección de educación cívica covillera: ¡miren qué buen ejemplo! Estamos ante otro modo de engendrar no verdades, de difundir la adhesión masiva a una antojadiza e impositora definición política del significado de signos protagónicos como  ‘vacuna’, ‘salud’, y una forma de  ‘discriminación’  alegremente auspiciada por el Estado. 

La marcha que desapareció por arte de censura previa

El sábado 18 de setiembre, en varios puntos del país, se convocó a marchar como respuesta a la amplia convocatoria del “Rally Mundial por la Libertad”. Lo que ahora cuento lleva la marca del lugar donde lo viví y caminé. Desde la Plaza de la Bandera, en la temprana tarde de un día que dudaba entre ser ya primavera o volverse húmeda y fría niebla invernal, los muchos allí reunidos emprendieron la marcha con carteles, banderas nacionales, o sólo sus voces que gritaban entre otras proclamas “¡Libertad!”. Éramos varias cuadras cubiertas de una abigarrada multitud cuyo ánimo iba de la alegría al hartazgo catártico. La alegría era por ver que había tanta gente que se sintió convocada y conmovida por la propuesta de mostrar y mostrarse escépticos sobre la legitimidad y justificación del Estado Pandémico Nuevonormal. El hastío encontraba su expresión natural en el hecho de poder decir públicamente que no creemos todos en la bala mágica de una sustancia experimental e inyectable como el feliz final de un relato mediático truculento y excesivo hasta la pesadilla. 

Esa fue una movilización cívica hecha sin partido político alguno y con la convicción de que dudar es saludable y de que nadie tiene el monopolio de la buena vida, ni el poder de decretar significados a su antojo y conveniencia.  Porque los signos ‘pandemia’, ni ‘vacuna’, ni ‘inmunidad de rebaño’ no han permanecido incólumes desde la extensa y creciente intervención de un poder supranacional y político, sino que han sufrido gran violencia, al decir de James, y poco queda de su definición original. Si tuviera que resumir el ánimo de esos miles de personas reunidas en el Parque Rodó, tras la ocupación móvil y animada de Bulevar Artigas, diría que la gran bandera invisible pero inteligible que ondeaba briosa sobre ese colectivo dispar en movimiento lucía la frase No a la traición disfrazada de cuidados (cada día más intensivos). 

Hubo algún discurso, y música animada por el vigor de la duda, como decía una de las canciones que fueron haciendo los músicos autoconvocados en el parque. Pero lo que más hubo fue el hecho inocultable de haberse decidido a caminar juntos, y a llegar hasta ese punto lindero con el larguísimo abrazo que le da Montevideo al Río de la Plata. La semiótica tiene un principio según el cual el fin de todo signo es ser representado en otro signo más desarrollado, que sigue así su camino entre la personas. El destino natural de la multitud de expresiones manifestadas por esos miles de ciudadanos era alcanzar al resto de la sociedad, para que la buena nueva llegase a quienes no habían llegado hasta allí. Pero eso no pudo ser por la decisión tomada por las Fuerzas Mediáticas Conjuntas. Absoluta y obedientemente, todos los canales montevideanos, comerciales, estatal y municipal decidieron cancelar, desaparecer el registro de esa presencia de rebeldía, de desobediencia civil al imperio sanitario y covidiano. Fatigué ese fin de semana el control remoto, y nada de nada. Incrédulo volví a la carga el lunes para encontrar al menos alguna alusión peyorativa a “los antivacunas”, pero no, esos miles de ciudadanos brillaron por su ausencia de todo canal montevideano. 

Tan solo encontré una nota periodística cuyo título tenía como cometido empequeñecer a su mínima expresión cívica y malversar el gesto de la multitud reunida y convencida de que la Nueva Normalidad no es más que una máscara para profundizar una grieta y discriminar a mansalva: “Al grito de libertad y mercenarios Salle lidera marcha antivacuna tras resolución de la Institución Nacional de Derechos Humanos” (El Observador, 18.09.21). De forma económica y pérfida, este modo de enmarcar la noticia buscó varios objetivos: a) convertir a los miles de participantes que respondían libremente a una convocatoria internacional en seguidores de una figura político-partidaria; b) el atributo ‘antivacuna’, como ‘negacionista’ o ‘conspiranoico’ es una estrategia “desvalorizadora y deshumanizante”, como escribe Rushworth (2021), que sirve para justificar el ignorar los argumentos críticos y atendibles que tenemos quienes objetamos a la brutal imposición de la existencia pandémica; c) una estrategia discursiva que distorsiona el sentido real del extenso y masivo acontecimiento es limitarlo y definirlo por lo ocurrido en sólo un punto del extenso trayecto. Allí, donde El Observador destaca la intervención de Gustavo Salle y su megáfono, hubo en efecto una detención de la marcha, rumbo al Parque Rodó, y el aludido criticó a esa institución. Pero ese acto no transformó mágicamente a todos los allí presentes en sus seguidores, ni en sus futuros votantes. Quizás ese mismo razonamiento motivó la decisión de las Fuerzas Mediáticas Conjuntas de ocultar al amable público televidente la multitudinaria marcha del sábado 18 de setiembre. Aquí no ha pasado nada, supongo, es lo que pensaron las cabezas viejas temerosas y unívocas que dirigen esa poderosa institución, porque lo que no se ve en la tele es como el aplauso de una sola mano.

Ese mismo día, el sábado 18 de setiembre, en una reunión de gobernantes latinoamericanos, el presidente uruguayo hizo una declaración sobre la falta de democracia en tres países que eran parte de ese evento. Uno fue Cuba. Lo menciono porque los canales sí incluyeron en su selecto menú del fin de semana lo que llamaron “una repercusión” de ese discurso. El domingo 19 por la mañana, en la Plaza Independencia, frente a la Torre Ejecutiva, integrantes del grupo “Cubanos Libres en Uruguay” se dieron cita para apoyar lo dicho por Lacalle Pou sobre su país. Esa presencia pública fue descrita  por el diario El País como “una veintena de cubanos”. Sin embargo, ni la foto con que se ilustra la nota, ni la cobertura televisiva del fin de semana, permitió ver más que una decena de personas. Le pido al lector que haga el mínimo cálculo de relevancia cívica: ¿por qué miles de uruguayos marchando en contra de la vida protocolizada y agrietada que se intenta imponer como una irreversible nueva-anormalidad no merece siquiera un minuto de aire televisual? ¿Por qué ese exiguo grupo de inmigrantes cubanos sí es auspiciado por la tele y transformado en una noticia digna de ser conocida? 

Lo cierto es que los muy numerosos y denostados antivacunas no consiguieron extraer su ausencia de las pantallas televisivas, a pesar de haber aturdido las calles y ocupado de modo visible y pacífico un espacio tradicional y vecino de la Rambla. Todos ellos fueron declarados írritos y nulos del punto de vista televisual y anti-democrático, como si ese poderoso consorcio que posee el monopolio de lo visible masivamente hubiera gritado al unísono: ¡Viva la libertad de supresión! Pero ocurre que el suyo no es un servicio privado sino público, y lo que sucedió durante varias horas de auténtica expresión ciudadana no debió nunca ser suprimido, porque la sociedad tiene el derecho de saber, de conocernos en toda nuestra vital complejidad resistente.  

Auspicio televisivo de una escena covidiana absurda y nocturna 

Hay un verso que le gusta citar a Borges porque rompe con elegante elocuencia la estructura normal de la frase. Proviene del poeta latino Virgilio, de su Eneida y en castellano dice así: “iban oscuros bajo la solitaria noche entre sombras”. La descripción del viaje infernal se enriquece y vuelve memorable, porque se desplazan los adjetivos, se comete una violencia contra el orden normal, previsible de la frase. En el verso no es la noche la que es oscura – una obviedad – sino quienes avanzan cubiertos por ella; no son los protagonistas los solitarios, sino el momento nocturno en que hacen su trayecto el que así se describe. Algo similar pensé cuando todas las fuerzas autoritarias de los canales conjuntos se ocupó en mostrar con obvio placer la ceremonia de cierre de la Rural del Prado 2021, el domingo 19 de setiembre. Supongo que es del todo previsible que estas Fuerzas Mediáticas Conjuntas se ufanen y deleiten al mostrar las casi unánimes máscaras de quienes escuchaban el concierto de la Orquesta Municipal, al aire libre de la fría noche. De toda esa platea, las cámaras se detuvieron absortas en la primera fila, para exhibir y destacar la presencia jerárquica de la intendente de Montevideo, tan embarbijada como la funcionaria que a su lado la secundaba, también oculta detrás de su propio y vistoso barbijo. Y entonces pensé en describirlas con una ayudita de Virgilio vía Borges, con ese perfecto verso latino que altera creativamente el orden normal del lenguaje, como las máscaras

alteran la vida normal del mundo de la vida, “Ibant obscuri sola sub nocte per umbram” podría traducirse en esta escena tan visibilizada del bizarro reino de Pandemia así: Disfrutaban televisadas bajo la enmascarada noche al pleno aire.

No logro imaginar una escena más irrisoria y confirmatoria del motivo por el cual tuvo lugar la muy nutrida marcha a favor de la libertad del día anterior, contra la imposición controladora de la vida que busca implantar la grieta sin retorno posible de los que caminan al son vacunicida y quienes no quieren hacerlo. Si en ese lugar de Montevideo existía la certeza absoluta de que todos los allí presentes estaban vacunados o muy recontra-vacunados, y además de la música todos estaban cubiertos por el ilimitado cielo montevideano, ¿para qué querían cubrir su rostro con los irrisorios tapabocas? Ese fue otro triunfo de la televisión unánimemente pandémica de cada día: nos mostró que así en la Rural del Prado como en todo rincón del país, la Ley no escrita ni legal manda tapar bocas, y a vacunar interminable e inútilmente a toda la población. En boca tapada no entran moscas ni salen protestas. Amen.  

Con libertad controlada tomo solo  y no temo 

La proclama patriótico-comercial que lanza a todo pulmón y mucho paisaje uruguayo Yerba Canarias en su spot publicitario “La libertad de tomar lo que te gusta” es una adhesión abyecta a lo nuevo-anormal con sabor a mate sumiso, pero disfrazado de grito emancipatorio. Encuentro en esta publicidad televisiva una nueva forma de engendrar mentiras en el reino de la vida, contra el optimismo de don William James, que creyó únicamente en el surgimiento de verdades por obra y gracia de los signos de cada día. 

El viaje del spot publicitario se inicia en un imponente paisaje  de serranías, sin otra presencia humana que la de alguien visto fugazmente de espalda. Su mano ávida se dispone  a alzar el mate depositado sobre una pequeña mesa como si fuera un cáliz de tierra adentro. La escenografía del anuncio y su banda sonora con mezcla de sonidos naturales y música solemne subrayan la irrealidad de la escena. Un salto del montaje nos conduce a la Plaza Independencia con palomas al vuelo, seguido de una toma de los labios del hombre en el campo muy cercanos a la bombilla enhiesta. A él le escuchamos recitar solemne, como si fuera un político que abrazó la causa matera, el discurso que sigue: “Hoy quiero invitarlos uruguayos a levantarse para defender y promover la libertad de tomar mate en todas sus formas. Seamos libres de tomar el mate de calabaza, silicona, cerámica o en vasitos de vidrio” Mientras suena estentórea la proclama de Yerba Canarias, vemos una rápida secuencia de calderas a todo vapor, y de mates hechos de los materiales que describió la voz en off del narrador. Cada uno de los consumidores filmados eleva su mirada, como si escuchara una voz celestial que lo interpela en su condición de matero, más que de ciudadano. También nos muestra el anuncio la guiñada de un hombre joven y barbudo que toma mate en un vasito, de pie en su casa. 

“¡Montañistas y laguneros sean unidos, porque esa es la ley primera!”, avanza vehemente y humorístico el estadista de la causa del mate, apoyado en el Martín Fierro, para pedir tolerancia de los diversos modos de preparar el brebaje. En ese preciso momento, la pantalla es ocupada por dos hermanos mellizos. Ellos son la excepción al catálogo visual de individuos rotundamente solos con su propio mate,  todos ellos prontos para disfrutar a pleno de su nueva-anormalidad. Pero ni siquiera el obvio lazo fraterno del par de hermanos les permite a compartir sus mates. Cada mellizo empuña con evidente orgullo su mate clásico y personal, no compartible en absoluto con nadie. Prosigue la proclama con su apelación humorística a la mayor diversidad: “¡Salgan de las sombras amantes del mate dulce!”, mientras vemos al mismo hombre con barba ahora sorprendido in fraganti en el acto de endulzar el brebaje. La broma avanza y sube de temperatura: “¡Defendamos nuestro derecho de gritar a los cuatro vientos ‘¡Le pongo cáscara de naranja al mate!’” La frase gritada proviene de otro hombre joven con barba, quien desde un balcón hace llegar su pasión exasperada a todos sus vecinos, mientras hace una enfática gesticulación con sus brazos. 

Con ese mismo espíritu liberador y libertario, el llamado se extiende a “las nuevas generaciones”, para lo que el anuncio de Canarias nos muestra a un representante de ese  grupo etario instalado frente a su computadora, en un sillón para videojuego, acompañado de un mate con entrada para la computadora. El discurso continua en su previsible recorrido con un encendido elogio del disfrute de la máxima libertad ciudadana: “Respetemos la libertad de culto y de expresión acá y en cualquier lugar del mundo”. La frase grandilocuente ya cercana al clímax narrativo es ilustrada por una galería de diversos consumidores de mate que culmina con la visión de un extranjero de sonoro acento anglófono. “Pero por sobre todas las cosas, seamos libres de disfrutar los sabores únicos de nuestro país, por eso ahora con un mate en el corazón, juremos no ser tímidos y defender los principios de la Libertad Matera.” Los personajes que ya vimos obedecen al reclamo de la voz en off, y llevan a cabo el solemne juramento, desde diversos puntos de la ciudad. Tras la emotiva ceremonia, en pleno espectáculo solemne-paródico, la publicidad nos lanza la frase que llega para culminar esta apología de un hábito uruguayo radicalmente alterado, desfigurado: “Porque no hay mayor libertad que tomar lo que te gusta. Canarias, el mate de mi país”. 

Esta suerte de recreación matera y lúdica de la jura de la bandera o de una declaración de derechos humanos hizo un notorio esfuerzo retórico para ser recibida como una simple y leve broma, como un juego inocente para unirse a la ideología de la diversidad, y comunicar un mensaje de tolerancia junto con la alabanza de la yerba Canarias, aún sí se lo construyó en clave de comicidad. ¿Qué habría de malo en sumarse a una sociedad más abierta a lo diferente, aunque esas diferencias no sean las identidades habituales – género, raza, clase social – sino las relacionadas a los modos de consumir la bebida nacional por antonomasia? 

Al igual que el ocultamiento sigiloso y absoluto de la Marcha por la Libertad, de esa apropiación entusiasta y multitudinaria de la convocatoria que tuvo lugar en muchos países del mundo el sábado 18 de setiembre, la alabanza publicitaria a la libertad  matera es un mensaje desvitalizador, contrario al significado mismo del mate. Todos los personajes del relato eufórico y patriótico del relato creado por esta marca de yerba están completamente solos, y cuando aparecen unidos por un inocultable lazo sanguíneo, ni siquiera los hermanos comparten su mate. No tomarás mate con otro, ni siquiera con tu hermano, es el mensaje de resonancia bíblico-paródica de esta publicidad. Lejos de lamentar esta situación, la narrativa conformista y nada emancipatoria de yerba Canarias emite con vigor y falsa solemnidad un llamado a someterse, a tomar en soledad nuevoanormal el mate de cada uno, sin andar infectando el mundo de la vida, sin integrar al otro, según el ritual de sociabilidad que era una parte importante de la uruguayez cotidiana. No es la resignación lo que proclama el aviso de Canarias a viva voz, sino una alegría maníaca y sin fundamento alguno por hundirse con todo el cuerpo y el alma en un mundo donde la grieta nos separó de quien ya no es más prójimo, sino un ‘infectante’, o peor un ‘negacionista’ irresponsable y criminal.

Tres modos de engendrar engaño en el mundo de la vida

No creo que pueda haber una triple combinación más funesta que estos signos cotidianos dedicados a suprimir todo rastro del cuestionamiento ciudadano de la Ley injusta, a exaltar la sumisión irracional a la ortodoxia covillera, y a celebrar una libertad irrisoria, negada, cuando la libertades fundamentales sobre nuestra vida están seriamente amenazadas.

¿Por qué hubo un total ocultamiento de una marcha llena de vida, de vigor, en la que una multitud de personas se reunió desenmascarada para desenmascarar un relato que hace agua por todos lados? ¿Qué puede explicar que esa expresión ciudadana no mereciera siquiera un minuto, algunos instantes de cobertura mediática por parte de los esbirros de las Fuerzas Mediáticas Conjuntas? El modo en que procede esta institución desde marzo de 2020 se asemeja mucho al régimen de censura y exclusión puesto en práctica por aquellas otras fuerzas del Estado terrorista en los años 70. Para el actual régimen sanitario de excepción es inaceptable el acceso televisual a esta forma de resistencia que ocupa la ciudad a viva voz, y por eso la silencia, la suprime de sus pantallas cómplices. Contrasta fuertemente con ese signo cero, con la eliminación radical de la evidencia de la presencia de ese numeroso grupo ciudadano la complaciente exhibición de una platea de espectadores musicales en el cierre de la Rural del Prado. La visión de tantos seres enmascarados y rigurosamente vacunados instalados allí para escuchar la música municipal, al aire libre y nocturno fue coronada por la imagen televisual de la Jefa Comunal y de su escudera, ambas parapetadas detrás de sendos barbijos. 

Otra forma de engendrar falsedad en el mundo con los signos es el servil apoyo publicitario de un producto tan familiar como el pan de cada día. El mensaje de Canarias apela a un sometimiento completo, eufórico, y lo hace insólitamente en nombre de la libertad. Nada podría ser más cínico o desubicado que colocarse bajo esa bandera, cuando la Nueva Normalidad arremete un día sí y otro también contra las libertades, contra los derechos básicos de los ciudadanos. No se trata, por supuesto, de la supresión del derecho a ponerle azúcar o cáscara de naranja al mate; la real y ominosa amenaza es contra la libertad de poder circular sin la opresiva carga de máscara, distancia, y un pase sanitario. De esto último nada nos dice el aviso de la yerba Canarias, que con intenso fervor solicita que “Con un mate en el corazón nos sum(e)mos a defender los principios de la Libertad Matera”. 

No podemos olvidar que gracias al apoyo de ese humor publicitario aparentemente inofensivo, al atronador silencio de la censura televisiva, y a la saturación de imágenes masivas que sólo tienen sentido en el interior de un relato pandémico interminable y asfixiante, nuestra libertad disminuye cada día. No dudo, como afirma William James, que el mundo sea, en efecto, “maleable y que (esté) a la espera de recibir sus toques finales de nuestras manos”, pero más que nunca debemos poder entender que hay signos como los que ahora describí que buscan reducir, distorsionar la verdad, e inutilizar nuestro espacio disidente. Si queremos “engendrar verdades”, sólo contamos con nuestra creatividad para forjar y para interpretar signos de vida poderosos, capaces de resistir el poderoso y funesto asedio de la Nueva Normalidad.  


Referencias

James, W. (1907). Pragmatism. A New Name for Some Old Ways of Thinking. New York: Longmans, Green and Co.  

Rushworth, S. (2021). A reflection on covid mania.  https://sebastianrushworth.com/2021/09/23/a-reflection-on-covid-mania/

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