«De repente, la respuesta a la pregunta que me hice durante veinte años se volvió clarísima para mi»

CONTRARRELATO

Una mirada a cómo se instaló el autoritarismo en Checoslovaquia resulta inesperadamente ilustrativa. Cómo, si no se hace nada y se sigue obedeciendo a políticas sin sentido ni discusión, el resultado será la instalación de una sociedad autoritaria.

Por Allan Stevo (*)

Recién empezado este siglo, me encontraba parado en uno de los recintos del poder político de la antigua Checoslovaquia, después de escuchar la enésima historia de horror del comunismo, y me dije a mí mismo «Me gustaría poder vivir un poco en el comunismo, para ver cómo es que la gente normal permitió que todo esto ocurriera».

No podía creer que esta estable y próspera democracia de entreguerras se hubiese metido en la agonía del comunismo estalinista y su confusión psicológica. Sin embargo, fue poco después de la Segunda Guerra Mundial, en 1948, que los comunistas llegaron al poder, y entonces había mucha «nueva normalidad» para administrar, luego de los horrores de la guerra. Igual que en nuestra era actual, hubo incluso un período del comunismo checoslovaco llamado normalizacia, o normalización.

¿Qué era esta cosa llamada normalización? Era la «segunda ola» del estalinismo, liderada por la vieja guardia; un regreso, después de la liberalización de la Primavera de Praga de 1968, al comunismo más opresivo: una «nueva normalidad».

La normalización duró desde el otoño de 1968 hasta el 17 de noviembre de 1989, cuando se puso en marcha una revolución pacífica en la antigua Checoslovaquia.

Las normalidades de la vida bajo el comunismo 

Desde el estado de vigilancia, a mandar a las minas de uranio a los prisioneros políticos, y a otros castigos horribles por pensar lo incorrecto: no hay universidad para tus hijos, no tienes permiso para seguir la carrera deseada, no tienes permiso para viajar (a menos que seas realmente insoportable, difícil de reprimir, y quieran deshacerse de ti); de ahí se pasa al control total de casi todos los aspectos de la vida de todas las personas, prisioneros políticos o no, y a la dominación total de los medios de comunicación y la cultura para los fines políticos del gobierno -e incluso hubo una cultura oficial bien financiada y fomentada, y una cultura no oficial.

Si uno se mantenía obediente, en su mayoría lo trataban bien en comparación con los demás. Si te acercabas a los más poderosos, eras tratado mejor. En pocos años, y del nivel más alto al más bajo, ya nadie en la sociedad vivía bien. A medida que pasaba el tiempo, la diferencia entre occidente y el este se hizo más marcada. Prácticamente todo era un poco raro en el este.

¿Cómo podía un pueblo soportar algo así? ¿Cómo hacía cualquier persona para tratar esto como algo normal?

Las historias que escuché de tantas personas aparentemente normales y lógicas, en mis muchas y largas visitas a los países post comunistas, fueron «Todo era tan normal» y «Nunca nos dimos cuenta de que había algo malo en ello». Muchos otros, en cambio, hablaban abiertamente sobre la anormalidad de todo el asunto. Hasta el día de hoy, en las tierras poscomunistas, grandes porcentajes de la población, que se sienten más cómodos obedeciendo a la autoridad que averiguando cómo añadir valor en el mundo que les rodea, lamentan la caída del comunismo.

Algunas personas como esas no han llevado bien el cambio al entorno del capitalismo. Echan de menos el cálido abrazo paternalista que les daba ser un lacayo en la sociedad comunista.

Mientras escribo esto, el viernes 13 de noviembre de 2020, a siete meses de nuestra prueba gratis del comunismo de coronavirus, en el día 241 de encierro en esta muy cerrada ciudad americana en la que cuelgo mi sombrero, empiezo a ver las muchas similitudes que hicieron posible que el pueblo de Checoslovaquia lo viera todo tan normal.

La obediencia está en el corazón del totalitarismo 

Hace dos semanas estuve con un europeo mientras me contaba el descenso del mundo a un estado de obediencia a toda costa, y me relató esos detalles desde su rincón del mundo y desde la Segunda Guerra Mundial, imbuido de los recuerdos de sus antepasados.

El totalitarismo es obediencia. Y la obediencia trae el totalitarismo. Ya sea que se parezca más al fascismo o al comunismo, importa poco, la obediencia individual generalizada lleva inevitablemente a la sociedad a un mal lugar. La falta de obediencia generalmente protege al individuo en los primeros días del totalitarismo, ya que para el poder no vale aun la pena complicarse con los que no le obedecen.

¿Cómo le beneficia su obediencia, a usted o a cualquier otra persona? 

El beneficio de la obediencia para el individuo en la actual era del comunismo del corona no está claro, pero es algo que no se cuestiona. La insistencia en obedecer es la definición principal de lo que está ocurriendo hoy en día. No hay una razón rigurosa para ello. No hay una lógica predominante. Ciertamente, no hay un debate público genuino.

Muchos gobiernos y culturas, en un bucle de miedo que se autoperpetúa, y que se ha avivado y reavivado, se han desplazado hacia esta demanda totalitaria en pos de la obediencia a toda costa.  El gobernador de Nueva York Andrew Cuomo, incluso, admite que está felizmente siguiendo la marea, en lugar de liderar.

El fomentador de miedo del «Empire State» critica su propio trabajo

Cuomo, notoriamente el mayor reaccionario de todos los gobernadores de todos los estados, en lugar de liderar, trata de afirmar cínicamente que él simplemente corre la ola del miedo, mientras que le echa la culpa a otros por ese comportamiento promotor del miedo en el que se involucra, que alimenta aun más ese miedo. En una conferencia telefónica del martes 6 de octubre de 2020 (con Robert Wenzel), tratando de hacer las paces con los líderes judíos ortodoxos -a quienes luego «apuñaló por la espalda«, según relatan estos líderes-, Cuomo califica la respuesta de su propio gobierno al corona de reacción exagerada:

«Soy cien por ciento franco y sincero. Esta no es una respuesta muy matizada y sofisticada. Esta es una respuesta impulsada por el miedo, ya sabes. No es una política cortada con un bisturí, es una política cortada con un hacha. Es sólo que es muy contundente. Yo no propuse esto, sabes; fue propuesto por el Alcalde [Bill de Blasio] de la ciudad. Estoy tratando de afinarlo y mejorarlo. Pero es por miedo. La gente ve que los números suben… «¡Cierra todo! ¡Cierren todo!’. No es la mejor manera de hacerlo, pero es una respuesta impulsada por el miedo. El virus asusta a la gente. Con suerte, bajaremos los números en cada código postal, la ansiedad bajará, y entonces podremos armar un enfoque más inteligente y más adaptado.

«Tu punto es correcto: ¿por qué cerrar todas las escuelas? ¿Por qué no hacer tests en las escuelas, y cierras las que tienen un problema? Lo sé, pero, primero, no sé si tenemos los recursos para hacer eso ahora. Pero puedo decirte honestamente, el miedo es demasiado alto para hacer otra cosa que no sea, «Hagamos todo lo que podamos para bajar la tasa de infección ahora, cerrar las puertas, cerrar las ventanas. Ahí es donde estamos«.

Este es el resultado predecible de dejar a los tecnócratas a cargo 

¿Puede alguien sorprenderse cuando un miembro de la clase tecnocrática se acerca a un humano perfectamente sano y, en lugar de elegir el humilde enfoque de «si no está roto, no intentes arreglarlo», prueba el enfoque de «hagamos todo lo que podamos»? Esta es su «deformación profesional», como nos gusta decir de los tecnócratas y un puñado de otros profesionales que tienen dificultades para separarse de su carrera.

Esta reacción desproporcionada, la letal respuesta de Cuomo al corona, es exactamente lo que se espera de la clase tecnócrata. Por eso una persona cuerda no confía en ellos.

Piensan que son trabajadores milagrosos, y tratan al estado al que sirven como si fuera un dios. En sus manos, seremos llevados al totalitarismo, siempre que sigan encontrando una población obediente.

La fórmula que nuestra clase tecnocrática ha tomado prestada de los totalitarios del siglo pasado 

Aunque esto podría elaborarse bastante después de dos décadas de entrevistar a la gente y tratar de darle sentido al comunismo, a continuación se presenta la fórmula que llevó el totalitarismo a vastas porciones del globo, y que ahora se está utilizando en los Estados Unidos:

1) Encontrar una situación estresante.

2) Alimentar el miedo.

3) Implementar una nueva normalidad.

4) Se perpetuará rápidamente con idiotas útiles, inocentes útiles, hombres de confianza, y muchos otros, que colaboran en una espiral autoconfirmatoria.

5) Una vez que se ha traspasado un umbral, el monstruo de Frankenstein se volverá contra el Dr. Frankenstein y correrá desenfrenado durante algunas décadas.

Esta ecuación predecible es lo que, con incredulidad, nunca imaginé que se podría implementar en una sociedad sin haberlo visto de primera mano. Nunca podría imaginar un cambio tan drástico, medible, tóxico, auto-saboteador y total, en menos de un año. Lo estoy viendo de primera mano en mi patria americana. Muchos más murieron por el encierro que por el Covid, y los inconmensurables horrores de la respuesta al Covid, más allá de ello, se sentirán por mucho tiempo en la sociedad, incluso si volviésemos hoy mismo a la antigua normalidad.

También estoy viendo cómo esta extraña actitud se exporta a vastas porciones del globo, aunque no puedo viajar a esos lugares, así que sigo siendo escéptico sobre la veracidad de los informes dispersos. Al igual que los medios «libres» de la antigua Checoslovaquia poscomunista, un gran número de artículos en muchos periódicos extranjeros son simplemente traducciones locales plagiadas de historias del New York Times, o coberturas similares.

52 semanas en Eslovaquia 

Habiendo estudiado este tema del totalitarismo obsesivamente durante las últimas dos décadas, estoy muy agradecido por el conocimiento que tengo, y que me prepara para este momento. Para quienes tengan dudas, basta con echar un vistazo a la última década de lo que escribí en el sitio web 52 Weeks in Slovakia, que se inició como respuesta a la terrible cobertura de los medios de comunicación estadounidenses, y también de los medios eslovacos con influencia occidental, sobre la cobertura nacional de Eslovaquia. El sitio web es un lento despertar de una década.

Con el tiempo, aprendí algunos detalles sobre los que evitan con éxito a los totalitarios.

La solución individual para evitar el totalitarismo 

1) No puedes cambiar a nadie más que a ti mismo.

2) Eso significa que no puedes cambiar la sociedad. La sociedad puede seguir tu ejemplo, pero tu no puedes garantizar que cualquier acción que tomes pueda cambiar a otro. Incluso los regímenes más extremos tuvieron que aprender esto.

3) Esto puede ser triste para algunos, pero también puede ser liberador, porque la buena noticia es que sólo tienes que centrarte en ti mismo y en los que confían en ti (a los que tampoco puedes cambiar, pero a los que puedes liderar, siendo un modelo para ellos).

4) Puedes elegir ser obediente a tu propia voluntad; puedes elegir ser obediente a la voluntad de tu Creador; puedes elegir ser obediente a las tendencias más modernas y básicas de la cultura pop; puedes elegir ser obediente a los aduladores y sociópatas más retorcidos de los medios y la cultura; puedes elegir ser obediente a las leyes y órdenes de gobierno más perversas. Esa elección es 100% tuya. La elección fácil es no hacer ninguna elección, ninguna decisión, ningún compromiso, pero a menos que seas tan débil como ellos, si haces esa elección fácil, te odiarás a ti mismo y odiarás el lugar donde vas a terminar.

5) Muéstrame a tus amigos y te mostraré tu futuro. Eres la suma de las cinco personas con las que más te relacionas. Con quién te asocias (por ahora) sigue siendo tu elección. Elige sabiamente, porque mucha gente está trabajando duro día y noche en los nexos del poder: en DC, Arlington, Langley, grandes ciudades, capitales de estado, Silicon Valley, y muchos otros lugares alrededor del mundo, para negarte esa libertad de asociación tan básica.

6) «¿Qué pasa si hay un retroceso incómodo?» se puede preguntar. Bueno, lo siento, así es la vida y tienes que elegir tu lugar en ella. Como Stephen Baskerville escribe «El que tiene miedo de enfadarse u ofender, todavía no es un hombre».

7.) La elección entonces es ésta, y sólo ésta. ¿Serás obediente o no?

¿Serás obediente o no? 

Porque si usas la máscara facial, entonces te darás la vacuna. Si te pones la máscara, creerás en los resultados de las elecciones. Si te pones la máscara, aceptarás el cierre. Si te pones la máscara, dejarás que tu madre muera sola. Si te pones la máscara, dejarás que tu hijo sea enterrado sin funeral. Si te pones la máscara, cuando los historiadores digan que fue necesario y normal, estarás de acuerdo. Si te pones la máscara, el año 2020 será tolerable para ti, y aprenderás a adaptarte a lo peor de la humanidad, en lugar de exigir lo mejor.

Cuando te pones la máscara, le dices al mundo que eres alguien que no identificará sus límites, ni comunicará sus límites, ni defenderá sus límites. En cambio, eres alguien con límites flexibles, esperando que el hombre de confianza correcto te pase por encima.

Cómo los regímenes totalitarios se tragaron a la mitad del mundo 

¿Cómo es que los regímenes totalitarios se tragaron a la mitad del mundo en el Siglo del Gran Estado (1917-2016)?

Es simple. Consiguiendo que su gente «llevara» muchas «máscaras faciales» diferentes.

¿Qué opciones estás eligiendo en este momento para difundir una mayor libertad en el mundo?

Si no tienes respuestas claras, probablemente seas parte de la masa que nos está llevando hacia normalizacia. La nueva normalidad.


(*) Allan Stevo [envíale un correo] escribe sobre política internacional y cultura desde una perspectiva de libre mercado en 52 Weeks in Slovakia (www.52inSk.com). Es el autor de How to Win America, The Bitcoin Manifesto, y muchos otros libros.

Publicado originalmente en:

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