* Un repaso de las formas en que nuestras emociones y la ciencia del comportamiento juegan su papel en la pandemia

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Si uno aun cree que lleva una mascarilla por razones sanitarias, que el «distanciamiento social» responde a evitar los contagios, que los aplausos a los supuestos «héroes de la salud» son algo espontáneo, o que la paranoia y el haber convertido a las familias en grupos de fanáticos que pelean sus pequeñas guerras internas de acuerdo a en qué bando están respecto de la vacunación es algo normal, uno no entiende nada: son estrategias explícitamente diseñadas para meter miedo y obligar a obedecer. Esta nota repasa, a partir de una investigación original publicada en libro en Gran Bretaña bajo el título A State of Fear, cómo todo esto ha sido deliberadamente implementado. Hablan quienes lo implementaron, y dan sus razones.

Por Agustina Rocca

La pelea, la huida y el bloqueo son las respuestas más conocidas al miedo. Si creemos que podemos vencer la amenaza, entraremos en modo de pelea. Si vemos que el peligro es demasiado poderoso para vencerlo, intentaremos huir. Si no podemos vencer el peligro ni huir de él, nos congelaremos.

Dicho esto sobre el miedo, para entender al menos un poco cómo hemos llegado a estos días, tenemos que mirar un poco hacia atrás y hacer una repaso de lo que ha sucedido desde el inicio de la pandemia. Para hacer esto, dado que la situación (no desde un punto de vista médico sino desde un punto de vista psicológico, más específicamente enfocando el lado del miedo en la población) fue similar en muchos países, esta nota se basa en un libro -y cita ampliamente de él- que se enfoca en lo que pasó en Reino Unido, A State of Fear: How the UK government weaponised fear during the Covid-19 pandemic (Estado de miedo: cómo el gobierno de Reino Unido utilizó el miedo como arma durante la pandemia de Covid-19), que es muy descriptivo. Para escribirlo, su autora entrevistó a mucha gente, incluso gente relacionada al gobierno, por lo que consideré que igual podría ayudarnos a comprender los días que hoy vivimos aunque no sea específico de Uruguay o del mundo.

Para empezar, es necesario decir que las redes sociales jugaron un papel importante en la pandemia y también es necesario traer un estudio de 2017, «How the Chinese Government Fabricates Social Media Posts for Strategic Distraction, not Engaged Argument» («Cómo el Gobierno Chino Fabrica Publicaciones en las Redes Sociales para Distraer Estratégicamente, no para Argumentar de forma Activa»), que estimó que de 250 mil a dos millones de chinos son contratados por su gobierno para publicar aproximadamente 448 millones de posts “falsos” en las redes sociales por año. Estos comentaristas pro-gobierno encubiertos se hacen pasar por ciudadanos de a pie mientras dirigen las conversaciones en la “dirección correcta” para el Partido Comunista Chino. Se les conoce como el “ejército de los 50 centavos”, ya que se les paga 50 centavos por publicación.

Por su parte, también hay que recordar que Italia fue uno de los primeros países en empezar con la situación de la pandemia, pero además es importante mencionar que Italia fue el primer país europeo en firmar la Iniciativa del Cinturón y la Ruta de Seda de China, una red global de comercio, infraestructuras y cultura. Y la ayuda médica de China a Italia fue descripta como una “Ruta de Seda de la Salud” por el Presidente Xi Jinping. Twitter se inundó de #forzaCinaeItalia (Vamos China, vamos Italia) y #grazieCina (gracias China).

A su vez, se puede ver el efecto de las redes sociales en los políticos cuando el 11 de marzo de 2020, en una entrevista con la BBC, David Halpern, jefe del Equipo de Análisis del Comportamiento del Reino Unido, habló sobre su plan de “capullo” de los ancianos hasta que se haya adquirido la inmunidad de rebaño.

Curiosamente, el 13 de marzo cuentas de Twitter criticaban dicho enfoque: “Suecia no hará pruebas a las personas con síntomas leves”. Reino Unido y Alemania intentarán crear una “inmunidad de rebaño”, que expondrá a muchas personas al riesgo de muerte. Estos países no están dispuestos a invertir más recursos en el control de la epidemia. ¿Qué pasa con los derechos humanos? ¿Qué pasa con el humanitarismo?”. Claramente, esto afectó las decisiones de los gobiernos debido a que, como veremos (y como es de esperar), la imagen para un político es muy importante.

Periodismo en pandemia

Al principio de la pandemia, Occidente se horrorizó en gran medida por las imágenes de los residentes de Wuhan atrapados en sus casas.

The Sun informó de que “unas imágenes devastadoras parecen mostrar a pacientes con coronavirus siendo encerrados dentro de sus casas y “abandonados hasta morir” mientras China lucha por contener la fatal enfermedad”.

Todas las escenas preocupantes aparecen en un vídeo que presenta una imagen apocalíptica de ciudadanos colapsando, médicos con trajes protectores, transeúntes preocupados y una ciudad paralizada.

La autora de A State of Fear trató de ponerse en contacto con los periodistas que escribieron los artículos sobre el vídeo en Mail Online, The Sun y The Metro para preguntarles sobre su procedencia y qué habían hecho para comprobar su autenticidad, pero ninguno de ellos respondió.

También hubo noticias que estaban fuera de contexto como la siguiente: Sky News informó el 19 de marzo de 2020 que los vehículos del ejército fueron llevados para transportar los cadáveres en Bérgamo. Sin embargo, según la Federación Italiana de la Industria Funeraria, el 70% de las empresas funerarias tuvieron que interrumpir su trabajo para hacer cuarentena al comienzo del brote, por lo que se recurrió al ejército para un transporte puntual de 60 ataúdes.

Como ejemplo de cómo nos afectan las imágenes, Matt Hancock, ministro de Sanidad del gobierno británico, reveló en una entrevista en LBC Radio en 2021 que se había inspirado en la película Contagio para hacer grandes pedidos de vacunas contra Sars-CoV-2, por supuesto que también aclaró que la misma no fue su único recurso para tomar esta decisión, que también lo habló con sus asesores.

Con las constantes noticias sobre Covid, lo más probable es que Covid, la muerte, los encierros y los efectos de las restricciones hayan sido los principales temas de nuestro cerebro. Cuando un asunto es extremadamente acuciante, desplaza nuestra capacidad de pensar en otras cosas.

Por otra parte, cabe mencionar que una de las razones por las que las mismas historias proliferan en todo el mundo, y que las fuentes no siempre son verificadas en profundidad por los medios de comunicación, es la confianza en las agencias de noticias [fact-checkers].

El miedo y el tiempo son dos factores que podrían explicar el alarmismo, pero podría haber dos más. Un comentarista de un periódico de gran tirada añadió el narcisismo y la codicia. Dijo que los aumentos de sueldo están vinculados a los artículos de mayor rendimiento, y también mencionó que “Cuando SAGE [el grupo gubernamental británico de manejo de la crisis Covid] salió con la predicción de medio millón de muertes, el periódico lo publicó instantáneamente para sacar el titular de inmediato, en lugar de interrogarlo. A los cinco minutos ya era un titular. Luego, unas horas más tarde, aparece un artículo más escéptico. Pero la primera historia es la que ha tenido el impacto, no la escéptica.”

Dan Wootton, presentador de Talk Radio, dijo que “Creo que hay una mentalidad de grupo. Si la BBC cubre una historia, entonces ITV y Channel 4 también lo hacen. Muchos periodistas optan por la opción más fácil”.

Además, el 23 de abril de 2020, Ofcom, el organismo regulador de la comunicación en el Reino Unido, emitió unas estrictas directrices sobre la cobertura de Covid. Pidió a los organismos de radiodifusión que estuvieran atentos a “las afirmaciones sobre la salud relacionadas con el virus que puedan ser perjudiciales; los consejos médicos que puedan ser perjudiciales; la exactitud o el engaño en los programas relacionados al virus o la política pública al respecto”.

El miedo: el aliado de los políticos

El miedo es la base de la mayoría de los gobiernos” frase de John Adams, padre fundador y segundo presidente de los Estados Unidos.

La autora de A State of Fear identificó a la Guerra Fría como un punto de partida en una trayectoria de las amenazas a las que nos hemos enfrentado en los tiempos modernos y los temores que han inspirado. En esta trayectoria que se le ocurrió, las armas que tememos se han hecho más pequeñas y los enemigos más cercanos.

El arma con la que nos encontramos en guerra ha reducido su tamaño, pasando de la bomba nuclear a las armas ocultas en el cuerpo, al propio cuerpo. Y el enemigo ha pasado de ser un gobierno extranjero, a terroristas extranjeros, a cada uno de nosotros. Las fronteras geopolíticas no son ahora sólo entre países, sino entre nuestros propios cuerpos.

Cuando una o más personas rompieron las reglas y traspasaron el perímetro de dos metros de otra, probablemente esta última persona se asustó y defendió sus nuevas fronteras de los intrusos.

Por su parte, ya después de lo ocurrido el 11 de setiembre, Stefanie Grupp escribió en «Political implications of a discourse of fear: the mass mediated discourse of fear in the aftermath of 9/11» (Implicaciones políticas de un discurso del miedo: el discurso del miedo mediado por las masas tras el 11 de septiembre) que “el miedo se experimenta cada vez menos en primera persona y cada vez más en un nivel discursivo y abstracto”.

El lenguaje actual es marcial: estamos “en guerra” contra un virus.

La guerra apela al ego, a la necesidad de ejercer el control. Ofrece la esperanza de ganar cuando nos sentimos fuera de control. La guerra requiere que las poblaciones sean resistentes, hagan sacrificios y obedezcan a sus líderes, como los soldados que obedecen a la cadena de mando militar. El miedo funciona mejor en tiempos de guerra.

William Sargent, en su libro Battle for the Mind (La Batalla por la Mente) (1957), puso como ejemplo concreto la Revolución Cultural de China:

El miedo a una guerra civil continuada, o a una intervención extranjera, o a ambas cosas, convenció a los líderes comunistas chinos de que debían utilizar tácticas de shock para convertir a las masas”. “Para crear una nueva China de la noche a la mañana, era esencial la disrupción emocional”.

Una población alarmada deseará ser llevada a la seguridad por su gobierno. Cuanto más grave sea la emergencia, más apreciará la población a un gobierno fuerte. Durante una crisis, la gente está dispuesta a sacrificar la libertad por la seguridad.

Robert Higgs, historiador económico estadounidense, en su libro Crisis y Leviatán postuló que la Primera Guerra Mundial, la Gran Depresión, la Segunda Guerra Mundial, los años de Johnson y Nixon, el 11 de setiembre y la Gran Recesión que comenzó en 2008 provocaron la expansión del gobierno estadounidense, en un patrón que él denomina “efecto trinquete”. Efectivamente, nada es tan permanente como una medida gubernamental temporal.

El miedo al enemigo es la forma en que los políticos mantienen el poder y hacen avanzar sus agendas. El miedo suprime el pensamiento racional, y es más probable que la gente haga lo que se le dice.

La autora de A State of Fear habló con el politólogo Piers Robinson sobre el miedo. Robinson fue catedrático de Política, Sociedad y Periodismo Político en la Universidad de Sheffield, lo cual dejó en 2019 para centrarse en su trabajo como codirector en la Organización de Estudios de Propaganda.

Ella le preguntó si creía que los gobiernos aprovechaban el miedo como forma de control social, a lo que él afirmó: “Si algo muy grande está sucediendo en el mundo, siempre hay que preguntarse si puede ser explotado por razones que son totalmente independientes de lo que parecen ser las preocupaciones principales. Covid es un acontecimiento de tal envergadura que existe la posibilidad de que los actores lo exploten para diversas agendas”.

La censura, las banderas falsas -el uso de operaciones encubiertas que parecen ser llevadas a cabo por otros estados-, la repetición, la manipulación de los hechos (mentir) y la manipulación de las emociones, especialmente el miedo, son herramientas de propaganda.

Añadió que “la gente ha sido atrapada por el miedo de una manera obsesiva, y en un grado mucho peor de lo que ocurrió con el miedo al terrorismo”, “La propaganda tiene que ver con la psicología del comportamiento, la manipulación esencialmente, conseguir que la gente haga lo que no haría de otra manera, a través de la coerción, el incentivo o el engaño”.

El negocio del miedo y los no electos psicócratas

La teoría de los ‘empujones’ es el concepto de la ciencia del comportamiento que utiliza información sobre nuestra conducta para “empujar” nuestra toma de decisiones. Los ‘empujones’ no son mandatos: son sutiles sugerencias, y ocurren sin que nos demos cuenta.

No siempre tomamos decisiones de forma racional; simplemente no tenemos tiempo para evaluar cuidadosamente cada decisión que tomamos.

Richard Thaler y Cass Sunstein, la persona que acuñó el término “empujón”, en su libro Nudge (Empujón), escribieron: “Conociendo cómo piensan las personas, podemos facilitarles la elección de lo que es mejor para ellas, sus familias y la sociedad”.

Asimismo, la autora de A State of Fear habló con un asesor científico independiente que necesita permanecer en el anonimato.

El asesor le dijo que, según su experiencia, la aplicación de la ciencia del comportamiento en la planificación de catástrofes solía consistir más en predecir cómo se comportaría la gente y qué necesitaría, pero que se convirtió más en “cómo hacer que la gente haga lo que queremos”.

Extraoficialmente hablaron del uso de la propaganda, no sólo para crear miedo, sino también para dar forma a respuestas positivas tras las catástrofes, y orientar a los “radicales” en direcciones diferentes. Unidades gubernamentales se crean enteramente para estos fines y sus métodos son opacos. Su fuente anónima le dijo que “si veo a un niño guapo de siete años en las noticias, me pregunto qué departamento gubernamental está detrás”.

Por otra parte, documentos filtrados en Alemania del Ministerio del Interior mostraban que se había contratado a científicos para elaborar el peor escenario posible con el fin de justificar las restricciones a la sociedad. Welt am Sonntag dio a conocer la historia de cómo destacados científicos de varios institutos de investigación y universidades colaboraron con la dirección del ministerio para crear un modelo computacional para “adelantarse a la situación mentalmente y en términos de planificación”, que debía ayudar a planificar otras “medidas de carácter preventivo y represivo”.

Además, algunos extractos del propio documento se refieren a los niños de esta manera: “Es poco probable que los niños sufran la epidemia”: Falso. Los niños se infectan fácilmente, incluso con restricciones de salida”.

Además, dice: “Sólo con la cohesión social y el distanciamiento mutuo, esta crisis no sólo puede superarse con poco daño, sino también orientarse hacia el futuro para una nueva relación entre la sociedad y el Estado”.

Un amigo de la autora de A State of Fear se ofreció a ponerla en contacto con un funcionario del gobierno, alguien que está dentro y fuera del Número 10 Downing Street (Residencia oficial y oficina ejecutiva del Primer Ministro del Reino Unido); esta fuente gubernamental dijo: “El gobierno no estaba preocupado por el virus, estaba preocupado por la forma en que el virus podría arruinar su credibilidad de relaciones públicas sobre el NHS. Todo se debe a la campaña electoral que hicieron para salvarlo. Teníamos que asegurarnos de que el NHS funcionara realmente bien. Dos meses en el gobierno y aparece este problema que podría arruinar al NHS”. “Están asustados. El gobierno no tiene una agenda maliciosa, simplemente no saben lo que están haciendo. No tienen un plan. Los ministros del gabinete piensan que la vacuna es la mejor manera de acabar con esto”.

El uso de grupos asesores no electos en 2020 es un estilo tecnocrático de gobierno, un modelo de mando y control de la toma de decisiones públicas que se basa en la experticia científica más que en el debate político.

SAGE y SPI-B

SAGE es el grupo asesor científico que da asesoramiento a los responsables del Gabinete británico.

SPI-B (Grupo Científico sobre la Gripe Pandémica – Comportamientos) es el equipo de científicos del comportamiento y especialistas académicos en psicología de la salud, psicología social, antropología e historia, que proporciona “asesoramiento científico sobre el comportamiento destinado a anticipar y ayudar a las personas a adherirse a las intervenciones recomendadas por los expertos médicos o epidemiológicos”.

Clifford Stott es profesor de psicología social y experto en violencia colectiva y disturbios, cuestiones policiales y gestión de multitudes y es uno de los cuatro miembros del SPI-B que aceptó hablar con la autora de A State of Fear.

Ella le preguntó sobre el efecto del pensamiento de grupo dentro del SPI-B, los documentos del SPI-B sólo reflejan el consenso y ella se preguntó si siempre lo conseguían en sus reuniones. Él la desconcertó cuando dijo: “El pensamiento de grupo es un concepto completamente erróneo, desarrollado en torno a la patología inherente al grupo que socava la racionalidad y el pensamiento crítico. Eso no es lo que ocurre. Los grupos no tienen tendencia al conformismo, y puedo garantizarle absolutamente que el pensamiento de grupo es un mito”.

Asimismo, vale la pena señalar que el cometido del SPI-B no implica cuestionar los datos, los “hechos” con los que trabajan proporcionados por el gobierno.

Por ende, si el asesor del SPI-B, o psicólogo del comportamiento de la administración pública, piensa que el país se enfrenta al apocalipsis, entonces podría pensar que el fin justifica totalmente los medios.

La autora de A State of Fear escribió que ciertamente tuvo la sensación, a partir de todos sus entrevistados, de que al equipo de SPI-B le gustaban términos como “cocreación”, “codiseño”, “coproducción”, “colectivismo”, “en esto juntos” y “solidaridad”. También que ellos deben tener en común la creencia en la idoneidad de un enfoque de ciencia del comportamiento para una epidemia, o no estarían en el equipo.

La Dra. Daisy Fancourt, profesora asociada de Ciencias del Comportamiento y de la Salud en la UCL, le dijo a la autora de A State of Fear que “una de las cosas que resultó eficaz fue promover la idea de que no hay que contagiar a los demás”, y que “las apelaciones a la conciencia colectiva son más eficaces”.

En su opinión, la ciencia del comportamiento sería necesaria para “animar a la gente a vacunarse”. “No saldremos de esto a menos que la gente se vacune”. Y amplió: “A la mayoría de gente le preocupa que, como las vacunas se han desarrollado rápidamente, se hayan saltado las etapas de seguridad, y no es así. Tenemos que asegurarnos de que la información sobre las vacunas proviene de diferentes fuentes, no debe parecer propaganda. Tiene que venir de los líderes religiosos, de las personas influyentes, de los líderes locales. Los “antivacunas” no son malas personas, sólo tienen preocupaciones que deben ser atendidas. Tenemos que hacer que la gente quiera vacunarse, no que sienta que debe hacerlo”.

En relación con esto, el 22 de octubre de 2020, SPI-B publicó un documento titulado «Role of Community Champions networks to increase engagement in context of COVID-19: evidence and best practice» («El papel de las redes de defensores de la comunidad para aumentar el compromiso en el contexto de la COVID-19: pruebas y mejores prácticas»), que aparentemente trata sobre “Testear y Rastrear”, pero también trata sobre cómo utilizar a los defensores para influir, en lugar de “co-crear” genuinamente.

La autora de A State of Fear entrevistó a dos asesores anónimos de SPI-B, SPI Uno y SPI Dos.

Les preguntó qué psicólogos habían destacado especialmente. Mencionaron a Susan Michie. La autora de A State of Fear destaca que Michie es miembro del Partido Comunista de Gran Bretaña, que quiere una “transformación revolucionaria de la sociedad” para acabar con el capitalismo y crear un estado socialista en Gran Bretaña.

Por su parte, ambos se mostraron preocupados por algunas de las políticas que está aplicando el Gobierno, posiblemente utilizando al Covid como excusa: “Tenemos que tener mucho cuidado con el autoritarismo que se está introduciendo”.

Es más, estaban muy preocupados por el uso del miedo: “En marzo, el gobierno estaba muy preocupado por el cumplimiento y pensaban que la gente no querría estar encerrada. Se habló de que el miedo era necesario para fomentar el cumplimiento y se tomaron decisiones sobre cómo aumentar el miedo. La forma en que hemos utilizado el miedo es distópica. Tenemos un gobierno totalitario con respecto a la propaganda. Pero todos los gobiernos utilizan la propaganda. El uso del miedo ha sido definitivamente cuestionable desde el punto de vista ético. Ha sido como un extraño experimento. Al final, el tiro salió por la culata porque la gente se asustó demasiado”.

Y, además, observaron que “los psicólogos tienden a estar más en el extremo neurótico del espectro [acerca de la pandemia]”. Quizá la estrategia de asustar al país se encendió en el crisol de las propias ansiedades de los psicólogos.

Ella les hizo su pregunta habitual: ¿había sido ético asustar a la gente ‘por un bien mayor’? “Es necesario asustar a la gente”, afirmaron, “las pandemias tienen algo de aterrador. El número de muertes en Italia significaba que era de responsabilidad de que el público estuviera informado sobre lo peligroso que era, por su propia seguridad.¿Cómo se puede avisar a la gente de que hay una enfermedad grave que puede poner en peligro su vida sin meterles el miedo en el cuerpo? Vivimos sabiendo que vamos a morir, pero normalmente no pensamos que la persona a la que le vamos a dar la mano podría matarnos”.

Además, SPI Dos dijo que también hay un problema con los asesores. Muchos SPI-B se guían por los números. Miran la “R” y no ven a las personas. La humanidad está ausente del debate y las decisiones.

Por otro lado, en un documento de SPI-B se decía claramente que “los mensajes deben ser transparentes en cuanto a la incertidumbre, cuando la haya, para ganarse la confianza”, pero esto no se ha reflejado en los discursos de los ministros, ni en los informes científicos, ni en la publicidad.

Otro llamamiento a la transparencia provino del miembro de SPI-B Gavin Morgan (pero la autora de A State of Fear sintió a principios de 2021 que su participación en SPI-B se había reducido un poco), un psicólogo educativo. Trabajó mucho con el SPI-B para conseguir que las escuelas pudieran reabrir en verano, pero descubrió que no había voluntad. El gobierno había creado tanto miedo que había “mucha preocupación equivocada” por parte de los padres y los profesores sobre el nivel de riesgo.

Por otra parte, también le dijo que a algunos del grupo les gustaban las máscaras porque transmitían un mensaje de “solidaridad”. Se trata de un sentimiento favorecido por los psicólogos que no tiene nada que ver con las pruebas científicas sobre la transmisión.

A su vez, Morgan fue el único asesor del SPI-B con el que habló que enfatizó que se debería haber pensado en la línea final desde el principio: “Hubo mucha buena voluntad de querer cerrar y nos precipitamos. Les advertí de que necesitaríamos un plan de salida”. Y ella le preguntó si ya estaban pensando en el plan de salida y le dijo que no.

Morgan también explicó que “la psicología es una disciplina muy incomprendida y a menudo difamada. Es algo que debería ser positivo y actuar como una fuerza para el bien en la vida de las personas y en toda la sociedad”, “Está claro que utilizar el miedo como medio de control no es ético. Lo que se hace como psicólogo es co-construcción. Utilizar el miedo huele a totalitarismo”.

Entonces, ¿por qué lo propuso el SPI-B? le preguntó. “El gobierno tenía miedo de que la gente no obedeciera las instrucciones. Hasta cierto punto, es por lo que se retrasaron en encerrarnos. No sé si el uso del miedo fue una decisión consciente del gobierno. Pero, de alguna manera, el público clamaba por el cierre, así que fue inevitable que lo hiciéramos”, dijo.

Herramientas para generar miedo

La investigación demostró que la campaña contra el SIDA cambió el comportamiento de la gente y el gobierno británico la consideró como un éxito. Desde entonces, el uso de la psicología del comportamiento se ha formalizado y está profundamente arraigado en dicho gobierno.

Por su parte, la autora de A State of Fear entrevistó a Patrick Fagan, un científico del comportamiento, y este dijo que “la mayoría de la gente no puede enfrentarse a los hechos. Tenemos una capacidad cerebral limitada, sólo podemos pensar en un número determinado de cosas. Así que las apelaciones racionales al público en general son menos eficaces que los ‘empujones’. Hablar en términos emocionales concretos es más eficaz”.

Fagan también mencionó que “En el libro de David Halpern, Inside the Nudge Unit (Dentro de la Unidad de ‘Empujón’) [vamos a hablar de esta unidad más adelante], cuando considera la ética de esto, dice que no se pregunta a los niños si quieren aprender a leer y escribir, simplemente se les enseña a hacerlo. Creo que eso demuestra que piensa en la población como si fueran niños”.

A su vez, la autora de A State of Fear le preguntó Fagan si creía que el gobierno se basaba en el miedo cuando eran posibles otras formas de persuasión y él estuvo de acuerdo en que “hay muchas maneras de dar un ‘empujón’. Se puede apelar al deber. Se puede recurrir a la reciprocidad: la generación anterior hizo esto por ti, tú puedes hacer algo a cambio. Y el miedo se ha exagerado. Pero la emoción es el motor que impulsa al comportamiento y el miedo es la emoción más antigua y más fuerte”.

Fagan, además, observó que parte del lenguaje utilizado en los eslóganes también podría tener la intención de embaucar. El término “distanciamiento social” es un oxímoron; la distancia no es social. En Australia, el consejo era aún más orwelliano: “Permanecer separados nos mantiene unidos”. La confusión que despierta este tipo de embaucamiento hace que sea más probable que se cumpla la orden.

Por otro lado, cabe mencionar que el uso del rojo y, sobre todo, del amarillo y el negro han sido típicos de la publicidad de miedo, ya que sugieren peligro y amenaza. Las imágenes con bordes amarillos y negros nos recuerdan a las dolorosas picaduras de avispa, así como a los cordones de seguridad de las zonas catastróficas.

Mantener el miedo en la cara

Las máscaras apelan a las “normas” y a la conformidad social. A los psicólogos del comportamiento les encantan las máscaras.

Creen que promueven el colectivismo, la sensación de que todos estamos “en esto juntos”.

Son un indicador visible de que hay peligro a nuestro alrededor, en el aire que respiramos y en las personas que conocemos. También distinguen a los cumplidores de los rebeldes.

Asimismo, Halpern se refirió a lo deseable que es la policía ciudadana cuando comentó que “la mayor parte del trabajo pesado lo hace el público, frunciendo el ceño ante las personas que no llevan máscaras. Los británicos son especialmente buenos en esto”. 

Por otro lado, un diputado le comentó extraoficialmente a la autora de A State of Fear que el Ministro de Sanidad le había dicho que las máscaras se introdujeron porque la recuperación económica no era lo suficientemente fuerte después del primer cierre en 2020 y se consideró que las máscaras harían que la gente se sintiera lo suficientemente segura como para ir de compras.

Espontaneidad controlada y propaganda

La autora de A State of Fear sintió que el “Clap for Carers” (“Aplauso para los del personal de salud”) en las calles todos los jueves por la noche era como un ritual diseñado para dar a la gente un sentido de propósito y unidad. El sentimiento subyacente de obligación creado por la intensa cobertura mediática del aplauso la hacía sentir presionada y preocupada. Por eso decidió acercarse a Annemarie Plas, la fundadora del Clap for Carers de Reino Unido. Le gustó mucho y cree que Annemarie Plas no tenía más que buenas intenciones cuando puso en marcha Clap for Carers. Sin embargo, la autora de A State of Fear se sintió incapaz de publicar el artículo, porque a Annemarie Plas se le escapó que tenía una amiga que trabajaba en el Número 10.

A lo largo de la historia, los líderes han explotado la herramienta propagandística de la “apoteosis”, es decir, elevar a alguien a niveles divinos.

No se nos dijo que nos inclináramos y adoráramos, sino que nos pusiéramos de a pie afuera y aplaudiéramos, pero la exhortación y el efecto son similares.

Inclusive, a finales de enero hubo una serie de tuits que proclamaban “Boris, te queremos y te apoyamos, estás haciendo un gran trabajo, sigue trabajando duro y haciendo lo que estás haciendo”. “Mi primer ministro [emoji de corazón]”. Como los tuits eran idénticos, la autora de A State of Fear teme que no puede tratarse de una efusión natural y espontánea de amor por Boris Johnson.

Por suerte, la autora de A State of Fear consiguió localizar a alguien que había trabajado en múltiples campañas de propaganda para la RICU (Unidad de Investigación, Información y Comunicación del Ministerio del Interior).

Según su fuente, la propaganda se subcontrata desde la RICU a agencias externas que luego trabajan con otras partes. Esto permite al gobierno mantenerse alejado de la propaganda y negar su participación directa.

Por lo que las organizaciones de base trabajaron en los hashtags de propaganda y en los vídeos con mensajes positivos, pero no tenían ni idea de que estaban trabajando a un paso del gobierno de Reino Unido.

A su vez, su fuente también dijo que con el tiempo el trabajo se sentía deshonesto: “Aunque el proyecto político sea ‘bonito’, es político y está tratando de cambiar la forma de pensar de la gente. Y se paga con dinero del gobierno”.

Por otro lado, en relación con la propaganda de las vacunas, un documento del gobierno, Factors influencing COVID-19 vaccine uptake among minority ethnic groups (Factores que influyen en la aceptación de la vacuna COVID-19 entre los grupos étnicos minoritarios), publicado el 17 de diciembre de 2020, sugería “una comunicación culturalmente adaptada, compartida por fuentes de confianza”. El informe también recomendaba realizar las vacunaciones en entornos comunitarios y lugares religiosos.

Otro documento, redactado por el NHS, titulado como Optimising Vaccination Roll Out – Dos and Don’ts for all messaging, documents and “communications” in the broadest sense (Optimización del programa de vacunación: lo que hay que hacer y lo que no hay que hacer en todos los mensajes, documentos y “comunicaciones” en el sentido más amplio), publicado en diciembre de 2020, aconseja a los trabajadores sanitarios el uso de mensajes como “la normalidad solo puede volver para ti y para los demás, con tu vacunación” y “esta vacuna es eficaz en tu grupo de edad y te permitirá volver a la normalidad, lo que significa libertad para hacer lo que te gusta, como clases en grupo, nadar, ver a tus amigos y familia, y recuperar tu vida”.

La autora de A State of Fear también habló con la principal especialista en catástrofes y recuperación del Reino Unido, Lucy Easthope. Es profesora titular de recuperación de catástrofes y muertes masivas y ha asesorado al gobierno en el Covid-19. Según ella, “en la planificación de catástrofes y recuperación hacemos listas ‘seguras’ de personas que pueden transmitir los mensajes por nosotros, actuar como ‘intérpretes’ para nosotros”.

La Oficina del Gabinete del Reino Unido dijo a la autora de A State of Fear que la mayoría de las personas influyentes que colaboran con el gobierno no son remuneradas, ya que reconocen la importancia de comunicar las orientaciones sanitarias sobre el COVID-19. En cambio, en Estados Unidos, la empresa de relaciones públicas Main Street One se puso en contacto con celebridades, ofreciéndoles un pago para que promovieran las vacunas. Escribieron “Me pongo en contacto con ellos para ofrecerles una oportunidad de colaboración remunerada para que compartan su voz sobre lo que la vacuna COVID significa para ustedes». “¿Puedes utilizar una historia personal para explicar por qué estás silenciando la desinformación sobre la vacuna COVID y dando prioridad a la salud de tu comunidad? ¿Por qué confías en que las vacunas son seguras y eficaces?

Además, el 19 de noviembre de 2020 hubo una campaña coordinada de más de 300 tuits; el tuit decía: ‘Cada vez más gente tiene miedo de vacunarse después de leer #fakenews antivax online. De una vez necesitamos una ley para frenar a los gigantes de los #socialmedia @BorisJohnson #onlineharms’.

También el 19 de noviembre, el diputado Damian Collins participó en un debate sobre los daños en Internet en la Cámara de los Commons, presionando por un proyecto de ley fuerte; curiosamente, Collins es el cofundador de Infotagion, un servicio de verificación de información de Covid.

Del mismo modo, el subcomisario de la policía metropolitana, Neil Basu, pidió un debate el 19 de noviembre sobre la introducción de nuevas leyes para castigar a las personas que difunden teorías conspirativas contra la vacunación.

Relación abusiva

La doctora Harrie Bunker-Smith, psicóloga, comparó algunas de las tácticas del gobierno con el abuso psicológico. Le dijo a la autora de A State of Fear que “hay un paralelismo con una relación abusiva, del que me di cuenta porque tengo formación en maltrato doméstico. Las frases eran las mismas”.

Además le explicó que “El maltrato no es constante, no es malo todo el tiempo, hay periodos de maltrato extremo seguidos por el periodo de luna de miel, en el que recibes flores, disculpas, promesas y luego las cosas vuelven a deteriorarse”.

También señaló que “El público británico está en una relación de control coercitivo con el gobierno. La mayoría de la gente dirá que no; de hecho, defenderá la “relación”. Las personas que están en una relación abusiva pueden enfadarse mucho cuando se les dice, si no están preparadas para escuchar lo que está pasando”.

Los números en pandemia

Los políticos y los medios de comunicación utilizan muy a menudo el miedo para evadir nuestra lógica porque frena nuestro pensamiento. Nos puede deslumbrar y alarmar una gran cifra, o una línea empinada en un gráfico, y entonces es menos probable que nos cuestionemos los matices y más probable que seamos sugestionables. Desde el principio de la epidemia, en el Reino Unido el gobierno y los medios de comunicación informaron de las cifras de muertes diarias con una dedicación macabra y sin contexto, como comparaciones con las muertes por otras causas, el total de muertes, o las cifras de recuperados.

Los indicadores clave de rendimiento (KPI) de Covid eran “casos” (resultados positivos de las pruebas PCR), hospitalizaciones y muertes. Estos KPI actúan abiertamente para cegar al gobierno y a toda la sociedad civil de cualquier otra cosa, y luego confunden a los periodistas y al público, lo que a su vez crea más miedo.

No obstante, merece la pena mencionar que un documento de SAGE afirmaba que un asombroso 40,5 % de las infecciones por Covid en la primera ola se contrajeron en el hospital. Y la autora de A State of Fear afirmó que, en enero de 2021, las infecciones adquiridas en el hospital eran bastante ignoradas por parte del Ministerio de Salud.

La gente sobrestima significativamente la propagación y la tasa de mortalidad de la enfermedad. El público británico pensaba que el 6-7% de las personas habían muerto por el coronavirus -alrededor de 100 veces la tasa de mortalidad real basada en las cifras oficiales.

Entonces, la gente, asustada, votó por medidas de encierro más duras en las encuestas de opinión pública. El gobierno entonces impuso más restricciones. Las restricciones no permitieron que el miedo disminuyera, entonces la gente votó a favor de más restricciones, y así sucesivamente en un círculo vicioso que se autoperpetúa. La política de salud pública se convirtió en un perro enfermo persiguiendo su propia cola.

Por su parte, Peter Hitchens, periodista y autor inglés, refiriéndose a las encuestas, dijo: “Las encuestas de opinión son un dispositivo para influir en la opinión pública, no un dispositivo para medirla. Si uno se da cuenta de eso, todo tiene sentido”.

En un informe de IPSOS MORI, David Halpern hizo un comentario similar: “En un mundo de economía conductual, las encuestas de opinión pública son en sí mismas un “empujón”, una señal tanto para los responsables políticos como para nuestros conciudadanos sobre lo que es aceptable y lo que no”.

Por otro lado, la autora de A State of Fear entrevistó a Knut Wittkowski, ex jefe de bioestadística, epidemiología y diseño de investigación de la Universidad Rockefeller, y este le explicó que “informar” y “opinar” solían ser términos separados, pero ya no: “Una portada dice que las cifras se están ‘disparando’. Eso es una opinión. Si dijera ‘aumentando’, eso sería informar”.

Además, señaló que el principal problema es la forma en que se financia la ciencia: “Cuando empecé mi carrera en la universidad estabas totalmente financiado con un sueldo de la universidad. La gente tenía independencia. Ahora eso ha desaparecido. Prácticamente todos los científicos del campo de la epidemiología y la medicina tienen puestos en la universidad, donde tienen un escritorio y acceso a una biblioteca. En Estados Unidos la financiación proviene de los NIH (Institutos Nacionales de Salud). No quieres morder la mano que te da de comer”.

Ella le preguntó cómo era capaz de hablar y él le dijo que “las personas que han hablado están jubiladas y, por tanto, tienen independencia”.

También le preguntó cómo creía que habían influido algunas de las voces “más importantes” de la pandemia, ya que le interesaba en concreto Neil Ferguson, cuyo modelo fue considerado parcialmente responsable de desencadenar los encierros. No se tomó la pregunta demasiado en serio debido a que “entre los científicos, Neil Ferguson no tiene ninguna credibilidad porque sus predicciones son siempre erróneas”.

Por otra parte, relacionado a los suicidios, Easthope señaló que la literatura sobre catástrofes dice que los suicidios sólo tienden a aumentar de seis a nueve meses después de la catástrofe. Los primeros meses no suelen revelarlo.

El informe «Traumatic Stress and Suicide After Disasters» (Estrés traumático y suicidio tras las catástrofes) detalla las fases posteriores a una catástrofe y, aunque no se esperaría ver un aumento de los suicidios o de la ideación en las fases inmediatas de “impacto”, “heroica” y “luna de miel”, podrían llegar más tarde durante la “desilusión” y la “reconstrucción”.

Del mismo modo, cabe mencionar que la Asociación Nacional de Académicos (NAS) de Estados Unidos publicó en 2018 un informe titulado «La crisis de irreproducibilidad de la ciencia moderna», en el que sus autores se preocupaban por el uso y abuso de la estadística, la irreproducibilidad de los resultados y el pensamiento grupal político en la ciencia, diciendo que la intersección entre estos temas es en gran medida lo que está “mal con la ciencia moderna”. Resume que “toda una disciplina académica puede sucumbir al pensamiento de grupo y crear un consenso profesional con una fuerte tendencia a reforzarse a sí misma, a rechazar los resultados que cuestionan sus fundamentos y a descartar a los disidentes como alborotadores y chiflados” y que esto “afecta especialmente a aquellos campos con evidentes implicaciones políticas, como la psicología social y la ciencia del clima”.

Chivo Expiatorio

El chivo expiatorio es una antigua práctica religiosa y ritual y, en la actualidad, una metáfora de la exclusión social.

El chivo expiatorio es uno de los arquetipos humanos perdurables que se encuentran en todas las culturas y épocas.

La muerte no era esencial, pero la expulsión de la comunidad era clave, de una forma u otra.

Como escribió Coetzee en Disgrace (Desgracia), en los tiempos modernos el chivo expiatorio se ha transmutado en censura.

Avergonzando profesionalmente, silenciando y desterrando a la gente, el chivo expiatorio puede asumir los pecados de la sociedad, así como servir de advertencia a otros posibles ‘disidentes’.

¿Son los chivos expiatorios simplemente impulsados por algunos individuos o tenemos que aceptar algo sobre la naturaleza humana? Puede que sea una tendencia natural del ser humano el buscar chivos expiatorios desde una posición de supuesta superioridad moral.

Además, el equipo de Behavioural Insights [referiremos a este equipo más adelante] habló de cómo rechazamos las ideas de otro grupo, aunque sean buenas: Si otra parte no piensa lo mismo, nuestra reacción preferida no es reevaluar nuestras propias opiniones. En su lugar, intentamos idear formas de denigrar a la oposición. Esto sucede porque nos resulta difícil mantener tanto una imagen positiva de nosotros mismos como una imagen positiva de quien no está de acuerdo con nosotros… decidimos que quienes piensan de forma diferente son parciales, por ideología, interés propio, malicia o terquedad. Mientras que nosotros hemos considerado la cuestión con detenimiento, ellos sólo proceden desde el dogma. Esta percepción de parcialidad hace que el conflicto y la división se intensifiquen aún más…”.

Guía vs ley

Otros países se encerraron antes bajo la legislación de emergencia, estableciendo un “modelo”. Por lo tanto, la autora de A State of Fear le preguntó a Lord Sumption, antiguo juez del Tribunal Supremo, sobre este llamativo modelo autoritario y él respondió lo siguiente “Hay un instinto de manada en los gobiernos, y eso les dio cobertura política. A veces lo mejor es no hacer nada”.

También dijo que “una enorme proporción de la población británica no entiende la diferencia entre orientación y regulación”.

La abogada Kirsty Brimelow, haciéndose eco de Sumption, dijo a la autora de A State of Fear que lo que más le preocupaba de la ley de encierro había sido la confusión entre ley y orientación mediante el uso del término “normas”, y las condenas erróneas a las que posteriormente dio lugar. La confusión entre la orientación y la ley hizo que la gente fuera “detenida y condenada erróneamente, y eso no sólo es malo para la persona afectada, sino también para la sociedad y el Estado de Derecho en general”.

Además, la autora de A State of Fear le preguntó si el Gobierno había engañado deliberadamente al público y a los medios de comunicación. “Tal vez”, pero también culpó a un “acercamiento caótico y una enorme incompetencia”.

Al igual que Sumption y Brimelow, el abogado Stephen Jackson explicó que estaba muy preocupado por la tergiversación de la orientación como ley.

El terreno estaba preparado para que ocurriera la crisis

Lucy Easthope dijo a la autora de A State of Fear que “Uno de los principales problemas es que no tenemos suficientes camas de cuidados críticos para una epidemia. No tenemos el EPP [Equipo de Protección Personal]. Y el gobierno ha eliminado los planes para la pandemia”.

Robert Dingwall dijo a la autora de A State of Fear que “las infraestructuras para la planificación de la pandemia se habían disuelto y las personas implicadas se habían dispersado. El Departamento de Salud nunca debió tener el papel que ha asumido. La Oficina del Gabinete para la Unidad de Emergencias Civiles debería haber liderado todo el gobierno”.

Por otra parte, desde un punto de vista más psicológico, el terreno también estaba preparado. El sociólogo, autor y experto en miedo Frank Furedi señala que a menudo se dice que el miedo es el estado de ánimo cultural que define a la sociedad contemporánea. Estos temores han conducido al auge de la salud pública y la seguridad, así como a la fuerte apuesta por el principio de precaución. El terreno no podía estar mejor arado y preparado para hacer crecer el miedo en una epidemia.

El psicólogo Patrick Fagan dijo que “existe la percepción de que la tecnología moderna nos ha hecho más racionales, cuando la verdad es probablemente lo contrario. Las investigaciones han demostrado que los teléfonos inteligentes, las redes sociales e Internet en general tienden a producir un estilo de pensamiento más superficial, es decir, más emocional, más impulsivo y más estereotipado”, “El hecho de ser bombardeados con contenidos y notificaciones emocionantes e impulsivas de forma continua probablemente nos hace más susceptibles que nunca a la histeria colectiva”.

Sin embargo, cabe mencionar que incluso los políticos se sorprendieron con el nivel de adhesión que la gente tuvo a estas políticas: El ponente Lindsay Hoyle, en la reunión de portavoces del G7 en setiembre de 2020, dijo que con Covid, lo que nos sorprendió a muchos en el Reino Unido fue lo comprometida que se volvió la mayoría de la población una vez que se puso de manifiesto la gravedad de la situación.

***

Para terminar esta recapitulación de lo sucedido desde que empezó la pandemia, quiero añadir algunos extractos de una entrevista que vi recientemente porque deja otra visión de lo que puede estar pasando con la gente que sigue creyendo ciegamente en la ortodoxia Covid. El entrevistado era el psicólogo Mattias Desmet, profesor de psicología clínica en la Facultad de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universidad de Gante, Bélgica, y los entrevistadores eran Reiner Fuellmich y su equipo. Desde el punto de vista de Desmet, existe una especie de hipnosis en la población general. De hecho, dijo “que las personas que han estudiado la formación de las masas, como Gustave Le Bon, McDougall, Canetti han señalado que la formación de las masas es exactamente igual a la hipnosis. También explicó que para que surja un fenómeno de masas a gran escala se necesitan cuatro cosas. La primera es que tiene que haber mucha gente socialmente aislada, gente que experimente una falta de vínculos sociales. La segunda es que tiene que haber mucha gente que sienta una falta de sentido de la vida. La tercera y la cuarta condición son que tiene que haber mucha ansiedad flotante y mucho descontento psicológico flotante [ansiedad y descontento que no está relacionado con algo específico]. Si se dan estas cuatro cosas -falta de vínculos sociales, falta de sentido de la vida, ansiedad flotante y descontento psicológico flotante-, la sociedad corre un gran riesgo de que surja un fenómeno de masas”.

También añadió que “la ansiedad flotante es el fenómeno psicológico más doloroso que alguien puede experimentar”, “Lo que la gente quiere en esta situación es algo con lo que conectar su ansiedad. Buscan una explicación para la ansiedad. Y ahora, si esta ansiedad flotante está muy presente en una población, y los medios de comunicación proporcionan una narrativa, que indica un objeto de ansiedad, y al mismo tiempo, describen una estrategia para hacer frente a este objeto de ansiedad, entonces toda la ansiedad se conecta a este objeto y la gente está dispuesta a seguir la estrategia para hacer frente a este objeto, sin importar el coste”.

Además, habló de una de las principales consecuencias de la formación de las masas: “Por ejemplo, la gente ve las víctimas del coronavirus, pero no parece ver a nivel cognitivo, los daños colaterales de los encierros y todas las víctimas que se cobran los encierros. Tampoco son capaces, a nivel emocional, de sentir realmente empatía por las víctimas de los encierros. Esto no se debe a que sean egoístas. No, es sólo un efecto de este fenómeno psicológico. Y definitivamente, incluso como consecuencia de la formación de masas, la gente no se vuelve egoísta en absoluto. Al contrario, la formación de masas centra tanto su atención en un punto que puedes quitarle todo a la gente -su bienestar psicológico y físico, su bienestar material- puedes quitárselo y ni siquiera lo notarán. Es exactamente lo mismo que la hipnosis, la hipnosis clásica. Cuando un hipnotizador -durante la hipnosis, la atención de alguien se centra en un punto-, puedes cortar partes de su cuerpo, que la persona ni lo notará. Eso nos muestra que la focalización de la atención es tan fuerte, tanto en la formación de masas como en la hipnosis, que la gente es realmente insensible a todas las pérdidas personales que experimenta como consecuencia”.

Desmet piensa que “no despertaremos a las masas en unos días”. Pero también piensa que “podemos seguir hablando y de esa manera, asegurarnos de que el fenómeno de masas [la hipnosis] no se profundice demasiado y que la gente se mantenga un poco despierta y permanezca un poco abierta a otras, a experiencias correctivas. Estoy seguro de que eso es posible. Y estoy seguro de que, en ese sentido, es muy importante seguir hablando de forma reflexiva y deliberada como lo hacemos ahora”.

Quiénes planificaron la propaganda del miedo

Hasta ahora todo era para tratar de entender cómo las emociones, especialmente el miedo, jugaron un papel extremadamente importante en la pandemia. Ahora, quiero desarrollar un poco sobre algunas unidades o equipos que asesoran a algunos gobiernos en la ciencia del comportamiento.

Los Behavioural Insights Teams

¿En qué consisten? ¿Cuál es su función?

Algunos extractos de su presentación:

El equipo Behavioural Insights, también conocido como The Nudge Unit, existe para mejorar la vida de las personas y las comunidades. Trabajamos en colaboración con los gobiernos, las autoridades locales, las empresas y las organizaciones benéficas, a menudo utilizando cambios sencillos para abordar problemas políticos importantes”.

El equipo ha pasado de ser una unidad de siete personas en el corazón del gobierno del Reino Unido a ser una empresa de propósito social global con oficinas en todo el mundo. Sólo en el último año, nuestro trabajo abarcó 31 países”.

Nuestra misión sigue siendo la misma. Generamos y aplicamos conocimientos sobre el comportamiento para fundamentar las políticas, mejorar los servicios públicos y obtener resultados para los ciudadanos y la sociedad”.

Además de nuestras propias intervenciones, compartimos abiertamente nuestra experiencia y ayudamos a otros a desarrollar capacidades y habilidades para aplicar la ciencia del comportamiento. Nuestro personal ha realizado más de mil talleres y cursos de formación para gobiernos de todo el mundo, formando a 20.000 funcionarios y profesionales en materia de conocimiento del comportamiento. También hemos puesto en marcha un programa de educación ejecutiva con la Warwick Business School. Publicamos nuestro trabajo en actualizaciones anuales e informes políticos periódicos, en publicaciones académicas revisadas por pares y a través de entradas de blog regulares en este sitio web”.

Traducimos lo mejor de la ciencia del comportamiento en políticas y prácticas. Nuestro personal está formado por ex funcionarios, especialistas en políticas y académicos de disciplinas como la economía del comportamiento, la psicología social, la neurociencia y la antropología.”

¿Es el grupo público o privado?

En 2013, El gobierno británico buscó a un “socio comercial” para el Behavioural Insights Team, y en febrero de 2014 anunció que “el Behavioural Insights Team está siendo ‘escindido’ del Gobierno y creado como una empresa de propósito social”. Pero también el anuncio decía: “La propia empresa tiene tres propietarios: los empleados, el gobierno del Reino Unido y Nesta (la principal organización benéfica de innovación del Reino Unido). Nesta fue la ganadora de un proceso altamente competitivo para convertirse en socia del equipo, y estamos encantados de tenerlos a bordo”.

Investigando un poco más sobre Nesta:

Lo siguiente es un extracto de su presentación:

Somos Nesta. La agencia de innovación del Reino Unido para un bien social. Diseñamos, probamos y ampliamos nuevas soluciones para los mayores problemas de la sociedad, cambiando millones de vidas para mejor.”

Sin embargo, ¿cómo se gobierna?

Algunos extractos de la sección ‘How we are governed’:

Nesta está dirigida por un Consejo de Administración”.

“Los fideicomisarios apoyan a nuestro equipo ejecutivo, orientando su toma de decisiones en cuestiones estratégicas, pidiéndoles cuentas por su liderazgo de la organización y guiándoles para que cumplan con los objetivos benéficos de Nesta”.

“Los fideicomisarios de Nesta son, en última instancia, los responsables legales de la organización benéfica, sus activos y actividades. No reciben ninguna remuneración por actuar como fideicomisarios de Nesta”.

“Los fideicomisarios de Nesta son responsables del papel de Nesta como fideicomisario de Nesta Trust”.

¿Pero qué es Nesta Trust?

Nesta Trust es un fideicomiso benéfico que mantiene todos los activos de inversión invertidos para financiar las actividades benéficas de Nesta en la promoción de los objetivos del fideicomiso

¿Y quiénes son los fideicomisarios de Nesta?

En el  informe de 2020:

Además, es importante mencionar algunas de las técnicas que utilizan para influir en el comportamiento::
MINDSPACE
EAST

En el pdf adjunto abajo resumimos algunos de los manuales de estas técnicas para tratar de entender cómo funcionan y en qué se centran para que seamos capaces de identificar, al menos algunas veces, cuándo se están utilizando las mismas y, además, para comenzar a dar difusión a estos temas que la población debe enterarse que existen. 

Para el final dejé un extracto de un ensayo del científico del comportamiento Patrick Fagan, que se encontraba al final del libro A State of Fear, y que nos da tres tácticas que podemos utilizar para luchar contra los “empujones”.

PDF-complemento-ROCCA-3

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