DIEGO ANDRÉS DÍAZ / La Ciencia Política, como campo disciplinar, ha abordado de forma teórica el concepto de Centralismo Político desde diferentes ópticas y marcos interpretativos. En este sentido, los conceptos de autodeterminación, secesión, legitimidad, estado, poliarquía, descentralización, unitarismo, federalismo, entre otros, se involucran constantemente y se yuxtaponen con respecto a un fenómeno de naturaleza compleja, donde la demarcación del campo de estudio y su extensión en definir límites precisos es un desafío quizás inabordable, quizás inútil
ENSAYO
Algunas consideraciones preliminares
Un primer paso en el proceso de definición del campo de estudio es analizar cuáles son los elementos que definen un proceso de centralización en lo que respecta a las relaciones políticas de las sociedades, es decir, en lo que atañe a las relaciones de poder. En este sentido, un primer paso es delimitar lo que representa la acción humana como manifestación humana de una acción dirigida a un fin, de la capacidad humana de poder -es decir, de obrar y producir efectos- y de las relaciones de poder como “…el poder de un hombre sobre otro hombre…”. Es la deriva, compleja y peligrosamente laxa, del poder fenómeno social, y, en cierto sentido, basado en una relación triádica: “…Para definir un cierto poder, no basta especificar Ia persona o el grupo que lo retiene y Ia persona o el grupo al que están sometidos: hay que determinar también Ia esfera de actividades a la cual el poder se refiere, es decir la esfera del poder…” (1).
Una primera aproximación a nivel histórico es constatar las implicancias sociales e ideológicas que una demarcación conceptual representa: en este sentido, los campos donde se manifiestan procesos de centralización y descentralización son tan amplios y tan abarcativos que, necesariamente, es necesario señalar que ambos conceptos tienen un sentido histórico en la medida que manifiestan tendencias dinámicas en las relaciones de poder político, simbólico, real e ideológico, en la Historia.
Es así como no representan conceptos operativos, sino más bien tendencias constantes en la Historia, influidas por una serie de factores culturales, sociales y económicos que impactan directamente en las variaciones e intensidades de los fenómenos centralizadores y descentralizadores en el poder en la Historia.
La comparabilidad conceptual de los fenómenos de centralización política / descentralización, -tendenciales, dinámicos, provisorios- a nivel histórico tiene como valor central el intentar tomar distancia de su conceptualización en sentido amplio, y necesariamente teórico: los extremos totalizantes de estos dos conceptos (el centralismo político absoluto o la descentralización política absoluta) operan en el plano de la complejidad funcional total, la utopía, la especulación filosófica y psicológica. En el proceso histórico, en cambio, lo que a priori se observa como continuidad son mayormente los vaivenes tendenciales, la coexistencia de ordenamientos en parte centralizados y en parte descentralizados, ya que las relaciones de poder en la práctica -no tanto así en la teoría y en la especulación filosófica- raramente están enfocados en la optimización perfecta de una de las tendencias.
Para comenzar, es importante señalar que los procesos de centralización y descentralización política están profundamente ligados al ejercicio del poder coercitivo, ya sea real o potencial, por parte de una agencia u organización frente a la autonomía o resistencia de individuos o grupos. Y este factor tiene, necesariamente, una proyección a nivel de los sistemas de organización política o administrativa, en las estructuras legales, económicas, sociales, culturales y en todas y cada una de las cuestiones humanas en sociedad.
Además de este factor central como marco de análisis (la relación directa del potencial coactiva como determinante en las relaciones de poder), hay que referir nuevamente al carácter dinámico de la relación centralización – descentralización, la alternancia y parcialidad de los procesos, la importancia de las dimensiones temporales y espacial-geográfica en las consideraciones teóricas para interpretar, es decir, wel identificar el contexto histórico y social que determina si la descentralización es efectiva o ficticia, si está inspirada en un marco ideológico o filosófico que promueva una tendencia u otra, si la descentralización política supone desconcentración, o la importancia del impacto de la técnica, de las relaciones materiales, la geografía, el clima, la demografía, y un sinfín de elementos que se involucran directamente en las interpretaciones y en el manejo de las fuentes.
Un camino en el cual tiendo a pensar que es infructuoso avanzar es en el del análisis del origen de la “voluntad de poder”, es decir, en tratar de descifrar alguna especie de ley general que determine los factores fundamentales que derivaron a las primeras manifestaciones de algo así como “relaciones de poder político”. En general, los abordajes sociológicos y filosóficos tienden a buscar leyes generales sobre este origen, utilizando desde “estados de naturaleza” que nos mostrarían diáfanamente las causas de estas relaciones, o incluso intentan montar una construcción teórica sobre el origen psicológico de esta tendencia, ya que necesariamente se entremezclan conceptos como autoridad, jerarquía, liderazgo, jefatura y predominio, entre otros, que poco aportarían su problematización para un enfoque histórico sobre el centralismo político, es decir, una Historia del centralismo político y el concepto de secesión política.
Es por ello que conceptos como centro y periferia, voluntariedad y coactividad, instituciones políticas, ideologías, estructuras económicas, jurídicas, religiosas y culturales, los aspectos técnicos de la producción, el comercio, la técnica de la guerra, la comunicación o la navegación, representan, por citar algunos, elementos de mayor relevancia a la hora de analizar el proceso histórico que ha tenido el centralismo político.
Poder político y obediencia civil.
En su obra Sobre el Poder, Bertrand de Jouvenel sostiene que “…conocer las causas de esa obediencia equivale a conocer la esencia del Poder…”. Existe a priori una constatación: aunque se obedezca una orden, existe siempre la posibilidad de realizarla aunque a nivel de nuestra conciencia, en nuestra mente, somos absolutamente contrarios de realizarla. Es decir, que existe un potencial inmutable de libertad de conciencia que ninguna amenaza real o potencial de coacción puede arrebatarnos. Entonces, desde ese elemento inicial, podemos afirmar que se abre un abanico inconmensurable de casuísticas por las cuáles accedemos a aceptar una orden -y por consiguiente, el ejercicio de un poder por parte de otra persona- que van desde la aceptación absoluta -por convicción, racionalidad, principios, etc.- a la aceptación por temor a ser asesinado, o sufrir represalias físicas, patrimoniales, legales, reputacionales o del tenor que sean.
El Poder, efectivamente, tiene entonces un límite que por ahora no puede traspasar -nuestra conciencia- aunque sí influenciar y moldear sin caer en la coacción física, pero necesariamente desde ese límite se proyectan las posibilidades efectivas que el poder ostenta para lograr la obediencia. Y allí, la Historia nos plantea una variable fundamental, que según De Jouvenel puede definirse como el “…quantum de medios sociales de que el Poder puede disponer…” para el ejercicio del mismo, y que es una cantidad, en principio mensurable. “…Esta cantidad está estrechamente ligada al quantum de obediencia, por lo que es perfectamente lógico que estas cantidades variables denoten el quantum de Poder. Podemos decir con fundamento que cuanto más completamente puede el Poder controlar las acciones de los miembros de la sociedad y apoderarse de sus recursos, mayor es su extensión…” (2)
Pero necesariamente, la obediencia a ciertas prácticas habituales en nuestra vida, no representan manifestaciones de un proceso de poder centralizado que nos interese necesariamente como fenómeno histórico, porque en última instancia la obediencia y la voluntariedad son dos campos de la psicología individual y de masas lo demasiado ambiguo y resbaladizo como para representar marcos interpretativos de análisis, así como tampoco nos muestra un camino útil detenernos en cuestiones relacionadas a emociones humanas.
Entonces, la obediencia civil como fenómeno no representa en sí un factor a tener en cuenta a la hora de abordar una Historia del centralismo político, sino el de interpretar las causas por las cuales se obedece, si estas están relacionadas a una construcción del poder que tiende a concentrarse, centralizarse y expandirse, si este poder promueve crecientes mecanismos de universalización de ese poder, si manifiesta una creciente capacidad coactiva de lograr la obediencia, si tiene como concepción virtuosa de sí mismo ese crecimiento estructural, simbólico, territorial, es decir, a nivel cuantitativo y cualitativo, así como el proceso histórico de acumulación y desconcentración del mismo.
Centralización política y Estado. Un problema teórico.
El primer desafío teórico que se manifiesta es el de definir la naturaleza del poder político en las distintas etapas de la Historia. Y especialmente, cuando analizamos el uso extendido a nivel temporal del concepto de Estado. Los debates en torno a la pertinencia de este concepto a nivel de las diversas etapas del desarrollo político de las sociedades es vasto y profundo. Por ello es necesario tratar de ir destejiendo el entramado a partir de algunas interpretaciones y análisis menos ambiciosos que nos permitan ir creando un marco de entendimiento mínimamente claro.
De todas las interpretaciones y teorizaciones sobre la naturaleza del Estado, la que esta relacionada con su capacidad coactiva parece ser la más extendida y aceptada. Esto no supone un reduccionismo conceptual, ya que, como dice Charles Tilly, “…El reconocimiento sincero del papel central de la fuerza en las actividades gubernamentales no implica que creamos que la autoridad del gobierno descansa «únicamente » o»en última instancia” en la amenaza de violencia…”. Robert Carneiro en su trabajo Reflexiones sobre el Estado define al mismo como “…una entidad autónoma política abarcando muchas comunidades dentro de su territorio y teniendo un gobierno centralizado, con el poder de reclutar hombre para la guerra y el trabajo, recaudar y colectar impuestos, y decretar y ejecutar leyes…”. Esta definición más laxa y extensiva de los elementos constitutivos de un Estado abre la puerta a extender ese concepto a numerosas etapas de la Historia de la humanidad, y ha significado el debate sobre el origen del estado y las circunstancias de su aparición cuestión de acalorados debates.
En lo que respecta a los aspectos que me parecen útiles a descifrar las dinámicas en la relación centralización política – descentralización política, el origen del Estado y los debates al respecto nos ofrecen pistas sólidas de encontrar los factores recurrentes en esta relación, teniendo en cuenta que son las manifestaciones resultantes de esta interacción las que nos interesan como fenómeno histórico (la dualidad dinámica del centralismo y la descentralización) y no el debate teórico conceptual del origen del Estado, que subyace.
En suma, abordar el centralismo político no es definir un modelo fijo, sino rastrear una historia de concentraciones y dispersiones del poder, de relaciones de coacción y legitimación, de estructuras que aspiran a universalizarse y resistencias que fragmentan. Lo importante no es solamente cómo se obedece, sino por qué se obedece, en qué condiciones, y con qué grado de autonomía o imposición se construye ese centro desde el cual se ejerce el poder. Esta mirada no sólo permite comprender el presente, sino advertir que el Estado no es una esencia sino una configuración histórica: mutable, contingente, y siempre en disputa.
Notas
1 BOBBIO, Norberto, MATTEUCCI, Nicola, PASQUINO, Gianfranco. Diccionario de Política. México, S. XXI Editores. 1991. Pág. 1191
2 DE JOUVENEL, Bertrand. Sobre el Poder. Historia natural de su crecimiento. Madrid. Unión Editorial. 1998. Pág. 66
3 CARNEIRO, Robert. Reflexiones sobre el Estado.


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