ALDO MAZZUCCHELLI / Allí donde un fragmento de política woke asome la cabeza, uno que sepa mirar ve, simplemente, la imposibilidad de la modernidad oxidental de seguir imponiendo una unilateralidad hiperracionalista e hiperespecializada que se ha llevado al absurdo (el sueño de la Razón produce monstruos, ya dijo Goya), y ante esa imposibilidad, un negacionismo ilusorio+

ALDO MAZZUCCHELLI (x2) / Hasta tanto no nos permita crear e interactuar con nuestras creaciones hasta generar una simulación espiritual que realmente sea autónoma, la humanidad no habrá ido un paso más lejos de las novelas
+

ALDO MAZZUCCHELLI (x3) / Figuras de la “disidencia” uruguaya leen al revés una declaración oficial, y también el mundo contemporáneo. Siguen razonando como en la Guerra Fría y le hacen el juego al globalismo que sigue vendiendo el humo de los “derechos humanos” y la “democracia”+

GONZALO PALERMO / Los titanes del entretenimiento parecen estar despertando del delirio woke para desayunarse con que allá afuera existe el mundo real. La narrativa única empieza a desintegrarse, el mapa geopolítico global se transforma y algo parece remitir para que otra cosa (hasta ahora más o menos silenciada) vea la luz, y todo eso se puede ver reflejado en la crisis de audiencia de las grandes plataformas de streaming+

ALMA BOLÓN / Me referiré a dos pares, “imperialismo y globalización”, “resistencia y adaptación”. Mi tesis será que el desplazamiento terminológico -la caída en desuso de los términos “imperialismo” o “neocolonialismo” y su reemplazo por “globalización” o “mundialización”- constituye una manera de liquidar la resistencia y de forzar la adaptación a lo que fundamentalmente sigue siendo “imperialismo” y “neocolonialismo”+

FERNANDO ANDACHT / Nada es más dañino que el acto irracional o anti-racional de “obstruir el camino de la investigación”. Por ese motivo, no es exagerado calificar el extenso e insensato campo de los estudios de agravio y la nefasta cultura de la cancelación, que es su ominosa sombra, ambos auspiciados por la neo-religión woke disfrazada de conocimiento académico, como un conjunto de equivocadas formas de ejercer la obstrucción tenaz y mortífera del verdadero sendero de la investigación.
+

MARIELA MICHEL / En relación al futuro, no se incluye en ningún discurso institucional asociado a la infancia y a la adolescencia la explicación de cómo fueron generadas las patologías que se están observando hoy, no solamente en los bebés sino también en la infancia y la adolescencia. Son problemas de salud mental y física que están siendo estudiados, cuantificados, y descritos, para ser tratados con fármacos o psicoterapia por las propias instituciones que los generan. La prevención cayó en el agujero negro de sus discursos académicos y políticos y con ella la posibilidad de una auténtica reparación.
+

ERIC KAUFMANN / Ser woke consiste en sacralizar a grupos históricamente marginados. Esta religión refuerza una ideología que yo denomino «socialismo cultural», que sostiene que el objetivo más elevado de la sociedad es igualar los resultados de los grupos identitarios desfavorecidos y protegerlos de cualquier daño, como oír describir a Estados Unidos como «una tierra de oportunidades». ¿Cómo ha llegado este ethos, que se esconde bajo etiquetas inocuas como «diversidad» o «inclusividad», a convertirse en el pináculo de nuestra cultura? ¿Qué podemos hacer al respecto?
+

RYAN TURNIPSEED / En el último siglo, los Estados han ejercido un gran control sobre los canales de los medios. En la mayor parte de Occidente, los grupos de presión y los cárteles que trabajaban con gobiernos «liberales» y «democráticos» regulaban quién podía emitir, mientras que los gobiernos, con sus infinitas reservas de dinero y fuerza política, competían con los establecimientos privados o extranjeros. +