FERNANDO ANDACHT / ¿Qué puede decir alguien que nada sabe de fútbol sobre la conferencia de prensa del polémico DT de la Selección Nacional Marcelo Bielsa del 20 de noviembre de 2025? Nada relevante para quien quiera saber cómo mejorar la performance de ese equipo, o conocer con rigurosos detalles la historia que pergeñó los triunfos de los equipos de la primer mitad del siglo 20 (Mazzucchelli, 2019). Pero desde hace años, coloqué en este deporte una mirada oblicua (Andacht, 1992;1996), para analizar el significado del fútbol mundialista en el imaginario social uruguayo (Andacht, 2024; 2023). En este ensayo, les propongo que durante el tiempo total de un partido más los descuentos (Desbocatti, 21.11.2025), con copiosos signos confesionales, el entrenador argentino Bielsa produjo la desmaracanización del mundo.

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Ante un reducido grupo de periodistas, Marcelo Bielsa se encargó de destruir concienzudamente el clima mágico en virtud del cual, por un tiempo fuera del tiempo, lo implausible se vuelve factible. Como una inmensa y leve nube, el sueño cíclico de la victoria de David sobre Goliat, en el inmenso estadio de Maracaná desciende de nuevo sobre toda la superficie del paisito, en ocasión del torneo mundialista FIFA. Se trata de un esfuerzo imaginativo individual y colectivo, porque, como canta Kevin Johansen, soñar no cuesta nada: “Anoche soñé contigo/Y no estaba durmiendo/Todo lo contrario/Estaba bien despierto/Soñé que no hacía falta/Hacer ningún esfuerzo/Para que te entregaras/Y en ti yo estaba inmerso/Qué lindo que es soñar/Soñar no cuesta nada/Soñar y nada más/Con los ojos abiertos/Qué lindo que es soñar/ Y no te cuesta nada más que tiempo.” Alcanza con cambiar el objeto de deseo erótico de la canción por la conquista de la Copa del Mundo FIFA, y esa letra ya lo dijo todo sobre el recurrente mito uruguayo. Fue ese sueño precisamente el que ultimó, sin remordimientos, pero  con vehemencia y la mejor intención, ese extranjero, que, en una extensa travesía confesional inédita, reveló no ser humano, entre muchas otras sorpresas testimoniales. Pero también nos dejó como pieza para conservar en el Museo del Fútbol su encendida pasión por volverse un miembro honorario de la tribu mesócrata, de la cual le tocó en suerte dirigir a su Totem supremo. 

Breve presentación del imaginario social uruguayo

Antes de internarnos en el nutrido follaje de signos verbales y gestuales en que se prodigó el DT M. Bielsa, creo necesaria una definición y un par de ejemplos del imaginario social uruguayo. 

Un pensador griego-francés se preguntó por qué teniendo casi la misma composición física, biológica, cada sociedad se configura de modo singular. ¿Cómo es que la sociedad encuentra un rumbo por el que transita de modo único, tanto a nivel individual como colectivo? Castoriadis encuentra la respuesta a su interrogación en la singular capacidad imaginativa humana:

El Imaginario es creación incesante y esencialmente indeterminada (social-histórica y psíquica) de figuras/formas/imágenes y sólo a partir de éstas puede tratarse de algo. Lo que llamamos ‘realidad’ y ‘racionalidad’ son obras de esta creación. (Castoriadis, 1975, pp. 7-8)

«El asiento de esta vis formandi en el ser humano singular es la imaginación radical, i.e., la dimensión determinante de su alma. El asiento de esta vis en tanto que Imaginario Social Instituyente es el colectivo anónimo (…) el campo socio-histórico.» (Castoriadis, 1997, p. 228)

El término vis formandi se refiere a nuestro poder imaginativo tanto personal como colectivo. El imaginario radical del individuo encuentra una gran resistencia para cambiar lo ya imaginado por la sociedad, porque lo ya instituido – el imaginario efectivo –  se opone con vigor al cambio, al punto de “esclavizarnos” a través de sus normas, de todo lo que se ha vuelto normal: 

“Significaciones que, a partir del momento de su institución, llevan una vida independiente, creaciones de la sociedad instituyente a las que ésta se esclaviza en cuanto se ha instituido. Entonces quedaba claro que la alienación, en el sentido histórico-social, no era otra cosa que eso: la autonomización de las significaciones imaginarias en y por la institución, o, dicho de otro modo, la independencia de lo instituido respecto de lo social instituyente«. (Castoriadis, 1973/1964, p. 53)

Hay manifestaciones mediáticas banales que sirven de vehículo para que esas formas soñadas salgan a la superficie y exhiban al mundo de cada día su continuada vitalidad. Un ejemplo de ese trasiego de símbolos en el que se apoya el imaginario social lo encontramos en la figura del primer ganador del talent show MasterChef Uruguay, en 2017 (Andacht, 2024). Nilson hace gala de una exuberante humildad que permite compararlo con la figura totémica de la jactancia negativa en Uruguay, con Obdulio Jacinto Varela, el capitán de la selección de fútbol que ganó la Copa del Mundo en 1950. La inminencia de su victoria gastronómica hace que este oscuro funcionario público del interior demuestre sentir una creciente incomodidad, lo que lo convierte en la encarnación más pura de esa mítica modestia, del legendario bajo perfil que caracteriza como símbolo estable el imaginario social efectivo, cristalizado hace ya mucho tiempo en Uruguay. Cinco años después, el instante de poner en escena la sublime pequeñez la encontramos en otro talent show televisivo: Got Talent Uruguay. La integrante que encarna la alta cultura en el jurado del programa expresa su arrobo y su pasión por el mismo sentimiento que materializó el cocinero consagrado en 2017; ella lo hace ante un grupo de músicos ambulantes. En 2022, vemos a la jurado María Noel Riccetto conmovida no sólo por el arte sonoro de Los Sureños, sino en particular por la actitud de uno de sus integrantes. Antes de que los lectores piensen mal, y sospechen algún tipo de asedio sexual de la jueza, transcribo sus conmovidas palabras de elogio por ese cantante: 

“Lo que me gusta de este grupo es que llegaron de forma muy tímida. Yo no dejé de mirarte a vos. ¿Cuál es tu nombre? [Fernando, le responden] Me pasa es que no te saqué los ojos de encima desde que entraste con una sencillez, y te quedaste más atrás que todos, escuchabas, siempre con el mismo semblante… Y pensaba, no, ¡qué increíble, que una persona tan sencilla tenga ese valor  de subir al ómnibus y hacer eso todos los dias, porque tiene que haber un amor tremendo en lo que hacen los cuatro! Y pensaba em esa cosa opuesta de esa sencillez y esa timidez y tener el valor para abrirse y expresarse, de cantar con tanto amor y compartirlo con todo el mundo. Eso a mí me parece muy honesto y muy genuino, y la verdad es que siempre me emociono mucho  con historias como esta.”

Para calibrar realmente ese momento epifánico, en el que el imaginario social efectivo, ese sueño colectivo ya cristalizado, resurge a través de símbolos como las palabras y gestos de la emocionada bailarina-jueza, les recomiendo contemplar las imágenes y sonidos de ese momento, ninguna descripción puede sustituir esa experiencia del éxtasis ante la aparición del núcleo mismo del imaginario social. Cuando lo miren, también importa observar detenidamente la figura a la que Riccetto dedica su encendida apología: el hombre encarna inmejorablemente la legendaria modestia uruguaya – eso que ella llamó varias veces “sencillez”. Todo en él transmite la ausencia de pretensión, el deseo de ser casi invisible, lo que es paradójico en un ámbito de máxima visibilidad. No saben que la presencia de ambos, M.N. Riccetto y el cantor Fernando, trasciende ese triste formato de entretenimiento televisivo glocal, para convertirse en una mística modesta ofrenda verbal y gestual en el altar obduliovareliano, el santo principal del culto laico en Mesocracia. Figuras como la de Nilson o la del cantante de hiperbólica sencillez pertenecen al santoral secreto uruguayo, al imaginario social. Con no poco pudor, la sociedad se permite exaltarlos de modo distraído, como si los habitantes no se dieran cuenta de la enorme y modesta magnitud de esos episodios de veneración y éxtasis ante la modestia encarnada. Es desde ese peculiar territorio, que es a la vez inasible y real, que me dedico a observar y a analizar la muy extensa conferencia de prensa que brindó Marcelo Bielsa, tras la humillante derrota (5 a 1) del Seleccionado uruguayo ante el de EEUU, el 20 de noviembre de 2025. 

El interminable sermón del montículo futbolero

La palabra del conferenciante transmitida por AUFTV es una extraña combinación de varios registros. Bielsa recurre al idioma mesócrata estandar – la expresión del habitante uruguayo promedio cuyo dogma es la jactancia negativa (Andacht, 1996, 231-233), es decir, el vanagloriarse de no vanagloriarse. Este documento intangible de identidad que porta todo habitante de Mesocracia, el reino uruguayo de la medianía, donde predomina el no destaque, naturalmente es una de las formas más extremas de la arrogancia. Hay también en su alocución un poco del elogiado y excelsamente modesto orador José Mujica: su búsqueda incesante de volverse el médium de una honda sabiduría sino telúrica al menos futbolera. Pero en Marcelo B. brilla por su ausencia un ingrediente clave del decir de quien fuera presidente y guerrillero: su plagio o constante inspiración en la prosa pre-woke eduardogaleánica, el estilo anticipatorio del autor de las venas-abiertas-latinoamericanas de lo que podría decirle al mundo en estado de alarma la máxima estrella del activismo global Greta Thunberg, si ella no careciera de toda poesía y expresividad. Pero debo reconocer un elemento original en la avalancha sígnica que derrama ese día Bielsa: su desesperado y tenaz intento de volverse un mesócrata honorario, de formar parte de la tribu local, cuyo máximo elenco deportivo le tocó dirigir en pos de una meta que él mismo, irónica y trágicamente, se encargará de demoler y abandonar, desde el inicio al fin de esa alocución. Eso fue lo que ocurrió ese tristísimo jueves santo de “agonía y oración”, en que se convirtió el 20 de noviembre de 2025, transmitido desde un lugar más que apropiado para esa ceremonia mediática (Amen, 2021): el museo del fútbol.  

El vía crucis: la melancólica meditación de don Marcelo B. camino del calvario

En varios momentos, el entrenador de la selección nacional de fútbol procede a desnudar su alma, a humillarse ante su público, que él mismo dice representa a la nación toda, furiosa y curiosa por conocer lo que él hará tras la vergonzante derrota del equipo que dirige. Veamos la primera de sus ofrendas, desde ese peculiar confesionario. Como expliqué al inicio, no me detendré en las reflexiones técnicas, relacionadas con el manejo futbolístico, sobre el que todo lo ignoro. Sólo voy a ocuparme de las declaraciones que revelan el ánimo de quien brinda ese testimonio, y que atañen al imaginario social. Lo sepa él o no, Marcelo Bielsa en su discurso atenta contra lo que llamé hace muchos años, “la maracanización del mundo uruguayo” (Andacht, 1992, p. 129). En ocasión del Mundial de Italia, en 1990, una publicidad televisiva de Ancap muestra a un escolar con atuendo vareliano, túnica blanca y el asterisco azul de la moña al cuello, pateando una pelota amarilla, mientras una emocionada voz masculina en off proclama: “En el país del fútbol, quien no soñó alguna vez…” No concibo una mejor representación del ánimo maracanizado de toda la sociedad uruguaya, durante ese tiempo en que a pesar de ser remota o inverosímil, subsiste la esperanza en ver al país de nuevo campeón del mundo. 

Cuando le preguntan por las duras críticas que hizo a su gestión Luis Suárez, Bielsa responde de un modo que daña ese sueño; el suyo es un acto involuntario, pero irreversible:

“[Suárez] nos ayudó a salir terceros, está bien, terceros no vale nada, pero para mí sí vale y él fue un factor y tuvo durante toda la Copa América una presencia de absoluta colaboración.”

Lo que seguramente pretendió ser una de las muchas y crecientes demostraciones de extrema modestia de este denodado aspirante a mesócrata, cubre de desprecio la “ceremonia mediática” (Amen, 2021) que hace quince años logró reunir la política, y la sociedad toda junto con el Seleccionado, para celebrar no el tercer puesto, sino el cuarto, que consiguió ese equipo en la Copa del Mundo de Sudáfrica, en 2010. El entrenador elogia la actuación del jugador, pero al mismo tiempo desdeña como insignificante el haber logrado el tercer puesto en el torneo de 2024. El sueño que se encuentra en el corazón del imaginario social uruguayo se alimenta de momentos como el festejado con enorme fervor por una multitud en las calles y ante el escenario montado en el Palacio Legislativo, con la misma euforia que si su Selección se hubiera consagrado campeona del mundo, en vez de haber conseguido el modesto cuarto lugar.  

La estación de la ignominiosa y payasesca pérdida de dignidad dentaria

A una pregunta sobre la posibilidad de que los jugadores no le digan “a la cara” lo que realmente piensan sobre su gestión, pero que esa información les llegue de todos modos a los periodistas como “trascendidos”, un imperturbable y poderoso personaje del universo del deporte rey, responde mediante lo que se conoce como la “rebaja de estatus” (Jaffe-Dax, 2024). Esa actitud consiste en “un tipo paradójico de exhibición de  estatus, en el cual más estatus social es señalizado mediante una substracción de símbolos de estatus” (p. 200). En otras palabras, aquello que en una persona de condición marginal o estigmatizada socialmente transmite su condición inferior, cuando lo adopta para su presentación alguien de reconocido gran poder social y prestigio, le sirve para confirmar y destacar su propia centralidad e importancia en la sociedad: 

“Mire, yo dirigí a Chile y me hicieron el mismo planteo y yo dije, ‘puta, es legítimo el planteo éste’. Yo tenía dentadura postiza los dientes frontales. ¿Sabe qué hice? Al otro día dejé entrar a los periodistas y les di un lugar preferencial, casi adentro del campo. Y fui al entrenamiento sin la dentadura. Los jugadores cuando vieron a un tipo desdentado de ayer a hoy, me faltaba todo esto [muestra los dientes frontales con los dedos] se quedaron todos al entrenamiento, y al otro día la tapa de todos los diarios chilenos era mi boca vacía, me entiende.”

Pocas cosas dicen más y peor sobre la situación social, económica y nada privilegiada de un ser humano que el mal estado de su boca, concretamente la ausencia flagrante de dentadura. Cuando eso le ocurre a alguien cuyo ingreso es muy superior al de la inmensa mayoría de la población, la única interpretación factible es que se trata de un acto de máxima seguridad y confianza en sí mismo, de una parodia de las normas del buen parecer, que en definitiva sirve para destacar su elevado estatus. Otra incursión en esa estrategia de rebajar su propio estatus, para realzar su condición superior a la del promedio, la describe Bielsa cuando relata su intento totalmente fracasado de ser gracioso, con el fin de suavizar la incomodidad experimentada por el equipo a causa de haber recibido un horario muy temprano, para realizar el entrenamiento: 

“Queda claro que soy un pésimo actor, un muy mal payaso. Homenchenko dijo que Bielsa es un abuelito y cuando entro dicen ‘ahí viene el abuelito’. Pero yo no soy ese, los jugadores se dan cuenta. ¿Qué actuación está haciendo este bicho acá de abuelito, no abuelito, la cámara y demás? Pero algún aporte tengo que hacer.”

Sin quizás saberlo, esa actitud de Bielsa lo acerca a la meta que, intentaré demostrar, él persigue con ahínco, y que no es precisamente la de mejorar el nivel de juego de la Selección nacional para el próximo Mundial de 2026. Nada describe mejor el ánimo de este país que el relato quizás ficticio pero de dureza mineral como los símbolos más arraigados del imaginario social, que cuenta cómo el Negro Jefe, Obdulio Jacinto Varela, tras la victoria de Maracaná en 1950, sintió una gran tristeza por haberle arrebatado una alegría con la que contaba el pueblo brasileño, que le impidió festejar ese resultado que lo tuvo como uno de sus protagonistas. No concibo una forma más pura de la rebaja de estatus: desfilan en mi mente las recientes imágenes de exaltación irrestricta y duradera de otros campeones de ese torneo internacional. Pero nada es más justo y adecuado que esa narrativa mítica para la conformación del reinado de la jactancia negativa uruguaya: el enorgullecerse de la falta de enorgullecerce por un mérito tan bien ganado, incluso extraordinario como lo fue esa victoria deportiva de hace 75 años. 

A pesar de seguir embarcado en la desmaracanización del mundo uruguayo, Marcelo Bielsa coloca ofrendas al pie de la estatua inexistente pero real de aquel gran jugador del siglo pasado que fue el Negro Jefe. Sin duda, la imagen de un payaso desdentado no brinda seguridad alguna para quienes esperaban oír que el equipo nacional está en buenas manos. Sin embargo, no es poca ironía, que quien lo dirige no deja de hacer méritos para ser uno más de los humildes jactanciosos negativos de este imaginario social.  

La estación de las más oscuras confesiones de un ser abominable

Diez minutos antes de cumplirse la hora de su conferencia, Marcelo Bielsa entiende que es necesario revelar lo que considera más nefasto de su persona; él lo hace con gran énfasis y total convicción. Así le propina el golpe de gracia para terminar de demoler el sueño que anida en el corazón del imaginario social: la maracanización del mundo social uruguayo. Nada parece detenerlo en esta misión (auto)destructiva creciente, que tiene varias estaciones, en las que presenciamos un constante aumento del caudal confesional negativo:

“Todo lo que tenga que ver con lo humano, yo nunca lo ignoro, no porque yo sea humano, sino porque me conviene, como lo que quiero es que me vaya bien, lo humano me conviene. No soy humano. Bueno no soy. Trato de ser justo, que tampoco es bueno. Hay que ser bueno o humano, no justo, pero me sale mal cuando quiero jugar ese rol.”

Ya es más que suficiente escuchar la confesión de ser alguien por completo ajeno a la humanidad, para que su actividad como  guia u orientador de un grupo de seres humanos se autocancele, sea inviable. Imposible no preguntarse, sin necesidad de ser experto en la dimensión profesional de este deporte, cómo alguien podría conseguir el más alto rendimiento de un equipo de fútbol, sin tener la capacidad de ser un muy activo y eficaz comunicador. Pero, en este momento de su vía crucis, no es posible ignorar el hecho de que Bielsa se declara por completo incapaz de realizar esa tarea. Si suponemos que “ese rol” que quiere pero que no consigue jugar es el de ser alguien empático, abierto, en fin, humano o buena persona, es imposible no inferir que él ha procedido a poner en práctica la desmaracanización del mundo uruguayo. Quien debería obrar como un conductor de orquesta, confiesa que se le da muy mal el armonizar a los integrantes de ese conjunto, y por ende no puede en modo alguno hacerlos tocar al unísono la música que cada uno tiene en su partitura. Pero no termina allí su auto-descalificación para preservar el sueño del pequeño David ante el inmenso Goliat futbolero de sus poderosos rivales futboleros. El entrenador aún tiene más municiones para que abandone toda esperanza quien lo escuche y comprenda sus palabras: 

“Yo siempre digo una palabra: soy tóxico, Relacionarse conmigo empeora al que se relaciona conmigo. ¡Sí, tóxico! Hay tipos tóxicos, que solo ven el error, que están corrigiendo, que demandan, que nunca están satisfechos de nada, que le gusta hablar solo del trabajo, que va a comer y lleva un diario porque no quiere integrarse con el resto y no tener que hablar de cosas que lo alejen. Todo eso yo lo vivo como un karma. Esa obsesividad [sic] está en la búsqueda de recursos que te alejen de la derrota y que te acerquen a la victoria. […] Pero es lo que me tocó vivir, así se gestó en 40 años. Entonces, hay un montón de elementos que te habilitan para determinadas cosas, que no te habilitan para otras.”

En ese preciso momento, Bielsa va mucho más allá de la ritual falsa modestia, que en Uruguay no es un mero detalle elegante en la interacción social. Con sus dichos, él acaba de tirar abajo cualquier tipo de anhelo sobre su posible reinvención técnica o reforma anímica para estar en condiciones de dirigir el fútbol mundialista de la Selección nacional en el Mundial de 2026. 

La estación que lo redime: el vía crucis tiene una pausa musical de redención mesócrata 

“El extranjero está cerca de nosotros en la medida en que sentimos que él y nosotros compartimos características comunes de naturaleza nacional, social, profesional o, en general, humana. Está lejos de nosotros en la medida en que estas características comunes se extienden más allá de él o de nosotros, y nos conectan solo porque conectan a un gran número de personas.” (Simmel, “El extranjero”)

Pero no todo está perdido, para que resurja el cíclico sueño del David charruguayo capaz de vencer al inmenso Goliat de la adversidad futbolera. En su conferencia, también aparecen oscuros destellos que revelan rasgos de bondad en el alma de este inesperado y temible adversario de la maracanización. En el trecho que cito a continuación, la ignominia que confesó sobre su persona se dulcifica, porque Marcelo Bielsa resulta ser, después de todo, un gorrión sentimental, alguien que sueña con volverse un humilde mesócrata honorario. Ese milagro, nos cuenta, lo consigue una canción uruguaya que lo “enloquece”. 

Vale la pena citar en extenso lo que considero el pasaje más importante de toda esta conferencia para nuestro imaginario social. Discrepo entonces con el humorista Darwin Desbocatti, para quien la confesión de su falta de humanidad es “el elixir, el extracto de gurú, la jalea de perlas.” Lo más curioso es que esta porción redentora y mesocrática ocurre antes de que Bielsa revele su toxicidad y su falta de humanidad, a los 40 minutos de empezada la conferencia. Pero a causa de la contundencia negativa de las confesiones que le siguen, esta pausa del vía crucis queda semioculta, disminuida en su relevancia. En lo que cito a continuación, Bielsa le habla a sus interlocutores periodistas con un tono evangélico, de predicador, que poco y nada tiene que ver con la amarga confesión que hará después, sobre su nefasto carácter inhumano y tóxico: 

“Y yo creo firmemente, firmemente [repite la palabra] que la emoción es el [titubea] efecto que más difunde, que más permite el crecimiento de la virtud. Y se lo voy a poner con un ejemplo. Hay un, no sé si es milonga, yo no conozco de géneros musicales, pero hay una canción que a mí me enloqueció cuando la escuché, vinculada con el fútbol uruguayo, casi le diría una de las mejores canciones de fútbol que yo he escuchado.  ¿Cómo se llama, el Pájaro… el Canario Luna, el camión llevando… la conocen la canción? Bueno, esa es una canción que hay que ser de madera, para no emocionarse si amás el fútbol.”

Bielsa emocionado al evocar la canción del Canario Luna y por el amor al fútbol chico

Cuando Bielsa mencionó una canción, me vinieron a la mente Cuando Juega Uruguay de Jaime Roos (1992) o las má reciente Cielo de un Solo Color del grupo No te va a gustar (2004), que sirvió como himno para musicalizar la euforia masiva por el cuarto puesto obtenido en la Copa del Mundo de 2010. Sin embargo, debo reconocer, ninguno de esos temas hubiera servido para revelar el profundo anhelo mesocrático de un argentino que no quería no sentirse uruguayo. ¿Qué tiene esa murga-canción cantada por el Canario Luna para lograr detener por unos minutos la alarmante gesta desmaracanizadora de Bielsa? Sin saberlo, el argentino no podría haber elegido mejor la música que lo conmueve. El tema musical por el que el entrenador se apasiona se llama “A los Cuadros Chicos”, eso es precisamente Uruguay hoy, en su Selección “mayor”: un cuadro chico. ¡No puede haber una mejor ofrenda al imaginario social uruguayo que el signo musical elegido para su tácita pero fervorosa petición de ser un mesócrata honorario! Esta murga es un himno a la resignación, un llamado lanzado por el alma a disfrutar de la derrota previsible, plausible e inevitable, pero sin nunca desanimarse, o como lo dice la letra de la murga que tanto apasionó a Marcelo Bielsa: 

“Los hinchas de cuadros chicos
Arrancan en un camión
Con la bandera en los hombros
Atadita a una ilusión
Si la razón los discute
Discuten con la razón
Con el viento siempre en contra
Aguantan el chaparrón
Salud, salud los hinchas de los hinchas de los cuadros chicos
”

Por unos instantes, a partir de esa revelación, el extranjero y extraño Bielsa se convierte por arte de la murga evocada y elogiada en el Maestro-casi-Tabárez, y les habla a los periodistas de forma didáctica, magisterial sobre la importancia de escuchar atentamente la letra cantada por el Canario Luna. Una evidencia de lo que afirmo es que uno de los presentes interviene en rol de alumno, y responde a su pregunta de modo espontáneo:

“Y mi charla técnica, previa a un partido definitorio para nosotros, porque nosotros escuchamos las canciones pero no sabemos lo que estamos oyendo en términos de letra, me entienden? [“¡Sí, no la sentimos!” concuerda y responde como un buen alumno un periodista] La escuchamos, la música se siente, la letra hay que entenderla A veces música y letra es lo mismo  Entonces, yo a los jugadores les puse, porque ahora la internet le da la canción escrita, y dije, ¡muchachos, escuchen lo que dice! Porque eso es tan potenciador, tan tan potenciador que cuando nosotros éramos chicos, que amábamos al fútbol como locos, una chapita y una pared en blanco eran una pelota y un arco. La entrada a un garaje de una casa y un tomate o un zapallito que quedó ahí del verdulero que pasaba, era un arco y una pelota. Ese es el pasado de todos los que queremos al fútbol.”

En mi opinión, éste es el “elixir” que destilan los signos de la extraña y larguísima confesión de un director técnico extranejro que aspiraba a volverse un mesócrata, un jactancioso negativo como los mejores uruguayos, que habitan cerca del núcleo duro del imaginario social. El cierre de esta parte contiene el mayor homenaje de Bielsa, no al fútbol, sino a la pequeñez uruguaya, que sigue siendo su mayor virtud colectiva, un sueño que no puedo ser des-soñado: 

“Entonces, ¿cómo yo no voy a valorar el mensaje de que la emoción, el estado de ánimo, el clima, la convivencia, el estar juntos?  Yo no soy parte, yo soy argentino, ¿me entiende? Para vivir todo esto hay que ser uruguayo, no se puede ser argentino y tener la pretensión de lo que te inoculó la historia y te hizo sentir de una manera. Me sucede a mí.”

En esa parada del vía crucis, caemos por fin en la cuenta de que hace ya mucho tiempo, la AUF funciona de hecho como el Ministerio Urucharrúa del Fútbol Anhelado (MUFA), porque en el paisito todo eventualmente se estatiza, o anhela llegar a esa condición superior de la organización ineficaz pero genuina. Propongo que en una futura edición de esta ceremonia mediática, de al menos algunos de sus momentos más potentes, se le agregue a la banda sonora de esta porción sublime, no sólo un fragmento de la murga A los cuadros chicos, en la voz del Canario Luna, sino también unas estrofas del melancólico vals criollo Desde el Alma, que una adolescente uruguaya, Rosita Melo, compuso en Buenos Aires, en 1911. De hacerlo, esta presentación de la desmaracanización del mundo social uruguayo alcanzaría el nivel más elevado, casi místico del achicamiento, de la derrota deportiva vocacional representada en clave musical:

“Alma, si tanto te han herido,
¿por qué te niegas al olvido?
¿Por qué prefieres
llorar lo que has perdido,
buscar lo que has querido,
llamar lo que murió?
Fue lo que empezó una vez,
lo que después dejó de ser.
Lo que al final
por culpa de un error
fue noche amarga del corazón
.”

Bielsa convierte a los periodistas por unos instantes en discípulos, y los hace olvidar el amargo 5 a 1 de la derrota reciente, el motivo mismo de su presencia allí

En el final, resurge de las cenizas pero aún viva la legendaria e inútil garra charrúa

Sólo resta rescatar una última ofrenda que, ya en el final de la conferencia, el tenaz aspirante a mesócrata honorario le hace al imaginario social local, el que lo ha acogido como su honorable visitante impertinente y argentino. El don definitivo de Bielsa ocurre cuando una joven mujer le pregunta con la misma convicción que usaría para saber qué tipo de ejercicios cree Bielsa que rinden más antes de un partido de la Selección, por qué motivo “no salió la garra charrúa que caracteriza al uruguayo”, en el partido contra la selección de EEUU. Y ella le recuerda que el entrenador había dicho que él “es muy distinto a la idiosincrasia del jugador uruguayo, que se sienta a compartir un mate, a estar en esa sintonía. Si cree que son compatibles, su forma de ser, y la del jugador uruguayo, y si encuentra herramientas para hacer salir esa garra charrúa”. No se invoca en vano dos veces el talismán imaginario del viril deporte – aún si su existencia misma ha sido cuestionada con sólidos argumentos (Mazzucchelli, 2019, pp. 559-574). Y su detallada pregunta hace mella en el conferencista, visiblemente exhausto tras tanta confesión y el sostenido ataque letal contra la maracanización del mundo uruguayo. Transcribo la síntesis y el tributo final que le hace este extranjero a la deidad local del imaginario social:

“Si Uds. tuvieran que construir de esta conversación diez ideas, que indican que yo argumenté cuáles fueron mis errores, y por qué digo que soy el responsable, yo creo que las dije a las diez cosas, pero no logré que repercutieran. Yo no coincido con lo que Ud. dice. […] ¡El equipo tiene garra sí! Tiene deseo sí, llega fuera de tiempo, está mal coordinado, y esa es una responsabilidad del entrenador.”

Esta intervención, Marcelo Bielsa la hace con plena conciencia de que es el gran final, de que se le acabó el aire, la inspiración, la férrea voluntad de autoinmolación en aras de la memoria del Negro Jefe. Sin decir agua va, el entrenador se levanta, y oímos la voz del presentador por segunda vez, en esa larguísima noche triste del alma, mientras anuncia lo que no hacía falta anunciar. Llega así el cierre, mientras que suena en mi imaginación junto a la murga del Canario Luna, con su áspero homenaje a los resultados futboleros más modestos imaginables, el melancólico vals criollo Desde el alma, para agregar una densa neblina anímica a la espesa tristeza acumulada en ese instante, en el que logra, al menos por un tiempo, Marcelo Bielsa ser también el Maestro, como lo fue Tabárez, y un auténtico y perdedor mesócrata honorario, con la pesarosa bendición maracanizada del Negro Jefe.


Referencias

Amen, G. (2021). Análisis de una ceremonia mediática en Uru- guay: Fútbol, mitos e imaginario social. Question/Cuestión, 3(68), e521. https://perio.unlp.edu.ar/ojs/index.php/question/article/view/6591/5735

Andacht, F. (2024). El Imaginario Social y los Signos de Cancelación Pandémica Imagonautas, Vol. 13, pp. 46-62

Andacht (2023), Imaginario radical e invención semiótica de una anti-utopía icónico-indicial de lo normal. En: Teorías y Metodologías. Indagaciones y Propuestas para el Estudio de Representaciones e Imaginarios Sociales, L. Girola (ed.) pp. 39-58. Cali, Colombia: Universidad Santiago de Cali. 

Andacht, F. (1996). Los superhéroes al calor de la Copa; En la cocina de Obdulio: un supermomento gauchesco. En: Paisaje de Pasiones. Pequeño Tratado sobre las pasiones en Mesocracia, pp. 195-208; 226-240. Montevideo: Editorial Fin de Siglo.

Andacht, F. (1992). El Sueño de David. En: Signos del Uruguay Imaginario, pp. 129-132. Montevideo: Trilce.

Bielsa, M. (2025). Conferencia de prensa. Post-fecha FIFA noviembre, #AUFTV: https://www.youtube.com/watch?v=-y8ZhoDNo9g&t=1s 20 de noviembre, 2025

Castoriadis, C. (1997). Fait et à faire. Les carrefours du labyrinthe 5. Paris : Seuil Castoriadis, C. (1975). L’institution Imaginaire de la société. Paris : Seuil.           Castoriadis, C. (1973). La société instituante et l’imaginaire social (1964-1965). En : La Société Bureacratique 1. Les Rapports de Production en Russie (pp. 51-61). Paris : Union Générale d’Éditions. 

Desbocatti, Darwin. (2025). Alquimia conceptual de gurú: Bielsa sigue en la selección aunque humanamente no ha logrado que lo acepten, ni lo logrará. No toquen nada, 21.11.2025: https://delsol.uy/notoquennada/darwincolumna/alquimia-conceptual-de-guru-bielsa-sigue-en-la-seleccion-aunque-humanamente-no-ha-logrado-que-lo-acepten-ni-lo-lograra

Got Talent Uruguay (2022). La actuación del grupo Los Sureños y su obtención del botón de oro por voluntad del jurado María Noel Ricetto (08.08.2022): https://www.youtube.com/watch?v=36Nv3t4aLcw&t=3s

Jaffe-Dax, H. (2024). When Less Is More: The Semiotic Privilege of Status Downplay. Symbolic Interaction, 47 (2): 200–225.

Mazzucchelli, A. (2019) Del Ferrocarril al Tango: El Estilo del Fútbol Uruguayo, 1891-1930. Montevideo: Taurus

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