SALVADOR GÓMEZ / Con el «acuerdo» comercial impuesto por la administración Trump a la Unión Europea sigue redondeándose la única salida posible a la crisis que la guerra de Ucrania hizo estallar: los Estados Unidos han optado por asegurarse una renovación aumentada de la sumisión estratégica de Europa, al tiempo que dejan caer a Ucrania hacia su propio destino, incapaces ya de imponer nada allí. En Brasil, la administración Trump toma venganza contra las fuerzas globalistas encabezadas por Alexandre De Moraes, e impone a Brasil un arancel general de 50%. Por supuesto, la prensa mainstream sigue negando que exista cualquier discusión globalismo-multipolaridad, y pretendiendo que el dictador De Moraes es una pobre víctima de la ultraderecha antidemocrática.
Cuando en marzo de 2022 publicamos nuestros primeros reportes y análisis sobre el conflicto en Ucrania, el marco estratégico podía resumirse en dos párrafos, que copio ahora:
«¿En qué consiste el fondo de esta situación? En principio, se trata de la posibilidad de una continuidad, o no, del Nuevo Orden Mundial instalado en el mundo luego del fin de la Guerra Fría. Ese nuevo orden ha tenido a las corporaciones globalizadas y sus intereses como definidoras de lo que ocurre, y al “estado profundo” de Estados Unidos y su complejo industrial militar como su garante armado.
Diversos analistas de todo el mundo han observado que la aceleración del despliegue unipolar de las condiciones de ese nuevo orden globalista han llegado a un punto en el cual deben por fin a enfrentar una crisis mayor -de crecimiento o de finalización. Esa crisis se anticipó en el 2008, se estiró de modo antinatural con la farsa de la “pandemia” de Covid 19. Pero ya no es posible estirar más la situación, y se trata de que el mundo se haga cargo de decidir si seguirá o no organizándose en base a la guía de tal unipolaridad, que comanda el mundo desde 1990.«
En el mismo número de la revista, apenas establecida la guerra en Ucrania, una a esta altura legendaria nota del economista Michael Hudson titulaba: «Estados Unidos derrota a Alemania por tercera vez en un siglo«. Su argumento puede resumirse en tres premisas. (1) No preste atención a las cosas que dicen los políticos, sino que intente observar la lógica de fondo del conflicto. «Es más realista considerar la política económica y exterior de Estados Unidos en términos del complejo militar-industrial, el complejo petrolero y gasístico (y minero) y el complejo bancario e inmobiliario, que en términos de la política de republicanos y demócratas.» (2) Al intentar «excluir a Rusia del sistema financiero occidental (y parcialmente ahora del SWIFT), junto con los efectos adversos de aislar a las economías europeas de la energía rusa, prometen estimular una afluencia a los valores financieros dolarizados«. Y (3) «Uno de los principales objetivos de la Nueva Guerra Fría actual es monopolizar el mercado de los envíos de gas natural licuado (GNL) de Estados Unidos… el objetivo estratégico más apremiante de Estados Unidos en la confrontación de la OTAN con Rusia es la subida de los precios del petróleo y del gas, sobre todo en detrimento de Alemania. Además de generar beneficios y ganancias bursátiles para las compañías petroleras estadounidenses, el aumento de los precios de la energía restará mucho vapor a la economía alemana.»
¿Por qué querrían los Estados Unidos destruir la economía alemana, cosa en la que al día de hoy van bastante avanzados? Para impedir cualquier estrategia posterior de alianza entre Europa y Rusia en un marco de derrota del proyecto globalista, especialmente cortando ese vínculo en donde era más significativo: en la alianza energética Rusia-Alemania encarnada en las mega-obras de los gasoductos Nordstream, que garantizaban energía consistente y barata, y competitividad, a la industria alemana, por décadas en el futuro. ¿Qué otra prueba más contundente quiere usted de esto, que el hecho de que los Estados Unidos hayan decidido, al ver que la estrategia no era exitosa hasta no liquidar completamente el gas ruso en Europa, nada menos que volar el Nordstream, un acto de terrorismo industrial ejercido contra Alemania, su principal «aliado», que no tiene parangón en siglos?
Es la viejísima geopolítica de Halford Mackinder que tenía un principio estratégico decisivo para el orden anglosajón: si Alemania-Rusia se unen, controlan el mundo. Es preciso evitarlo. Impedir que de una cultura donde el mar controle el comercio, pasemos a una donde el comercio por tierra adquiera un volumen comparable de significación. Este conflicto, y la ruptura del orden mundial de posguerra, es todo acerca de eso: todo acerca de la Ruta de la Seda, todo acerca de la unión China, Irán, Rusia. Y todo acerca de qué pueden hacer los norteamericanos y los ingleses para impedirlo, o al menos enlentecerlo.
«Como explicó el presidente Biden, la actual escalada militar orquestada por Estados Unidos (“azuzar al oso”) no tiene que ver realmente con Ucrania. Biden prometió desde el principio que no intervendrían tropas estadounidenses. Pero lleva más de un año exigiendo a Alemania que impida que el gasoducto Nordstream 2 suministre a su industria y a su vivienda gas a bajo precio y que recurra a los proveedores estadounidenses, cuyo precio es mucho más elevado«, anotaba Hudson, lleno del sentido común que le ha faltado al 100% de la prensa mainstream occidental que ha inundado este conflicto de propaganda.
Second best
Todo se ha cumplido. Salvo que, pese a haber conseguido la destrucción de Europa, los Estados Unidos no consiguieron la destrucción de Rusia -fracaso previsible que, desde luego, también anticipamos. Es claro entonces que Estados Unidos, bajo Trump, luego de que se verificase y recontra-verificase la incapacidad absoluta que tiene la OTAN para frenar a los rusos de que cumplan todos y cada uno de los tres objetivos declarados al lanzar su Operación Militar Especial, ahora está optando por una estrategia de «segundo mejor». Es decir, no ha podido, con las sanciones, ni destruir la economía rusa, ni impedir que siga hubdiéndose el plan globalista y creciendo el multipolarismo -cosas todas que hemos anunciado y explicado en numerosas entregas, para desesperación de quienes siguen queriendo pensar que no ha cambiado nada en el orden mundial de posguerra. Al no haber podido conseguir ese primer objetivo, los americanos han optado por otro: asegurarse de que, en un futuro e inexorable ya orden multipolar, habrán logrado convertir a Europa en un estado vasallo que, simplemente, trabaje para los Estados Unidos. Se trata de asegurarse «áreas de influencia». La primera de ellas, el mercado consumidor y cierta capacidad productiva, reducida a algunas áreas estratégicas, de Europa. Contarla como base para los equilibrios futuros.
Las declaraciones de las autoridades de la Unión Europea, han venido siendo, cada una de ellas desde que ganó Trump, una confirmación de este hecho sencillo. Las bravatas eran que iban a armarse para destruir a Rusia; que iban a convertir el conflicto ucraniano en nuclear; que iban a plantar cara a Estados Unidos; que no iban a aceptar ningún arancel; que el Reino Unido iba a invadir Rusia y también iba a enfrentar a China en sus propias costas, etc. Ahora dicen que van a tomar Kaliningrado en un día… Mientras tanto, sin hablar mucho, los rusos siguen pasando su lento e implacable rodillo cada vez más al oeste, cada vez más sobre el Dnieper, hoy cerca de Pokrovsk, que ya está en un caldero (véalo en el mapa), y Zelensky, ese gran líder de la democracia globalista, es un cadáver político que ambula por sótanos en Kiev, despreciado por sus antiguos socios que ya no tienen un uso para él, y por sus propios ciudadanos que han visto como los ha llevado, en su obsecuencia y sus negociados con el poder norteamericano, a vislumbrar el fin virtual de la nación ucraniana misma.
La Unión Europea ha firmado el acuerdo que los Estados Unidos han querido. Un análisis elemental muestra que los poderes que mandan en Estados Unidos obtienen grandes ventajas:
– los mercados financieros ven ahora certidumbre con el arancel fijo, y las bolsas han respondido bien;
– los fabricantes de automóviles en EEUU ganan: la UE reducirá su propio arancel a los autos norteamericanos, el cual baja de 10% a 2,5%. Aun falta por ver, no obstante, como manejan los fabricantes americanos su propio asunto costos y aranceles con el ensamblaje, que se hace parcialmente en Canadá y México, afectados a su vez por un arancel de 25%, por ahora.
– la energía norteamericana, gana. La UE se compromete a comprar 750.000 millones en energía estadounidense. «Reemplazaremos el gas y el petróleo rusos con compras significativas de gas natural licuado, petróleo y combustibles nucleares estadounidenses«, afirmó Von der Leyen. Esto es la confirmación exacta de todos los factores que la guerra de Ucrania, jugada contra Europa como siempre lo dijimos, han disparado.
– la industria farmacéutica europea pierde. Según ha confirmado Von der Leyen ante informaciones en contrario- esta industria sí está incluida en el acuerdo, por lo cual tendrá que pagar el 15%, y verá reducida su competitividad.
– los fabricantes de automóviles alemanes, pierden. Mercedes, Volkswagen y BMW se verán afectadas. La VDA advirtió que el nuevo arancel costará «miles de millones» al año a la industria.
– los consumidores norteamericanos, desde luego, por ahora pierden, en la medida en que ese 15% de todos los productos europeos les será, más que probablemente, trasladado en el precio por parte de los importadores.
– la industria aeronáutica norteamericana gana, y su par europeo también: ambos podrán vender con arancel cero en el otro mercado, en lo que se considera un sector complementario.
El dictador De Moraes cae en desgracia por un cambio en la metrópolis
«De Moraes es responsable de una campaña opresiva de censura, detenciones arbitrarias que violan los derechos humanos y procesamientos politizados -incluso contra el expresidente Jair Bolsonaro», ha declarado el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, en un comunicado. «La acción de hoy deja claro que el Tesoro continuará responsabilizando a aquellos que amenazan los intereses de Estados Unidos y las libertades de nuestros ciudadanos.» Con ello, los Estados Unidos están aplicando la llamada Ley Magnitsky, que faculta al gobierno estadounidense para imponer sanciones a ciudadanos extranjeros acusados de corrupción y violaciones de los derechos humanos.
De Moraes es aquel señor que quiso prohibir que las redes sociales publicasen informaciones y opiniones de sus usuarios que fuesen contrarias a las del Superior Gobierno, y emitió una serie de decretos, cada uno más ridículo que el anterior, inaplicables y fallidos, intentando eliminar Telegram y X del mapa en Brasil. Decretos de censura que fueron desde luego aplaudidos en su momento por cuanto dogmático autoritario hay en el espectro político, incluyendo desde los globalistas como Mariana Mazzucatto, a los antiglobalistas nostálgicos de la izquierda prosoviética- y alguno criollo también que más vale no recordar.
Este enfrentamiento entre los Estados Unidos y Brasil alcanza proporciones de crisis mayor. Estados Unidos acaba de aprobar, este 30 de julio de 2025, una orden ejecutiva por la cual sanciona con un arancel 40% extra al Brasil (además del 10% que ya le correspondía en el esquema comercial anunciado hace un par de meses por los norteamericanos). ¿El motivo? Estados Unidos considera que «la persecución, intimidación, acoso, censura y enjuiciamiento por motivos políticos del Gobierno de Brasil contra el expresidente brasileño Jair Bolsonaro y miles de sus partidarios son graves abusos de los derechos humanos que han socavado el Estado de derecho en Brasil.»
Luego de haberse denunciado que Moraes, como Jefe del Tribunal Supremo, había sido parte clave en el esquema para robarse a plena luz del día la elección brasileña que instaló a Lula en su sitio actual, denuncias que publicamos, en soledad, en su momento, como es natural la prensa mainstream globalista acusó a Bolsonaro de no aceptar el resultado y de intentar un golpe de Estado. Un esquema idéntico al usado en relación a la -a esta altura- totalmente deschavada «Asonada del 6 de enero», donde se había hecho lo mismo en relación a Trump. De Moraes está acusado en el propio Brasil -nación radicalizada y dividida sin remedio aparente- de abuso de poder, censura, judicialización indebida de la política, ser juez y parte en sus persecuciones, violar la constitución de Brasil, etc. Este informe que publicamos en su momento detalla el asunto, así como estos reportes muestran el accionar dictatorial de De Moraes, en su vano intento de controlar el pensamiento de la población brasileña y establecer su propio poder.
La prensa globalista (el Guardian, AP, etc), con la poca fuerza y casi nula credibilidad que aun intentan hacer valer, siguen intentando jugar la carta de los «demócratas contra los dictadores», y reclamando por la «soberanía brasileña» que, si De Moraes cediese, aparecería violentada. Repentinamente, a quienes vienen hace décadas imponiendo la jurisdicción de toda clase de organismos globales por encima de los constitucionales de cada país, ahora la soberanía del estado brasileño les parece muy relevante.
Brasil, que respondía a las órdenes de la metrópolis washingtoniana mientras Biden era la cabeza visible, también ha jugado al BRICS en la medida comercial que le conviene. Ahora, sancionado con un arancel del 50% a todo producto que intente colocar en Estados Unidos al cambiar el poder de manos en Washington, deberá negociar -entregando tal vez a De Moraes en el asunto- para recuperar viabilidad, ante la inevitable presión de actores económicos locales cuyo negocio fundamental es la importación.
En cuanto a Europa, Von der Leyen y los actuales dirigentes europeos, con seguridad pasarán a la historia por su gestión 2020-2025. Quizá no tenían muchas armas, luego de setenta años bajo el orden norteamericano, para oponerse a este desenlace. Pero el modo como casi unánimemente han abrazado las mentiras y la propaganda globalista habría sido digno de mejor causa. Habiendo aplicado todas y cada una de las medidas de censura, represión, imposición de discursos falsos, divisionismo interno de su gente, culminan ahora celebrando la entrega de su propio futuro al perdedor de la guerra en curso por un nuevo orden mundial no-globalista ni anglosajón. Es así como luce el desgarrón interno de la hegemonía de Occidente.
En el frente interno, mientras tanto, a Trump las cosas no le van nada bien, debido a las salpicaduras que el manejo del caso Epstein le ha causado, como se analiza en otra nota de esta edición. El método del caos sigue adelante. MAGA -la base antiglobalista que ha votado a Trump- está totalmente desilusionada de su inmanejable e incoherente líder, pero en medio de todo ese «dadaísmo político» la confrontación entre el proyecto globalista en derrota y el mundo real multipolar -es decir, el mundo sin hegemonía unipolar anglo- va desarrollándose, a trancas y barrancas, de todas maneras.


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