ENSAYO

Por Aldo Mazzucchelli

#1 

No creo que en este momento en que todo el mundo está tan ocupado haciendo exactamente lo que se dice que hay que hacer haya espacio para mucha reflexión. 
Ese es, justamente, el tema. Se ha vendido que no hay tiempo para pensar. Ese es el mensaje central. 
Al mismo tiempo, perseverando en la obstaculización vocacional de todo, me gustaría apuntar dos cosas. 
La primera, es claro que la gente no quiere aislamiento. Pero, lamentablemente, después de décadas de reversión del proyecto de sujeto autónomo moderno, se nota que mucha gente sí quiere control. Que le digan las cosas, y no tener que pensar. Que le digan «viví divirtiéndote, y no pienses. Nosotros estamos pensando por ti. Todo lo que hacemos es lo mejor para ti. Y tú nunca lo vas a entender, o sea que no lo intentes. Defendé lo que nosotros decimos.» Nunca había visto como hasta ahora tanta gente fanatizada repitiendo como soldado un discurso para el que no tiene fundamentos serios, salvo lo que «se dice» en las redes y en la prensa.
Eso primero. Lo segundo es: para mí esta no es una situación educativa de la que vayamos a «salir mejores», porque no tiene la estructura de una situación educativa. Tiene, en cambio, la estructura de una situación de autoconfirmación masiva. 
Nunca como hasta ahora habíamos visto con tanta claridad las consecuencias de la conjunción de un descenso abrupto del nivel de alfabetización y pensamiento independiente de cada sujeto, y la comunicación instantánea global. (Publicado el 18 mar. 2020 12:00)

#2 

Pregunto como lego en el asunto, esperando que me iluminen los que saben, ¿qué le impide al ministerio de Salud Pública tomar 900 o 1000 kits de análisis, contratar un estadístico serio que haga una muestra poblacional (sexo edad nivel socioeconómico etc) de, digamos, Montevideo, y vaya (incluso con la policía, por si alguno se niega) a aplicar el test a esos individuos? En menos de una semana (mucho menos si se hace en serio) tenemos información fiable sobre cuántos infectados hay, cuántos están graves, y cuántos mueren. Eso te permite dimensionar de verdad el coronavirus y tomar medidas acordes a la gravedad real del asunto. (Publicado el 18 mar. 2020 12:11)

#3

En pocas palabras, primero creamos un totem todopoderoso, el biólogo, el médico, que supuestamente manejan los secretos de la vida. Ahora hemos empezado a adorarlos.

#4 

Las dictaduras solían caracterizarse en lo exterior, por su capacidad negativa: reprimir, frenar, invertir, revertir, liquidar, son todos términos de una larga serie negativa, que se corona con el asesinato -la negación suprema- y la desaparición -la negación metafísica, es decir, que se pretende ejercer sobre el dominio del ser mismo en sus materiales de sobrevivencia terrena, el lenguaje y todas las demás formas del recuerdo puesto en signos.
Lo que llama la atención de esta dictadura sanitario-mediática que se viene instalando es que viene auspiciada, como si dijéramos en su marketing, por una gran ansiedad de decir que sí. En lugar de ser una dictadura que mata y reprime, es una que cuida y protege. Claro que esta última pretensión no es cierta, porque esta dictadura hace ya, o va camino a hacer, todo lo que otras dictaduras. Pero su intento es hacer todas esas cosas al tiempo que, como obsesivamente, insiste en que no está censurando, ni prohibiendo. Los medios adictos al régimen dictatorial actual, en lugar de dar cuenta de la censura y la cancelación, afirman que no existe otra cosa que un esfuerzo conmovedor, liderado por los dictadores tunicados que se hacen pasar por científicos, para hacer el bien a la humanidad a nivel global. 

Se afirma eso, se afirma la oximorónica nueva normalidad, y se intenta confundir hasta el extremo los términos, los conceptos y las categorías que hasta hace poco se usaban para afirmar. Así, los que se consideraban liberales hasta hace cinco minutos, hoy aplauden la censura cuando cae sobre los que consideran sus rivales políticos, eliminando así cualquier dignidad liberal que pudiesen, aunque sea de modo cosmético, haber ostentado en su pasado. Estos falsos liberales se ríen y aplauden en el órgano dictatorial llamado Twitter de la eliminación de uno de sus competidores, Parler, de la faz de la tierra, y hacen como que las clausuras de cuentas y videos de médicos prestigiosos y de científicos de verdad nunca han existido, así como el silenciamiento y muerte de periodistas por parte de los regímenes que van instalando en cada país la dictadura.

#5 

Otros actores sociales defensores tradicionales de los derechos humanos, por su parte, están demostrando ya sin sonrojos que los «derechos humanos» les importan realmente un bledo: siempre fueron para ellos un arma arrojadiza para castigar a sus enemigos políticos. Ahora que los enemigos políticos están siendo despojados de esos derechos -el derecho a expresarse, a mantener sus trabajos y medios de vida con independencia de los dictados del poder central, el derecho de reunión, etc.- a los pseudo defensores de los derechos humanos les importa tres carajos. Es más, claman por más cierres, cuarentenas, y quiebras. De ese modo, piensan, el proyecto de hacer desaparecer la empresa privada y el capitalismo estarán más cerca. 
Mientras ellos piensan eso, las grandes corporaciones se anexan trozos pantagruélicos de mercado, al tiempo que los empresarios medianos y pequeños que son los que generan empleo de calidad, se hunden. Qué duda cabe: la envidia y el resentimiento siempre han sido grandes motores de la política. 

#6

No fue nadie. Lo característico del fenómeno presente es su cobardía: todo lo que hace, lo oculta tras formas engañosas, y nadie se hace cargo de nada. Así como está pidiéndonos a los ciudadanos de la tierra que entreguemos nuestra capacidad de decisión a un conjunto de organismos y agentes ideológicos relativamente desconocidos que van tomando medidas, estas medidas no las toma, en apariencia, nadie. «Se» toman. Es «la OMS» la que emite una recomendación, o un organismo internacional u otro -a cual más anónimo en su cambiante e indiferente esencia burocrática- el que da plata para que se haga determinada cosa, o son «cosas que se sabe que hay que hacer» en los Ministerios, parlamento, o poder judicial. Nadie lo exige ni lo pide abiertamente, pero todas las medidas se van tomando, todos los decretos van saliendo, y todas las prohibiciones se van concretando. 
«La ciencia» es, obviamente, el personaje impersonal que se invoca para atribuirle la autoría del presente, y de la dictadura que se va instalando. Es para cumplir con supuestas verdades absolutas de «la ciencia» que se empezó a censurar la opinión científica crítica. 

#7 

Los signos se pueden ocultar, confundir y reemplazar con sus contrarios tras un piadoso tinglado de propaganda. Cuando se controla el discurso en base a la promoción de un pavor supersticioso como el que ha tomado a buena parte de la población, es posible sobrarse gastando dinero en piezas comerciales que nos hacen recomendaciones que mezclan el nacionalismo más barato con la moralina de peor calidad tercermundista. En la tersa dictadura que se viene instalando, el sí toma la forma de la promoción desvergonzada del poder corporativo, autoerigido en padre y madre vigilantes de la humanidad. La maniobra tiene un efecto principal: convierte a la gente en infantes, en niños sin responsabilidad. Recordemos que Kant definió la Modernidad como el momento en el cual el ciudadano deja de lado su condición infantil y acepta hacerse cargo. Pues bien, esta dictadura tersa y sinuosa tiene el efecto de volvernos de nuevo infantes. Eso es lo que auspicia, y muchos aceptan encantados. Ya no habrá que ser responsables de nada.

8# 

Lo que importaba en épocas anteriores eran las ideas como tomas de postura respecto de algo postulado como real; pero ahora solo importan las noticias, como síntoma que permite orientarse para afirmar lo que sea que lo haga quedar a uno «del lado correcto». Hay que mirar las noticias cada día para «retuitear» lo que la manada de referencia dice. A eso ha quedado reducido ser un miembro de la comunidad hoy: a repetir la monserga del totalitarismo que se instala. Esto significa que la realidad -sea ella lo que sea, es siempre una cosa: algo independiente de las ilusiones de mi ego, y de mis conveniencias personales- ha dejado de regir la palabra pública. Lo que la rige es esa forma barata y cobarde de la persona que es la parte que quiere quedar bien. 

#9

Las redes sociales contemporáneas, brazos censuradores del totalitarismo -por ahora sobre todo sanitario y discursivo, aunque ya vemos la construcción de campos de aislamiento- que se va instalando, han instalado y aumentado esa presión de lo peor de la sociedad -lo peor: lo más ignorante, lo más cobarde, y lo más patotero- para que imponga sus irrisorios dogmas sin discusión posible, entre los cuales no hay en este momento ninguno tan irrisorio e ignorante como el conjunto de la Ortodoxia Covid. 

#10

El mecanismo totalitario en instalación está blindado por la derrota final de todo realismo público. Puesto que, gracias al trabajo de las filosofías de lo relativo, finalmente todo el mundo, desde el académico en ciencias al vendedor que trabaja en los ómnibus del transporte público, los niños, y hasta los políticos se han convencido de que nadie puede comprobar nada. Debido a esta convicción -falsa y autocontradictoria, por supuesto- la relación del lector o telespectador con los hechos ha quedado mediada definitivamente. Basta con exhibir autoridad, para imponer discurso, porque el discurso hoy ya no se depende de los argumentos: depende de la autoridad.

#11

Hace un par de días un amigo mandó un mensaje a un grupo virtual en el que participo: “El Maciel, la Española y el Pasteur, sin camas disponibles. Ahora”. El mensaje era totalmente incomprobable, y su fuente desconocida. ¿Cuántos de los mensajes que vemos repetidos todos los días son de esa calaña?

#12

Una información es viable hoy, y no será censurada, siempre que cumpla con la narrativa bautizada antes como ortodoxia Covid. La narrativa está establecida, y ella misma es la autoridad, y ella misma genera las frases que la van confirmando día a día. Este mecanismo circular –discurso de autoridad que se comprueba por la reafirmación circular y de hecho de la autoridad– es el mecanismo fundamental de la pandemia. 

#13

La ortodoxia covid, en tanto mecanismo generativo de discursos, consta de tres grandes momentos: 

  1. comprender la narrativa en su estructura [«¿qué tipo de frases son aceptables, qué tipo de afirmaciones son posibles, cuáles hay que evitar a toda costa?»]
  2. Ubicarse. ¿Cómo? Bueno, hay etiquetas a disposición que funcionan de modo automático. La pseudo «izquierda» contemporánea y el globalismo en general son pintados como “pro” pandemia; la pseudo «derecha» contemporánea y el nacionalismo en general son pintados como “anti” pandemia. La gente que piensa por sí misma y que no es ni «de izquierda» ni «de derecha», es etiquetada y forzada igual, por los demás, a caer dentro de una narrativa. La gente que tiene la sartén por el mango se ríe de la narrativa pero igual la promueve, en medio de una gigantesca hipocresía. Los medios de comunicación cumplen un rol estrictamente sistémico -es decir, de promoción y reforzamiento exclusivo de la narrativa del sistema, sin crítica alguna a ella-, incluyendo las redes sociales, que se han vuelto medios de comunicación del estilo del Pravda en sus buenos tiempos, cuando era el diario del partido en la Unión Soviética. La BBC, el New York Times, el Washington Post, CNN, etc., son Pravda. Facebook: Pravda; Twitter, recontraPravda
  3. Convertirse en propagador de la dictadura. ¿Cómo? Atacando todas las opiniones disidentes, imponiendo una autoridad oficial «científica» que en realidad es 100% política, imponiendo así un discurso único, metiendo miedo y segregando a los que no repitan la ortodoxia Covid. Aceptar y repetir solamente los datos que confirmen esa narrativa, como forma de ganar un lugar seguro en medio de la violencia solapada o directa que se va esparciendo. Por supuesto, se han usado todo el año y desde hace varios años las redes para denunciar y atacar a ciudadanos indefensos por delitos imaginarios e incomprobables, primero delitos ideológicos que no son tales (los ciudadanos atacados simplemente piensan algo distinto a la ortodoxia). A ello, desde el año pasado se agregaron delitos imaginarios e incomprobables contra la salud pública. Delitos que ahora han pasado a serlo de modo formal. Llamo la atención a un detalle: Facebook o Twitter en general no censuran a quien publique el nombre de un ciudadano para acosarlo o para hacerlo perder el trabajo. La cultura de cancelación está instalada y nadie puede contra ella ni contra sus asombrosas injusticias. Twitter y Facebook, que son dos espacios de avanzada de la censura general que se viene en todo el mundo en nombre de la «defensa del bien común» y la limitación de la violencia en base a «normas comunitarias» jamás aprobadas por ninguna comunidad, apoyan el linchamiento de los ciudadanos comunes. 

#14 

El camino principal de lucha contra la dictadura será tecnológico: encontrar y desarrollar modos de que Amazon, Facebook y Twitter, esos tres brazos principales de la dictadura, no puedan ejercer el poder como lo hacen hoy. Para ello hará falta, probablemente, seguir instalando y desarrollando servidores con niveles de encriptamiento que hagan imposible su eliminación. Telegram tiene un modelo -información y contraseñas esparcidas por muchas jurisdicciones políticas (antes se les llamaba «naciones») distintas, de modo que para operar sobre sus datos habría que coordinar los sistemas judiciales de muchas naciones independientes-. Hay otro en lo que se ha desarrollado para la criptomoneda, que quizá se pueda generalizar. En parte de ese modo se podría dar lucha contra la dictadura discursiva y sanitaria que se está instalando. 

De todos modos la opción de refugiar cada campo en dos burbujas alternativas tampoco es bueno. De ese modo habrá solamente dos bandos de convencidos, incomunicados entre sí, y cuyos miembros solo hablan con los que ya piensan como ellos. Ese es el sueño húmedo de toda la estrategia de divide et impera.

#15 

Discutir los dogmas de esa dictadura implica sufrir automáticamente ataques patoteros, en el mejor de los casos, y sino la censura o algo peor que ello. Quienes piensan que porque las redes sociales no son empresas privadas, su accionar no tipifica como censura, están concibiendo a esas empresas dentro de un modelo liberal que no tiene ya los respaldos políticos ni los controles societales que -teóricamente- tuvo alguna vez. Las grandes plataformas tecnológicas no se rigen por el estado de derecho, sino por la prepotencia de su propio poder. Son los estados nacionales «democráticos» los que, tomados por ideologías extremas de corte liberal-autoritario (el oxímoron, así como la mentira abierta, son la marca de los tiempos que corren) permiten que las plataformas tecnológicas dicten no solo la ausencia de la libertad de expresión, sino también la eliminación de sus competidores. Así es que acaban de eliminar de Google Play Store y de Apple Store a las redes sociales competidoras que se comprometen con la libertad de expresión. Por supuesto, las tildan de «fascistas» y «nazis», y nadie puede discutir esa calificación ni su contenido, puesto que, primero, ya vimos que los argumentos no son de recibo porque van contra la ortodoxia, pero además, quienes podrían proponerlos han sido eliminados, junto con sus cuentas, de todas las redes sociales. 

#16

Informar sobre estos datos reales ha generado iras, especialmente de periodistas alcahuetes del sistema. Si son periodistas, se ponen a «defender a la prensa», habiéndose previamente emasculado de toda capacidad crítica respecto de la ortodoxia Covid. No se si están más aterrorizados por la pseudo amenaza sanitaria, o por la real amenaza de perder su lugarcito si dejan de decir amén a las mentiras groseras que nos venden todos los días. 

#17

Cuando los estudios con opiniones críticas que se citan cuestionan los dogmas de la «pandemia», son algunos agentes de la corporación de la salud los que sienten que el espacio simbólico religioso que ocupan en la sociedad es desafiado. Especialmente se ponen violentos y absolutos cuando se los contrapone a otros médicos y, sobre todo, a científicos, que con toda dignidad y valentía niegan tal narrativa corporativa del aparato médico, farmacéutico y de la salud. 
La regla es que el sistema corporativo de la salud reaccione con argumentos de autoridad y no discuta o enfrente las críticas que se le hacen. De todos modos, no tienen mucho trabajo en ese plano. En un año en que la burocracia sanitaria y los médicos han tomado el control político de la sociedad, no recuerdo el caso de un solo periodista de medios mainstream uruguayos, ni uno solo, que haya cuestionado a un médico o científico.

#18

Los «liberales» uruguayos y los «liberales» globales se han vuelto defensores entusiastas de la censura. Uno de ellos aplaudió hace un rato la capacidad expeditiva de la dictadura china para extinguir las libertades individuales, debido a que según este ciudadano eso permite luchar mejor contra la pandemia. El miedo que le tiene al virus le hace olvidar sus supuestos principios, que ya vemos que no eran para tanto, puesto que la vulgar gripecinha bolsonárica se los elimina. Otros, aunque no lo dicen en público, están locos de la vida con la censura corporativa sobre Parler, y les parece muy bien que se eliminen decenas de miles de cuentas de ciudadanos cuyo delito es no votar al Partido Demócrata ni compartir sus criminales prácticas e historia durante muchos períodos incluido el actual -las mismas que las del Partido Republicano en otros períodos y en este mismo, por cierto. No son liberales: son autoritarios, y a la defensiva, porque ven que la estructura de su mundo, y sus dulces sueños de dominio, no corren más. Todo este travestismo de los falsos liberales no es más que el ruido de una falsedad que se raja y se parte y se disuelve en la propia inconsistencia de quienes se decían sus defensores. Nunca fueron liberales: siempre les gustó jugar con la cancha en bajada. 

#18

Aun con una pandemia seria y real, en un estado de derecho la corporación de la salud no podría tener el nivel de poder e impunidad que está exhibiendo. Sin embargo lo tiene, porque la preparación del materialismo y el cientifismo se lo ha dado. 
Como dice Huston Smith (Forgotten Truth, 16): «Con la ciencia como tal no hay disputa. Pero el cientifismo es otra cosa. Mientras que la ciencia es positiva, contentándose con reportar lo que descubre, el cientifismo es negativo. Va más allá de los descubrimientos reales de la ciencia, para negar que otras aproximaciones al conocimiento sean válidas, y otras verdades, verdaderas. Al hacerlo, abandona la ciencia y se convierte en metafísica -mala metafísica, de hecho, pues en la medida en que la afirmación de que no hay verdades salvo las de la ciencia no es en sí misma una afirmación científica, al afirmarla el cientifismo se contradice a sí mismo«.

#19 

Un Dr. Cohen, del GACH, dice en El País lo siguiente: «Hay estudios en revistas auditadas que demuestran que la polarización ideológica afecta la epidemia: aumenta el número de enfermos y muertos. El GACH ha sido la garantía de la no polarización. Tenemos que cuidar ese tema. Yo como médico tengo una obligación: tratar de evitar la enfermedad, cuidar a los pacientes, acompañar. Los científicos deben evitar polarización política.«

El mensaje es: Lo que hace el GACH no es política, es ciencia. Los que tienen opiniones distintas a las del GACH (es decir, a las de «la ciencia» en el sentido oficial y terminal de la expresión) solo polarizan. Hay que ignorar todo eso. La demostración de la verdad de las afirmaciones políticas de Cohen no es política, es científica: se encuentra en «estudios en revistas auditadas». 
La política no es conveniente, y se presenta a toda la política como radicalización con consecuencias criminales; especialmente porque, de ese modo, la única política que quedará será la del GACH, la «política de la ciencia, que no es política, sino ciencia», digamos.
He ahí, en la abolición de la política, la clave generatriz de todo autoritarismo.

#20

La pandemia no empezó en marzo: empezó cuando la gente dejó de creer en la relevancia de nada que no esté sancionado oficialmente por el cientifismo como «realidad material», entregándose de pies y manos a lo que sea que los representantes simbólicos de la “Ciencia” le digan que es verdad. 
Lo espiritual tiene por esencia lo individual, y no se puede delegar. Y seguirá operando. Sin embargo, como sociedad (notablemente, según la doxa de la modernidad occidental «culta») dejamos de pensar que la inquietud espiritual es decisiva para la vida, y definitoria de la condición humana. Las desmesuradas reacciones ante esta «pandemia» son síntomas de ese conflicto, y su no reconocimiento es la verdadera negación

#21

La pandemia empezó cuando empezamos a creer que una «Ciencia» con mayúsculas -la ciencia de los cientifistas, de los burócratas de túnica, de los jefes de empresas farmacéuticas, puede solucionar los problemas espirituales humanos; o, acaso, cuando empezamos a creer que no hay problemas espirituales, sino que solo hay problemas materiales que se solucionan mecánicamente. Ese tipo de sistema de creencias deja al sujeto completamente indefenso ante la presencia cercana de la muerte, promoviendo conductas de miedo extremo que tienen en sí un aspecto sospechosamente semejante al que provocaba los rituales de aplacamiento de los dioses en culturas antiguas. 

#22

Un síntoma de esta indefensión metafísica es que los laboratorios están diciéndole en la cara a los países: Te voy a vender la vacuna que yo haga; y te aviso: no seré responsable por los efectos que cause la vacuna. Te voy a poner además las condiciones de precio y demás que se me antojen. Te voy a exigir exclusividad por el tiempo que se me antoje. Y tú, político, harás que tu pueblo pague con su dinero por eso. ¿No te gusta? ¿Y qué vas a hacer al respecto? ¿La harás tú a la vacuna? ¿O acaso recordarás la noción de soberanía, expulsarás a los falsos científicos que te «asesoren» en cualquier sentido que contribuya a instalar la dictadura, y le dirás a tu población que la vacuna no es necesaria en realidad?

#23

También hay quienes quieren, en Uruguay, hacer política doméstica con «la pandemia», como le llaman en manifiesta insensibilidad para el lenguaje. Creo que piensan que de aquí a un año la política uruguaya tendrá alguna relevancia, y que habrá partidos de hecho distintos, y que habrá política digna de ese nombre. No se dan cuenta que están trabajando activamente para instalar una dictadura global ante la cual «el Uruguay» como nación soberana, con sus instituciones y su historia particular, será, a lo sumo, un recuerdo curioso.

#24

El Presidente parece haber intentado todo el año mantener un inestable -a la larga, creo que imposible- equilibrio entre su poder, que es legítimo, y el de «la Ciencia», que no lo es, porque nadie la puede representar a cabalidad como para ejercer ninguno. Muchos asesores locales se muestran alineados con el discurso global de la pandemia, que es objetivamente contrario a los poderes locales -Lacalle incluido. Si todo avanza en Uruguay como ha avanzado en otras partes, sólo cabe esperar la imposición del poder de este complejo corporativo y burocrático pseudo-científico, y quizá la permanencia decorativa de un poder local que se limitará a hacer lo que le manden, porque habrá entregado -al aceptar el discurso de quienes defienden políticas ajenas-, todo espacio para afirmar otra política.

#26

La comunicación propandémica en los medios oficiales inventa expertos todos los días. Mientras que hasta cinco minutos antes de comenzar la supuesta amenaza ecuménica nadie en un canal de televisión consultaba jamás a un experto, de repente los canales se han llenado de expertos en horarios centrales. 
Estos expertos repentinos parecen tener dos características curiosas. La primera es que hasta que empezó su primera aparición televisual en horarios centrales, nadie había notado en los ambientes en donde estas cosas se discuten su existencia, ni su obra, ni su carácter de expertos. Los «filósofos» repentinos, los facebookeros puestos a noteros moralistas, y toda una fauna de expertos vinculados a la medicina, obtuvieron su existencia instantánea gracias a ese generoso giro a la cultura dado por los gerentes de los canales de televisión o de periódicos. La segunda condición es que todos esos expertos, sin excepción, repiten el discurso de la ortodoxia Covid, y se dedican a recabar argumentos ad hoc para decorarla. Ninguno es crítico, y todos aplauden la censura o al menos hacen la vista gorda ante ella. Son, pues, voceros y decoradores del autoritarismo que se instala.

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