* Mientras la prensa mainstream occidental sigue ganando en su guerra de ficción, un nuevo orden del mundo se prepara

UCRANIA

Rusia decidió retirar sus tropas de la zona de Kherson al oeste del Dnieper, al tiempo que prepara una ofensiva de 300.000 soldados sobre una Ucrania devastada y debilitada por más de un mes de bombardeos a su infraestructura. La prensa mainstream occidental miente una “victoria inminente” ucraniana, mientras bajo cuerda quizá se negocia un fin del conflicto con ganancia para Rusia y Estados Unidos a la vez. También es posible una guerra muy larga si la negociación no avanza. Ucrania y Europa pierden en todos los escenarios posibles

Por Salvador Gómez

¿Es creíble la propaganda de guerra destinada a hacer que los fabricantes de armamento, los contratistas de destrucción/reconstrucción de países arrasados, los vendedores e intermediarios de energía (gas líquido y petróleo) y las empresas de alimentos basadas en los granos y fertilizantes de Ucrania y Rusia (alimentos a los que el conflicto hace subir de precio) -todos ellos los grandes beneficiarios de la guerra- queden “del lado correcto de la historia”? Mientras eso pasa, y masas desinformadas por la prensa mainstream lo creen en un Occidente cada vez más decadente, desorientado y aislado del resto del mundo, los soldados ucranianos y rusos -incluyendo los energúmenos ultranacionalistas de diseño occidental- y la población civil en el terreno, pagan esa propaganda con su vida.

Alejados de esa música siniestra de los interesados en generar su base política para seguir obteniendo los fondos de la guerra -que es la que ofrece sin excepciones la prensa grande occidental y las agencias de noticias-, puede encontrarse información y racionalidad en otras fuentes. A continuación un resumen de lo fundamental que pasó en Ucrania después de nuestras últimas notas al respecto, después de casi 8 meses de guerra. Y luego, una posible lectura de lo que está pasando ahora.

Las cuatro fases de la guerra

Resumo lo que ocurrió hasta ahora. El lector dispensará que no proporcione minuciosamente las fuentes. He aprendido que nadie -ni pro rusos ni pro USA- cree en las fuentes que no confirman lo que dice su lado, con lo cual me propongo mostrar lo que conozco y he sintetizado luego de seguir en detalle el conflicto en fuentes independientes de múltiples nacionalidades.
En el principio, los rusos entraron con unos 60 a 90.000 soldados, más su equipo y tecnología, a lo que se sumó la fuerza de las milicias locales del Donbass, más los chechenos de Ramzan Kadirov, y los mercenarios del grupo Wagner -paramilitares de elite. En total llegaban a unas 120.000 combatientes.

Las causas de esa invasión -considerada -al principio- por los rusos no como una guerra sino como una “Operación Militar Especial”, lo que explica el bajo volumen de fuerzas propias que involucraron- fueron discutidas en su momento. No volveremos a eso.

Del otro lado, el ejército ucraniano contaba con un máximo de unos 400.000 soldados, incluyendo voluntarios occidentales (británicos, polacos, etc.). Bajo la dirección efectiva de la OTAN, que instaló su comando general en Polonia, y con presencia en el terreno de oficiales occidentales. 

Ucrania al comienzo del conflicto 

La guerra se puede dividir en cuatro momentos. En el primero, los rusos tomaron rápidamente algo de territorio al sur -incluyendo la ciudad de Kharkov, en la margen oeste del Dnieper- para proteger Crimea, y comenzaron un muy lento avance en la región del Donbass, que incluye un muy alto porcentaje de población rusa. Esta fase duró hasta julio-agosto de 2022. Al final de esa fase, los rusos habían tomado una faja de territorio de unos 100-200 km de ancho (variable) en la frontera Este de Ucrania, incluyendo la mayoría de las regiones de Donetsk y Lugansk, y habían establecido un frente de 1200 km de extensión. 

En esa zona corren defensas muy sólidas establecidas por los ucranianos durante los 8 años (2014-2022) de guerra interna de baja intensidad, y en preparación para un posible conflicto como este.

Ucrania en julio 20, 2022. La zona roja es el territorio tomado por Rusia

En el segundo momento, las regiones bajo control ruso organizaron plebiscitos para definir si seguían siendo parte de Ucrania o pasaban a serlo de Rusia. 

Al mismo tiempo, se dan dos ofensivas mayores del ejército ucraniano. Estas se dieron primero en la región de Kherson (extremo sur-oeste de la línea), sin ningún resultado territorial apreciable, pero con muchas bajas del lado ucraniano, por un lado.
Por otro, hubo otra ofensiva rápida en el extremo norte de la línea de contacto, en los alrededores de Kharkiv, la que fue exitosa, y Ucrania logró reconquistar una faja de terreno de unos 80 km de profundidad luego de forzar una retirada rusa. 

La zona en azul en el mapa es el territorio recuperado por Ucrania luego de la ofensiva en Kharkov en setiembre

El 29 de setiembre fuerzas combinadas norteamericanas y británicas sabotean el Nordstream I y parte del II. Son los gasoductos principales que llevaban el gas ruso a Europa, via Alemania, a través del Báltico, propiedad de consorcios multinacionales. Esto se hizo para evitar que Alemania estuviese tentada -ante una escasez ya notoria de gas natural- de no respetar las sanciones impuestas por EEUU y seguir recibiendo energía de Rusia. A partir de allí, de hecho Alemania y buena parte de Europa queda cautiva del gas líquido, cuyo mercado de producción e intermediación está controlado mayoritariamente por Estados Unidos. 

En este período, también, Rusia anunció un cambio sustancial en su involucramiento en Ucrania, al decidir movilizar 300.000 soldados. El proceso de reclutarlos ya se completó, y el entrenamiento está en marcha. A medida que estén prontos irán siendo desplegados en el frente.

El día 8 de octubre un ataque ucraniano presumiblemente coordinado por fuerzas británicas derribó un tramo del puente Kerch, que une Crimea con el continente. Pese a que el puente fue reparado y puesto en funciones en 14 horas, los rusos aprovecharon este incidente para escalar la intensidad de su ofensiva.

El tercer momento comienza justo ahí, al iniciarse octubre. En esos días, mientras avanzaba el reclutamiento, el Kremlin anunció el nombramiento de Sergei Surovikin como comandante de toda la operación en Ucrania, que pasó así a estar por primera vez bajo un mando unificado. 

El día 10 comenzó el cambio más importante hasta ahora en la guerra: centenares de misiles de largo alcance y drones suicidas fueron lanzados por Rusia, desde naves en el Mar Negro sobre todo, contra blancos ucranianos de infraestructura energética, comunicaciones, y comando militar, en todo el país. Lo que pareció un evento aislado que iba a ser simplemente la respuesta por el ataque al puente de Crimea, se convirtió en la nueva normalidad ucraniana durante todo el mes de octubre. Prácticamente todos los días continuó una destrucción sistemática de la infraestructura de todo el país ucraniano, pues los ataques abarcan también la región oeste del país incluyendo Kiev, que hasta el momento habían quedado mayormente intocadas por el conflicto. 

Al mismo tiempo, desde las defensas construidas en los años anteriores en la frontera de la región ahora rusa, Ucrania ha seguido lanzando misiles a las ciudades del Donbass que le quedan al alcance, mayormente afectando a la población civil. Estos bombardeos no difieren de los que las mismas fuerzas vienen ejecutando desde 2014.

En todos estos períodos la ayuda militar que Estados Unidos y sus aliados occidentales han prestado a Ucrania ha sido muy intensa, incluyendo lanzamisiles HIMARS y otro armamento similar de mediano rango, oficiales y asesores en el terreno, además de muy importante ayuda en inteligencia y comunicaciones, incluyendo la red satelital Starlink, que es invulnerable por el momento a los ataques rusos y garantiza la inteligencia requerida para que los ucranianos tengan una reacción rápida.

El cuarto momento: amenaza de escalada sin control. ¿Negociación?

La acumulación en curso de nuevas tropas rusas, en una cantidad tres veces superior a la que ya le permitió tomar una ancha franja de territorio ucraniano, y la sistemática destrucción de la infraestructura ucraniana -que solo se dio desde el 10 de octubre: hasta entonces la mayoría de Ucrania tenía energía, agua, internet y transportes- preparan una ofensiva rusa, que se espera que ocurra apenas el territorio lo permita, al pasar la temporada de lluvias, cuando la tierra se congele. Por ahora el barro de la actual estación lluviosa obstaculiza el movimiento para ambos bandos.

El invierno amenaza, pues, a una población y ejército ucranianos con escasez de combustible, sin vías férreas (el sistema eléctrico está mayormente colapsado, y las locomotoras diesel que los ucranianos han usado para mover los trenes militares desde entonces, han sido blanco de ataques sistemáticos del lado ruso, que tiene gran superioridad aérea). Para colmo, la ayuda militar occidental -que fue inmensa- claramente ha descendido, y repetidamente en las últimas semanas se ha visto mensajes de Washington y sus aliados en el sentido de que no continuarán con el mismo nivel de apoyo.

Mientras tanto, los rusos trabajaron en la construcción de fortificaciones y refuerzo de puntos para proceder a una “estabilización” de sus conquistas anteriores.

Ahora, la población civil ucraniana se está viendo, masivamente, en una situación inédita: la guerra los está golpeando en sus hogares y en sus ciudades principales. Y en el futuro acecha, por primera vez, una gran invasión rusa a las tierras más al oeste del Donbass. Esto presiona para hallar una solución al conflicto, y va precipitando la emigración masiva primero al campo los que pueden, fuera del país los demás. Esto es otro dolor de cabeza político para una Europa ya afectada por las sanciones que, impuestas a Rusia, terminaron teniendo un efecto boomerang -probablemente planificado por Estados Unidos y por quienes buscan apurar la “Agenda 2030” de reducción de combustibles fósiles. 

Si no hay negociación y se produce una invasión de gran escala por parte de los rusos, y Estados Unidos elige una resistencia lo más amplia posible -aun sin entrar con sus propios soldados-, se avecina un conflicto más largo. Pero esa no parece ser la única posibilidad.

El abandono ruso de Kherson y sus contextos

En el sur, mientras tanto, los rusos han tenido desde el principio del conflicto un punto débil debido a la situación geográfica de Kherson. Esta ciudad no es demasiado grande en población, pero tiene importancia por dos razones: para Rusia -además de importancia histórica y sentimental, pues igual que Odesa y Sebastopol son ciudades ícono de Rusia desde el siglo XVIII-, es un buffer que permite asegurar uno de los accesos a Crimea. Para Ucrania, su pérdida puso a las tropas rusas a solo 20 km del aeropuerto de Nikolaiev (la zona de control ruso llegaba bastante más al oeste que el casco urbano de Kherson mismo), y Nikolaiev está a poco más de 100 km de Odesa. Pero Kherson está en una situación de difícil defensa para los rusos, por quedar “del lado ucraniano” del Dnieper y tener por ende el río “a sus espaldas” -es decir, del lado por donde deben cruzar los suministros rusos. Cualquier intento de cruzar el río debe producirse por algunos puntos, que pueden ser fácilmente controlados y atacados si es el caso por las fuerzas ucranianas y de OTAN, que dispusieron todo este mes una ofensiva con los HIMARS donados por los norteamericanos. 

Detalle de la ciudad de Kherson y su área. La zona al noroeste del río pintada de rojo es la que los rusos abandonaron esta semana, pasando su ejército al lado sureste, luego de haber evacuado a la población civil que decidió hacerlo, que fueron 115.000 personas

Esto no pasó desapercibido a los analistas rusos y occidentales. Desde que Surovikin asumió su cargo, probablemente considerando un error militar haber tomado esa ciudad en primer término, comenzó la evacuación de civiles de la ciudad y área de Kherson, lo que llevó a especular que Surovikin ya había decidido la movida táctica entonces. El mismo militar dijo, veladamente, que estaba dispuesto a tomar “aun las medidas más difíciles“, en una alusión que muchos entonces intepretaron como lo antedicho: que iban a salir militarmente de Kherson, la ciudad ocupada desde el principio de la guerra y que hasta ahora los ucranianos no habían sido capaces de recobrar por la fuerza.

Una preocupación central para el gobierno -ante una popularidad abismalmente baja de Biden- eran las elecciones de medio término. Estas ocurrieron el martes 8, con una victoria republicana en Representantes más ajustada de lo que los medios previeron, y con una probable victoria demócrata -reteniendo el Senado ante un empate, que llevaría a Kamala Harris a desempatar en favor de los azules.
Al día siguiente de que había pasado este evento, el día 9 de noviembre -esto da pie a que haya quienes piensen que la movida estuvo conversada de antemano- el Gral. Surovikin se presentó por segunda vez en público, y comunicó que “él” había tomado la decisión de trasladar las tropas rusas de la región de Kherson al otro lado del río. 

Surovikin justifica la maniobra militar explicando que no le conviene defender la posición con el río a la espalda porque sus soldados corren el riesgo de ser rodeados y aislados, y que si Ucrania dinamita la represa de Nova Khakovskaya (55 km aguas arriba de Kherson sobre el Dnieper) esto causaría una hecatombe civil y haría aun más difícil defender el territorio. 
Un experto militar ruso, Yuri Knutov, dice al respecto:

Estoy totalmente de acuerdo con la decisión. Si los HIMARS chocan con las esclusas, una ola de 5 a 15 metros arrasaría por completo la costa y nuestra primera línea de defensa. Las pérdidas serían muy graves. El puente Antonovsky y el puente de la central hidroeléctrica Kakhovskaya fueron puestos fuera de servicio. Es decir, el suministro de artillería pesada y municiones ya no es posible. Hay puentes de pontones. Si la ola los arrastra también, nuestras tropas quedarán aisladas y condenadas a la destrucción. Entonces, ¿para qué necesitamos una victoria pírrica allí?
En cualquier caso, el enemigo podrá repetir la operación ofensiva. Ahora nos hemos retirado a la orilla izquierda, más alta. Nuestras tropas podrán mantener la defensa con fuerzas menores. Bombardearemos el territorio ocupado por las Fuerzas Armadas de Ucrania en la orilla derecha. Nuestros militares seguirán procesándolos con aviones y artillería. Con fuerzas más pequeñas, mantendremos la línea del Dniéper e infligiremos pérdidas aún mayores al enemigo
.”

Los rusos hacen lo que se llama una guerra de desgaste, y -según argumentan otros expertos militares- en esa estrategia es preferible preservar las propias tropas y equipos mientras se desgasta al enemigo, antes que destinar grandes recursos a defender un pedazo de territorio que no haga una diferencia en el cuadro general

En los hechos, esto es una retirada voluntaria rusa de Kherson y una consiguiente entrega -o devolución- a Ucrania. Se trata de una ciudad que hasta el 9 de noviembre inclusive los ucranianos no habían podido recuperar militarmente -todas las ofensivas ucranianas hasta el día 9 en que Surovikin decidió retirarse, habían sido rechazadas por los rusos, con grandes pérdidas para las tropas ucranianas. Luego de la retirada de los rusos (finalizada el día 11) y de la previa evacuación de un 80% de la población civil, Ucrania ha entrado el día 12 a una ciudad casi desierta. Pero políticamente, en Rusia la parte más nacionalista de la población sufre y se lamenta por el paso dado por Surovikin.

Coincidentemente, el mismo día que los rusos anunciaban su retiro de Kherson, el Wall Street Journal informaba que Washington se niega a entregar drones más poderosos a Ucrania “para evitar que el conflicto con Rusia suba de intensidad“.


Como indicio de que los rusos planeaban hace tiempo la movida que ahora han hecho, además de la evacuación de civiles pro-rusos, también se han desmontado estatuas y símbolos rusos de la ciudad. En particular, se llevaron los restos del príncipe Grigory Aleksandrovich Potemkin, considerados reliquia para los rusos. Potemkin, destacado militar, fue el favorito y amante de Catalina la Grande, y fundador de la ciudad de Kherson en 1778 -así como las de Nikolaiev y Sebastopol, y gran factor en la creación de la Novorossiya -la región ahora en disputa en la guerra, que se unificó bajo control ruso en aquel siglo -habiendo sido antes turca.

La lógica de la negociación es implacable. El asunto es cuándo

Por tanto, la cuarta etapa está marcada por una situación de inminente escalada y, consiguientemente -porque la racionalidad de no llegar a una situación nuclear está presente en ambos bandos- sería dable pensar que pueda estarse produciendo un inicio de negociaciones serias entre los dos elementos en real conflicto: Estados Unidos y Rusia. 

De ser cierto que ocurren, estas negociaciones por el momento se llevarían bajo cuerda, pero estarían determinadas de modo decisivo por la siguiente situación, presente en esta cuarta etapa, que tiene tres partes simples:

a) Si los rusos comienzan la gran ofensiva que obviamente están preparando, Ucrania sola no está en condiciones de frenarla -especialmente luego de haber perdido movilidad, tropas y energía debido a la ofensiva con misiles rusos de octubre y noviembre. La guerra será tan larga como la OTAN y Ucrania logren prolongarla, pero una caída ahí sería una victoria total para Rusia.

b) Si Ucrania se ve desbordada en sus defensas, OTAN y Estados Unidos no tienen otra opción -si no quieren perder la guerra de modo ignominioso- que ingresar con sus propias tropas y de manera formal al conflicto. Pero,

c) Si lo hacen, estamos ante una Tercera Guerra Mundial donde se enfrentarían directamente dos potencias con armas nucleares.

Nadie sensato en Washington ni en Moscú quiere eso. Por tanto, pareciera inevitable que se negocie. Y en una negociación, lo que Estados Unidos buscará es entregar lo menos posible a los rusos, al tiempo que logre mostrar algo como victoria propia. Por tanto, al tiempo que Zelenski -según se informa controlado por sus propios ultranacionalistas bajo pena de muerte si llega siquiera a hablar de negociaciones- se seguía negando a hablar de cualquier conversación con Putin, los medios norteamericanos que habitualmente comunican la línea central del actual gobierno –Washington Post y NYT– comenzaron repentinamente a hablar a la vez de “negociaciones”.


El Wall Street Journal -normalmente más independiente- también lo hizo, y reveló que están en curso. En los primeros días de noviembre Jake Sullivan, Consejero de Seguridad de Joe Biden, negoció en privado con Nikolai Patruschev, Secretario del Consejo de Seguridad de la Federación Rusa. El tenor de esas conversaciones no ha trascendido -sólo ha trascendido lo que cada parte quiere, naturalmente. Del lado ruso se dice que se discutió sobre “líneas rojas”. Del lado norteamericano, que se habló sobre cómo evitar una mayor intensificación del conflicto. 

¿Pueden las negociaciones explicar esta retirada voluntaria rusa? 

Convenientemente para ambos bandos si lo que quieren es evitar una escalada, la retirada de Kherson aleja la posibilidad de que la ofensiva rusa incluyese tomar la decisiva ciudad-puerto de Odesa, que es la salida principal de Ucrania al mar. Toda la producción ucraniana depende en buena medida de ese puerto. Además, Odesa está junto a Transnistria, lo que daría a los rusos un nuevo “buffer” contra Moldavia, y dejaría a la artillería rusa en control del territorio ucraniano que llega a la desembocadura del Danubio, en la frontera con Rumania, 150 kilómetros al sur de Odesa. Perderla, sería catastrófico y haría imposible cualquier presentación por parte de OTAN de la guerra como un conflicto en el que “cada uno se llevó algo”.  

Por tanto, Odesa en manos de Ucrania es imprescindible para negociar cualquier salida digna para Occidente. Pese a que Odesa tiene tradición y población también rusa, es la ciudad que la OTAN y Ucrania no pueden permitirse perder, bajo ningún concepto. Putin dio una señal en este sentido cuando dijo, en su aparición en el Club Valdai este año, que Odesa puede ser la llave de solución al conflicto… “Odesa puede ser una manzana de la discordia, un símbolo de la resolución de conflictos, y un símbolo de la búsqueda de algún tipo de solución a todo lo que está sucediendo ahora. […] la última palabra la tienen quienes aplican esta política en Washington. Para ellos es muy fácil resolver este problema: enviar la señal adecuada a Kiev de que debe cambiar su posición y buscar una solución pacífica a estos problemas“.
Quizá Putin estaba sugiriendo que si Ucrania negocia pronto, puede aun esperar conservar su salida al mar y por tanto su viabilidad como país independiente.

Otra cosa es el territorio al este del río Dnieper, que ocupa poco menos de la mitad de lo que era el territorio ucraniano entre 1990 y el último febrero. 

Parte de él está conquistado ya por los rusos, y otra parte está expuesta a la ofensiva masiva rusa que podría finalmente vencer las fuertes defensas construidas por Ucrania en los años anteriores. Si esa línea se rompe en un solo punto -actualmente hay fieras batallas en torno a la ciudad de Bakhmut (o Artemovsk, según le dicen los rusos) donde se juega una de esas posibles brechas. En el momento que cierro estas líneas Pavlivka ha caído en manos de los rusos y se pelea en los suburbios de Artemovsk. Si esa brecha se produce, una inundación de tropas rusas en el territorio podría aislar por la retaguardia ucraniana esa línea de defensas cortándoles los suministros, y decidiendo todo el lado este del país. 

En esa perspectiva, el momento de negociar para Occidente parece ser ahora. Luego, con los rusos avanzando decisivamente, todo arriesgaría una derrota mayor. Así, si el conflicto sigue sin negociación en su amarga lógica solo militar, es posible -¿probable?- una partición futura de Ucrania. Los polacos, que tienen aspiraciones de largo plazo sobre el territorio de Galitzia al oeste -que perteneció a Polonia por siglos- así como rumanos y húngaros de algunos rincones de territorio, pueden observar con interés una negociación en la que formen parte. De hecho, ya forman parte militarmente. Contingentes polacos y rumanos están en este momento concentrados en las fronteras de Polonia contra Ucrania, junto a unos 30.000 a 60.000 (el número es impreciso) soldados norteamericanos. Ese número de tropas no sería oposición decisiva ante el avance de 300.000 rusos, pero sí que puede jugar un factor si esas tropas ocupan la zona oeste de Ucrania y luego esa ocupación se usa a la hora de determinar nuevas fronteras para el devastado país… 

Hay, por tanto, dos opciones generales. Una es que Rusia y Estados Unidos no hayan negociado nada. Que Rusia lance de todos modos su ofensiva cuando le convenga y sus reclutas estén prontos (¿diciembre? ¿enero?), y que ésta determine una derrota final y decisiva para Kiev. No es un panorama aceptable para la OTAN y Estados Unidos, quienes en ese caso podrían intervenir de algún modo más directo, poniendo al mundo al borde de la guerra nuclear.

La otra opción es que la negociación realmente esté ocurriendo, y que los rusos estén devolviendo esa región que ocupaban luego de algún tipo de pacto.

Si esto se confirma, en los próximos meses se verá alguna forma de consolidación de un status quo que le de a cada bando algo de lo que busca. A Estados Unidos le permite salir sin una derrota humillante, y habiéndose quedado con el control de Europa aun más de lo que ya lo tenía, en materia militar y económica -buena parte del mercado  europeo de la energía es ahora más predominantemente norteamericano, cuando antes era ruso.

A Rusia, por su parte, le permite cumplir con los objetivos proclamados -liberación y protección de los territorios ucranianos de población rusa, y obtener más espacio bajo su control, al tiempo que frenó la creciente “otanización” de Ucrania, y puso bajo control a los pequeños grupos nazis y ultranacionalistas que son sus enemigos dentro del país.

A Europa, a esa Ucrania ultranacionalista radical de Zelensky, y lamentablemente también a Ucrania en general, puede quedarles muy poco para celebrar. Europa verá su fuente principal de energía barata más alejada, su industria debilitada o migrada a otros países -ya está ocurriendo- y su dependencia militar y política de Estados Unidos consolidada aun más.

Ucrania no sólo vería su territorio significativamente reducido, sino que la suerte personal de los líderes -una vez que Estados Unidos los termine de traicionar- puede ser muy variada. Quizá tengan aun aliados en Occidente a donde puedan recurrir para asilo y algo más de propaganda, pero seguramente si la decisión tomada es de frenar el conflicto, no van a tener ya el apoyo militar decisivo que es hoy el único factor que los mantiene en la pelea. ¿Qué hará Polonia cuando vea que Kiev ha perdido su poder militar? 

Rusia mientras tanto, habrá perdido temporariamente una parte del mercado europeo de energía. Al mismo tiempo, su alianza con Asia, África y otros ganó sustancialmente en los meses de la guerra, en parte como consecuencia de las sanciones. Hoy ese crecimiento ya se ha desplegado a nivel diplomático y comercial, siendo además que la economía rusa -como previmos en nuestras primeros análisis en marzo- no cayó por las sanciones sino que, al contrario, ganó independencia y se fortaleció.

El BRICS se viene fortaleciendo. En su 14ª Cumbre, celebrada en julio de este año, se debatieron nuevas posibilidades de cooperación económica, como un nuevo banco de desarrollo, un sistema de pagos entre países, una moneda de reserva de la cesta exclusiva de los BRICS y una moneda de reserva de la cesta contingente.

Al cabo de estos meses de conflicto, que podrían haberla aislado -cosa a la que Occidente apostó con las sanciones y presiones diplomáticas sobre India, China, Brasil y otros- Rusia exhibe, al contrario, una reforzada cercanía y vínculos comerciales con sus aliados en Asia y África. China -luego de intentos de facciones internas del PCCh más proclives a Davos y Occidente de forzar un cambio- confirmó a Xi Jinpin en el liderazgo y ha renovado la alianza entre ambas superpotencias. India ha pivotado y ahora está más cerca de sus colegas del BRICS -además de un aumento notable del comercio bilateral con Rusia. Potencias medianas como Irán, Turquía, y sobre todo Arabia Saudita se acercan al BRICS y a la OCS de un modo que nadie podría haber aventurado hace apenas medio año. 

Que Arabia Saudita haya manifestado que le interesa entrar al BRICS, y sobre todo el reciente encuentro entre chinos y saudíes es el hecho internacionalmente más importante del año, quizá, en sentido estratégico. Que un aliado carnal de Estados Unidos -y pilar de la estrategia internacional del dólar como moneda de reserva- esté dándole abiertamente la espalda a los norteamericanos y ostensiblemente tendiendo la mano al bloque que chinos y rusos dominan, es extraordinariamente indicativo de dónde está la verdad sobre las perspectivas de futuro del conflicto en Ucrania. ¿Harían los saudíes un movimiento tan arriesgado si pensasen que Estados Unidos ocupará en el futuro la misma posición hegemónica internacional que ocupaba antes de febrero?

Mohammadbagher Forough, investigador del Instituto Alemán de Estudios Globales y de Área, sintetizó al periódico The New ArabAunque sigue dependiendo geopolíticamente de EE.UU. para su seguridad, Arabia Saudí se ha desplazado geoeconómicamente hacia Oriente. “China -continuó Forough- es ahora mismo el principal socio comercial del país. India y Rusia también son cada vez más importantes para él (por diferentes razones). Dada esta evolución, es natural que los saudíes quieran unirse al BRICS+ o a la OCS.”

Destacando las ventajas de este movimiento para Arabia Saudí, un experto en relaciones internacionales con sede en Pekín declaró a los medios de comunicación chinos: “La idea de unirse al BRICS muestra la creciente autonomía de Arabia Saudí en su diplomacia con Washington“.


Un bloque con grandes volúmenes de recursos naturales globales

Si son aceptados, los nuevos miembros que aspiran a entrar al BRICS crearían una entidad con un PIB un 30% mayor que el de Estados Unidos, más del 50% de la población mundial, y con el control del 60% de las reservas mundiales de gas. Otras naciones como Argelia, Argentina, Egipto y Afganistán también están interesados, junto con Indonesia -de enorme población-, que se espera que presente una solicitud formal de adhesión en la próxima cumbre del G20 en Bali.
Otros posibles candidatos a la adhesión son Kazajstán, Nicaragua, Nigeria, Senegal, Tailandia y los Emiratos Árabes Unidos. Todos ellos contaron con la presencia de sus ministros de finanzas en la reunión de ampliación del BRICS. 

Estos países poseen casi todos los recursos mundiales, incluidos los metales preciosos, las tierras raras, otros minerales raros, recursos energéticos como el carbón y la energía solar, madera, tierras agrícolas, pesca y agua dulce.

Está creciendo un poder global alternativo, también, entre los numerosos bloques políticos y comerciales que permean entre sus miembros, entre los que destaca la Organización de Cooperación de Shanghai, junto con los responsables estratégicos de la OPEP. De la mano de éstos se encuentran importantes bloques de libre comercio: la ASEAN, el Mercosur, el Consejo de Cooperación del Golfo, la Zona de Comercio Árabe, la Unión Económica Euroasiática y la Zona de Libre Comercio Continental Africana, además del RCEP y, en menor medida, el ALBA y la SAARC, de influencia política regional.

Esta agrupación también es geográficamente diversa, ya que los miembros potenciales del BRICS+ pueden ejercer una influencia considerable en sus propias regiones: Argentina y Brasil en América Latina, Nicaragua en América Central, Argelia, Egipto, Irán, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos en Oriente Medio y Norte de África, Nigeria, Senegal y Sudáfrica en África, Afganistán, Kazajstán y Rusia en Asia Central, India, Indonesia y Tailandia en el Sudeste Asiático y China en Asia Oriental. Otros posibles candidatos a la adhesión son Kazajstán, Nicaragua, Nigeria, Senegal, Tailandia y los Emiratos Árabes Unidos.

El BRICS+ si se agranda con las naciones que ya han manifestado interés en entrar al bloque (en naranja)

Al final, la clave en el conflicto de Ucrania sigue siendo cómo se reordenará -y ya se está reordenando- el mundo una vez el conflicto pase. Y en ese sentido, la clave es la guerra económica. Al pivotar hacia el este, sostenerse pese a las sanciones, y contribuir en cambio a una crisis grave en Europa y -habría que ver hasta dónde- en Estados Unidos, en esa guerra económica se está fortaleciendo claramente Rusia.

Esto parece confirmar que el mundo pos Ucrania será un mundo ya no unipolar, sino uno de varios centros simultáneos y poder más repartido, donde Estados Unidos seguirá jugando su rol hegemónico, pero concentrado en lo que la prensa en Occidente llama “la comunidad internacional” -que se reduce a los países anglosajones y de europea occidental, esto es, sólo poco más de un octavo de la población mundial. 

Entre tanto, esa misma prensa mainstream occidental sigue con el mismo discurso que inició, con total prescindencia de los hechos y los detalles, el 24 de febrero. Ahora, la retirada táctica rusa al otro lado del río equivale a una debacle y derrota completa, los rusos han “perdido 100.000 hombres desde que empezó el conflicto”, y los lectores crédulos y desinformados esperan ver a Zelenski entrando en la Plaza Roja de un momento a otro. El tiempo, como siempre, dirá a dónde se dirigen las cosas.

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