En el hecho de que no se nos permita ver a los agricultores holandeses rebelarse contra la confiscación de sus tierras se condensan muchas ideas en una sola y cruda no-imagen. Los poderes fácticos, la barra de Davos, está perdiendo, pero nunca lo admitirán, ni dejarán de intentar ganar… hasta que estén muertos o se queden sin dinero.

Se suponía que 2022 sería el año en que sellarían el trato, el año en que tendrían todo listo para “correr el plan” sobre nosotros. Tenían a Fungal Joe instalado en los Estados Unidos, Mario Draghi en su lugar para liquidar a Italia, Jens Weidmann actuando como jefe del Bundesbank en Alemania, con los Verdes ejerciendo todo el poder político real, y habían manipulado a todo el mundo para meterlo una guerra en Ucrania con el objetivo de quebrar a Rusia y, por extensión, aislar a China.


Este era el plan. Sería apoyado por las interrupciones de la cadena de suministro que causarían inflación, incurable a partir de las políticas de Banco Central, mientras que al mismo tiempo eso tiraría al mundo por el acantilado de la energía, haciendo que el nivel de vida básico del primer mundo se volviese inasequible a las clases bajas y medias.


Este es el mundo que Davos construyó. El único problema es que demasiada gente se limitó a decir: “¿Saben qué? No”. Ahora bien, no le importaría a Davos si solo usted y yo dijéramos esto. Sólo somos hormigas a las que se pisa. Tienen múltiples capas de operaciones psicológicas y distracciones preparadas para enfrentarnos unos contra otros, y marginar la disidencia hasta la irrelevancia.

Nos guste o no, seremos rastreados por múltiples bases de datos a través de nuestra actividad en línea, presionados en nuestros trabajos de mierda para que nos conformemos o nos enfrentemos a la ruina financiera y de reputación, y se nos dirán las mentiras más atroces sobre por qué todo esto es necesario.

Pero cuando los planes de Davos amenazaron a algunas de las personas más poderosas del mundo, incluidas aquellas con las que se habían aliado previamente, fue cuando las ruedas empezaron a salirse de los rieles en este tren. Se ha creado una oportunidad para que un conjunto de globalistas elimine a otro conjunto de globalistas y, básicamente, hagan un gran lío de todo. El verdadero poder que había sido suprimido a través de la creación de un exceso de crédito (es decir, eurodólares), ha vislumbrado ahora el momento en que podría invertir el flujo de capital.

Primero fue Rusia en 2014 declarando su independencia, oponiéndose primero al golpe de Estado en Ucrania y tomando Crimea, luego entrando a detener el saqueo de Siria en 2015

Luego fue el turno de los Bancos Comerciales de Estados Unidos liderados por la Reserva Federal, comenzando con la introducción de la SOFR -Tasa de un Día de Financiación Asegurada- en 2017 y el nombramiento de Jerome Powell como Presidente del FOMC por el presidente populista Donald Trump.

Hoy estamos viendo cómo la Fed timonea la economía global hacia un iceberg que hace tiempo se pensaba que podíamos evitar. No podemos. Tenemos que chocar con él y asumir las heridas. Esto es lo que preparará el escenario para una reversión de El mundo que Davos construyó, que es el legado que esta generación debe dejar a la siguiente, o sino la humanidad entrará en una era oscura de varios siglos de control tecnocrático o, peor aún, verá el colapso completo de la sociedad.

Así que, mire a su alrededor. Rusia está ganando en Ucrania. El Sur Global se negó a dejarse intimidar y se puso al lado de Putin. Las sanciones están destruyendo la UE. El dólar estadounidense sigue siendo el rey (por ahora) y está destruyendo la base de poder de Davos, la Unión Europea y el sistema bancario europeo.

La Reserva Federal está subiendo alegremente los tipos para destruir la Administración Biden y poner a EE.UU. en una senda fiscal más sostenible y humilde, que es lo único que el mundo desea desesperadamente poder ver. Draghi está fuera en Italia, Europa del Este está cayendo mientras Viktor Orban sube en Hungría. Los BRICS se expanden y la OTAN se fractura.

Hagamos de 2022 el año en el que Davos pierda.

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