POIESIS / 42

Por Pedro Montealegre

Esta escritura surge en un contexto discursivo, en cuya articulaci贸n hist贸rica con condiciones de producci贸n y recepci贸n de poes铆a, coincide en privilegiar una est茅tica hegem贸nica asentada en la claridad, legibilidad y brevedad sem谩ntico-sint谩cticas m谩s canonificadas, y su relatividad ideol贸gica; me refiero a las po茅ticas de los 80 tard铆os y los primeros noventas 鈥搊 b谩rbaras鈥 en el caso de Javier Bello, en Chile. Resulta desafiante abarcar esta escritura cuando se produce y reproduce, incluso hoy en d铆a, esta ilusi贸n de recepci贸n 鈥搕anto por parte de la cr铆tica como en los mismos lectores y que precisamente los contiene de forma problem谩tica鈥 lo que dar谩 pie a establecer una reflexi贸n acerca de los modos de percepci贸n y reconocimiento de lo literario como hist贸ricos y socialmente modelados. Digo esto pensando nuevamente en criterios de validaci贸n o invalidaci贸n de cierta cr铆tica que reduce la eficacia est茅tica de un texto po茅tico a su claridad enunciativa, entendida 茅sta como cierta gramaticalidad compuesta as铆 misma por un staff de signos reconocibles y vendibles para el consumo masivo. Esta valoraci贸n se justificar铆a 鈥搉o lo veo de otro modo鈥 por la instauraci贸n durante el 煤ltimo tiempo de criterios de validaci贸n basados en la claridad, en el lenguaje de todos los d铆as, en tem谩ticas cotidianas 鈥搊 falsamente cotidianas, como la venta de una imagen pastiche de oportunas disidencias o escrituras prof茅ticas bastante m谩s controladas que exc茅ntricas incluso que 茅stas鈥, cercanas a un modelo de consumidor de clase media y cuyo poder adquisitivo le permite acceder a estas lecturas. Ellas, de alg煤n modo, lo reafirman tambi茅n como sujeto y lo tranquilizan ante la ilusi贸n de que el goce est茅tico, para 茅l, se da necesariamente como una p铆ldora analg茅sica, dado el caso de que se siente m谩s o menos espectador de las formas y contenidos de esas escrituras, que al mismo tiempo le hacen sentirse 鈥渞esponsable, c铆vico o cr铆tico鈥 al leerlas. Se produce en 茅l, por lo tanto, una especie de transferencia solidaria pero a partir de la autoridad del texto, ya que se siente o aspira a sentirse igualmente trasgresor y cuestionador, mientras que por otra parte contin煤a y reproduce la normalidad de su vida burguesa. Hablo de una relaci贸n ag贸nica de estos criterios con po茅ticas realistas anglosajonas y de cierta tradici贸n latinoamericana que dialoga con ellas, as铆 como tambi茅n de est茅ticas del realismo castizo espa帽ol, peninsular, las que de alguna manera se privilegiar铆an ante las de otras localizaciones. Son coincidentes estas prescripciones po茅ticas dominantes en el lugar de origen de estos poetas.

A partir de lo anterior, puedo decir que la capacidad de trasgresi贸n que vemos en estos textos es doble: por un lado, ambas apuestan por un lenguaje en crisis que, visto de esa manera, se har铆a cargo de un mundo igualmente ca贸tico (como ha insistido Antonio M茅ndez). Esto significa que se reactualiza, en cierto sentido, la concepci贸n de un lenguaje anormal que caracterizar铆a a la producci贸n po茅tica en comparaci贸n a una supuesta normalidad del lenguaje [鈥 鈥渄e todos los d铆as鈥, a partir de lo que cre铆an los formalistas rusos. Desde luego, el lenguaje, al estar sujeto a condicionamientos sociales, 茅tnicos, hist贸ricos, culturales y pol铆ticos, resulta, a煤n as铆, 鈥減o茅tico鈥, ya que como es sabido, se crea y re-crea constantemente, lo que vemos todos los d铆as en la publicidad, el periodismo, el cine, en cualquier conversaci贸n de la calle. El grado cero, o el lenguaje plano, y l贸gicamente comunicable, sin entrop铆a, no tiene posibilidades pr谩cticas de concebirse. La ret贸rica es capaz, mediante un an谩lisis del discurso, de dar cuenta del funcionamiento de sus componentes y estrategias creativas. Pero entiendo, por otra parte, que permanecen, al menos suspensos por periodos historizables y definidos por su dial茅ctica, espacios de normalidad est茅ticas, hegemon铆as y gram谩ticas verbales y culturales (asentados y que pretenden asentarse, dominar, y justificar la perennidad de su dominaci贸n mediante la violencia simb贸lica, seg煤n dice Bourdieu). Propician, entonces, canonificar ciertas f贸rmulas; hacerlas necesarias; aislarlas y naturalizar su presencia: es por eso que hablo del lenguaje 鈥渢runco鈥 que propone Bello, de acuerdo a lo que Foucault llamaba 鈥渃ampo de posibilidades estrat茅gicas鈥. Es decir, se sabe consciente de d贸nde se articula el discurso, la l贸gica de la hegemon铆a que al mismo tiempo lo produce y a trav茅s de la cual pretende fisurarla, y, a partir de eso, establecer estrategias de diseminaci贸n de lo que no se ve. Esto los acercar铆a al tipo de disidencia m谩s evidente, pero hablando precisamente con el lenguaje de la desaparici贸n.

Afirma David Preiss que la escritura de Javier Bello resulta molesta, porque se instala en la abundancia. Pero en seguida se me viene la pregunta sobre la naturaleza de 茅sta, de si en realidad se trata de una definici贸n cuantitativa enga帽osa. 驴Necesariamente la acumulaci贸n s铆gnica comunica abundancia? No se tratar谩, m谩s bien, de la pregunta sobre si ella hace significativo un reverso dial茅ctico de lo que nunca se termina de llenar; hablo de tensionar el blanco dial贸gico, ideol贸gico y discursivo que se instala en el pre-decir, y, precisamente, evidenciar la conciencia de que no existe blanco previo, sino distintas lecturas y escrituras sobre ese blanco, y que a partir de ello, el texto enunciado dispersa su carga, articula y textualiza su devaneo, su b煤squeda sobre lo que en s铆 ya abunda pero no se dice. El silencio, de acuerdo a esto, ser铆a una potente forma de abundancia, lo mismo que el blanco: un referente pol铆tico que define desde antes lo literario, aunque lo literario en s铆 evite su menci贸n. No hay nada que se llene para que desborde, sino que esa aparente abundancia, ese instalarse en lo (des)conocido, trasunta el pulso vindicativo de lo negado; lo abundante, entonces, ser铆a lo no dicho, lo acallado, lo molesto, lo abyecto, que es lo mismo que decir lo asesinado, lo que no se puede nombrar, lo que no puede representarse en el escenario. Hablamos de una escritura que se instala sobre lo ya abundante, como la sombra del blanco. La escritura de Bello deviene la sombra del blanco. Esa abundancia es la que nos concierne, la no-dicha que se textualiza en decir (la-dicha) s贸lo para ense帽arnos su perfil, su enga帽o, su manipulaci贸n ideol贸gica. Pienso en Saramago para afirmar que la verdadera ceguera es blanca. Pienso en Edmond Jab茅s para decir que la sombra de la muerte es blanca. (*)

La forma en que est谩 vac铆a la noche 

la forma en que se desfonda su rostro cuando acude la oquedad a los rincones 

el modo en que los rostros de plata se desfondan si asisten a esa misma oquedad y en ella s贸lo temen

(los rostros de los amigos se desfondan, los otros permanecen inm贸viles, veloces pasajeros que detienen la nada) 

y el cuerpo que la visita sonando la ocarina, promulgando la d茅bil vibraci贸n de la vida con su paso de danza 

es al mismo tiempo un cuchillo que abre el dorso de su mano y la deja sangrar 

es al mismo tiempo una garza que no bebe pero la deja sangrar hasta que se queda dormida el vino de la fosforaci贸n 

el vino del que somos olvidados

mientras los rostros beben y beben de la herida

escuchamos el canto de las mujeres negras 

el canto de las viejas mujeres con hocico de cerdo que nos llaman al sue帽o y nos devoran 

y entonces, entonces descubrimos que esas grandes se帽ales son producto de la radiaci贸n. 

La forma en que se encuentra la noche

la forma en que la abandona la persona y el perro, animal de la persona

y el hombre que es mordido por los canes en los grandes rosales prohibidos. 

Brilla, brilla la imagen destrozada donde descansan los yesos 

la forma en que se queda la noche, vac铆a en la percusi贸n de lo ajeno.

No importa lo que t煤 ves al fondo, s贸lo interesan los rostros confinados en el rinc贸n

(recuerda, la noche est谩 vac铆a) 

all铆 t煤 mueves la mano y alguien te contesta si es que los fantasmas conocen el vestigio de la luz y en la llama se han puesto los vestidos y aparecen, con harina o fermento de ma铆z en las manos, con restos de azufre en los pies.

No importa lo que t煤 ves al fondo sino que la noche se vac铆a en las esquinas devoradas

cuando se habla de la verdad en los cuartos y los ni帽os y los conejos se conocen

reciben p谩jaros en el coraz贸n y ramas de ciruelo, reciben p谩jaros y cestos con membrillos para perfumar las alacenas

hasta que todo es para ellos producto de la radiaci贸n.

Yo no s茅 lo que ocurre pero quiero decir lo que veo 

estamos ahora en un lugar donde los invitados encuentran su propio error y no huyen y eligen un enigma y no un arma 

y disparan entonces y la alcoba se llena de pistoletazos perdidos 

y la noche, despu茅s de la visi贸n del vac铆o, es igual al terror de los gritos que perforan el tiempo y dejan escapar todo el viento de las grandes monta帽as

y el mundo es del color de un agujero parecido a la noche 

y la noche se vac铆a all铆 donde los peregrinos dejan de mirar los rev贸lveres.

Yo no s茅 lo que ocurre pero cada mueble de la habitaci贸n se parece a la muerte 

la muerte se parece a la silla y la mesa a la muerte y la vitrina y la silla se parecen entre s铆 y hasta el patio acude solitario a su color predilecto 

que es el lento color de la muerte, ese color donde todo est谩 sentado, ese color sentado a donde llaman los jueces 

y entonces entro y descubro que hablo de mi casa y mi casa se parece a la muerte 

y todo all铆 es producto de la radiaci贸n.

Las cosas no deber铆an existir si lo pensamos

alguien que escribe no tendr铆a por qu茅 existir si lo pensamos 

ni ese cuarto en que escribe ni el silbo con que conversa ni las cosas que dicen sus palabras tampoco tendr铆an que existir si lo pensamos 

pero he aqu铆 que 茅stas viven y que 茅ste vive y que 茅stas ya no huyen 

no huyen de la vida a la muerte 

no huyen de la vida a la muerte como las personas que sienten zumbar en su o铆do la h茅lice de la piedad y miran y no ven m谩s que el hueco que dejan sus cuerpos al salir de las mantas.

Las cosas no deber铆an existir 

pero est谩n puestas donde las vemos para espantar el fulgor del vac铆o

porque alguien escribe en una habitaci贸n y sus palabras son caballos, son heridas, son caballos que lloran y se parecen a Cristo 

y ese rostro es el rostro desfondado donde a煤llan los signos

y ese rostro es producto de la radiaci贸n.

                              a la memoria de 脕ngel Escobar

Jaula del padre

De todos los que comen de esta mesa
el 煤nico que vive de su fuego es el padre. 
Yo no s茅 de donde vienen estas piedras 
ni tampoco conozco a quien las trajo, 
pero aqu铆 las comemos, pero aqu铆 las mascamos. 
Salvaje padre sorprendido en tu error, 
enemigo caliente de mirada amarilla,
me refiero a tu casa quemada por los b谩rbaros, 
me refiero a tu lecho marcado por un nudo, 
me refiero a tu alma que sale a predicar a la calle 
el domingo volc谩nico de los evangelios,
palabra medio rota que envenena el suburbio 
coronado por la lengua de un 谩ngel, 
coronado por la lengua que has de obedecer, 
el decimal que te dar谩 la muerte. 
Padre en silencio, eliges el peso de tu voz, 
el exacto calibre que arma tu verg眉enza, 
el bast贸n de la rabia, el cristal de la sed 
cuando el c谩ncer congela tu garganta 
y te deja alucinar en su hueco. 
Padre furioso contra un sol de ne贸n 
padre furioso contra un grito de fuego, 
encerrado con la luz que no entiendes, 
encerrado en la jaula del mal, 
perseguido por tus bestias de piedra 
ofendes la ra铆z de los 谩rboles.
Las hormigas se comen un perro,
el perro se come la cara de un hombre, 
el hombre el excremento de un buey. 
Bajo las mantas est谩n tus hermanos 
agazapados en la l谩grima de su propio calor. 
Este fuego es su fuego, y es mi fuego tambi茅n, 
este fuego es su hambre con las alas de mosca. 
Un hombre se come la cara de un hombre. 
Yo, mi padre, el padre de mi padre. 

                                              a la memoria de Guadalupe Grande

no es traducible el hueso, lo que viene despu茅s del hueso, paloma sometida dentro del cad谩ver. la mano donde cabe la mano que hizo todo el fuego, la imagen cuando cae en la sombra adivina la crueldad de los restos, pianos elementales contra el objeto norte, contra el fragmento alzado. los dedos muertos crecen en el bosque, el 谩rbol acaba de parir piedra a la espalda, t茅 de espinas en la cabeza del pastor, pozo allegado al misterio. no puedo traducir el se帽uelo, el hocico de los largos inviernos, esta lluvia que acorta las distancias, moja el hospicio de los muertos. un rostro no es traducible, el horizonte no es traducible, tu rostro ver贸nica en las manos no dice nada al humo en el camino, no habla entre los sexos espont谩neos. hay un suicidio, hay algo entre las piernas. una boca en el agua me sonr铆e, un alto filamento abre las puertas, pero muestra los dientes y se cierra
                                                                        			
	                               	para V铆ctor Berr铆os

Modelo Benjamin

Mala se帽al, el centinela se lava los pies con la jarra del v铆nculo,
mis labios ya no tienen verg眉enza,
las oraciones entran de espaldas al orfelinato con cortes en las rodillas.
Es la hora, cierro los ojos, arrugan largos besos,
las esquelas se ahogan en los almanaques bot谩nicos
con la dura humedad de la entrepierna del bosque.
Despeinados por una mano sin madre
los sauces enloquecen, sin pensar en la tierra
las ra铆ces se hunden, los jueces se arremangan,
la prostituta de carb贸n moja los sobres, est谩 sola, gotean
pensamientos afilados por la desesperaci贸n de las tibias,
el empeine dorado del ladr贸n entra en las franelas,
cruza el enjambre, zumba cuando levanta los vestidos,
espolvorea ruina en las enaguas.
Mala se帽al, el aceite de la l谩mpara durar谩 hasta que cante el gallo,
todav铆a me queda un poco de saliva,
la lluvia me negar谩 tres veces,
ser谩 abandonada descalza al borde de la carretera,
apagar谩 en ella sus deseos, montar谩 en caballos mojados.
La fe est谩 sucia, la soledad est谩 sucia,
el viento analfabeto deletrea sedici贸n en las cartas,
una noche para encontrar refugio, para asolar aldeas,
una luna donde volcar los frascos.
Ellos huelen a p贸lvora, se arrastran por los muelles,
surten de esperma el nav铆o fantasma,
animales al sol babean los braseros,
el incesto camina con los p铆es manchados.
Pienso que nunca se abolir谩 el invierno,
sue帽o con un caballo, un lecho transparente,
cebo y para铆so, un huevo en el ri帽贸n de la f谩bula.
Puedo alimentar los inmensos silabarios de hueso
con las l铆neas de mi mano, puedo imitar incluso
la respiraci贸n de mi madre.
Cierro los ojos, tiznados celadores vigilan el espejo,
mastican agujeros de nieve, en la frontera supuran sinagogas.
Ponte de pie, ya es hora, me dice una voz poderosa,
tenemos cuentas pendientes, soy el pasado,
soy d茅bil, tengo una cita con Sholem.

Las farmacias del mar

No s茅 c贸mo seguir, me cuesta explicarte. Hemos visto lo que hemos visto pero no estamos conformes. El ojo nos obliga a olvidar, nos inunda con el resplandor de sus joyas encabritadas como la partitura de una fotograf铆a de guerra. 驴Qu茅 podemos ver bajo esta pena de muerte que no es real pero parece al menos convencernos? 驴Qui茅n no lagrimea de vez en cuando una ventana si se acerca al humo embriagador del cigarrillo del bosque? Ah, viejo Tam, la lumbre que infecta las plumas plateadas de los pichones en el abrevadero se ha esparcido por el universo como los nombres griegos. Cada una refleja un mundo y una ley, un cuadro de costumbres donde los amigos saludan decorosamente a lo lejos y las muchachas invisibles se despiden antes de hundirse para siempre en la hierba. A lo lejos, remendados caballos de niebla cierran el tel贸n con el peso de un p谩rpado, caminan en puntas de pie como los mensajeros que escapan de escena por el hilo negro de la cuerda floja. A煤n despu茅s de todo el peso que arrastran los a帽os resulta dif铆cil descubrir el anzuelo. Hemos removido la tierra hasta encontrar un testigo y a lo lejos los videntes ocultan las manos. No puedo elegir entre las cosas que traje de la muerte: el p谩jaro tuerto, la moneda de miel, el estricto reloj que salmodia. 驴No bastaba tan s贸lo con decirlo una vez para que aparecieran las huellas del desastre? 驴Soplar sobre los dedos turbios del verano hasta borrar esta edad y respirar los colores y volver a abrazarnos? Los difuntos que siguen vivos sin dar mayores indicaciones sobre su paradero, con una persistencia de ciudadela romana, no pierden el tiempo. Como si fueran un milagro, dejan encendidas las luces de casa, meten los dedos en los bolsillos y revisan los boletos de tren con una manifiesta sensaci贸n s铆smica. Los difuntos y sus conmovedoras bolsitas de t茅, m谩s vivos que la intratable muerte, dialogan al fondo del mar con las esponjas, los cefal贸podos y las estrellas errantes. Regresan a veces a escarbar en la arena, vuelven por el talism谩n que favorece las rayas en el cielo, la veleta l铆quida que ense帽a los caminos, el caballo nervioso de los despampanantes puntos cardinales. Titubean al preguntar por nosotros, la mara帽a que envuelve los recuerdos suele desasosegarlos. Si a煤n no crees lo que te digo anda a dar una vuelta entre las luces de la mand铆bula rota y pon atenci贸n a la querella que sostienen los faros. No hay tiempo ya para volver a despedirnos y mirarnos las manos como si nada hubiera sucedido. Por mucho que carguemos 贸rdenes secretas, obedecemos al mismo capit谩n de la marina mercante y lustramos la corona con un pa帽uelo a cuadros. S茅 que no quieres que repita estas cosas delante de los pobres corazones, pero Rosencrantz y Guildenstern han muerto. Corre el a帽o cuarenta y cuatro, y Alfonso Reyes escribe sobre Anfiarao. Seg煤n el autor, dios menor de macuqueros, ladronzuelos y, por supuesto, de las cosas perdidas. 
                                                                                                                          para Magda Sep煤lveda

Mano desnuda

Solo, como alacr谩n herido, lleg贸 m谩s alto el fuego, 
su aguij贸n de oscuridad, el firmamento. En ese para铆so, 
espejismo, la mano oculta del recuerdo, a veces
testigos y potencias, una alta encrucijada sin edad,
los artefactos y los cuerpos, verlos vaciarse y desprenderse 
contra un mar sin figura. Sobre las llamas, como una 
salamandra, suele proferir con la lengua a煤n dormida, yerta en la sed
que hace resbalar a los barrancos. Su talento, fijo como una estrella
entre torsos de humo, lo ve escribir de noche con la mano 
enguantada y de d铆a con la mano desnuda. Toca lo que te 
plazca, dice el dedo a la boca, sea espina o p茅talo sin rama 
o met谩lica rima que apenas se acurruca
para seguir gimiendo. No es sencillo, el cuerpo desemboca
en una cantera de astros deca铆dos: no en m谩rmol redactados
los ep铆tetos, no aclarados en marfil, sino fundidos 
en carne de alima帽a, las im谩genes 
no pueden prosperar, ignoran el reverso y en la pluma
sostienen, v铆nculo y tormento, la gradaci贸n de talco y 
b煤ho posado en la estaca del retru茅cano. 驴Ser谩 su oscura
raz贸n esto que entiendo o vendr谩n las c谩lidas pastoras a hacer 
tierra? Mirad, todo est谩 aqu铆, lo dice y se tras
viste el rizo en d谩til, el Vesubio en rubia entrepierna que lo mima. 
Pero de noche no basta con decir, el espect谩culo del hijo 
natural del abismo hace crisis, el calor de ciertas bestias, el verano 
tatuado en el olvido, el masculino escote, imprevistas postales 
de la muerte luciendo su crencha alrededor del estanque, tras el jard铆n 
que reza el nunca m谩s cerrado del racimo, el vell贸n donde el flequillo 
se esfuma al cascanueces. Mirad, 
mirad entonces los ojos de la aurora, el sol de los jinetes
con cadenas para linchar los bultos, la tribu corre 
detr谩s del climaterio del espacio, la percepci贸n se calza
para ir a abrir la puerta. Aqu铆 yace la mano que esgrime 
su rel谩mpago de pelo, la fosa de su r铆o destronado, ese encaje 
contrahecho en los cuellos, lentes ambidextras, sonrosadas 
diademas por el espeso candor de los muertos, el collar definitivo 
de orugas con que el esp铆ritu alquila las cosas. Qu茅 fue de ti, qu茅 fue 
de tu edad, preguntan los testigos, qui茅n vino esta ma帽ana y quebr贸 
su delito, el v铆nculo del tiempo, y entre los muebles acomod贸 m谩s tarde 
la ira y los celajes del puerto. Qu茅 de ti, por qu茅 no te quedaste 
en este parque donde surte la muerte su linaje y los pajes altivos 
se auscultan los ganglios tras la niebla. Por qu茅 no te quedaste 
en este subterr谩neo donde silban por el ojal caliente de las s谩banas 
los polic铆as y sus ni帽os de pecho. Por qu茅 no arrepentido
en este mar de tribunos donde saltan, apisonando los terrones, Faet贸n, 
los buenos d铆as, el sol de los anillos y las h铆bridas ancas de los peces,
el incesto copioso de las castas, los cueros de Jacob tras el edicto, 
la marina mercante, la espl茅ndida tropa que arrastra acuchillando 
la mortaja de nieve. Ingr谩vidas, intr茅pidas como pleonasmos, las palabras 
se guarecen en tu sombra, engastan su silencio por los cuatro costados 
hasta ganar un brillo que no es de este mundo. De este mundo, del otro, 
t煤 saltaste al espejo, se hundi贸 en el espejo el dibujo portentoso del alba, 
ese mismo alacr谩n, solo como hoguera entre las tumbas, el alma impenitente
que tiende el vellocino sobre el cuerpo aterido, dar谩 luz a tus llagas, silencio 
a las voces de fango. M谩s alta que los cielos tu palabra, m谩s all谩 del c谩liz 
que envuelve los reflejos, escrito ya en Graci谩n: Andrenio muerde la mano de Critilo.

Mano enguantada

De todos las cosas que he perdido, el fr铆o secreto de la mosca
en su frente cuando lo descolgaron, yo vi 
el escenario de su alma inmortal cuesta arriba en la escalera del padre,
Jacob en la grupa del 谩ngel abr铆a cada una de las puertas
de hueso cojo, asteroides, mensajes en el cielo, se hac铆a entender
el metal verdadero que salpica los dedos con salmuera.
Las palabras gem铆an a la orilla del mar, en el pliegue
de un laberinto derretido, se mesaban las barbas, rasgaban
vestiduras, se aquietaban entre la soldadesca. Tachadura 
yo vi, cristales, d谩diva, concavidad del ojo del horizonte 
que vigila la ortograf铆a, la mirada, la geometr铆a de la muerte 
vencida en la impostura, el aire est谩 mintiendo 
o se distrae y no arde como un cerezo cuando cuelga all铆 su arpa 
el pastor que desciende de todos los vientos. Al menos s茅
que no se encuentra arrepentido en ese mar de vidrio
opaco, centelleante, creo que llora como la telefonista
ante el idioma sedicioso del tablero. Tambi茅n a ti 
te rondaron esas ideas alrededor del buche, el nido amni贸tico 
del iris donde desovan los animales prohibidos, las palabras no terminan 
de mirarse el coraz贸n, los insectos fornican detr谩s de los espejos,
se aparean como en un poema de Cardenal, yo veo 
a sus hijos filtrando toneladas de cemento, me pregunto ahora qu茅 fue 
de todos ellos, qu茅 significa su miedo. Perfil de oro abyecto, aleteo inconcluso 
que sostiene tu peso, lo adelgaza hasta la extenuaci贸n. Que estuvi茅ramos juntos 
no quiere decir que hayamos visto lo mismo, ap贸stoles del acantilado. 
Bajo el cielo raso nuez v贸mica, astenia embriagada, santidad de la mosca.
Lo descolgaron, los ojos en blanco que devoran 
como la muerta de las escalinatas, la soledad del viento, la mano 
que lo ara帽a. Hace fr铆o, dice, las cosas tambi茅n se pudren, la muerte 
se pudre, el alma da vueltas como un helic贸ptero 
a la altura de los ojos, la mirada sobrevuela
lanzando al o铆do de la vieja garganta diminutos desnudos 
que no pueden respirar, reci茅n entornado el mar retuerce su perfil, el cangrejo
mueve las pinzas del rev茅s, gira la lengua, la acostumbra 
hasta que da las doce, quiebra la almendra, la manzana, la casa destronada 
del reloj donde duerme el pulgar, esa gente que canta como si estuviera viva
y aquellos que en sordina escrutan los misales y salmodian 
sin escuchar la fuga, las redes al trasluz, el gris煤 de la mosca 
que besa a su descalzo. Hace fr铆o, mi amor, los ojos pesan
como los cuerpos en los hospitales, pesan como los labios
que la corriente arrastra hacia el silencio. Hace fr铆o, se dice, alguien deja 
caer los guantes al fondo del lago. Hace fr铆o, se sienta a escribir 
como el tordo que brilla para ser observado por nadie. 
De todas esas cosas, detr谩s de todas ellas, desflec谩ndose
el secreto del sol en las paredes, la mosca que carga los dados.
Hace fr铆o, nos dice, y su figura se disuelve en la tierra 
como la multitud de los colores que vomita una ni帽a.

Casa de citas de Flavio Belisario

A partir de insulsas reproducciones, c贸mo hubiesen podido comprender que, en cierto modo, yo me hab铆a metamorfoseado en capilla y que la luz del sol, al atravesar la c谩scara de un huevo, ba帽a un enmara帽amiento lineal en el que un alma noble se halla atrapada entre las mallas de un arte de pesca.
                                                                                              Jean Cocteau

I
En cierto modo tendr铆a la cabeza que ser dos, una para la mujer del balc贸n y otra para las
              cartas que le escribe su padre.聽
Abre los brazos y recibe el amor como quien paga sus deudas a tiempo, como quien
              abraza聽un ramo de gladiolos聽mientras mira las manchas en la pared, 
como quien recoge los restos despu茅s de la cena聽para d谩rselos al bolsillo descosido de la
              caridad. Ah la caridad, la caridad:聽
c贸mo hubiese podido una bicicleta聽comerse las u帽as detr谩s de la parroquia del
              pueblo,聽un聽monaguillo con la boca llena de ramas de abedul,聽
el que dice desear a su esposa quiere decir聽que desea el bien para su padre y
              la聽descendencia聽de sus hermanas聽al atravesar la c谩scara de un huevo, 
pero envidia al becario que mira la luna y al pensionista que alerta en el jard铆n a la m煤sica
              sobre las posibilidades de perder la batalla聽ante el silencio y la luz del sol.
Es la tibieza de la risa, es la mirada del esp铆a, la d茅bil traducci贸n聽de la niebla que
              sube聽enred谩ndose en un enmara帽amiento lineal desde los zapatos calcados en las
              baldosas hasta el parto vac铆o de la cabeza.聽
Hasta una de las cabezas: aquella donde la mujer azul decora con dorado la culpa y sopla
               sobre el clavec铆n para abrir con la ternura de un arte de pesca los dedos de los
               pies de聽los muertos.
II
驴Qui茅n est谩 ciego?, 驴qui茅n entre los tarros de basura聽enciende la apuesta con las
              manos聽sucias?, 驴qui茅n el ne贸n que me protege del sol y de la muerte? 
Era ya la medianoche cuando ven铆a de vuelta por el t煤nel,聽la noche estaba hermosa y
              vac铆a,聽rayada de conjuros y notas musicales,聽
pesaba sobre los p谩rpados lo mismo que una manta en el r铆o, pesaba sobre el tedio de
              los聽ad煤lteros como el olor a pasto reci茅n cortado. 
All铆 est谩n, nadie se podr铆a desdecir,聽cada semana son observados de cerca: el masajista
               de聽los muebles del cielo, el novelista que dibuja en la funda de los almohadones, 
el nochero que se pinta las u帽as de verde聽y el tenaz aprendiz de las
               locomotoras,聽c贸mplice聽del hierro y el silencio. All铆 est谩n:
Mar铆a, V铆a L谩ctea, Ceres, Selva Negra,聽Sara y su hija Sara que recolecta insectos
               del聽pulm贸n de las m谩quinas igual que en las capillas los gorriones y las ratas. 
驴Qui茅n est谩 ciego para dejarme ver? 驴Qui茅n sostiene entre sus manos la fisura celeste del
               enmara帽amiento mientras las ruedecillas del viento se llenan de la grasa de la
               primavera, de ese ruido que hacen las madres cuando piensan en la sonrisa
               muerta? 
No soy yo, es el r铆o el que azota a los inocentes contra las piedras y los arrastra entre
               maderos y baldes hasta los enrejados de la desembocadura. 
驴Iremos a pasar el invierno en los moteles de paso que vagan en el hocico de los perros?
III
No me dejan dormir las patas de p谩jaro en la cama, no me dejan contar las horas con los
                dedos reci茅n contados por un alma noble, 
los visitantes pueden despertar, los nidos, los nudillos, el grano que se hincha en la
                humedad de los rosales, 
el minutero silba por el antebrazo, el tartamudeo de las peque帽as olas se debate como un
                se帽uelo que abre las alas. 
Es tiempo ya, pero no puedo, siento las bocas del rumor, la gl谩ndula en los tiestos, el
               aleteo blanco que espesa como vinagre la saliva, 
el ara帽azo impotente en los postigos y despu茅s el tend贸n alabancioso que da vuelta la
               p谩gina del s谩bado. 
Aquello que se hunde, aquello que se hunde y se levanta y se hunde otra vez, y aquello
               que est谩 por nacer,
las palabras muertas que apenas pueden acercarle la lengua a las cosas con una devoci贸n
               imprudente pero necesaria. 
Fumo y sonr铆o, fumo y espero que alguien se acerque. Sea quien sea, nos contar谩 lo
               mismo que dir铆a cualquiera, lo mismo que sabemos:
la novela imprecisa de las fotograf铆as, el parloteo que no terminar谩 jam谩s, el lecho en que
               se hunden los nacimientos y los asesinatos. 
Aquello que se inclina, aquello que se inclina y se alza como un viejo gobierno y me
               interroga sin levantar los dedos de la mesay chasquea las botas y fuma mientras no digo nada, mientras me hundo y me levanto y
               me hundo de nuevo y oculto aquello que est谩 por nacer, 
aquello que est谩 por nacer y sin embargo calla y sin embargo dice y sin saberlo muere.
IV
-驴Y para qu茅? 
-驴Cu谩ndo podremos reunirnos en esa habitaci贸n a decir las palabras que s贸lo se dicen a puertas cerradas? 驴Cu谩ndo nos reuniremos para hablar de nosotros mismos y de los otros y de las personas que seremos sin dejar de ser ellos? Hablaremos de los que nos acompa帽an y de aquellos que no est谩n con nosotros. Los bendeciremos y los maldeciremos con las mismas palabras. Con las mismas palabras haremos todo lo que est谩 a nuestro alcance para salvarnos.

-驴Y hasta cu谩ndo habr谩 tiempo para desdecirnos de un arte de pesca? 
-驴Y para qu茅 insulsas reproducciones?
-Ll茅nate la boca de esas im谩genes y al atravesar la c谩scara de un huevo p煤drete.


Javier Bello (Concepci贸n, Chile, 25 de octubre de 1972) es profesor asistente del 谩rea de Literatura Latinoamericana y Chilena del Departamento de Literatura de la Facultad de Filosof铆a y Humanidades de la Universidad de Chile, instituci贸n donde tambi茅n coedit贸 durante 12 a帽os,  junto a la Prof. Luz 脕ngela Mart铆nez, los proyectos virtuales Cyber Humanitatis (www.uchile.cl/facultades/filosofia/publicaciones/cyber/index.html), revista electr贸nica de la facultad, y el Retablo de Literatura Chilena en Internet (www.uchile.cl/cultura/retablo), monograf铆as sobre autores chilenos, sitios de acceso permanente y gratuito en el portal web de la Universidad de Chile (www.uchile.cl). Al mismo tiempo, ha impartido cursos de poes铆a chilena, latinoamericana y espa帽ola contempor谩neas, y talleres de creaci贸n po茅tica en la Universidad de Chile, la Universidad Finis Terrae, la Universidad del Desarrollo, la Universidad Alberto Hurtado, la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, y los centros culturales Balamaceda 1215 (Santiago) y La casa encendida (Madrid). Licenciado en Humanidades con Menci贸n en Lengua y Literatura Hisp谩nica de la Universidad de Chile, Egresado del Doctorado en Literatura Moderna y Contempor谩nea de la Universidad Complutense de Madrid, se doctor贸 en el programa de Literatura y teor铆a de la Literatura de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, con la tesis 鈥淢emoria y negatividad en la poes铆a chilena de la Postdictadura. Cinco poetas de la Transici贸n: Antonia Torres, Andr茅s Anwandter, David Preiss, Alejandra del R铆o y Germ谩n Carrasco鈥, dirigida por la Prof. Dra. 脕ngeles Mateo del Pino, de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Ha recibido la Beca para la Creaci贸n Po茅tica Joven de la Fundaci贸n “Pablo Neruda” en 1992; el Primer Premio de Poes铆a en los “Juegos Florales Gabriela Mistral” de la I. Municipalidad de Santiago, en 1994, por el poemario La rosa del mundo; un acc茅sit al VIII Premio “Jaime Gil de Biedma”, Diputaci贸n de Segovia, por el poemario Las jaulas, en 1998; el Premio Hispanoamericano de Poes铆a Juan Ram贸n Jim茅nez, 2006, por letrero de albergue; y el Premio Pablo Neruda 2007, que la fundaci贸n del mismo nombre otorga anualmente, desde 1987, a la trayectoria de un poeta chileno menor de 40 a帽os. Ha publicado los siguientes poemarios: I decided to dissolve (poemas en chino, ingl茅s y espa帽ol). Edici贸n de Bei Dao, Lucas Klein y Chris Song. Traducci贸n al ingl茅s de Valentino Giannuzi.Hong Kong: The Chinese University Press, 2017; No es traducible el hueso. Selecci贸n de Edgar Saavedra. Lima: To茅, 2016; la antolog铆a Exhumaci贸n de la F谩bula (Albacete: Cham谩n, 2016, selecci贸n de Nicol谩s Labarca, pr贸logo de Antonia Torres); Los grandes relatos (Santiago: Cuarto Propio, 2015); Estaci贸n noche (Santiago: Libros La calabaza del diablo, 2012); Espejismo (Santiago: Cuadro de tiza, 2010, postfacio de Jorge Monteleone); letrero de albergue (Huelva: Diputaci贸n provincial de Huelva, Colecci贸n de Poes铆a Juan Ram贸n Jim茅nez, 2006; pr贸logo de Diana Bellessi, 2陋 ed., Santiago: Editorial Norma, 2007); El fulgor del vac铆o (edici贸n corregida y aumentada de La rosa del mundo y Las jaulas, m谩s el poemario in茅dito Los pobladores del entresue帽o), Santiago, Editorial Cuarto Propio, 2002; Las jaulas (Madrid: Visor, 1998); La rosa del mundo (Santiago: Lom, 1996); La huella del olvido (Concepci贸n: Letra Nueva, 1989); y La noche venenosa (Concepci贸n: Letra Nueva, Cuadernos de Movilizaci贸n Literaria Nr.31, 1987). Adem谩s, ha editado, entre otros, los siguientes libros: Winn茅t de Rokha, El valle pierde su atm贸sfera. Edici贸n cr铆tica de la obra po茅tica. Pr贸logo, recopilaci贸n y notas de Javier Bello. (Santiago: Cuarto Propio, 2008, 637 p.); Diana Bellessi, Persecuci贸n del sue帽o. Antolog铆a po茅tica. Selecci贸n de Eliana Ortega y Javier Bello. (Santiago: Lom, Cuadernos del Ciudadano, 2006); Enrique G贸mez-Correa, Lo desconocido liberado. Antolog铆a po茅tica 1935-1995. Selecci贸n y pr贸logo de Javier Bello. Madrid: Huerga y Fierro, Colecci贸n Signos, 2005; y A.A.V.V., Desencanto personal. Reescritura de Canto General de Pablo Neruda. Selecci贸n de Javier Bello. Pr贸logos de Soledad Fari帽a y Ra煤l Zurita. Santiago: Cuarto Propio/Balmaceda 1215, 2004. 

(*) El texto de Pedro Montealegre aqu铆 publicado es fragmento de un trabajo m谩s extenso. La selecci贸n de poemas que ofrecemos, en la cual conviven textos de diferentes libros (茅ditos e in茅ditos), fue hecha por eXtramuros, en base a los materiales remitidos por el poeta, cuya confianza agradecemos (R.P.)

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