ENSAYO

El “gobierno de unos pocos” (oligarquía) es posiblemente la constante en la historia de la humanidad, cuando uno la mira más o menos de cerca. Sin embargo, existe en la comunicación contemporánea una distinción interesante: “oligarca” es un término empleado exclusivamente para designar a los representantes más adiposos y notorios del poder económico ruso y ucraniano.

Por Aldo Mazzucchelli

En los años 90, cuando la Unión Soviética implotaba, le crecían unas quince repúblicas autónomas, y los estados europeos tras la cortina recuperaban sus autonomías políticas, la hija de Boris Yeltsin, Tatyana, rompía la noche de Moscú de boliche en boliche. Algunos de sus amigos, que eran muchos, comenzaron a frecuentar el círculo presidencial. Yeltsin se enfrentaba con un problema inédito: la pirámide de control central de los inmensos recursos de Rusia se había desmoronado, y la estructura entera estaba al garete. Almirantes del Glorioso Ejército Rojo hacían negocios particulares con personajes sombríos, intentando venderles algún submarino nuclear vetusto que estaba bajo su control, anclado por ejemplo en Odessa; los aeropuertos comenzaron a alquilar sus helicópteros militares -con pilotos e ingenieros incluidos- por algunos dólares, para pagar la luz. La Federación de Rusia amanecía, y era tierra de nadie. ¿Cómo organizar de nuevo una economía en medio del caos? Yeltsin comenzó a conceder áreas enteras de actividad -digamos, el aluminio, el petróleo, la banca- a aquellos que le pareció, que tenía cerca, y que creyó que podían hacerse cargo. Varios de ellos, amigos de su hija fiestera. Estados Unidos dio una mano con el arsenal nuclear, ayudando desde el principio a que se mantuviese un inventario serio, y que no cayese en manos de privados, terroristas, o intermediarios que se pudiesen tentar con alguna venta conveniente. En algunos años la nueva estructura de un capitalismo rudimentario y mayormente salvaje, en todos los sentidos de la palabra -monopólico, con policía privada armada a guerra, y con medios de comunicación al servicio directo de los intereses de esas nuevas corporaciones- estaba en su sitio. 

Boris Yeltsin era el “techo” (krysha) o protector de estos ciudadanos, que en general eran comerciantes audaces o de dudosa legalidad, sin mayor formación, y que no pertenecían al núcleo fuerte de la dirección burocrática anterior caída en desgracia, ni eran en general de Moscú siquiera. Muchos de ellos pertenecían a la minoría judía, que sufría y no era bien vista bajo el régimen comunista. Contactos personales, audacia, y suerte. Y de ese magma surge la nueva estructura de la Rusia capitalista de los años 90.

En Ucrania y en Rusia, sobre todo, por ser las dos regiones más ricas y avanzadas del conjunto, con las dos capitales mejor conectadas con Europa y Occidente, crecieron las sedes de las empresas principales, se instalaron las nuevas industrias, y se debieron forjar las nuevas políticas. Allí creció también al máximo nivel la corrupción más intrincada, puesto que así como un puñado de políticos hicieron a los oligarcas, los oligarcas devolvieron el favor instalando, financiando y estabilizando a sus protectores políticos. Es la maravilla de una nueva estructura de poder cuando nace. El Virrey concedía una suerte de estancia de una legua de lado a un paisano, y el paisano reconocía como Virrey al Virrey -porque sino la tierra no era legalmente suya. O, los políticos te privatizan el aluminio, y tu a cambio haces hombre público de respeto al político privatizador. 

La policía era una cosa poco consolidada en aquellos tiempos moscovitas. Entonces un oligarca debía establecer no solamente las reglas de juego de todo un sector de la economía, sino también hacerlas cumplir. La policía era mayormente policía privada, es decir matones y gorilas a sueldo de cada oligarca. Fue así que por ejemplo Boris Berezovsky, oligarca de la comunicación y muchos otros rubros, se hizo un nombre: si competías con él con tu pequeño medio, te compraba barato, o te “sacaba” (no del negocio: del mundo). Un General no le quiso vender una refinería estatal en Siberia (a él y a Abramovich, que fueron juntos a comprársela), y los echó a patadas. Y esa noche, el general se ahogó nadando en un río helado. Y el guardia de seguridad del General fue enseguida provocado en un bar, y murió en la pelea subsiguiente.

Este fue el génesis, bajo el viejo Boris Yeltsin. Pero Yeltsin envejeció, y progresivamente su alcoholismo fue haciéndose más y más cruel y central, incluyendo muchas escenas públicas en que sus guardias debieron sujetarlo, porque se caía al piso en vivo, ante las cámaras. Los oligarcas decidieron que debían suplantarlo por una pantalla mejor. Berezovsky, cuando aun no era quien llegó a ser, había sido ayudado a establecer una automotora por un tipo petiso que era entonces un oficial de medio rango de la inteligencia soviética. Lo contactó, lo trajo al círculo de Yeltsin, y finalmente lo pusieron como el tipo más importante. “Cuando llegué a Moscú en 1994, no conocía a nadie. No tenía contactos…” dice el tipo petiso en un documental de entrevistas que le hizo mucho después Oliver Stone “… pero seis años después, era Primer Ministro. La primera vez que Yeltsin me lo propuso, le dije que no”. La idea era que al tipo petiso y sin contactos lo iban a dominar fácilmente, pues el tal Vladimir Putin, desde luego, no era nadie.

Una de las primeras cosas que hizo Putin, un tipo que entiende el problema del poder, apenas se aseguró el control de las fuerzas de seguridad del Estado, fue invitar al plantel completo de oligarcas principales a una vieja casa de campo de Stalin, para conocerse mejor. Por la mañana los reunió a todos en una habitación, y les explicó: todos ustedes han hecho muchísimo dinero. No tengo intención de que lo entreguen, o que empiecen a vivir peor. Pero hay una condición: ninguno de ustedes se cruzará, nunca más, en mi camino. El poder ahora es mío. Los que entiendan esto, crecerán.

Muchos lo entendieron. Otros no. Los que no, en general terminaron suicidados, o resultaron destruidos en diversas circunstancias. Eso ayudó a que otros entendieran mejor y más rápido. Desde la llegada al poder de Putin la economía rusa comenzó a ordenarse y crecer a un ritmo extraordinario, y la sociedad rusa se ordenó, intentando seguir el modelo unipolar de hacer las cosas que Occidente dictaba. La violencia directa de los oligarcas desapareció, el Far West ruso se tranquilizó bastante. Putin, el primer Putin, intentó hacer los deberes. Y cuando Rusia creció y se modernizó lo suficiente, él se convirtió en alguien con nuevos objetivos.

En fin, existen los oligarcas rusos, y son lo que son. Con su dinero casi ilimitado, se convirtieron en gente más cosmopolita, ciudadanos del jet set mundial. Compraron sus legendarios yates, sus palaciegas propiedades en las costas del Mediterráneo, y sus enceguecedoras y enceguecedores amantes. Algunos tienen una esfera de influencia más local, otros -como por ejemplo Roman Abramovich- son famosos en Occidente. Y otros, como Igor Kolomoiski -el propietario de Zelenski-, hicieron camino en Ucrania, una república esencialmente oligárquica de principio a fin, pero sin un Putin. 

En Occidente no hay oligarcas. En Occidente el capitalismo está más viejo que en Oriente, el sistema está mucho más maduro, y es una cosa mucho más refinada que en Rusia, e incluso que en China, donde también hay oligarcas, pero en este caso son miembros del Partido, porque el Partido no precisó, en China, suicidarse para crear el capitalismo a la china. Lo creó de adentro. Logró la conocida utopía de “reformar el sistema desde adentro”, etc. 

Nadie es oligarca en Occidente porque en Occidente reina la Democracia, que es el “gobierno del pueblo”; es decir, de los muchos. Es por eso que en Occidente los pueblos eligen sus gobernantes, que representan los intereses del pueblo. A diferencia de Rusia, de China, donde los gobernantes son Autócratas -el gobierno de uno mismo- que odian a sus pueblos, precisamente porque son autócratas.

Es así que en Occidente, por la natural evolución hegeliana de las cosas, el sistema se ha convertido en su contrario. El oligarca en Occidente es un demócrata. Pero no es parte del pueblo, porque el pueblo no tiene dinero. Entonces, el que sería el oligarca occidental, que como sabemos no existe, pero bueno, quien ocuparía ese lugar, dado que está lleno de conciencia del Bien, y ha sido educado por el capitalismo para no ser un oligarca, ha encontrado su perfecto rol dentro del sistema: es filántropo. 

Así como el olig-arca es el poder de los poquitos, y la demo-cracia es el poder del pueblo, el fil-ántropo es el que ama al hombre. El amante del hombre, o de la humanidad, con la cual guarda diversos tipos de relaciones, más o menos íntimas.

Desde luego, en Occidente reina la Libertad, no hay censura en ninguna parte. Si la hubiera, cosa que habría que comprobar con fact-checkers prestigiosos, ésta de todos modos sería practicada por empresas privadas, que pueden hacer lo que quieran, porque el mundo no se rige tanto por la Constitución, sino por el Derecho de Propiedad. Seamos más precisos: por el derecho de admisión. Así como si tengo un almacén o un salón de fiestas infantiles, puedo impedirle la entrada a quien me de la gana, lo mismo puede el director de Facebook, el filántropo Mark Zuckerberg. 

Zuckerberg, quien se hizo de abajo gracias a los milagros de la creatividad digital, el azar, y el legítimo deseo de formar parte de una red de levante, cuando era un miserable estudiante de Harvard, puede impedir que cualquiera publique lo que se le ocurra en Facebook. Es la virtud del self made man y de la libertad de expresión, que en una democracia siempre va acompañada -precedida, mejor dicho- por la libertad de expresión del dueño del almacén. 

Pero no es cualquier cosa la que se censura: son simplemente las cosas que no caigan dentro de las “normas comunitarias”, que están publicadas en la letra chica, y de todos modos no especifican qué cae fuera de ellas. Pero existe una solución para que todo el mundo entienda la legitimidad de lo que se deja fuera: lo que se deja fuera son, exclusivamente, los “discursos de odio”. Todo el mundo puede entender enseguida lo que es un discurso de odio, con un ejemplo: es un discurso de odio llamar “violencia” a las actividades callejeras de Black Lives Matter durante 2020, pero no es discurso de odio llamar a asesinar a los ciudadanos rusos en general, porque los ciudadanos rusos en general son todos cómplices de una invasión totalmente no provocada y sin motivo alguno, cuyo fin es asesinar mujeres embarazadas y bebés ucranianos, todos ellos civiles. 

Con el fin de determinar lo que es discurso de odio y lo que no lo es, los dueños de grandes medios de comunicación y los dueños de redes sociales han decidido formar equipos de verificadores de datos. Éstos son grupos de ciudadanos mejor informados y más cercanos a la virtud y la verdad que los demás, que profesionalmente se encargan de determinar el significado exacto de cada afirmación, lo contrastan objetivamente con los hechos, y juzgan en consecuencia qué es verdad, qué es desinformación, qué es mero error, y qué es mentira malintencionada. Para que estos grupos de verificadores de datos no corran el riesgo de ser influidos en su opinión por los que les pagan, es necesario que quienes les pagan no tengan intereses políticos. Por tanto, quienes pagan a los nuevos burócratas de la objetividad, son filántropos. Los filántropos -por ejemplo George Soros o Bill Gates, los dos más conocidos- son completamente independientes de cualquier opinión o sesgo político, y es por eso, porque son modelos de objetividad y, como su nombre lo indica, solo quieren amar a la humanidad, ellos son los encargados de financiar a los factcheckers que definen qué es un discurso de odio, y qué no lo es.

Así las cosas, la Democracia goza de una serie de ventajas respecto de la Autocracia asiática. En una Democracia, por ejemplo, el poder es ejercido por los representantes electos por el pueblo, que es quien en realidad gobierna. Y estos representantes solo ejecutan el gobierno que sirve mejor a los intereses de sus electores. En los sistemas democráticos más avanzados -el más avanzado y el único que realmente importa es Estados Unidos- los electores llaman por teléfono a su diputado, o senador, que toma puntualmente nota de los deseos de sus votantes, y luego los traduce a lenguaje político en su labor parlamentaria de todos los días. En una Autocracia, en cambio, no existen elecciones; y si existen, están amañadas, a diferencia de las elecciones norteamericanas, que son perfectamente limpias. En Rusia están amañadas porque un pequeño grupo de oligarcas que poseen los medios y el dinero, y que con ellos le lavan el cerebro a la gente, hacen que siempre la gente elija a Vlad Putin. Pero en Estados Unidos, en cambio, existe una pluralidad de medios que compiten lealmente, cada uno con su financiación independiente para nada conectada con oligarcas -que no existen- ni con filántropos, y sobre todo, para nada conectada con intereses corporativos o empresariales -la industria del armamento, de la energía, de la tecnología, o de la propiedad inmueble, o de la farmacia. Ninguna de estas industrias puede controlar de ninguna manera el discurso de los medios, ni provocar que los políticos declaren la guerra, porque en una democracia los políticos son electos libremente por un conjunto de ciudadanos que piensan por sí mismos. Esta es la mayor diferencia entre la Democracia y la Autocracia, y es gracias a esta superioridad moral que es posible decir, como se dice y se ha dicho desde siempre, que si un gobierno democrático -digamos Estados Unidos como podríamos decir cualquier otro- invade o bombardea un país -digamos Irak, Afganistán, Vietnam, Libia, Siria o Serbia, como podríamos decir cualquier otro- esto es un acto humanitario para liberar ciudadanos que están privados de democracia debido a las autocracias en general reinantes en esos países

-también habría autocracias en otros países, como por ejemplo Arabia Saudita, pero por alguna razón algunas autocracias son más odiosas que otras. Estos actos de liberación, que jamás incluyen ningún crimen de guerra, ocurren, con notable frecuencia, en países distantes con un ejército de pacotilla que no puede ni siquiera empezar a considerar levantar una resistencia. Pero, pese a la no resistencia de los aborígenes autocráticos, el gasto militar va a las nubes con cada negocio de exportación de democracia, lo mismo que los gastos posteriores de reconstrucción, para los cuales el dinero del pueblo es generosamente canalizado, por los políticos democráticos electos, y por orden telefónica directa de sus electores, además de hacia los fabricantes y traficantes de armas, hacia empresas privadas de contratistas paramilitares que se encargan primero de ayudar a la destrucción de la infraestructura y los edificios en la autocracia invadida, y luego a su reconstrucción, ya en el caos ulterior -que siempre se confía que termine en una democracia viable y madura.

Lo más elogiable de las democracias es su transparencia, que está absolutamente ausente en las autocracias. Tomemos el caso de Wikileaks. Dado que los demócratas propugnan siempre la transparencia, todos consideran perfectamente lógico que los actos de gobierno, puesto que en una democracia favorecen al pueblo y de ninguna manera a las corporaciones o a intereses particulares -es más: aun plantear esto es considerado por los verdaderos demócratas, y por los filántropos, una falsa oposición-, sean divulgados en sus detalles con la mayor amplitud. Es por eso que han recibido con beneplácito la tarea informativa de la prensa de investigación en general, y de Wikileaks en particular. Su creador, Julian Assange, es un ciudadano que actualmente tiene algunos inconvenientes con la justicia, pero de ningún modo tienen estos que ver con su noble y democrática tarea de expandir el amor a la verdad, sino con algunos incidentes de carácter personal que involucran su vida sentimental pasada en los países nórdicos.

Tomemos un ejemplo de Wikileaks para mostrar cómo funciona en profundidad la democracia, y cuál es el rol de los intereses particulares, de los filántropos, de la guerra y el cambio de régimen autocrático a uno de tipo caótico-democrático, que es el régimen que en general se promueve para transicionar de la autocracia anterior a la democracia futura (ejemplo: Afghanistán, Irak, Siria, Libia). Un solo email, del 16 de setiembre de 2011, alcanzará para ilustrar el punto.

Antes, demos un mínimo de contexto histórico, y presentemos a los actores del email. Daremos para el hecho la definición oficial aceptable para la democracia, que es la que se permite que, siempre libremente, aparezca en Wikipedia. 

Los hechos son los siguientes. “El 19 de marzo de 2011, una coalición multiestatal liderada por la OTAN inició una intervención militar en Libia, para aplicar la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en respuesta a los acontecimientos de la primera guerra civil libia. Con diez votos a favor y cinco abstenciones, la intención del Consejo de Seguridad de la ONU era que se produjera “un alto el fuego inmediato en Libia, incluyendo el fin de los actuales ataques contra la población civil, que, según dijo, podrían constituir “crímenes contra la humanidad” … [imponiendo] la prohibición de todos los vuelos en el espacio aéreo del país -una zona de exclusión aérea- y el endurecimiento de las sanciones contra el régimen de [Muamar] Ghadaffi y sus partidarios.” 

Como se ve, se trató de una invasión legítima, pues fue votada por las Naciones Unidas, que como todos sabemos está habitada por personas electas por el pueblo. Además, no fueron Estados Unidos, Francia, ni Inglaterra: fueron muchos, “una coalición multiestatal”, que incluyó a países invasores como Canadá, Noruega, España y Qatar. El objetivo fue humanitario: impedir que un Autócrata como Ghadaffi siguiese asesinando a la población civil, que es básicamente a lo que se dedican siempre los autócratas. Y se aclara que era posible que esos crímenes fuesen, por encima de crímenes, “crímenes contra la humanidad” -que son crímenes tan horribles que están solo un escalón más abajo del femicidio.

Para no seguir citando la interminable retórica de la verdadera democracia, resumamos. El asunto fue una cuestión mayormente liderada por Francia e Inglaterra. Italia se opuso al principio porque Berlusconi era habitual compañero de orgías de Ghaddafi -luego la forzaron a figurar. Estados Unidos primero simplemente bendijo la intervención final -habiendo promovido antes la correspondiente “primavera árabe” contra el autócrata- y al final terminó haciéndose cargo del asunto bajo el nombre “Operación Protector Unificado”. El lector puede profundizar en la versión sanitizada y estrictamente democrática de este apasionante asunto aquí. También puede, gracias a la magia de la tecnología y a que los criterios para lo que es “discurso de odio” son muy elaborados, observar videos del momento en que los luchadores de la democracia, ululando como monos enardecidos, capturan finalmente a Ghadaffi y lo asesinan. Todo ocurre en vivo. YouTube no censura estos videos -sí censura los discursos de Vlad Putin, por ejemplo, que obviamente son mucho más ofensivos y contrarios a la sensibilidad democrática- pero sí advierte al espectador, de modo que dele “sí” abajo a la izquierda, si se anima. Si uno busca lo suficiente, quizá aun encuentre el video que muestra como lo sodomizan con una bayoneta antes de matarlo. 


Con el caos predemocrático finalmente restablecido, toma el poder una Comisión Nacional de Transición o como se llame, a la que hacen una visita de cortesía los mismísimos líderes de Francia e Inglaterra, ambos el mismo día. De eso habla el email que leeremos. 

¿Quiénes intervienen, pues, en el email? Informamos sus cargos al momento, en 2011, en que ocurren las cosas.

* Sidney Blumenthal (redactor del email):  Periodista y agente político estadounidense. Ex ayudante del presidente Bill Clinton, y permanente confidente y asesor de Hillary Clinton; fue empleado de la Fundación Clinton.

* Hillary R. Clinton (destinataria del email): Política, diplomática, abogada, escritora y oradora estadounidense que fue la 67ª Secretaria de Estado de los Estados Unidos de 2009 a 2013, entre otras cosas. Es decir, Hillary Clinton actuaba como encargada de la política exterior norteamericana en el momento. El Presidente era Barack Obama, Premio Nobel de la Paz.

* Nicolas Sarkozy: Presidente de Francia.

* David Cameron: Primer Ministro de Gran Bretaña

* Muammar al Ghaddafi: Líder de facto de Libia de 1969 a 2011, primero como Presidente Revolucionario de la República Árabe Libia de 1969 a 1977 y luego como “Líder Fraternal” de la Gran Jamahiriya Árabe Libia Popular y Socialista de 1977 a 2011. Asesinado en la caja de una camioneta el 20 de octubre de 2011.

* Mustafa Abdul Jalil: Presidente del Consejo Nacional de Transición de Libia, que tomó el poder luego de la intervención humanitaria de la Coalición Internacional.

* Total Energies: Fundada en Francia en 1924, es “una amplia empresa energética que produce y comercializa energías a escala mundial: petróleo y biocombustibles, gas natural y gases verdes, energías renovables y electricidad”. 130.000+ empleados, opera en 130 países. 

* BP (Era “British Petroleum”, pero la palabra petroleum está prácticamente cancelada y ya no se debe usar): De origen británico, “con operaciones en Europa, América del Norte y del Sur, Australasia, Asia y África, ofrecemos soluciones energéticas en todo el mundo.”

¿Qué dice el email? Traducimos lo importante:

***

De: Sidney Blumenthal

Para: Hillary Clinton

Fecha: 2011-09-14 06:32

Asunto: H: INTEL: ALIADOS EN LIBIA/PETRÓLEO. SID

[…]

CONFIDENCIAL

16 de septiembre de 2011

Para: Hillary

De: Sid

Re: Francia, Reino Unido y otros, en la lucha contra el petróleo en Libia

A mediados de septiembre de 2011, el presidente francés Nicolas Sarkozy y el primer ministro británico David Cameron viajaron a Trípoli para reunirse y expresar su apoyo a los líderes del nuevo gobierno de Libia bajo el Consejo Nacional de Transición (CNT). 

Según personas informadas, como parte de este esfuerzo, los dos líderes, en conversaciones privadas, también intentan presionar a los líderes del CNT para que recompensen su temprano apoyo a la rebelión contra Muammar al Ghaddafi.

Sarkozy y Cameron esperan que este reconocimiento sea tangible, en forma de contratos favorables para las empresas energéticas francesas y británicas, que desean desempeñar un papel importante en la industria petrolera libia. Según esta fuente, Sarkozy considera, con bastante fuerza, que sin el apoyo francés no habría habido revolución y que el gobierno del CNT debe demostrar que es consciente de ello.

Por su parte, Cameron parece estar muy preocupado porque, a pesar del apoyo británico a los rebeldes durante los combates, algunos miembros del CNT siguen centrados en el hecho de que el gobierno y la industria petrolera británica tenían buenas relaciones con el régimen de Gadafi, en particular la empresa British Petroleum (BP).

Al mismo tiempo, esta fuente indica que el gobierno de Francia está llevando a cabo un programa concertado de diplomacia privada y pública para presionar al nuevo gobierno de transición de Libia, a fin de que reserve hasta un 35% de la industria petrolera de Libia para las empresas francesas, en particular la gran empresa energética francesa TOTAL. Fuentes con acceso a los niveles más altos del CNT en el poder, así como altos asesores de Sarkozy, declararon en estricta confidencialidad que, si bien gran parte de esta presión se está ejerciendo a niveles diplomáticos y políticos muy altos, el servicio de inteligencia exterior francés (Direction Generale de la Securite Exterieure/Dirección General de Seguridad Exterior) está utilizando fuentes con influencia en el CNT para presionar hacia la posición francesa. En la actualidad, mientras los líderes del CNT están consolidando sus posiciones en Trípoli, están viendo como equilibrar los intereses del nuevo gobierno y del pueblo libio, con la necesidad de reconocer el apoyo que les han prestado Francia y otras grandes potencias en su lucha contra Muamar al Ghadaffi.

***

Hasta aquí el texto que traducimos del email, que luego sigue, desarrollando otros comentarios. Incluimos el original entero al final de esta página.

Hay unos 30.000 emails solo en el archivo de Hillary Clinton en wikileaks. El lector puede entretenerse haciendo sus propias búsquedas.

Como decíamos, la democracia tiene la gran ventaja, sobre la autocracia, que sus intervenciones humanitarias no persiguen jamás otros objetivos que no sean los de la defensa de los intereses de sus electores. 

De modo que quien opine que la visita relámpago de Sarkozy y Cameron -se quedaron un solo día, y cada uno se reunió por separado con los luchadores por la libertad; eso consta en otro email- consistió en a darle órdenes a una Junta de mierda que ellos mismos habían instalado, usando la legitimidad de las Naciones Unidas y el trabajo previo de los servicios norteamericanos para eliminar el gobierno que no les hacía los negocios que ellos querían, es pura propaganda rusa, porque es el modo en que ven el mundo los autócratas, que no entienden la democracia.

La intervención de una coalición de naciones, estrictamente por razones humanitarias, en cambio, coincide con los códigos de valores de las corporaciones como TOTAL, que entre los principios “que están en su ADN” (me parece haber leído antes esta metáfora) que la definen y que publica en su sitio web oficial, proclama que “El respeto a los demás es un valor en el que cada palabra tiene el mismo peso. Sitúa a las personas en el centro de nuestro proyecto colectivo. (Incluyendo, al parecer, a las personas de Libia). Cada día, nos esforzamos por encarnar este principio manteniendo buenas relaciones laborales y escuchando a los demás, respetando al máximo los derechos humanos, mostrando una integridad inquebrantable, abrazando la diversidad y prestando atención a la calidad de las relaciones laborales dentro de la empresa. El respeto mutuo es, por tanto, una piedra angular de nuestros principios éticos colectivos, nuestra forma de demostrar la conducta ejemplar que se espera de nosotros como una de las mayores empresas del mundo.”

El dueño de TOTAL es hoy, en un 1%, el Estado francés. El resto está en acciones. De ellas, un porcentaje grueso es de filántropos, que aprovechan las ganancias para financiar a los pilares de la democracia: presidentes, fact checkers, grandes medios de comunicación, y a Wikipedia misma.

(FOTO PRINCIPAL: El bombardeo de Belgrado por parte de la OTAN, abril de 1999)
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