POIESIS / 37

Por Raúl Zurita 

En la poesía de Fernando Valverde encontramos la coherencia de una disposición bondadosa hacia el mundo que se reflejaba en Celia, un poema condenado a la inmortalidad, y que también se encuentra en este nuevo libro. Por su profundidad y transparencia, por la pristinidad de sus imágenes, por su deslumbrado trato con lo real, por su luminosidad y acosante ternura, la obra de Fernando Valverde nos recuerda que frente a los mundos arrasados de la historia, la poesía tuvo también que inventar la bondad, tuvo también que inventar el amor, para que nos quedase el atisbo de una esperanza.  


                                        (De “Los ojos del pelícano”)

LA CAÍDA

A mi madre

¿Recuerdas cómo mueren los pelícanos?

Bajo el sol de la tarde
que golpea la costa del Pacífico
el agua los engulle como al plomo.

Nada puede salvarlos.

Hay tanta dignidad en el vacío,
tanto amor en sus vuelos,
que en el último instante escogen el silencio.
Sólo queda
el golpe de sus cuerpos contra el agua
como un rumor de viento imperceptible.

Desde esta habitación no puede verse el mar,
no existen altas rocas y no queda horizonte
que no hayan destruido.

No importa,
intuyes un rumor en esta noche negra,
puedes tocar su brazo.
Recordarás entonces, al percibir el frío,
que en otoño ese mar que tanto amas
se vuelve gris y deja
los nombres del pasado escritos en la arena.

Te has sentado a mirarlos.

Frente a ti,
torciendo el horizonte,
un niño se sumerge entre las olas.
El levante, tan cálido y perfecto,
lo traiciona y lo empuja.

Has venido a salvarme.

Tus brazos,
tan frágiles ahora,
cubren el cuerpo de mis nueve años
hasta tocar la orilla.

Es cierto,
desde esta habitación no puede verse el mar
pero tiemblan mis manos igual que aquella tarde.
Ahora cojo las tuyas,
siente cómo te amo,
cómo salvas mi miedo con tus gestos,
cómo tienes la vida sujeta entre los dedos.

Deja a un lado la carne,
has golpeado tanto tu rostro contra el agua
que la luz se ha quebrado.
No hay estrellas debajo del océano.

Abre los ojos,
es tan ciega la muerte que el temor te confunde.

Abre los ojos,
búscame ahora en medio de este océano,
voy a agarrarte fuerte con mis brazos,
siente cómo te aprieto,
busquemos nuestra orilla,
el mar no ha dibujado nuestros nombres,
es hoy, no somos el pasado,
es salado el sudor,
es la espuma del mar contra las rocas
este miedo en tus labios.

Nos espera la vida.

LOS PÁJAROS

Los niños de Managua venden pájaros.

Saben cantar en medio del invierno,
no conocen el frío,
imaginan la nieve como un momento hermoso
imposible en sus vidas,
conocen el temblor bajo los pies,
cuentan historias tristes mientras la gente huye,
hacen silbar sus pájaros de arena,
hacen sonar el viento
como quien pide ayuda en un naufragio.

Pero todo es naufragio.

Los ahogados, sentados en las plazas,
reconocen la paz que el tiempo ha sometido
con balas que mordieron en la espalda
a algunos hombres tristes.

Los niños de Managua sueñan con ser pelícanos
y buscan un océano,
y golpean sus rostros contra el agua
hasta perder la vista.
Los niños de Managua
tienen las manos llenas de colores,
miran al cielo y vuelan hasta San Juan del Sur,
logran ser como pájaros
que abandonan las manos de la muerte,
las sucias manos pobres del desierto.

EL LLANTO

Debajo de las piedras lloran niños,
han despertado a tiempo para saber del día,
quieren volver al vientre que ya no los refugia.

Nada pueden decir, apenas tocan
el sabor del pasado y el brillo de las sombras.

Son mudas sus palabras
igual que un arañazo sobre el vidrio.

Pero ellos,
exhaustos tras el llanto,
se resignan al sueño debajo de las piedras,
las mismas piedras sordas que guardan el olvido.
SOMBRAS

Nada he podido hacer para evitar la sangre
que llena tus pisadas sobre un campo de Módena
como un volcán herido bajo el cielo.

Ahora estás en Praga
y confías tu suerte al corazón del río.
– Esos troncos que flotan
tienen la mordedura de la brisa,
dices mientras escuchas sus quejidos
que recuerdan a ti
como un lugar cerrado advierte de una araña.

Todo el mundo hace daño alguna vez,
incluso yo,
que creí sostener entre mis manos
el bien y el mal.

Pero hay plagas que mojan los barcos y los árboles
igual que un cazador llena de plomo un rifle.

No entiendes las razones de quien levanta un muro
ni calculas la altura de las torres
para no sospechar su sombra o su caída.

SUEÑO

Hoy has vuelto a mirarme
con esos ojos tuyos de mi infancia
que me han amado tanto.

No podía tocarte.

Son complejos los sueños.

Lloraba la certeza de que todo acababa.

Conocía el final
y los ojos que estaban frente a mí
no temblaban de miedo al ver mi llanto.

Me miraban tranquilos,
no se desconcertaban,
clavaban su ternura en mi fragilidad
y en su honda distancia
no querían sellar la despedida.

Me persiguen tus ojos,
no sé si están en mí
o si quieren decirme que el sueño ha terminado.

                                               (POEMAS INÉDITOS)

LA PROFECÍA

Deberías saberlo.

Te lo han dicho las noches más largas que la vida,
te lo han dicho las sombras,
las ciudades que evitas en los mapas,
la lluvia deshaciéndose en sus muros.

Deberías saberlo. 

Te lo han dicho los grandes diluvios y las arcas,
te lo han dicho las bocas que queman como soles,	
te lo ha dicho hasta el cielo.

Búscalo en los bolsillos,
hay una nota dentro, hay un poema, 
deberías saberlo.
 
Lo has escrito en los márgenes,
lo has escrito en la piedra y lo repiten 
los milenios, los bosques, las corrientes,
los desaparecidos

te lo han dicho los truenos 
con su terror de aguja, 
te lo ha dicho la nieve debajo de otra nieve
por millones de años
a los pies del desastre

deberías saberlo

lo has leído en los bordes dorados de la cúpula, 
los has leído en las lápidas, 
estaba en los poemas: 

la mujer que gritaba
la ruina de tu nombre,
tu estirpe miserable,
la pena solitaria.

Puedes abrir la tierra con las manos,
puedes sacar la arena de tu pecho,
puedes romper las cosas que están rotas,
puedes gemir de rabia

pero no va a cambiar. 

Te lo han dicho hasta en sueños 
“no vayas a matarme”, repetías. 
Y al final despertabas. 

RESTA

Puedes contar la pena. 
Es todo cuanto tengo. 
Para llegar aquí la vida he malgastado.

Yo también tuve un río y una barca
con sus nubes mirándome 
y una boca trayéndome la lluvia
y un pájaro de niebla 
y un relámpago. 
Puedes contar la pena, 
es una sola pena.

He malgastado todo lo demás. 

MADRIGAL

La tristeza era hermosa
contigo
en el desierto
hay pájaros 
me asomo a la ventana
estoy solo
la tristeza era hermosa. 

CASAS ABANDONADAS

Entrábamos llorando en sus habitaciones,
en sus cuartos que fueron 
todo cuanto probamos de la felicidad.
Entrábamos llorando,
parecíamos tristes,
nuestros ojos miraban nuestros ojos,
también estaba el mar
y entrábamos llorando.
Quién podría olvidar aquella dicha.


Fernando Valverde nació en Granada (España) en 1980. Cerca de 200 críticos de más de 100 universidades (Harvard, Oxford, Columbia o Princeton, entre ellas) lo eligieron el poeta más relevante en lengua española nacido después de 1970.

Entre sus libros de poemas destacan Viento favorable, Madrugadas o Razones para huir de una ciudad con frío (Visor).

Con su libro Los ojos del pelícano, obtuvo el Premio Emilio Alarcos del Principado de Asturias. Entre los galardones que ha recibido destacan el premio Federico García Lorca para universitarios españoles o sendos reconocimientos en el Fray Luis de León y el Juan Ramón Jiménez. Los ojos del pelícano ha sido publicado en Argentina (El Suri Porfiado), Colombia (Ícono), México (Conaculta) y Estados Unidos (University Press North Georgia).

Es uno de los autores del libro Poesía ante la incertidumbre (Visor, 2011), que ha superado la decena de ediciones en diferentes países. Sus poemas han sido publicados en países como México, Italia, Colombia, Argentina, El Salvador, Nicaragua, Perú, Costa Rica o Chile. Ha sido traducido a numerosos idiomas.

La insistencia del daño (Visor), ha sido elegido Book of the Year por el Latinoamerican Writers Institute de la University of New York. En 2014 fue nominado a un Premio Grammy por el disco Jugar con fuego con el cantaor Juan Pinilla. En la actualidad, trabaja como profesor de literatura en Emory University en los Estados Unidos.

Doctor en Filología Hispánica y Licenciado en Filología Románica y en Antropología Social y Cultural, durante diez años ha trabajado como periodista del diario El País y desde su fundación dirige el Festival Internacional de Poesía de Granada. En 2012 obtuvo el Premio del Tren ‘Antonio Machado’ por un poema titulado Celia, escrito a una recién nacida y con centenares de impresiones y reproducciones en todo el mundo.

Su poesía completa ha sido publicada en 2017 por Visor.

Su último libro, America, traducido por Carolyn Forché, ha sido publicado por Copper Canyon Press en edición bilingüe.

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