CONTRARRELATO

El documental 2000 Mules estrenado el 8 de mayo bajo la dirección del realizador indo-estadounidense Dinesh De Souza resume una investigación de la organización independiente True The Vote empleando geotracking celular, que parece demostrar la existencia de un fraude a gran escala en las elecciones presidenciales 2020 en Estados Unidos. Probablemente los grandes medios lo oculten y la Justicia no haga nada al respecto. Le contamos los detalles en esta nota.

Por Aldo Mazzucchelli

La noche de la elección general presidencial norteamericana, el 3 de noviembre de 2020, los votantes republicanos se fueron a dormir con una sonrisa en el rostro. Aun las cadenas pro-Demócrata -que en Estados Unidos son todas, menos Fox- daban cifras que, en cualquier otra elección, significaban que Trump tenía la elección ganada. Altos porcentajes de votos y una distancia de muchos puntos en varios estados clave, parecían indicar que la tendencia se mantendría en los votos que faltaban, y Trump sería el ganador. En el estado clave de Pennsylvania (20 votos electorales), con 74% de los votos contados, Trump llevaba 55.7% contra 42.9 % de su oponente. Sin embargo, alrededor de la medianoche, en distintos estados -especialmente varios de los llamados “swing states”-(1) el conteo se interrumpió. En alguno se alegó una fuga de agua en el local de recepción y conteo; en otro, un apagón. En otro más, la necesidad de descansar antes del cambio de turno, etc. A la mañana siguiente, los votantes demócratas no podían dar crédito a lo bueno que veían al encender la televisión: su candidato, un Joe Biden con dificultades de comunicación debido a su avanzada edad y que había pasado la mayor parte de la campaña encerrado en su sótano contestando entrevistas solo de fuentes “amistosas”, había obtenido una avalancha de votos de último momento, que le permitieron revertir la tendencia y ganar los votos electorales de un puñado de estados clave.  

¿Cuál fue la esencia de ese milagro de la madrugada? Aparentemente, decía la versión oficial, fueron los votos emitidos por correo, que son normalmente incluidos y agregados al final del conteo. Había que esperar por ellos antes de dar por segura la reelección de Trump -como lo habían anticipado candidatos y oficiales demócratas en las horas depresivas del final de la noche.

De modo que la historia del Partido Demócrata -que se impuso en unas semanas, luego de luchar contra las denuncias del lado contrario- fue: militamos mucho, invertimos mucho, trajimos muchos votos nuevos que no habían estado en elecciones anteriores, y esos votos fueron emitidos por correo gracias a las nuevas normas de voto a distancia admitidas en esta elección. Por tanto esta elección aumentó la base democrática del país y del Presidente. Esta fue “la elección más segura de la historia de los Estados Unidos”, insistieron después, cuando las denuncias de fraudes de todo tipo -tales como llegada de camiones con papeletas en ese intervalo nocturno, máquinas controlables desde fuera que arrojaron números inconsistentes, miles de personas votando en algunos distritos electorales por encima del total de población de ese distrito, etc., respaldadas por declaraciones juradas presentadas por delegados republicanos en diversos circuitos- comenzaron a abrirse paso en algunos pocos medios alternativos que se hicieron eco de ellas.

Ninguna de estas denuncias logró andamiento en la Justicia, que parece -pese a lo que a veces daba la impresión de ser evidencia previa sólida- haber cerrado filas con el sistema, y haber optado por su estabilización, interpretando acaso que una interminable serie de juicios al más alto nivel habría terminado con la viabilidad democrática del régimen. 

A partir de allí, las pretensiones de que en la elección de 2020 habían ocurrido irregularidades serias se motejó como “The Big Lie” en los medios mainstream.

Dos mil mulas

Sin embargo, acaba de presentarse esta semana de mayo de 2022, al público bajo la forma de un filme documental que el lector puede ver aquí, una investigación completa que desafía esa versión oficial establecida -y establecida hoy al parecer, incluso, dentro de la mayoría del Partido Republicano. La película documenta una investigación respaldada con trillones de puntos concretos de rastreo celular, 4 millones de minutos de filmaciones de cámaras de seguridad, nombres de personas e instituciones aparentemente organizadoras, y testimonios de participantes y expertos en la historia del fraude electoral en Estados Unidos. 

¿Cuál es la hipótesis general? Efectivamente, fueron los votos por correo. Pero una cantidad inmensa de ellos fueron ejercidos de modo ilegal, “cosechados” y metidos al sistema por gente a sueldo, especialmente en cinco Estados clave en los que se concentra la investigación, violando las leyes electorales de los estados en cuestión. 

Esta gente -la película los bautiza de “mulas” evocando a los traficantes de personas o de droga, y en este caso refiere a traficantes de papeletas electorales- habría visitado un promedio de veinte a cincuenta buzones electorales cada uno, y en cada una de esas visitas depositó un promedio de cinco votos, que les fueron antes proporcionados por organizaciones no gubernamentales y “non profits” financiadas y vinculadas al Partido Demócrata. En los cinco Estados en que la investigación se concentra por ahora, la ley indica que cada votante solo puede llevar al buzón electoral su propio voto, o el voto de la gente que vive con él en su misma casa, o el voto de una tercera persona que esté impedida de circular y bajo su custodia. Todo el resto es práctica ilegal.

Y esto no entra siquiera en la siguiente dimensión del aparente fraude, que es la pregunta: ¿de dónde salieron esos miles y miles de papeletas de voto provistas por los organizadores del esquema, y que estas mulas distribuyeron? Sobre esto, que es la fraudulenta práctica de la llamada “cosecha de papeletas”, hay abundante historia y evidencia en Estados Unidos.

Los investigadores afirman tener prueba material de cada una de las visitas, tener identificados los teléfonos celulares de cada una de las mulas, y conocer identidad y ubicación de las oficinas o instituciones que las organizaron y -aparentemente- pagaron.

Si la Justicia decidiese tomar toda esta información disponible, e investigarla a nivel oficial, y determinase que la acusación es correcta, la elección se volvería de alguna forma ilegítima. Pero eso ¿qué significa? Constitucionalmente no hay previsiones sobre qué hacer al respecto una vez que un Presidente ya está ratificado e inaugurado. De modo que la especulación más amplia se abriría. Este se convierte pues en un tema de opinión pública de la máxima importancia, y en un tema jurídico intrincado, que obviamente se resolverá por correlación de fuerzas políticas.

***

La situación de 2020 es excepcional de varias formas. Los números de votación en Estados Unidos se habían mantenido estables durante las últimas cuatro elecciones, dentro de un rango de entre 120 y 130 millones de votos (2004: 121 millones de votos; 2008: 129 millones; 2012: 126 millones; 2016: 129 millones). En 2020 sin embargo, y pese a Covid -o gracias a él, y quizá a que a consecuencia de los “riesgos Covid” se dio un relajamiento de los procedimientos electorales en varios Estados- los votantes fueron un número sin precedentes -y extraño en sí mismo- de 151 millones. 

En cuanto a los resultados, pese a que Trump creció más de 10 millones de votos (74 a 63 millones) respecto de lo que había obtenido en 2016, el aumento de votantes alcanzó para que Biden -quien también habría obtenido un inmenso respaldo popular- se adjudicase oficialmente la victoria en los Estados clave, y ganase la elección.

La investigación de True The Vote

Veamos la estructura del argumento presentado por la investigación, y qué pruebas ofrecen de lo que afirman

La película se basa en una investigación independiente de una fundación llamada True The Vote. Esta organización tiene un historial de investigación de fraudes electorales durante años. Por ejemplo, estudiando el ciclo electoral de medio término de 2018, lograron que Leslie McCrae, un político republicano del 9no distrito electoral de North Carolina, fuese procesado por una forma similar a esta de fraude, pues el político había contratado gente para que fuese casa a casa y buzón a buzón a recolectar papeletas, y pagó 3 dólares por cada voto así introducido al sistema de voto por correo.

La organización True The Vote es dirigida por Catherine Engelbrecht, y tiene a la cabeza de sus aspectos técnicos a Gregg Phillips. Este investigador principal tiene 40 años de experiencia en el asunto y viene trabajando en EEUU y en el mundo en este tema. Para los aspectos técnicos e informáticos de esta investigación contrataron al OPSEC Group.

Considerando los cambios ampliamente introducidos en la elección de 2020 -es decir, los buzones electorales financiados privadamente, y la masiva aparición de papeletas de voto por correo- uno debe preguntarse: “si uno quisiera hacer fraude, ¿cómo procedería?” explica Engelbrecht, recordando como lanzaron la investigación.

Geotracking como herramienta clave

El elemento metodológico en que se apoya toda la investigación es la facilidad de geotracking que todos los teléfonos celulares tienen hoy. “La idea es que todo teléfono está continuamente emitiendo un pin que es captado por apps, que comunica a esos apps 4 coordenadas: Latitud, Longitud, Elevación, y Hora -explica Phillips-. Con esos datos se puede reconstruir un patrón vital alrededor de cualquier persona/teléfono. Aun con el teléfono apagado, uno puede posiblemente ser trazado. Hay más de 3000 apps que hoy recolectan esos cuatro datos, y los venden a intermediarios.”

El razonamiento fundamental de los investigadores fue el siguiente: identificaron todos los buzones electorales -donde la papeleta o balota del “absentee vote”, como se denominan los votos por correo, debe ser depositada por el votante, en cinco áreas urbanas de los swing states clave: Pennsylvania, Georgia, Arizona, Michigan y Wisconsin. Trazaron una “caja” pequeña alrededor de cada uno de esos buzones. También identificaron las organizaciones de militantes -bajo la forma de ONG o de “non profits”- que eran candidatos a organizar un mecanismo como el que estaban intentando descubrir, y que enseguida explicaremos. Luego, compraron tres trillones de “pins” o señales telefónicas para esas áreas urbanas, entre el 1 de octubre y el día de la elección (en Atlanta, hasta el 6 de enero).
A continuación, elaboraron un software para buscar los teléfonos que cumpliesen la siguiente condición: haber estado en al menos diez buzones electorales distintos, y que además hubiesen estado al menos cinco veces en alguno de los locales de organización.

El resultado es que descubrieron un número relevante de teléfonos en cada una de las ciudades que cumplían con esa condición. Esas son las mulas.

La lógica de esto, dice Dinesh De Souza, el Director del documental, es que “no habría, en principio, razón para nadie para ir a más de un buzón, pues cada persona vota una vez. Pero podría concebirse alguna causa para visitar dos distintos, quizá… Se decidió optar por un margen mucho mayor (10 buzones), para estar seguro de que la conducta es sospechosa.” De ese modo se reducirá muy significativamente la cantidad de “falsos positivos”, eliminando a gente que no debería estar incluida pero que se incluyese por error.

El mecanismo del fraude

El mecanismo es: personas contratadas -según un testimonio de una mula que accedió a hablar para los investigadores- concurrían a los locales, donde se les proveía de una cantidad determinada de papeletas de voto, en su sobre, donde figura el nombre datos y firma del votante de que se trate, y cobraban 10 dólares por cada papeleta introducida en el buzón (hay información que sugiere que este precio sería variable en distintas ciudades). 

Una pregunta que los investigadores se hicieron es: ¿cómo sabemos que esta persona no es parte de una familia muy grande y fue a llevar los votos de los demás miembros de esa familia? ¿Cómo sabemos que esta persona no trabaja cerca de un buzón electoral, y por tanto es normal que vaya con su celular a una ubicación cercana a ese buzón?

Una buena pista es ver si va estrictamente a ese buzón electoral, y luego se aleja de él y a continuación o luego va a otro buzón electoral, etc. Estas cosas se tuvieron en cuenta para filtrar las señales de celular que no cumpliesen claramente con el patrón de movimientos de la “Mula”, que es: ir a la ONG, y luego ir a varios buzones electorales distintos; y luego repetir el ciclo.

Otro elemento son los horarios. En muchos casos se iba a los buzones electorales a altas horas de la madrugada, por ejemplo. Un video muestra un votante a las 3:57 de la madrugada, que intenta introducir un paquete tan grueso de votos todos a la vez que algunos no entran por la ranura del buzón y caen a sus pies, de donde los levanta para completar la tarea. Nadie diría que este evento filmado corresponde a una actividad normal.

Las dimensiones mínimas del fraude

Los autores de la investigación en True The Vote no dicen que estos sean los únicos casos de fraude que existieron. Lo que dicen es que identificaron al menos a las siguientes mulas en las ciudades en que investigaron: 

Atlanta, GEORGIA: 242 mulas que fueron a un promedio de 24 buzones electorales cada uno, y a 8 organizaciones, en un período de dos semanas.

Phoenix, ARIZONA: se identificó algo más de 200 mulas. 20 visitas promedio cada una.

Milwawkee, WISCONSIN: “sólo” 100 mulas, pero el número promedio de visitas de cada una a buzones sube a 28

Detroit, MICHIGAN:  Más de 500 mulas. Algunas de ellas llegaron a ir a más de 100 buzones electorales.

Philadelphia, PENNSYLVANIA: Algo más de 1100 mulas identificadas. Unos 50 buzones electorales en promedio cada una. En este caso algunas de las mulas cruzan constantemente la frontera estatal con NewJersey, y no se sabe el origen de las papeletas.

¿Cómo se puede conjeturar que los votos introducidos lo fueron para el Partido Demócrata?

Por un lado, está el extraño comportamiento electoral en las ciudades investigadas, donde una avalancha de votos Biden por correo cambió de modo inédito la tendencia del resto de los votos. 

En segundo lugar, las mulas han sido conectadas en muchos casos con la agitación opositora organizada por grupos de extrema izquierda vinculadas a los demócratas. En efecto, en 2020 hubo motines y desórdenes protagonizados por grupos como Antifa y Black Lives Matter a lo largo de todo el año (el lector recordará los incendios, las “zonas liberadas” como en Seattle, las estatuas derribadas, etc.). En las semanas antes de la elección hubo también algunas de esas movidas en las zonas investigadas por True The Vote. En Atlanta, por ejemplo, 67 de las “mulas” identificadas participaron regularmente en los desmanes. Esto se averiguó cruzando los datos de los teléfonos que concurrían a los buzones con los de quienes concurrieron a los desórdenes y motines.

En tercer lugar, las organizaciones investigadas a donde las “mulas” concurrían tienen todas un perfil común: son ONG y “non profit” vinculadas al partido Demócrata, cuyos financiadores y donantes principales son, públicamente, figuras de alto perfil de esa filiación política.

¿De dónde se sacan las papeltas introducidas en los buzones por las mulas?

Hans von Spakovsky es un autor que ha estudiado el tema para cuatro elecciones distintas y publicado un libro al respecto, Our Broken Elections, y es entrevistado en la película (1h 09′). Teniendo en cuenta una larga tradición de fraude en las elecciones norteamericanas, enumera de dónde pueden sacar estas ONG y nonprofits las papeletas que luego dan a las mulas:

Pueden, primero, llenar los formularios de papeleta de voto por correo [“absentee ballot request forms”]en lugar de votantes reales, para que las papeletas les sean enviadas a ellos. Pueden, además, ir a las casas de gente y conseguir sus papeletas de voto. Esto es práctica que da resultado especialmente con votantes añosos, de clase baja o que no dominan el idioma, y son a veces engañados con facilidad a entregar su voto a terceros, activistas que se ofrecen a hacerse cargo del voto. A veces se otorga alguna compensación financiera a cambio si la persona lo pide.

En tercer lugar, es práctica común robar papeletas de voto de buzones de cada casa. En EEUU esto es relativamente fácil de hacer, debido a que el correo no está protegido y los buzones individuales ubicados fuera de los domicilios no tienen a menudo llave ni ninguna otra forma de protección, pues la tradición considera “sagrado” el correo y buena parte de la sociedad aun cree que “nadie se atrevería a robarlo”.

También, en cuarto lugar, se han usado fotocopiadoras de alta resolución para falsificar sobres y papeletas.

Es muy fácil conseguir los registros de votantes de un Estado o distrito –explica von Spakovsky-, con lo cual si uno nota que alguien está en la lista y no ha votado en los últimos, digamos, 10 años, uno probablemente juegue bastante seguro si inventa una papeleta de voto en su nombre” 

Además, sigue explicando este investigador, “en los estados que cometieron el error de simplemente enviar una papeleta para voto ausente a cada ciudadano registrado, si uno se hace de una de esas papeletas uno ya tiene el 90% de la información requerida para llenarla: el nombre estará ya impreso en el sobre exterior, y la dirección registrada también

Los envíos de correo a direcciones equivocadas o antiguas es, por cierto, una situación absolutamente común en los Estados Unidos. Una persona tiene a su cargo reportar a la oficina de correos que se mudó, pero mucha gente no lo hace, o lo olvida, o lo posterga. El resultado es que el siguiente ocupante de esa misma casa sigue recibiendo, a menudo por años, correo que corresponde a la persona anterior, lo cual a menudo es una incomodidad y a veces puede ser un inconveniente mayor, pues el poder Judicial, o los bancos, por ejemplo, pueden desde luego enviar información o convocatorias esenciales, etc. Lo mismo ocurre con registros electorales no purificados por años: las papeletas vacías (pero ya con nombre y dirección en el sobre) llegan a cualquier parte a menudo, y son fácilmente obtenibles por terceros que pueden hacer un uso fraudulento de las mismas.

La industria del voto “extraído” o “cosechado” se extiende también a las residencias de ancianos. Si existen militantes que trabajan en esos lugares, es muy sencillo solicitar una papeleta de voto ausente a nombre de un anciano -que a menudo no lo sabe, o incluso puede estar incapacitado o demente o en cualquier otro estado de dificultad o disminución psíquica- y cuando la papeleta llega a la residencia, el militante la llena como quiere y la deposita en un buzón electoral. Es el anciano, formalmente, el que “votó”. En Wisconsin, por ejemplo, donde hay más de 90.000 personas en estas residencias, este problema ha sido estudiado por un juez de la Corte de ese Estado, quien hizo un informe preliminar denunciando y probando estas prácticas. 

En Chicago, en el caso de fraude de papeletas más grande investigado hasta el presente en la historia del país, se demostró que se le pagaba a indigentes y personas viviendo en la calle para que ejerciesen su derecho al voto llenando sus votos según la voluntad del pagante.

Por supuesto, los que cosechan papeletas van a los lugares más vulnerables de la sociedad: a los pobres, a los ancianos, a aquellos que no conocen bien el inglés, ni las leyes del país. “Luchar contra el fraude electoral -explica…- es proteger a esa población más vulnerable”

El comportamiento de una mula típica

Lo que se ve en el video arriba es la trayectoria -extraída directamente de los datos de su teléfono- de una sola persona, durante un único día, en Atlanta, Georgia, que fue a 28 buzones electorales (en amarillo), y a 5 organizaciones que funcionan en este caso como “bocas escondidas” (stash houses) para las balotas o papeletas de voto (en celeste dentro de un círculo rojo).

La mula, reclutada entre sectores sociales pobres o con trayectoria criminal anterior, parte su recorrida de un local de activistas que le indican quienes lo han contratado. Allí obtiene un conjunto de varias decenas de papeletas, que procede a distribuir, en grupos de entre 5 y 10, no más, por buzón electoral -para no llamar la atención de quienes van recolectando las papeletas con un buzón inusualmente lleno. En un día, una mula puede recorrer digamos 20 buzones distintos, lo que a 5 votos por buzón son 100 votos. A 10 dólares por voto, obtiene 1000 dólares en un día solo de “trabajo”. Nada mal considerando el “esfuerzo”, que consiste en manejar en su propio auto hasta cada buzón. 

Los viernes -según testimoniaba una de las mulas hablando para los investigadores- recibe el pago por el total de votos entregados en la semana.

Las mulas capturadas en video

Una vez obtenidos los datos “duros” a partir de los teléfonos, los investigadores recurrieron a los estados correspondientes. De acuerdo con la legislación electoral, junto a cada buzón electoral debe instalarse una cámara de vigilancia. Algunos estados simplemente no cumplieron con esta normativa, o lo hicieron solo parcialmente. Pero otros sí lo hicieron. Los investigadores de True The Vote lograron obtener unos cuatro millones de minutos de cámaras de seguridad, y haciendo coincidir los días y horas con los conseguidos en los teléfonos, allí aparecen las mulas haciendo su trabajo. En los videos a continuación algunos ejemplos, tomados de la película, que sólo exhibe una pequeña fracción del material disponible.

¿Cómo se financió este esquema en 2020?

Scott Walter -American Enterprise Institute – Jefe del Capital Research Center, una organización que ha producido numerosos informes sobre cómo se financian las elecciones, identifica [1h 16′] tres categorías principales de financiación. El dinero “duro” dado directamente a los candidatos, blanqueado en cheques escritos a nombre del mismo o su tesorería; el dinero “blando” u “oscuro”; y en tercer lugar el dinero que llega de las empresas correspondientes al formulario 501c3 del IRS, las llamadas “non profit organizations”. Estas son organizaciones que supuestamente hacen beneficencia, y por tanto si uno pone su dinero en ellas recibe una excención tributaria. 

Esa fuente es “enorme” dice Walter. Sólo para el ciclo electoral de 2018 represento 21 mil millones de dólares. 

Estas organizaciones tienen prohibido por ley intervenir de cualquier forma en los procesos electorales. “El IRS es enfático en que esas organizaciones no pueden tener la intención, y ni siquiera el efecto involuntario, de favorecer a un candidato sobre otro en ninguna elección

La limpieza de las elecciones se comprometió también en 2020 de otro modo: la privatización de los buzones electorales. Millones y millones de dólares fueron a las oficinas electorales de los Estados (unos 470 millones). Éstos fueron enviados por Mark Zuckerberg, dueño de Meta, y su esposa… “Como todos sabemos, el dinero grande rara vez llega sin poner condiciones. Una de ellas en este caso fue que se pusieran muchos, muchos buzones de recepción de votos, y que se admitiera mucho, mucho voto por correo, además de financiar publicidad en varias lenguas, etc. Todo ello va empujando el voto hacia determinado partido político“, que es el Partido Demócrata.

Además, 120 millones de dólares extra aparecieron en esta elección para un proyecto, mantenido bastante en secreto, llamado el “Voter Registration Project”. Este dinero en particular vino de fundaciones de George Soros, de VISA, de fundaciones de Warren Buffet, sindicatos,  etc. Este proyecto, dirigido a cinco Estados clave (Arizona, Georgia, Nevada, New Mexico, North Carolina), tenía como objetivo introducir en el sistema unos 2.000.000 de votos nuevos que se esperaba fuesen mayoritariamente al Partido Demócrata. Este proyecto pagó militantes para que fuesen casa por casa a cosechar papeletas. Los medios mainstream, sin embargo, dijeron unánimemente que el destino de los fondos iba a ser protección -guantes, plásticos, etc.- para protección antiCovid.

Pero ¿esto podría haber cambiado el resultado de la elección?

El resultado luego de hacer unas simples operaciones matemáticas es un rotundo sí. ¿Cómo puede ser? Es simple. Estados Unidos tiene un sistema de voto indirecto según el cual los votantes eligen quién se apoderará de todos los llamados “votos electorales” de cada estado. Pero no todos los estados pesan lo mismo. Cada uno tiene una cantidad de “votos electorales” proporcional y distinta. Si se toma una medida conservadora de que cada mula depositó tan solo 5 votos a Biden en cada visita a un buzón, esto es lo que se obtiene:

TOTAL:

2000 mulas

38 visitas promedio

5 papeletas ilegales promedio por visita

—–

380.000 votos ilegales

Estados clave:

Michigan: 

500 mulas

50 visitas

5 papeletas

—————

125.000 votos ilegales

Puesto que 154.000 fue la diferencia final, Michigan NO CAMBIA, se mantiene en favor de Biden (16 votos electorales)

Wisconsin:

100 mulas

28 visitas 

5 votos

—-

14.000 votos ilegales

6.000 votos menos que los necesarios

Wisconsin se mantiene en favor de Biden (10 votos electorales)

Georgia

250 mulas

24 visitas

 5 votos

——

 30.000 votos ilegales

18.000 votos más que los necesarios (la diferencia fue 12,000)

Georgia cambia a la columna de Trump (16 votos electorales cambian)

Arizona

200 mulas

20 visitas

5 votos

20.000 votos ilegales

10.000 votos más que los necesarios (la diferencia fue 10.000)

Georgia cambia a la columna de Trump (11 votos electorales cambian)

Philadelphia, Pennsylvania

1100 mulas

50 visitas

5 votos

—-

275.000 votos ilegales

195.000 votos más que los necesarios (la diferencia fue 80.000)

Pennsylvania cambia a la columna de Trump (20 votos electorales cambian)

Esto ya alcanza para cambiar la elección. 

El resultado final, sólo considerando estas cinco áreas urbanas de cinco swing states clave, habría sido 270 votos Trump y 259 Biden.

La investigación y la película toman un criterio restrictivo y sólo consideran y contabilizan a las mulas más activas, digamos, las que fueron al menos a 10 buzones electorales distintos. Si se contabilizase (la investigación también tiene los teléfonos identificados) a quienes fueron al menos 5 veces a buzones, el número aumenta mucho.

La (improbable) investigación posterior

De lo que la película y la investigación exhiben, surge aue haría falta lanzar una investigación penal en forma, al menos en cada uno de los estados para los que se exhiben estos datos.  

Los investigadores, y también el director del documental, Dinesh De Souza, no han revelado los nombres de las instituciones organizadoras de este aparente fraude, ni dan imágenes para que no sean identificadas, por recomendación expresa de sus abogados. Pero dicen tenerlos, y De Souza en particular ha declarado en un vivo de preguntas y respuestas que mantuvo anoche, 10 de mayo, que son todas instituciones claramente vinculadas a la “extrema izquierda” norteamericana. Los investigadores de True The Vote tienen las identificaciones únicas de cada uno de los 2000 teléfonos celulares involucrados, y éstos están a disposición de la Justicia. Pero True The Vote por sí misma no puede obtener los nombres de los dueños de esos teléfonos. Obtener sus nombres es un procedimiento simple para la Justicia, que lo hace regularmente para investigar quién estaba, por ejemplo, en una escena de crimen. Por lo cual, si la Justicia así lo requiere, esos 2000 nombres se pueden obtener, a través de orden judicial, yendo a la compañía telefónica, el nombre del propietario del celular y demás.

¿Se inciará pues, una investigación judicial seria? Esto es improbable. Lo más factible es que los grandes medios intenten ocultar la existencia misma del problema, y que los políticos hagan algo parecido. El sistema mismo quedaría en cuestión si solo la policía y un fiscal honesto iniciase un proceso. Para ello, debe simplemente tomar los datos de los teléfonos identificados, y de los locales de activistas, conseguir las órdenes judiciales correspondientes, y arrestar e interrogar a las mulas involucradas: qué estaban haciendo, por orden de quién, pagos por quién, etc.

Hay quienes hacen la distinción entre un voto ilegalmente llevado a los buzones (que es lo que este documental parece poder mostrar convincentemente), y un voto falso, es decir, el voto de un fallecido, o de un ilegal, de una persona que ya votó en otra jurisdicción, etc. La distinción es filosóficamente relevante, pero si se va a llevar el asunto a la justicia, no se puede tener dos posturas contradictorias a la vez. O esos centenares de miles de votos cumplieron con la ley en los Estados en que fueron admitidos, o su admisión no debió ocurrir. Y la razón filosófica y jurídica de fondo es que las leyes electorales buscan garantismo, asegurarse de que la cadena de custodia de la voluntad del elector no fue violada, ni su voluntad fue forzada. 

La película -como lo aclara explícitamente Catherine Engelbrecht, directora de True The Vote en el minuto 54′- no hace la afirmación de que las papeletas -o todas ellas al menos- fueran votos falsos. Lo que ella explica es que el procedimiento es ilegal de acuerdo a las leyes de cada uno de los cinco Estados en cuestión-. Esto, por supuesto, de comprobarse invalida completamente los resultados electorales, y hace de Biden un presidente en entredicho.

Los argumentos de los fact checkers 

Un par de tristemente célebres fact-checkers han hecho ya el intento de desacreditar la película y la investigación. Sus argumentos son los siguientes:

1: que el trazado satelital no es suficientemente preciso. Este argumento no se sostiene. El geotracking actual es preciso a nivel de unas 12 a 18 pulgadas, y se usa regularmente por la justicia. Pero además el argumento ignora que las mulas no fueron descubiertas por pasar una vez casualmente junto a un buzón electoral, sino por haber estado repetidamente (más de 10 veces) a un radio de uno o cinco metros de distancia de un buzon electoral, y no permanecer ahi más que unos minutos (es decir, no trabaja ahí) y en un día solo haber mostrado ir a decenas de buzones, manejando hasta esa ubicacion y luego volviendo atrás. El telefono muestra con la precision suficiente que sí fue a los buzones electorales, y la siguiente pregunta es por qué, a qué.

– Se objeta que la película no da los nombres de las ONG y non-profit que completarían los circuitos alegados, y no muestran imágenes de las mismas personas yendo a ambos lados (ONG y buzón). La respuesta de los investigadores y director es que 

– Atacan ad hominem a Dinesh de Souza y su equipo. Eso no es un argumento, lo mismo daría que dedicásemos páginas aquí a elogiarlo y pretendiésemos que eso es prueba de los argumentos que la película comunica. Sinsentido total, no vale la pena perder más tiempo con quienes se dedican a atacar a las personas.

– Dicen que es una película “de Trump” o “respaldada por Trump”, o similar. No consta que Trump esté detrás de la película. Pero si lo estuviera, sería nada más que un argumento en favor de la democracia. Si un candidato que obtiene información significativa que podría indicar que le robaron la elección no protesta, ¿quién lo hará? Y si lo hace, ¿qué es lo que está mal con eso?

– No hay filmaciones de los mulas yendo a distintos buzones. 

El argumento que dan los realizadores respecto de esto es: pese a que las leyes electorales obligan a poner una cámara de vigilancia en cada buzón, esto no fue cumplido por la mayoría de los Estados en cuestión. En algunos simplemente no se cumplió en absoluto; en otros parcialmente; en otros se puso cámara pero de tal modo que sus imágenes son de pésima calidad e inutilizables, etc. El argumento de De Souza es que el geotracking es mucho más definitivo que una imagen. La gente puede ser visualmente confundida, una persona se parece a otra, etc. Pero el teléfono se ha convertido en un elemento identificatorio muy preciso, y usado de rutina por la Justicia hoy. En un proceso, sería considerado una prueba válida. 

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