FERNANDO ANDACHT / Una rápida búsqueda de artículos con evaluación de pares sobre el uso de las máscaras o barbijos y su efecto en la comunicación o interacción social produjo un par de textos que cumplen con todos los requisitos de una publicación científica. Me voy a detener en uno de ellos, porque ese artículo me trajo una sorpresiva y bienvenida dosis de humor involuntario allí donde menos lo esperaba.+

FERNANDO ANDACHT / ¿Por qué la comarca nuevonormal acepta con apacible resignación inmovilizarse en sus casas? Hay una circulación de altas dosis de pánico cotidiano cuyo origen, propongo, se encuentra asociado a unos seres cuya magia oscura y poderosa proviene de su sólida alianza con la mayor fábrica de signos en el mundo, los medios de comunicación.+

FERNANDO ANDACHT / Sin debates, con una libertad de expresión coartada de hecho, pues la palabra adversativa debe refugiarse en los recovecos y catacumbas de las redes sociales y de grupos de Whatsapp, el diagnóstico de los expertos morales…+

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FERNANDO ANDACHT / En su columna del programa de radio FM Rompekabezas, Leonardo Haberkorn secundado (literalmente) por el conductor, Daniel Figares, durante 20 minutos, procedió a expresar su atónita y creciente desaprobación de la charla que dieron algunos “intelectuales uruguayos”…+

FERNANDO ANDACHT / Comprendí en este tiempo que sólo si apartamos los sentidos del mensaje monolítico de la voz unida de medios y de política, conseguiremos salir al mundo normal a secas, y tal vez logremos resistir el llamado de la temible ternura…+

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FERNANDO ANDACHT / En consonancia con ese género visual, los tres momentos mediáticos memorables fueron elegidos por su patetismo, absurdo, gracia involuntaria, dulce inocencia, pero más que nada por su poder de revelar cuál es la real misión de esta comunicación masiva y arrebañadora, a saber: transformar la heterogeneidad que conforma el cuerpo social en un colectivo unánime, tan homogéneo como una densa fondue, la versión actualizada del melting pot, una masa derretida al calor del miedo causado por la saturación de imágenes terroríficas y recurrentes. Así se consigue una obediencia rayana en el servilismo, porque el ciudadano habrá renunciado no tanto a salir a caminar, sino a marchar con su propio pensamiento, a razonar de modo crítico.
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