GLOBO

Poco antes de la llegada de la misión de la AIEA 60 miembros de las fuerzas especiales de Ucrania conducidos por oficiales británicos intentaron ocupar la mayor usina atómica de Europa.

Por Eduardo J. Vior

Excepto unos diez técnicos, el Director General de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA), el diplomático argentino Rafael Grossi, y la mayor parte del equipo internacional de expertos nucleares que visitó el jueves 1º la central nuclear de Zaporiyia se marcharon tras una inspección de pocas horas que debieron negociar arduamente hasta el último minuto con las fuerzas ucranianas, para que les permitieran llegar a las instalaciones. Pero éste no fue el obstáculo principal: en la madrugada del jueves una unidad de fuerzas especiales de Kiev cruzó el río y desembarcó cerca de los edificios donde vive el personal de la planta.

Aparentemente intentaban tomar por asalto la central nuclear, pero fueron aniquilados por las fuerzas rusas que los esperaban informados de su venida. Es la primera vez en la historia que alguien ataca militarmente una usina atómica.

Rafael Grossi. Foto Télam

El equipo de expertos de la AIEA inspeccionó las condiciones de seguridad de la central y los impactos de proyectiles en ella y sus alrededores, para determinar qué parte beligerante está con sus disparos arriesgando una catástrofe nuclear que afectaría a millones de personas en Europa Oriental y Central.

Durante su viaje los inspectores corrían el riesgo de ser afectados por bombardeos y tiroteos y tanto los funcionarios rusos como los ucranianos confirmaron que la cercana ciudad de Energodar, donde vive gran parte de los empleados y trabajadores de la usina y sus prestadores de servicios, había sufrido una mañana de bombardeos.

(Según fuentes rusas (los ucranianas y sus aliados ni confirmaron ni desmintieron las informaciones sobre el desembarco), las fuerzas de Kiev habrían atravesado el embalse del río Dniéper y desembarcado cerca de la ciudad de Energodar)

Es más, distintas fuentes rusas informaron que sus fuerzas habían frustrado un intento de desembarco ucraniano. Según fuentes oficiales y no oficiales de Rusia, alrededor de las 6 horas (hora local) dos barcazas y hasta 30 embarcaciones ucranianas atravesaron el río Dniéper por el embalse de Kajovka y desembarcaron en la costa a tres kilómetros al noreste de la central nuclear de Zaporoyia. Llegaron en dos grupos de sabotaje con hasta 60 efectivos y se dirigieron hacia la central. Una barcaza fue quemada por el fuego ruso durante el camino, parte de la fuerza logró desembarcar, pero fue destruida por las tropas rusas. Solamente tres efectivos fueron hechos prisioneros, de los cuales dos están gravemente heridos. Hasta ayer a la noche otros doce estaban rodeados por los rusos. Según fuentes rusas no confirmadas, entre los caídos habría oficiales de países de la OTAN, pero habrá que esperar a la identificación de los muertos y los prisioneros para tener más certeza. Los 64 miembros de las fuerzas especiales habrían completado recientemente su formación en el Reino Unido y viajaron de Varsovia a Odesa el 29 de agosto. La operación habría sido coordinada por agentes del MI6 desde su sede en los suburbios de Kiev.

Al mismo tiempo el ministerio ruso de la Defensa informó que sobre la central de Zaporiyia (ZNPP, por su nombre en inglés) habían sido derribados tres drones suicidas ucranianos. El ministerio añadió que durante el bombardeo cuatro proyectiles ucranianos explotaron a unos 400 metros de la primera unidad de potencia de la ZNPP. Por precaución, tras el inicio del bombardeo fue detenida la quinta unidad de potencia. Entre tanto, desde las 8 horas las fuerzas armadas de Ucrania bombardearon el área del asentamiento de Vasilyevka, por donde la misión de la AIEA debía ingresar a la zona controlada por Rusia en su camino hacia la central.

No existen en el mundo antecedentes de ataques militares a centrales atómicas. Quien los ordena sabe que está arriesgando una catástrofe que puede despoblar amplias regiones de Europa. Por otra parte, no es creíble la acusación de Ucrania y sus aliados de que las fuerzas rusas estén bombardeando una central nuclear bajo su control y con la que se provee de electricidad a amplias regiones mineras e industriales que gobiernan desde hace meses y que aspiran a incorporar a Rusia.

Por otra parte, desde el punto de vista militar tampoco tuvo sentido el desembarco. Los rusos sostienen que el GRU (como se conoce al servicio de inteligencia militar de Rusia) supo de la operación en todas sus etapas y que por eso estaban esperando a los ucranianos en la costa del embalse. De todos modos, aunque éstos hubieran podido consolidarse y marchar hacia la usina, habría sido imposible ocultar su avance, ya que desde el sitio de desembarco hasta la central nuclear hay varios kilómetros a través de una estepa sin árboles. La propia ciudad de Energodar está construida en su mayor parte por edificios de nueve plantas sin vegetación, por lo que es imposible esconder allí a un grupo armado de 60 personas.

Además, la central nuclear tiene varias líneas de seguridad y está vigilada por efectivos de la Guardia Nacional de Rusia equipados con armas pesadas. Hubiera sido extremadamente difícil para las fuerzas armadas ucranianas, que disponían sólo de armas pequeñas, penetrar las líneas de defensa. Incluso, si hubieran podido saltarse el sistema de seguridad, les habría sido extremadamente difícil retener la estación debido a la inmensidad del interior y a los intrincados pasillos. Aun con varios guías es muy fácil perderse allí.

Todavía, supuesto el caso de que capturaran y retuvieran la central en sus manos, surgiría la pregunta “¿y ahora qué?” ¿Habrían pedido que la central pasara al control ucraniano? Más de cien kilómetros al norte de la misma están bajo dominio ruso. ¿Habrían reclamado la “desmilitarización” de la misma? ¿Y quién habría podido garantizar la seguridad de las instalaciones y las líneas de trasmisión?

Considerando el grado de control británico sobre el elenco de Volodymir Zelensky, no se entiende qué pretende Londres poniendo al continente al borde de un desastre nuclear. Informaciones procedentes de Moscú dan cuenta de que Boris Johnson llevó el plan del MI6 para  la operación la semana pasada, cuando estuvo en Kiev para celebrar el Día de la Independencia de Ucrania. Se dice que si el proyecto tenía éxito, se negaría la semana próxima a transferir el cargo de primer ministro justificándose con una emergencia internacional que amenazaría con una catástrofe a escala planetaria. Obviamente, nadie ha confirmado ni rechazado esta hipótesis delirante. Hasta la medianoche local tampoco se había manifestado públicamente sobre esta situación el presidente Zelensky. De todos modos, el jefe de la misión de la AIEA y el Secretario General de la ONU Antonio Guterres fueron inmediatamente notificados.

Según las autoridades regionales, entre 8 y 12 miembros de la misión de la AIEA permanecen en la central nuclear, el resto de los expertos, dirigidos por Rafael Grossi, abandonaron Energodar antes de las 20 horas. “La artillería, las ametralladoras pesadas y los morteros dos o tres veces fueron realmente bastante preocupantes para todos nosotros, declaró Grossi a los medios. Tuvimos un apoyo espléndido del equipo de seguridad de las Naciones Unidas que también está aquí conmigo. Así que creo que hemos demostrado que la comunidad internacional está ahí, puede estar ahí y seguimos con ello”, dijo el diplomático argentino. Más explícito fue, en cambio, el representante oficial del Secretario General de la ONU, respondiendo a una pregunta directa de los periodistas: “Nos alegramos de que Rusia haya hecho todo lo necesario para garantizar la seguridad de nuestros inspectores”, dijo.

La guerra de Ucrania se está acercando rápidamente a un punto de inflexión. El fracaso de la contraofensiva ucraniana en el sur no sólo ha permitido a Rusia conservar los territorios que tenía bajo su control, sino que, al producir a los ucranianos enormes cantidades de muertes (se habla de más de 2.000 muertos en tres días) y un sinfín de heridos (confirmados por los médicos convocados en toda la región para atenderlos), ha dejado expedito el camino hacia Odessa y la frontera moldava. Aunque se sabe que Ucrania prepara una nueva arremetida en la norteña región de Járkov, Rusia ya tiene prontas en las fronteras del norte y este grandes contingentes de reservistas frescos y adiestrados.

Por otra parte, se acerca el otoño boreal, que en esa región es lluvioso y produce grandes lodazales. Después sigue el invierno con su frío, nieve y hielo. Ante este cuadro de situación, es probable que Rusia pronto pase del modo ahorro a la ofensiva masiva. Aunque los ucranianos se resisten bravamente, no tiene sentido que el país se siga desangrando inútilmente al costo de su existencia futura. Cualquier liderazgo racional buscaría la negociación. Sin embargo, Zelensky no puede negociar aunque quisiera, porque sus tutores británicos se lo prohíben.

En medio de una pavorosa crisis económica y social, con alzamientos por doquier, el Reino Unido amenaza al mundo con provocar una catástrofe nuclear en medio de Europa. ¿No hay nadie que lo detenga?

Eduardo J. Vior é sociólogo veterano e jornalista independente, especialista em política internacional, professor do Departamento de Filosofia da Universidad de Buenos Aires (UBA).

Publicado originalmente aquí.

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